¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección Cómo escribir ficción, muchos consejos para escritores, reseñas de novelas (desde 2015 sólo reseño las obras que me han gustado mucho) y las críticas de películas que escribí entre finales de 2006 y principios de 2017. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

sábado, 21 de abril de 2018

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LOS ESCRITORES DE FICCIÓN (III): LOS DETALLES Y VIVIR ANTES DE ESCRIBIR

Sección COMO ESCRIBIR FICCIÓN (9)

LOS DETALLES Y LA MENTE ABIERTA

Archivo: publicada originariamente el 26 de septiembre de 2010.
 
Sigamos con la corrección.

La importancia de utilizar detalles concretos al describir una cafetería7- Un escritor de ficción debe prestar mucha atención a los detalles. VERDAD. Te darás cuenta enseguida. Querrás escribir una escena en una cafetería, y verás que “El ambiente era tranquilo” no sirve para transportar al lector a ese local. Y la siguiente vez que vayas a tomarte un café notarás que lo primero que oyes, al entrar, es el ruido de la tragaperras que está al lado de la puerta; que tienen puesto el aire acondicionado, y el intenso aroma a café y bollería.
Que en la pantalla de plasma, en la esquina, aparece un programa de cotilleos y está demasiado alto; que al hombre de la tragaperras, que sostiene un botellín de cerveza en la mano, le ha tocado un premio y las monedas están cayendo en el cajetín. Verás que la camarera se rasca la cabeza con un bolígrafo, absorta en la televisión, y que su compañero bosteza con la mirada perdida. Tiene una mancha de café en el cuello de la camisa.

Bajas el escalón y recorres las baldosas blancas hasta una mesa, justo en frente de la barra. Te sientas, y la silla cruje. El mármol de la mesa está frío. Aparte del hombre de la tragaperras y tú, tan solo hay dos clientes más: una pareja de ancianas, muy delgadas y peripuestas. Están sentadas al lado de la ventana. Mantienen una conversación muy animada, se cortan la una a la otra y se ríen a grandes carcajadas. Parecen recién salidas de la peluquería, llevan collares de perlas y grandes sortijas; es como si fueran a la ópera.

A la hora de describir lugares, tienes que utilizar detalles concretos, porque, de lo contrario, el lector será incapaz de visualizar ese sitio. (Si estás escribiendo sobre lugares reales, es lógico que retengas los detalles más importantes para ponerlos luego en el papel). Y la mejor forma de lograr que los lugares que imaginas estén llenos de detalles, es que vayas viendo los sitios por los que te mueves con otros ojos. Y oyéndolos con otros oídos. Y sintiéndolos con otros sentidos.

Vivir soñando, de Carlos del Río
Fijarte en los detalles también de dará ideas para relatos. Son los detalles que más te llaman la atención. En nuestra cafetería, ¿qué hacen esas señoras emperifolladas tomando un café, si en la ciudad no hay ópera? ¿Y si hace años hubo una, y estas señoras, que viven en ciudades distintas, regresan cada año a ese café, al que iban antes de ir a la ópera? ¿Por qué lo hacen?, ¿cómo han sido sus vidas? ¿Y si la ópera es ahora un banco, y todos los años esas mujeres se meten para ver el vestíbulo? Los banqueros ya las conocen y las toman por viejas chochas; pero ¿quién está más chocho, dos ancianas que mantienen su amistad durante decenios y la ilusión por ir a la ópera como el primer día, o gente cuyo único objetivo en la vida es hacer más y más dinero? Mmmm, igual aquí tenemos una historia. (Nota: este párrafo fue el comienzo del último relato de Vivir soñando, y los dos relatos de los siguientes párrafos aparecen también en ese libro).

El otro día vi a una señora con un andador en la calle, y a los pocos días, aparecía en mi novela una señora con un andador que se cruzaba con la protagonista e influía en la trama. El año pasado, una tarde que iba al trabajo pasé por un restaurante de comida rápida. Desde la calle vi que una mesa tenía migas únicamente en un sitio. Alguien había comido sólo. No le di mucha importancia, pero meses después escribí un cuento sobre un hombre que acababa de quedarse viudo; sin darme cuenta, esa mesa con migas había sido el origen. 

En otra ocasión fui al cine, y en la cola, un hombre le decía a un niño muy pequeño, de 3 o 4 años, que se iban a poner en el centro de la sala, pero que si sonaba muy alto y lo asustaba, se pondrían atrás. Semanas más tarde escribí un microrrelato sobre la primera vez que un niño iba al cine. Escuchar conversaciones, aparte de darte ideas, es muy útil para dialogar.

Vete con los ojos y los oídos y el resto de los sentidos bien abiertos por la vida. Te propongo un par de ejercicios:

   - Ejercicio 1: Elige tres sitios que conozcas bien, que estén dentro de tu rutina. Ya son tan cotidianos para ti que no te fijas cuando te mueves en ellos. Intenta elegir sitios en los que tengas que hacer algo: el supermercado, la peluquería, o el autobús en el que vas a trabajar.

BesugosVete a uno de esos sitios y fíjate en todo lo que puedas; y no olvides que tienes cinco sentidos. El objetivo es que escribas lo que has visto, oído y sentido en ese lugar. Intenta meter el gusto también (si vas al supermercado, no vayas a la pescadería y te líes a lametadas con los besugos para saber cómo saben. Y si lo haces, por favor, que no salga mi nombre en tu conversación con los agentes de seguridad).

Una vez que hayas asimilado todos esos detalles, ponte a escribir. Cuenta en primera persona lo que has hecho en ese lugar de forma cronológica. Expláyate en los detalles. Imagínate que el texto me lo tienes que dar a mí, que no conozco el sitio, y yo tengo que ser capaz de verlo y sentirlo.

