¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

"La lista de Schindler", de Steven Spielberg; "Taller de escritura creativa en el Espacio Joven de Santander"; "La luz fantástica" (novela), de Terry Pratchett; "¿Qué fue de Baby Jane?", de Robert Aldrich; "Cómo motivarse, y la asertividad (II)" (Vida de escritor); "Lee los primeros capítulos de mis libros gratis"; "La revisión (I)" (Proyecto novela); "Fahrenheit 451" (novela), de Ray Bradbury; "Soy leyenda" (novela), de Richard Matheson; "La asertividad (I)" (Vida de escritor); "La llamada de lo salvaje" (novela corta), de Jack London; "Matar a un ruiseñor", de Robert Mulligan; "¡Qué bello es vivir!", de Frank Capra; "El mito del talento, la motivación, y el mundo editorial" (Vida de escritor); "Novelas leídas en 2016".

sábado, 25 de marzo de 2017

La lista de Schindler [10]

Poster original de La lista de Schindler
Archivo: Publicada originariamente el 15 de agosto de 2013
CINEFILIA
Schindler's List
(EE.UU., 1993, 195 min)
Dirección:
Steven Spielberg
Guión:
Steven Zaillian
Intérpretes:
Liam Neeson
Ben Kingsley
Ralph Fiennes
Caroline Goodall
Embeth Davidtz 
IMDb