Deja descansar el texto unos días. Entonces recórtalo a la mitad. Te obligará a elegir los mejores detalles. Otra vez, guárdalo durante unos días y vuelve a él. Si es muy largo, asegúrate de que lo dejas en 300 palabras; si es más corto, que sean 150. En esta última versión, tienes que ser capaz de transmitir lo mismo que en la primera, pero con muchísimas menos palabras. Eso se consigue poniendo sólo los detalles imprescindibles. Cuando acabes, guarda el texto un día, y al siguiente te lees las tres versiones, ¿cuál te parece la mejor?

Haz el mismo ejercicio con los otros dos lugares.

Con este ejercicio comenzarás a prestar más atención al mundo que te rodea, y estarás cogiendo el tranquillo a la descripción, que es algo muy difícil. Y no olvides que tienes cinco sentidos. Si escribiste la descripción de tu barrio (artículo 6), recórtala hasta dejarla en 300 palabras.

   - Ejercicio 2: ¿Recuerdas las libretas de las que hablaba en el anterior artículo? Hazte con una, y cada vez que haya algo que te llame la atención, apúntalo. Puede que no sepas qué hacer con eso, pero anótalo de todas maneras. Igual es el origen de un cuento.

Trotamundos8- Un escritor de ficción debe vivir antes de escribir. MENTIRA. Además, ¿ese consejo significa que yo, que ya escribo, he dejado de vivir? Pues oye, no se está mal en el más allá.

El que vayas a recorrer mundo, buscando experiencias, no significa que cuando te calmes, seas capaz de escribir ficción bien. Hay técnicas que tienes que dominar para contar una historia, técnicas que puedes aprender mientras vives (qué demonios, desde que sales del útero materno y das la primera bocanada, ya estás viviendo). Si eres aventurero y quieres escribir, lo mejor que puedes hacer es escribir, para ir aprendiendo el oficio, al tiempo que corres aventuras. Y, desde luego, asegúrate de seguir viviendo cuando te tomes la escritura en serio. Pero no es cierto que necesites haber recorrido mucho mundo para ser escritor.

Entiendo qué lógica se esconde detrás este consejo: para escribir buena ficción, hay que tener la mente abierta, y cuantas más experiencias hayas acumulado, más abierta la tendrás (siempre que estés dispuesto a que se te abra, que hay gente que reniega de todo aquello a lo que no está acostumbrado, y con esos no hay nada que hacer).

Personalmente, me vino muy bien salir de Cantabria con 18 años para ir a estudiar al País Vasco. Allí me di cuenta de que muchas cosas que daba por sentado en mi vida, eran extrañas para los vascos, y viceversa. Cuando, con 22 años fui a Madrid a estudiar cine, donde encontré a gente de toda España, me sucedió lo mismo; y cuando viví en Londres de 2005 a 2007, siendo Londres un conglomerado de todas las culturas del mundo, las ideas preconcebidas que tenía de lo que es la vida, desaparecieron por completo. (Aprender inglés también ayudó a abrirme la mente: te obliga a pensar de otra manera).

Estos viajes, aparte de hacerme un internacionalista convencido (lo siento periodistas y políticos del mundo: no me interesan las regiones, naciones o países; sino las personas. Jamás me veréis celebrando que un español haya ganado algo en el mundo, salvo que sea un amigo mío o su trabajo me parezca mejor el de que sus competidores) me sirvieron para llegar a dos conclusiones:

   1- Las personas están muy influidas por su entorno, hasta el extremo de hacer y pensar cosas incomprensibles para el resto de la gente que no pertenece a ese entorno.

   2- Todos, absolutamente todos los seres humanos, independientemente de nuestra edad, sexo, etnia, credo, orientación sexual, estatus social o nacionalidad, buscamos lo mismo: ser felices.

Si hubiera salido de Cantabria convencido de que es la mejor provincia del mundo, y censurara a todo el que no pensara o actuara como yo, esos viajes no habrían servido de nada.
Portada de La inteligencia fracasada, de José Antonio Marina 
Dicen que de lo último que se da cuenta un pez es que vive en el agua. Tú, como escritor, es de lo primero que tienes que ser consciente: de tu entorno. Viajar ayuda mucho, pero no es imprescindible; simplemente tienes que plantearte por qué, en el lugar donde vives, las cosas funcionan de esa manera. Tienes que desterrar de tu mente los prejuicios, las supersticiones, los fanatismos y los dogmatismos. 

En este mundo, a pesar de la visión simplista que recibimos de los medios de comunicación y los políticos, no existe lo negro y lo blanco; todo son matices de gris. En este mundo existen otras maneras de ver la vida; y a menos que hayas vivido en todas las partes del planeta, nunca sabrás si tu región y tu forma de vivir son las mejores, por mucho que los periodistas y políticos se empeñen en decirte lo contrario.

No estoy abogando porque te conviertas en un ateo anarquista (aunque si te apetece, adelante); es simplemente que antes de llegar a una conclusión, sopeses las distintas versiones. Y que cambies eso de “mi ciudad/provicia/país/nación y forma de vida son las mejores del mundo” por “me gusta mucho mi ciudad/provincia/país/nación y cómo vivo”. Sólo así estarás diciendo la verdad.

Hay un libro excelente, La inteligencia fracasada, de José Antonio Marina, que habla de cómo limitamos, sin darnos cuenta, nuestra inteligencia; ya sea por factores externos, como la educación que recibimos, o internos (yo comprobé, hace cuatro años, que era dubitativo y procrastinador). Te lo recomiendo. No sólo te ayudará a que actúes con más inteligencia; también es muy útil para caracterizar personajes.

Con estos dos puntos, comenzarás a ver el mundo con otros ojos, que es fundamental para un escritor. Con el tiempo, esos ojos serán los tuyos. Nos vemos en el siguiente artículo.

EL AVANCE DE MI NOVELA

Escribir en portátil
Me ha costado cuatro meses, pero ya he encontrado la forma de escribir mi novela. Esto no tiene que ver con la rutina de la que hablo en otros artículos (eso es la parte mecánica de escribir, para que no te cueste ponerte a ello); es cómo te organizas para escribir la historia sin que te resulte muy difícil ni pierdas el norte.

Cuando comencé a trabajar en Burbuja Films como montador cinematográfico, tras dos años en Londres en los que apenas monté nada, me di cuenta de que estaba muy cómodo montando cortometrajes. Era lo que me habían enseñado en la escuela de cine. Tenía un método para sacar el máximo provecho de las imágenes.

Pero en cuanto me tocaba montar un vídeo promocional, no sabía cómo abordarlo, y perdía mucho tiempo averiguando cómo organizar el material, buscar una estructura y ponerme a montar. Con los documentales me pasaba lo mismo. Pero con la práctica, sin darme cuenta, encontré la solución. Y ahora, sabiendo el tipo de proyecto que es, lo afronto de manera distinta. Llegué a estos métodos probando y errando, hasta que di con sistemas de trabajo que para mí funcionan.

Con la escritura pasa lo mismo. Cuando escribo cuentos, tengo una idea, y la voy desarrollando en la cabeza, hasta que llego a un final que me satisface. Entonces me pongo a escribir. Va a haber variaciones, pero al saber el final, no me pierdo por el camino.

Una novela es una bestia de distinto pelaje: suele tener muchas más tramas y personajes, y sobre todo, mucho más desarrollo. Es bastante más compleja, y aunque tengas una idea general, es imposible tener en la mente todos los pormenores de la trama.

Yo me estaba liando con las subtramas, hasta que en La Rioja di con la solución. Desde entonces, me he centrado en contar la trama principal: la relación entre los dos protagonistas. Esa fue la que me hizo ponerme a escribir la novela, es con la que mejor me lo paso y es la columna vertebral del libro.

Lo que me pasaba es que al ir desarrollando la historia (a pesar de haber empezado simplemente con una escena en la cabeza, a los pocos días ya tenía pensada una estructura muy general), necesitaba más personajes y subtramas para hacer avanzar la trama principal. Así que me ponía a escribir una, y para no perder la pista de las otras, cuando acababa una escena, pasaba a otra trama. Gran error: no todas las tramas tienen el mismo peso, y escribiendo así es lo que estaba logrando. Esa no era la novela que yo quería escribir.

Mi sistema de trabajo, al que he ido llegando de forma natural (de hecho, en otros artículos hablaba de este sistema sin ser consciente de que es el que a mí me funciona), es seguir con la trama principal, y cuando una subtrama se junta con ella, escribir la subtrama, guiándome por la escaleta, siguiendo la cronología de la principal. Así me es mucho más fácil escribir la novela, y le doy a las subtramas la importancia que se merecen.

No hay dos escritores que tengan un mismo sistema de trabajo. Tú tienes que encontrar el tuyo a base de ensayo y error. Durante un tiempo estarás perdido, pero llegará un día en el que algo encaja allá arriba, en la sesera, y ya sabes cómo escribir las historias. Tal vez te ayude conocer los sistemas de otros escritores; pero la mejor manera de encontrar el tuyo es escribir, escribir y escribir.

Recomendaciones:

Logotipo de BBC World Service   -La inteligencia fracasada, de José Antonio Marina. Se lo recomiendo a todo el mundo, incluso a aquellos que no quieran escribir ficción.
   Consíguelo en Amazon.es.
  
   -El programa de la radio BBC World Book Club (en ese enlace puedes escuchar programas antiguos). Cada mes, Harriett Gilbert, una escritora, entrevista a un autor sobre una de sus obras. La entrevista se lleva a cabo delante de una audiencia que hace preguntas sobre esa novela. Lleva desde 2002, y han pasado gente como Günter Grass (El tambor de hojalata), Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz), Isabel Allende (La casa de los espíritus), Patricia Cornwell (Post mortem), o Carlos Ruiz Zafrón (La sombra del viento). 

Verás que los escritores son personas normales y que, sobre todo, se esfuerzan por contar una buena historia. En la entrevista a Nawall El Saadawi (Woman at Point Zero) hay un momento muy gracioso: una estudiante universitaria le expone una teoría muy compleja sobre el simbolismo de las puertas en esa novela, y la autora contesta “¿Qué puertas?” Acabarás con una lista demasiado larga de novelas por leer. La única pega es que está en inglés.

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sábado, 14 de abril de 2018

RESEÑA: "LA HISTORIA INTERMINABLE", DE MICHAEL ENDE

Reseña de La historia interminable, de Michael EndeNOVELA

Die unendliche Geschichte
(Alemania, 1979, 420 páginas)
Michael Ende 

Michael Ende, cuando ya era un reconocido autor de literatura infantil y juvenil, comenzó a escribir La historia interminable en 1977, partiendo de la idea de un niño que literalmente se metía en una historia y tenía problemas para salir de ella.

Ende pensaba que no le llevaría mucho tiempo escribirla, pero la novela fue creciendo y complicándose, y el libro no vio la luz hasta 1979 (Wikipedia). El resultado fue un clasicazo de la literatura juvenil (y no solo juvenil).

SINOPSIS

Huyendo de niños que lo acosan, el apocado chico Bastián llega a la librería del antipático Karl Konrad Koreander, y allí descubre un libro que le llama la atención: La historia interminable. Cuando el dueño se ausenta, Bastián lo roba.

En el colegio, en vez de acudir a clase, decide esconderse en el desván para leerlo; al poco se adentrará en el mundo desvaneciente de Fantasia, donde el joven y valiente Atreyu emprende un gran viaje para salvar a la Emperatriz Infantil. Bastián ignora que está leyendo un libro mágico, y que esa historia será para él más que una historia.

ANÁLISIS

En mi opinión, libros mágicos hay muchísimos, por eso me encanta leer: son todos aquellos que te hacen perder la noción del tiempo y transportarte a otros lugares, y si conectan mucho contigo, te tocan profundamente y hacen plantearte cuestiones de la vida.

Pero si existe un libro especialmente mágico, ese es La historia interminable.

La historia interminable comienza mezclando dos tramas: la del niño Bastián, que lee la novela en nuestro mundo, y está escrita en rojo; y la Atreyu, el muchacho de Fantasia en busca de alguien que pueda salvar a la Emperatriz Infantil, escrita en verde.