Posiblemente 1993 fue el mejor año de la carrera de Steven Spielberg. Gracias a "Parque Jurásico" logró la película más taquillera de la historia, y con "La lista de Schindler", tras veinte años de una carrera excepcional, consiguió que los críticos por fin se dieran cuenta de lo grande que es. Durante años Spielberg rechazó el proyecto porque no se veía con la suficiente madurez para afrontarlo, y se lo ofreció a Roman Polanski, Sydney Pollack y Martin Scorsese. Afortunadamente Spielberg esperó, y cuando llegó el momento de rodarla, no es que hiciera "La lista de Schindler" pensando en los críticos para taparles la boca de una vez, es que tenía puesto todo su corazón en el proyecto y le quedó una obra maestra.
   La película, basada en la novela de Thomas Keneally, arrasó en los Oscars (7 estatuillas, incluidas las de Mejor Película y Mejor Director), y recaudó más de 300 millones de dólares en todo el mundo. Y es tanta su calidad, que desde el día del estreno se convirtió en un clásico.
   Oskar Schindler (Liam Neeson) es un nazi vividor y mujeriego que ha tenido un golpe de suerte: ha estallado la Segunda Guerra Mundial. Los judíos progresivamente van perdiendo derechos, algo que aprovecha Schindler para enriquecerse. Pensando que en tiempos de guerra lo que más dinero dará serán cosas materiales que se puedan intercambiar, monta una fábrica de sartenes y cazuelas y contrata a judíos, que son una mano de obra baratísima. Para ayudarle en las finanzas, Schindler se hace con el contable judío Itzhak Stern (Ben Kingsley), quien no soporta lo cínico que es Schindler. Pero a medida que avanza la guerra, Schindler descubrirá qué está pasando realmente con los judíos, lo que provocará que utilice su fábrica como tapadera para salvarlos.
   "La lista de Schindler" es la película más emocionante que he visto en mi vida. Estructuralmente funciona a dos niveles: el cambio de Oskar Schindler, que pasa de ser un cínico sólo interesado en el dinero, a arriesgarlo todo por salvar vidas humanas; y la degradación de los judíos, que cuando parece que nada puede ir a peor, todo empeora mucho. De este modo, estas dos tramas que se van entrelazando hacen que cuanto más sufres por los judíos, más te emocione lo que está haciendo Schindler.
   Pero solo una buena estructura no hace que una película sea una obra maestra. Lo que hace que "La lista de Schindler" sea emocionalmente tan potente es la dirección de Spielberg y lo bien que están presentados los personajes y preparados los momentos.
Liam Neeson y Ben Kingsley en La lista de Schindler
Liam Neeson y Ben Kingsley
   Siendo muy sutil, Spielberg te presenta a un puñado de judíos que tienes perfectamente identificados, y los sigues a través de tres angustiosas horas. No sabrías nombrarlos, pero los reconoces en cuanto aparecen en pantalla; ya no son secundarios, son personas de carne y hueso. Y es que la película está construida con pequeños arcos narrativos: el rabino que hizo pocas bisagras en la fábrica de Amon Goeth, la chica que se maquilló para que Schindler contratara a sus padres; la niña de gafitas y su madre; el hombre manco que fue a darle las gracias a Schindler; la criada de la que se enamoró el monstruo de Goeth...
   Por eso, y porque Spielberg de vez en cuando utiliza un estilo de documental muy efectivo y todos los actores son extraordinarios, se te ponen los pelos de punta cuando ves con qué frialdad tratan los nazis a los judíos, y los matan como si fueran moscas. Tiemblas cada vez que Amon Goeth (Ralph Fiennes) aparece en pantalla, y deseas que Oskar Schindler se salga con la suya.
   Así logra Spielberg llenar la película de puntos álgidos sin saturar al espectador: el montaje en paralelo de los judíos abandonando su casa y descubriendo la nueva en el gueto, mientras Schindler se queda con su antiguo hogar; el impresionante exterminio del gueto; el montaje triple entre la boda judía, Schindler en una fiesta, y Goeth machacando a su criada; Schindler rescatando a su contable de los trenes; Schindler dando agua a los judíos en los trenes; cualquiera de las acciones de Goeth...
   Un momento muy bien preparado es cuando Goeth tiene que hace hueco en su campo de concentración para nuevos prisioneros. Por los altavoces suena la música de un tocadiscos y los judíos corren desnudos delante de los nazis, quienes deciden de un vistazo quién vivirá y quién morirá. En esa parte es impactante cuando las mujeres se pinchan los dedos para sangrar y mancharse con sangre la cara, para así simular que tienen buena salud. Sabes que por mucho que el campo de Goeth sea un infierno, salir de ahí significa una muerte segura. Entonces ves que cambian el disco y comienza a sonar una canción infantil. El siguiente plano son las guardianas nazis llevando a los niños a los camiones, cantando la canción del tocadiscos. Ahí se te hiela la sangre.
   Y luego hay momentos especialmente emocionantes porque se mezclan las dos tramas: con la muerte del hombre manco, Schindler muestra los primeros síntomas del cambio al quejarse de la muerte de un trabajador "cualificado"; la famosísima niña de abrigo rojo le toca especialmente (y al espectador también); la mujer maquillada que logra que sus padres trabajen para Schindler, y con la ayuda de Stern, hace que Schindler comience a sobornar al guarda del campo de concentración.
   La gran prueba de fuego, la que demuestra que Schindler ha cambiado por completo, es cuando arriesga todo por salvar a sus mujeres de Auschwitz (el momento de las duchas  funciona tan bien por cómo está preparado a media película; porque cuando parece que todo iba a ir bien, surge ese problema, que es el mayor de toda la película; y por lo bien hecho que está, que te mete de lleno en la piel de esas mujeres).
   Hay gente que aún duda del talento de Steven Spielberg; también hay gente que aún se piensa que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra.

lunes, 20 de marzo de 2017

TALLER DE ESCRITURA CREATIVA EN SANTANDER

Taller de escritura creativa en el Espacio Joven de Santander¡Hola amigos! 
Esta privamera voy a impartir un taller de escritura creativa en el Espacio Joven de Santander. Serán todos los miércoles, del 26 de abril al 31 de mayo, de 20:00 a 21:30 horas, para alumnos de entre 15 y 35 años, y solo cuesta 15€. Para apuntaros os podéis pasar por la Cuesta del hospital 10, escribir un e-mail a juventud@santander.es, o llamar a los teléfonos 942 203 028 o 942 203 029. Daos prisa, que las plazas son limitadas. ¡Nos vemos en abril!

CURSO ONLINE
Y para los que no vivís cerca de Santander o no tenéis tiempo para acudir a clases presenciales, os adelanto que ya estoy trabajando en el curso online, que podrá hacer gente de todo el mundo y de todas las edades. ¡Por fin, por fin! Será con vídeos en streaming, en un plataforma donde podréis entrar todas las veces que necesitéis, para que vayáis a vuestro propio ritmo, haciendo los ejercicios que os proponga y asimilando la teoría. 
     Estoy adaptando la teoría y ejercicios de mi curso presencial de nueve meses para que lo podáis hacer por vuestra cuenta sin problemas, y estoy buscando la posibilidad de que podáis pagar o bien de una vez (con un pequeño descuento), o a cómodos plazos de unos 15€ mensuales. Siendo muy optimista, estará disponible a finales de año, pero antes tengo que acabar "Érase una vez...". O iré informando a medida que vaya avanzando.

sábado, 18 de marzo de 2017

La luz fantástica [8]

Portada de La luz fantástica, de Terry Pratchett
NOVELA
The Light Fantastic
(Reino Unido, 1986, 285 páginas)
Terry Pratchett   

Tres años después de que Terry Pratchett dejara al mago Rincewind cayéndose por el universo, el autor continuó su historia con la segunda novela de Mundodisco: “La luz fantástica”. Aquí la cierra —ya no hay más protagonistas colgados del precipicio al final—, y como la anterior, es un demencial torrente de imaginación, que parodia a las novelas de fantasía, tan divertido y con un ritmo tan rápido, que pasas por alto sus defectos.
            En la Universidad Invisible el Octavo, el libro más mágico de Mundodisco, se libera y va al tejado, donde los magos descubren que ha alterado la realidad. El cambio salva al inepto de Rincewind y a su amigo Dosflores, que andaban cayéndose al vacío. Para saber qué sucede, los magos llaman a la Muerte, quien les avisa de que Mundodisco se va a chocar contra una estrella, a menos que los ochos hechizos del Octavo se reciten seguidos. Lo malo es que el último está encerrado en la cabeza de Rincewind, y nadie sabe dónde anda.
            Se podría decir que realmente “El color de la magia” y “La luz fantástica” son una única novela. Mientras la primera era episódica, con aventuritas que empezaban y acababan (Pratchett las iba enlazando, siguiendo a los protagonistas, para que fuera una novela y no una colección de cuentos), esta es una única historia que va desarrollando hasta resolverla.
            Nada más empezar, Pratchett se saca de la manga un cambio de realidad para salvar a Rincewind de una muerte segura, lo cual, en una novela tan solo una pizca más seria que esta, te cabrearía, pero aquí te parece divertido. Y luego se crea el gran conflicto: solo Rincewind puede salvar el mundo con el hechizo encerrado en su cabeza.
Entonces da comienzo una trama alocada… bastante forzada pero divertida: está llena de momentos en los que los personajes se salvan en el último segundo de potra (la escoba voladora que encuentran en la casa del bosque; que aparezca Cohen donde los druidas justo cuando van a matar a la chica; el rescate de Cohen en el río), de situaciones caprichosas sin que se sepa muy bien hacia dónde va la historia. Rincewind —ni el lector— no tiene nada claro que debe regresar a la Universidad Invisible, simplemente porque si lo supiera, Pratchett se quedaría sin trama: en cuanto los magos de la casa del bosque le dijeran que le iban a llevar allí, se acabaría el libro, así que el autor va complicando las cosas sin que se sepa bien a dónde quiere ir el protagonista, que no hace más que huir y huir.
            En esta novela aparece una casa como la de Hansel y Gretel; troles que se convierten en piedra si les da la luz del sol; una exuberante heroína con el pelo teñido con jena (hilarante es la digresión de Pratchett para describirla), un héroe añoso, con un nombre muy parecido a Conan; druidas que hacen sacrificios humanos; muchedumbre enaltecida que odia a los magos, y el voraz baúl con piernas que sigue a Dosflores a todas partes.
            Como en la anterior, Pratchett de vez en cuanto te hace una digresión para hablar de un dato histórico de Mundodisco o de algún detalle de leyes físicas, y te partes de la risa, como el filósofo al que le preguntaron en una fiesta qué hacía allí, y se tiró tres años contestando; o la prohibición de hacer descripciones llenas de vaguedades al escribir; o las teorías sobre las tiendas mágicas que aparecen y desaparecen; o que cuando escribe que el sol se derramaba como oro líquido por el paisaje durmiente, no es literal, ya que los árboles no estallaban en llamas, la gente no se volvía de repente muy rica y muy muerta, ni los mares se evaporaban al instante.
Lo que las hace tan divertidas es que Pratchett las cuenta en un tono muy serio, como si estuviera escribiendo un tratado antropológico, y lo que te cuenta es demencial. Pratchett mantiene ese tono en toda la novela, y funciona tan bien porque ves una contraposición entre la seriedad con la que cuenta las cosas, incluso cuando es irónico, y lo que está pasando.
Una vez que Pratchett deja de marear la perdiz, y Rincewind reconoce (aunque no sabe muy bien por qué) que debe regresar a la Universidad Invisible, la novela gana enteros, y además de ponerte escenas divertidas, escribe grandes momentos de acción, y aquí sí cierra de manera satisfactoria la trama.