Justo a la mitad, Bastián se cuela en Fantasia, todo está escrito en verde, y el chico tiene que encontrarse a sí mismo para volver a mundo real. Mientras en la primera parte Fantasia estaba siendo destruida, en la segunda Bastián la va reconstruyendo.

(Afortunadamente, tengo la edición de los 80, con las elaboradas letras capitulares al principio de cada capítulo ilustradas por Roswitha Quadflieg; la letra inicial de cada capítulo sigue el orden alfabético de la A a la Z).

La A de Roswitha Quadflieg de La historia interminable
La A de Roswitha Quadflieg
La primera vez que leí la novela fue en 2007, y entonces me pareció, tal vez por el recuerdo de la película de Wolfgang Petersen de 1984 (que no había vuelvo a ver desde niño, pero a la que recordaba bastante bien, en especial la muchísima emoción que me había provocado), que eran dos historias pegadas, la de Atreyu en la primera mitad, y la de Bastián en la segunda, y tenías que hacer un gran esfuerzo para ver allí una obra unitaria.

Hace poco volví a ver la película y releí la novela. Ahora entiendo cómo tiñó Petersen mi lectura de la obra de Ende. Por cuestiones del medio cinematográfico, Petersen muy sabiamente se quedó con la primera mitad, convirtió a Atreyu en protagonista, y eligió pocas escenas a las que llenó de emoción con la planificación, la puesta en escena y la música. Ocurre en la muerte del caballo Átrax, el rescate de Fújur a Atreyu (que no existe en la novela), el encuentro con las esfinges, el clímax, cuando Bastián da un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil, o el momento en el que Bastián vuela con Fújur al final (también inexistente en el libro).

Con la excepción del clímax, que también es emocionantísimo en la obra de Ende, son momentos que pasan muy rápido en la novela, están bastante menos elaborados, y son mucho menos emocionantes.

En la novela, donde pasan un millón de cosas, Bastián es el protagonista de principio a fin, es su viaje, mientras que Atreyu es un personaje importantísimo, pero secundario. Entonces te das cuenta de que sí es una obra unitaria, y de que, aunque con aristas, es una gran novela.

Dos partes

La historia interminable, de Wolfgang Petersen
Póster de la película
La historia interminable tiene una creación de mundo apabullante. Ende derrochaba imaginación creando el mundo de Fantasia y sus habitantes, llenando una página tras otra y otra de seres y lugares fantásticos tremendamente imaginativos. Son muchísimos, y muy diferentes. Me deja pasmado cómo podía inventarse tantísimas criaturas y sitios. Si escribes fantasía y crees que dominas la creación de mundos, leer esta novela te arroja un jarro de agua fría y te demuestra lo muy lejos que estás de un maestro como Ende.

Es precisamente esta creación de mundo lo que compensa lo que para mí es el punto más débil de la novela: lo mucho que deambula la trama. Tanto en la primera parte, donde Atreyu emprende la Gran Búsqueda sin tener ni idea de a dónde ir, como en la segunda, con un Bastián yendo (o creando) de forma caprichosa a un lugar tras otro de Fantasia, muchas veces no hay una dirección clara. Pero es tan, tan imaginativo lo que ves, que casi pasas por algo no encontrar un sentido bien definido.

En la segunda parte este deambular está mejor justificado, y funciona muchísimo mejor, porque a medida que avanzas en el libro, vas viendo el interior de Bastián, y comprendes por qué divaga tanto; en la primera me parece que juega en contra de la historia, ya que no sabes si Atreyu se está acercando a alejando de su objetivo, no sabes si el hombre-lobo le está dando alcance, y eso repercute en la tensión que transmite al lector. Fantasia se desmorona, ¿Atreyu la salvará? Pues no se sabe, ni para bien ni para mal.

La primera parte

Lo que más me gusta de la primera parte es cómo te dibuja Ende a Bastián. Entiendes perfectamente lo mal que se siente por ser acosado en el colegio, haber perdido recientemente a su madre, y tener un padre que aún no se ha recuperado de la muerte de su esposa.

Y cómo Bastián se va dando cuenta de que está leyendo un libro mágico, cuyos personajes le llaman y piden su participación, llegando a atisbarse a sí mismo entre las páginas, es absolutamente genial.

De la historia de Atreyu, después de que le hayan entregado el medallón AURYN y la misión, me gusta cuando ya tiene una dirección clara. El chico sueña con un búfalo que le indica que busque a la Vetusta Morla, quien a su vez le revela que la Emperatriz Infantil necesita un nuevo nombre, y que tal vez Uyulala, el Oráculo del Sur, pueda ayudarlo.

Pero de nuevo la trama vuelve a vagar sin rumbo fijo, hasta que por casualidad Atreyu se encuentra a Ygrámul, “el Múltiple”, una enorme araña que está matando a Fújur, un dragón de la suerte. Ygrámul le cuenta un secreto que le permitiría transportarse al lugar de Fantasia que desease, con el inconveniente de morir al poco tiempo.

Las dos tintas de La historia interminable, de Michael Ende
Las dos tintas
Atreyu utiliza el secreto de Ygrámul, pero curiosamente, donde viaja le esperan dos enanitos que lo pueden curar. La historia se vuelve a encarrilar cuando Atreyu descubre que debe cruzar tres puertas mágicas para llegar al Oráculo del Sur.

Desde allí hasta el final de esta parte, la historia funciona muy bien y tiene grandes momentos, como el encuentro con Uyulala (ahí Atreyu descubre que un niño humano debe darle un nuevo nombre a la Emperatriz), la aparición de la Emperatriz, y la muy, muy imaginativa escena del Viejo de la Montaña Errante, un extraño ser que está escribiendo a dos tintas, una verde y otra roja, La historia interminable. Bravo por Ende.