sábado, 11 de marzo de 2017

¿Qué fue de Baby Jane? [8]

Archivo: Publicada originariamente el 31 de julio de 2011.
Cartel original de ¿Qué fue de Baby Jane?CINEFILIA
What Ever Happened to Baby Jane
(EE.UU., 1962, 134 min)
Dirección:
Robert Aldrich
Guión:
Lukas Heller
Intérpretes:
Bette Davis
Joan Crawford
Victor Buono
Maidie Norman
Wesley Addy
IMDb

“¿Qué fue de Baby Jane?” parte de una novela de Henry Farrell, un autor que a raíz del éxito de este film de Robert Aldrich se especializó en este subgénero en el que una pareja de mujeres maduras y un tanto trastocadas se odian, hay un secreto del pasado y un asesinato que ocultar. Curiosamente estas películas, aparte de compartir elementos de la trama, tienen títulos parecidos (al menos en inglés) y cuentan con actrices muy buenas: de Farrell son los guiones de “Canción de cuna para un cadáver” (“Hush… Hush, Sweet Charlotte”, 1964, también de Aldrich, con Bette Davis y Olivia de Havilland) y “¿Qué le pasa a Helen” (“What’s the Matter with Helen”, 1971, de Curtis Harrington, con Debbie Reynolds y Shelley Winters). La última no tiene ni la mitad de prestigio que las anteriores, si es que hay alguien que se acuerde de ella.
   “¿Qué fue de Baby Jane?” cuenta la rivalidad de dos hermanas que fueron estrellas en el pasado, pero que ahora son viejas glorias. Baby Jane Hudson (Bette Davis) fue una niña prodigio en 1917, pero durante los años 30, cuando su hermana Blanche Hudson (Joan Crawford) ascendió al estrellato en el cine, Baby Jane demostró que no tenía talento para actuar y su hermana le hizo sombra. Una noche, una hermana atropella a la otra y el accidente deja postrada en una silla de ruedas a Blanche, acabando con su carrera.
   Décadas más tarde, las hermanas viven juntas. Blanche aún recibe cartas de fans y sus películas se siguen reponiendo en la televisión, mientras que de Baby Jane no se acuerda nadie. Baby Jane tiene delirios de grandeza y espera relanzar su carrera como niña prodigio con más de 50 años; mientras que Blanche, que se da cuenta de que su hermana cada vez está más desequilibrada, está aterrorizada porque le tiene que contar que van a vender la casa y quiere ingresarla en un sanatorio.
   El gran acierto de esta película, el que hace que sea un pequeño clásico, es la elección de Bette Davis y Joan Crawford para protagonizarla, porque como todo el mundo sabe, estas divas se llevaban de maravilla. Aquí unas declaraciones sacadas de sus perfiles en IMDb que lo demuestran:

   Bette Davis sobre Joan Crawford: “No la mearía encima si estuviera ardiendo.”