La segunda parte

Esta parte me encanta. Tras salvar a la Emperatriz, Bastián descubre que está dentro de Fantasia. Tiene en su poder a AURYN, y como indica la leyenda grabada en su reverso, el amuleto le permite hacer lo que quiera.

Cada deseo que tiene se hace realidad, y así va reconstruyendo Fantasia. El problema es que cada vez que desea algo, pierde recuerdos de su vida anterior, corriendo el riesgo de no poder volver jamás al mundo real, y dejar de ser él mismo.

Yo leo esta parte como una historia sobre el ego y la corrupción del poder; sobre cómo tenemos que encontrarnos a nosotros mismos, en nuestro interior, para saber qué es lo que realmente debemos hacer, sin actuar para la galería, ni dejarnos llevar por ansias de poder.

Bastián cambia físicamente, no recuerda el acoso que sufría en el colegio, ni que era un niño gordo y apocado, y se va endiosando. Los cambios vienen por deseos cumplidos gracias a AURYN, no porque haya hecho ningún esfuerzo por cambiar.

Crítica de La historia interminable, de Michael Ende
Dice ayudar a los ayayai de forma desinteresada, pero se enorgullece de que su fama de bondadoso se corra por todas partes de Fantasia (más adelante comprueba las malas consecuencias que esa acción acarrea).

Está tan cegado con el poder, que cae sin pensárselo en las obvias trampas de la bruja Xayide, quien no hace más que alimentarle el ego. Se enemista con Atreyu y Fújur, y no quiere saber nada de su vida pasada.

Malgasta recursos que necesitará más tarde, simplemente para deslumbrar a otros (la piedra Al-Tsahir). Exige que la Emperatriz Infantil lo reciba de nuevo, por ser él quien es, y provoca una guerra para que se cumpla ese deseo.

Si no has leído La historia interminable, deja de leer aquí.

Los últimos capítulos están llenos de emoción. En una escena genial, en la Ciudad de los Antiguos Emperadores, Bastián descubre qué le depara el futuro si desperdicia el último deseo que le queda. En el barco de mimbre que navega por la niebla, reconoce que le falta ser él mismo, le falta su propia individualidad.

En la maravillosa casa de la maravillosa Doña Aiuola (¡qué casa y qué personaje!), se percata de que se había perdido a sí mismo, de que era un niño que siempre había querido ser otro, pero nunca cambiar. Ahí descubre que su verdadero deseo es amar. Y en la Mina de las Imágenes, tras varios días de arduo trabajo, reconoce que ama a su padre, y necesita volver al mundo real para estar con él.

Cuando regresa al mundo real, Bastián ha cambiado, y con su nueva forma de actuar y ver la realidad, también lo hace su entorno para mejor.

En esta parte, no acabo de comprender el final (muy anticlimático, por cierto) de la bruja Xayide, no sé muy bien por qué sucede lo que sucede; tal vez necesitaba el ego de un humano para dominar a sus gigantes metálicos.

Tampoco entiendo el cambio del librero en el último capítulo. No me queda claro si Karl Konrad Koreander dejó La historia interminable descuidada a propósito para que la cogiera Bastián al principio, en cuyo caso no comprendo por qué era tan borde, y no sé qué le hace cambiar tan radicalmente de personalidad al final (¿reconoce el cambio que ha surtido Fantasia en Bastián y por eso ahora no lo desprecia?).

Minucias en una obra genial.

Consigue La historia interminable en Amazon.es

sábado, 7 de abril de 2018

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LOS ESCRITORES DE FICCIÓN (II): EL VOCABULARIO Y LA DOCUMENTACIÓN

Diccionario de la RAESección CÓMO ESCRIBIR FICCIÓN (8)

Archivo: publicada originariamente el 12 de septiembre de 2010.

LA BORDIONA Y LAS ANÉCDOTAS

Sigamos con la corrección.

   5- Un escritor de ficción debe tener un vocabulario vastísimo. MENTIRA.

-¿Mentira?, ¿no decías en el anterior punto que un escritor tenía que dominar su idioma? ¿Carlos, no sufrirás algún trastorno bipolar?

Pues nunca me lo he mirado… Lo que tiene que dominar un escritor son las palabras que utiliza al escribir. Si usas mil palabras correctamente, tu prosa será mucho mejor que si utilizas 10.000 cuyo significado no dominas, ya que habrá vaguedades y frases confusas. Así que asegúrate de que conoces el significado de todas las palabras que pones en el papel.

Al contrario de lo que piensa la gente, los escritores no tienen que desayunarse diccionarios para resucitar términos del cementerio de las palabras, y así poder deslumbrar a los lectores con su inconmensurable léxico. Si estás poniendo palabras altisonantes sólo para lucirte, se notará y quedarás como un pedante.

Por lo tanto, no te agobies si la frase “La bordiona gració al zaguanete” te parece un idioma extranjero. O lo ha escrito un pedante o alguien que lleva siglos muerto.

Esto me lleva a un punto muy importante de la escritura de ficción: jamás, jamás, jamás, trates a los lectores con condescendencia. Si tienes un problema de ego y necesitas creerte superior, busca alguna solución, pero no escribas ficción. No des lecciones, no dictes cómo tiene que pensar la gente, no intentes cambiar el mundo. Tus lectores son tan inteligentes como tú; trátalos como tales y dales buenas historias (si les interesan mucho, algunas les harán pensar).

Volviendo al tema del vocabulario, lo vas a ir ampliando a medida que escribas, simplemente porque habrá situaciones en las que no te quedará más remedio que utilizar términos que no conocías. Que escribes un cuento en un barco, ya no vale: “El capitán fue al sitio ése donde está el timón”; que luego pasas a un monasterio, tampoco sirve: “Los monjes paseaban por el patio interior que tienen los monasterios, ése que suele tener una fuente en medio”.

La mejor forma de aprender vocabulario nuevo es leyendo novelas y cuentos, y buscando en el diccionario cada palabra que desconoces. En cuanto buscas un mismo término varias veces, se te queda grabado en la mente, y entonces ya puedes utilizarlo sin miedo a meter la pata.

El dardo en la palabra, de Fernando Lárazo Carreter
Hay un libro que a mí me ayudó mucho para escribir con cuidado: El dardo en la palabra, de Fernando Lázaro Carreter (sí, el mismo que nos torturó a varias generaciones de estudiantes con los libros de lengua y literatura, pero aquí es mucho más ameno). Son una colección de artículos, publicados en periódicos españoles desde mediados de los 70 a mediados de los 90, en los que Lázaro Carreter analizaba, con mucha ironía, lo mal que utilizaban el lenguaje los periodistas. Desde que me lo leí, hace ya nueve años, presto mucha más atención a cómo escribo.

No estoy defendiendo que te conviertas en un purista de la lengua, ya que el español es un idioma vivo, y por lo tanto, cambia constantemente; pero sí digo que tengas cuidado al escribir, que no es cierto que todo vale mientras seas capaz de comunicar un mensaje. En ficción tienes que comunicar un mensaje de la mejor forma posible.

No está de más que sepas que “oír” y “escuchar” nunca han sido sinónimos, y que si escribes “Se escuchaba un ruido”, lo que querías decir es “Se oía un ruido”; o que “peliculón”, “lívido”, y “enervar”, tienen cada una dos significados opuestos, y de ti depende cuál utilices; o que “deber de” y “deber” no significan lo mismo.

El mejor consejo que puedo dar es que antes de escribir nada, tengas claro qué quieres decir; y entonces busques las palabras adecuadas para hacerlo y escribas.

Y llama al pan, pan y al vino, vino. Siempre.

Por cierto, esa incompresible frase sobre la bordiona significa “La ramera dio las gracias a la guardia real”.

Nota sobre los puntos 4 y 5: Estos puntos pueden paralizarte a la hora de escribir. No avanzas porque tienes miedo de cometer errores gramaticales, o en el diccionario no viene una palabra que utilizas y no sabes qué hacer. Si te pasa esto, como me pasó a mí durante mucho tiempo, te aconsejo que en la primera versión de tu relato no te obsesiones con esos aspectos, que te dediques a escribir la historia que quieres contar; y en la revisión, corrijas el lenguaje.

   6- Un escritor de ficción debe documentarse exhaustivamente antes de escribir. DEPENDE. Ésta era la pregunta-trampa, ponte medio punto.

Si escribes novela histórica, es fundamental. Guy Gavriel Kay, un autor canadiense que mezcla fantasía con novela histórica, dice en los agradecimientos de Los mosaicos de Sarantium (Sarantium es su versión de Bizancio), “Hace mucho que pienso que para hacer una variación en ficción sobre un periodo concreto, uno debe primero intentar comprender lo más posible sobre ese periodo”; y pasa a nombrar a una serie de expertos en Bizancio y documentos históricos que lo ayudaron a documentarse.

Helena de Troya, de Margaret GeorgeMargaret George, autora de Helena de Troya o María Magdalena: La novela, en el número de agosto de 2010 de The Writer, explicaba que ella comenzaba con una biografía general del personaje histórico sobre el que iba a escribir, y que cuando tenía una buena visión del conjunto, leía libros que se centraban en un único aspecto de ese personaje y buscaba detalles concretos del periodo, como el tamaño que tenía el Parlamento en la época de Isabel I de Inglaterra o un mapa de las calles de Londres. George contaba que el proceso le llevaba un par de años, y que siempre que podía, después de leerse todos los documentos, viajaba al lugar para conocerlo en persona.

Es lógico que leas mucho antes de escribir, para hacerte una idea de cómo era el periodo, y a medida que desarrollas la trama, sigas documentándote para no cometer errores. Pongamos que quieres contar una historia en la España del siglo XVI, y tienes una escena en un banquete: ¿ya existían los cubiertos, y eran como ahora?, ¿a qué hora se solía comer?, ¿y qué se comía? Todas estas dudas las tienes que resolver si quieres que tu novela histórica suene auténtica.

James A. Michener era famoso por lo meticuloso que era documentándose para sus novelas, que solían ser grandes sagas. Leía cientos de libros antes de escribir una palabra, y viajaba a los lugares para sentir cómo eran y poder expresarlo en la novela; aunque después mucho de lo que había investigado no tuviera gran importancia en la trama o no apareciera siquiera.

Por una parte, documentarte tanto te puede dar ideas para desarrollar la trama; pero existe el riesgo de que nunca te pongas a escribir. Siempre faltará algo por investigar, y lo utilizarás como excusa para no empezar la novela.

También puede pasar que dediques varios años de tu vida a documentarte y a escribir una novela, pero como no has practicado otros aspectos de la ficción, el resultado es ilegible. Margaret George comenzó a escribir novelas de niña, porque se le acababan los libros para leer y así se entretenía; lo que no sabía es que, además de divertirse, estaba aprendiendo a contar historias.

Si vas a desarrollar una historia en un lugar real que desconoces, más te vale que te documentes bien, como si fuera para una novela histórica, y conozcas a los lugareños para que el resultado no quede risible. Digamos que te has empeñado en escribir una novela en Argentina y con argentinos de protagonistas, pero lo único que conoces de allí es el tango. Entonces escribes muy ufano:

Pareja bailando el tangoRicardo le dijo a su mujer Laura:
-Estuve en la playa cogiendo conchas.
-¿Me trajiste alguna? Siempre quise tener una concha.

Te aseguro que harás que toda Argentina se doble de la risa y piense que sos un boludo.

En el resto de los géneros depende de lo que realmente quieras contar. Si escribes un thriller judicial estilo John Grisham, es lógico que tengas que dominar el sistema judicial; o si lo que quieres contar son los efectos de la leucemia en tu protagonista, tienes que saber qué siente la gente que ha sufrido, o está sufriendo, de leucemia.

De lo que te tienes que asegurar siempre es de poner los detalles correctos de todo lo que escribes.

Pongamos que tu protagonista va al cine a ver una película en 3D. Si va a comprar palomitas, no hace falta que investigues todos los procesos por los que pasaron las palomitas desde que estaban en un maizal, o que sepas qué horarios y sueldo tiene el chico que las vende. Pero si escribes “La película se trabó en el proyector y el fotograma comenzó a quemarse”, demostrarás que no te has documentado lo suficiente, y a gente como yo, locos por el cine, nos sacarás del relato porque en la actualidad el cine en 3D es digital, y por tanto, no puede quemarse.

Gracias a internet, hoy en día es muy fácil encontrar este tipo de información. Y escribas del tema que escribas, tiene que dar la sensación de que lo dominas, aunque tan sólo utilices cuatro datos. Si el lector descubre algún fallo, como el del cine digital, pondrá en duda tu credibilidad como escritor.

Internet tan sólo es una fuente, pero si necesitas profundizar en un tema, recurre a libros, a expertos, o entrevista a gente relacionada con él. Hablar con personas tiene la ventaja de que puedes preguntar precisamente lo que quieres saber, y que los entrevistados te cuenten anécdotas que puedes utilizar en tus textos; anécdotas que darán más sensación de vivido a tus relatos.

En mi novela he tenido que averiguar cómo se baila salsa, qué necesitas para ser taxista, o cómo son realmente los pacientes en coma (nada que ver con lo que aparece en la películas, ¿sabías que algunos reaccionan a estímulos externos y abren los ojos?). Todo sacado de internet. Lo siento, pero me da vergüenza ir asaltando a gente por la calle para que me cuente sus experiencias. Tuve que aprender nociones básicas de maquillaje y no me veía yendo a The Body Shop para preguntarle a la dependienta: “Si fuera una mujer y quisiera resaltar mis pómulos, ¿cómo lo haría?”.

Continuamos con la corrección en el siguiente artículo.

TENIENDO IDEAS

Las libretas de Carlos del Río
Mis libretas
Quién me lo iba a decir a mí, me he vuelto una fábrica de ideas. Cuando comencé a escribir ficción leí en El placer de escribir que era recomendable llevar una libreta siempre contigo para apuntar las ideas que se te fueran ocurriendo. Fui, un poco a regañadientes, a una librería y me compré una libretita. Me parecía estúpido porque, incluso si mi vida dependiera de ello, era incapaz de tener una idea. Utilicé la libreta, sobre todo, para apuntar cosas cotidianas o anotar qué libros me quería leer.

Cuando comencé a tener ideas (el truco está en ser observador y conocerte bien a ti mismo), compré una libreta más grande. Apuntaba pocas ideas, y principalmente la utilizaba para estructuras las críticas de mi rincón.

Ahora que estoy con la novela, las ideas salen a borbotones. Así que he aprovechado la “Vuelta al cole” que tan felizmente anuncian los centros comerciales (maldita la gracia que me hacía de niño), y me he comprado cuatro cuadernos A4. Cuando estoy dándole vueltas a la trama, se me ocurren acciones para moverla de un punto a otro, y entonces las apunto para que no se me olviden. Hasta hace poco me fiaba de mi memoria, pero ya es imposible que recuerde todo.

Esta semana he estado escribiendo algo que hace que los protagonistas se distancien. En una escena dejaba muy claro qué sucedía, pero al pasar los días, se me ocurrió que era mejor guardármelo, y que el lector lo descubriera un poco más tarde. Así que le di vueltas a cómo hacerlo, y cuando supe las acciones concretas, corrí a apuntarlo en la libreta.

Con estos artículos me pasa lo mismo. Sé que aspectos de la ficción quiero explicar, y lo que hago es ponerme a pensar cuál es la forma más clara y amena de contarlo. Esta semana estuve pensando en la voz. Primero me di cuenta de que es algo tan confuso porque mucha gente mezcla conceptos; y cuando los tuve claros, busqué como explicarlos y qué ejemplos poner. Entonces, otra vez a corrí a la libreta, para que no se me olvide cuando me toque escribir ese artículo.

En la libreta también apunto ideas que tal vez sean el germen de una novela o un cuento. El otro día arrastré a mi madre a un centro comercial para que me ayudara a comprarle un regalo a mi hermana para su cumpleaños. Me metió en la sección de ropa, y cuando pensaba que sí era posible morir de aburrimiento, miré a un maniquí y se me ocurrió algo. En cuanto llegué a casa, lo apunté. Igual no lleve a nada, pero ahí está.

He decidido que la libretita se va a ir conmigo a todas partes. Nunca sabes cuándo te va a asaltar una idea. Al final, resulta que sí que era un buen consejo.

Recomendaciones:

  • El dardo en la palabra, de Fernando Lázaro Carreter. No es para tomártelo al pie de la letra, es para que tengas más cuidado al escribir. Existe una continuación, El nuevo dardo en la palabra, que recoge los últimos artículos de Lázaro Carreter. No me lo he leído, pero supongo que sea tan bueno como el primero.
   Consíguelo en Amazon.es.  

miércoles, 4 de abril de 2018

DESIGN THINKING: CÓMO SER CREATIVO EN 6 PASOS

Carlos del Río imparte una charla de design thinkingEl pasado mes de febrero tuve el place de colaborar con Explorer dando una charla sobre design thinking en Baracaldo. Escribí un artículo sobre lo más importante del encuentro, y ahora lo podéis encontar en el siguiente enlace:


Probad lo que cuento allí, que funciona. Ya no hay excusas para no ser creativo.

domingo, 1 de abril de 2018

CÓMO UTILIZAR FACEBOOK PARA PROMOCIONARTE (SI ODIAS LAS REDES SOCIALES)

Logotipo de Facebook
Mi relación de amor odio-odio con Facebook

Sección Vida de escritor


Decir que no me gustan mucho las redes sociales es ser poco fiel a la verdad porque ¡las odio! No entiendo la obsesión de la gente por estar conectada las 24 horas del día, aburriendo a todo cristo con exaltadas opiniones, chorradas varias o sonrientes selfies. Ya no sé si van a un sitio para disfrutarlo o para subir una foto a Facebook. Y si quieren ser escritores, ¿de dónde sacan tiempo para escribir novelas, si se pasan el día tuiteando?

Me parece que son lugares donde todo el mundo grita y nadie escucha, donde impera la impulsividad y no hay cabida para la reflexión.

Uff, ya lo he soltado, ya estoy más tranquilo.

Pero las redes sociales son necesarias para promocionarte. Y como todo, hay que saber sacarle partido. Así aprendí yo a utilizar Facebook después de desesperarme durante años. La cantidad de veces que me pregunté si no era una pérdida de tiempo…

El escritor emprendedor, de Ana González Duque
1— Reconoce a tu público objetivo. Este paso es fundamental y lo aprendí de Ana González Duque y su libro El escritor emprendedor y la plataforma MOLPE (Marketing online para escritores). Es fundamental no solo para Facebook, sino para tu marca personal en internet, es decir, sobre lo que vas a hablar en todas tus redes sociales y en tu blog. En mi caso, tengo dos públicos objetivos:

—La gente que quiere aprender a escribir ficción, por mis libros para escritores y mi futuro curso online.
—Los lectores de fantasía juvenil, pensando en la próxima publicación de mi novela El príncipe Eosh.

He de reconocer que abro un poquito la mano y mezclo más géneros, porque me gusta leer de todo (me justifico diciendo que es para la gente que quiere aprender a escribir ficción), pero me centro sobre todo en fantasía, ciencia ficción y terror.

Una vez que tienes claro qué contenido debes colgar en Facebook, es mucho más fácil. Vas al grano, no entras en polémicas inútiles (de verdad, no respondas, que es una pérdida de tiempo), no hablas de temas que puedan herir sensibilidades: estamos en la época de la corrección política, y por educado que seas, siempre habrá alguien que se sienta ofendido o excluido; si no das pistas de esos temas, ni se darán cuenta. De lo contrario te pueden acusar de feminista, machista, sexista, facha, rojo, homófobo, heterófobo, racista, xenófobo, egoísta, capitalista, marxista, católico, ateo… o todo al mismo tiempo.

No hables de política, porque automáticamente vas a perder a los lectores que no piensen como tú (y que posiblemente disfrutarían de tus novelas si no supieran a quién votas, o dejas de votar).

Mi consejo es que a menos que un tema, llamémoslo polémico, sea tan importante para ti que se refleja en tu ficción, no diga ni pío.

Eres novelista, no periodista.

Perfil personal en Facebook de Carlos del Río2— Ábrete un perfil personal en Facebook y lo configuras para seguir a escritores que no tengan una página de autor. Si te interesa, lo utilizas para estar en contacto con amigos, pero lo más importante es que te lleguen entradas de escritores que te gustan, y puedas interactuar con ellos.
             
Si tu perfil personal se llena de gente a la que apenas conoces, y es una plasta que no deja de publicar posts (y quiere tener un millón de amigos), la dejas de seguir. Así tendrás un muro que realmente te interese.

En el personal, yo solo cuelgo algo nuevo cuando he escrito un artículo a principios de mes en mi blog o he reseñado una novela a mediados; o cuando sucede algo excepcional, como una buena crítica a alguno de mis libros en Amazon, o voy a hacer una presentación. Y ya está.

Para qué mentir, no le suelo hacer mucho caso al muro.

Perfil profesional de El rincón de Carlos del Río
3— Ábrete una página de autor en Facebook. Esta la utilizas para promocionarte como escritor, teniendo en cuenta tu público objetivo.

En la página de autor, cuando no tengo algo nuevo en mi blog, cuelgo una entrada al día de otros blogueros, a las 11:00 de la mañana (aunque tengo que probar otros horarios), que trata de o bien aprender a escribir ficción, o de fantasía juvenil (o terror, o ciencia ficción, o fantasía).  

Este perfil te permite programar las entradas. Le das a la flecha hacia abajo al lado de publicar, y te sale el menú para que indiques cuándo quieres que salga la entrada. Puedes programar todas las publicaciones que te dé la gana.


Cómo programar entradas en Facebook


¿Y dónde encuentro el material? Cuando publico algo en mi blog, eso es lo que pongo en Facebook; el resto de los días utilizo lo que viene más abajo.

4— Únete al grupo El escritor emprendedor. Esto es lo que me ha reconciliado con Facebook. Es un grupo, llevado por Ana González Duque, en el que varios escritores nos vamos animando mutuamente y resolviendo dudas. No vale con solo apuntarse, hay que intervenir de vez en cuando, sobre todo cuando preguntan algo que tú sabes. Es la manera de socializarse, y de que la gente te vaya conociendo.

Los viernes se crea un hilo donde podemos enlazar las entradas que hemos colgado en nuestros blogs. Pues bien, de ahí saco la mayoría de los artículos que voy a compartir en mi página de autor a lo largo de la semana. Veo los que van con mis públicos objetivos, los leo, y selecciono los que más me gustan.

Entonces los programo, indicando en el post el autor con una @, para que vea que lo he puesto en mi Facebook.

Y si me quedo corto, ¿de dónde saco más material?

Logotipo de Twitter5— Ábrete una cuenta en Bloglovin’. Bloglovin’ es una página que te permite seguir todos los blogs que quieras, y de un vistazo ves qué ha publicado cada uno. Buscas blogs por temática, los sigues, y te van apareciendo en tu muro los titulares y el principio de las entradas que han colgado. De ahí también saco unos cuantos artículos a lo largo de la semana.

¿Y qué hago con Twitter? Pues básicamente lo mismo, pero teniendo en cuenta que Twitter exige mucho más movimiento. Saco los artículos del grupo de Facebook y Bloglovin’, y con TweetDeck, una página gratuita que te permite programar todos los tuits que desees, programo unos tres al día (dos ajenos y uno mío, de un antiguo artículo de mi blog); además, me meto de vez en cuando y retuiteo tuits que me gusten.

Así le veo sentido, y es llevadero esto de las redes sociales.

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