   Joan Crawford sobre Bette Davis en “La estrella”: “Claro que oí que se suponía que me estaba interpretando a mí, pero no me lo creí. ¿Viste la película? Es imposible que fuera yo. Bette parecía tan vieja, y con tantísimo sobrepeso.”

   Bette Davis sobre Joan Crawford: “Se ha acostado con todas las estrellas masculinas de la MGM excepto Lassie.”

   Joan Crawford sobre cómo fue trabajar con Bette Davis en “¿Qué fue de Baby Jane?”: “Fue uno de los mayores retos de mi vida. Lo digo de forma amable. Bette tiene un temperamento diferente al mío. Bette tenía que gritar todas las mañanas. Yo simplemente me sentaba y tejía. Tejí una bufanda de Hollywood a Malibú”.

   Bette Davis: “¿Por qué soy tan buena interpretando zorras? Creo que es porque no soy una zorra. Quizá sea por eso por lo que [Joan Crawford] siempre interpreta a damas.”

   Joan Crawford sobre Bette Davis en “¿Qué fue de Baby Jane?”: “Sí, me robó algunas de mis grandes escenas, pero lo curioso es que, cuando veo la película de nuevo, las robó porque parecía una parodia de sí misma, y yo todavía parecía una estrella.”

   Bette Davis sobre la muerte de Joan Crawford: “Nunca deberías decir cosas malas de los muertos, solo deberías decir cosas buenas… Joan Crawford se ha muerto. Bueno.”

Bette Davis y Joan Crawford en ¿Qué fue de Baby Jane?
Bette Davis y Joan Crawford
   En “¿Qué fue de Baby Jane?”, aparte de hacer dos actuaciones extraordinarias (Davis destaca más porque era más protagonista y con el papel que tenía, se podía lucir un poco más, pero Crawford también está genial), todo el odio que se tenían traspasa la pantalla, y en varios momentos saltan chispas. Además, al ser dos actrices tan conocidas, que ya habían dejado atrás sus mejores días, partes de la trama se pueden ver como la Davis y la Crawford interpretándose a sí mismas.
   “¿Qué fue de Baby Jane?” es una película muy agobiante, y gran parte se desarrolla en el interior de una casa llena de sombras. Aldrich, con una planificación muy buena se encargaba de resaltar la tensión gracias a picados, contrapicados y la profundidad de campo (igual hoy algún recurso parece muy exagerado, pero tal como es la película y cómo evoluciona, yo creo que funciona muy bien. Al fin y al cabo no es una película realista, y te puedes permitir resaltar mucho algún detalle escabroso). Aldrich también preparaba muy bien los momentos y los estiraba más y más.
   Toda la parte central es magnífica, con una evolución de los acontecimientos modélica, donde el espectador ver perfectamente que Davis cada vez se adentra más y más en la locura (sus escenas con Victor Bouno son sobresalientes por lo bien hechas que están y terribles por lo que significan; al igual que el momento en el que Davis se mira en el espejo o va a poner el anuncio por palabras en el periódico); y que Crawford cada vez está más indefensa, logrando que sufra con ella cada vez que no puede pedir ayuda. Toda esta parte coge prestado varios elementos de “El crepúsculo de los dioses” (1950), de Billy Wilder, para hacerlos más truculentos, y puede verse como un antecedente de “Misery”, de Stephen King.
   Lo que peor ha envejecido de “¿Qué fue de Baby Jane?” es el principio y el final. Todo el prólogo, que es indispensable para entender el resto de la película, hoy en día resulta demasiado largo (para qué engañarnos, lo bueno es cuando aparecen Crawford y Davis y se tiran los trastos a la cabeza); y el final tiene una puesta en escena muy mala. Entiendo que Davis tiene que acabar rodeada de gente (al igual que Gloria Swanson en “El crepúsculo de los dioses”, por cierto), pero Aldrich podía haberlas escondido un poco en esa playa, que queda ridículo que nadie se dé cuenta de que están allí.
   “¿Qué fue de Baby Jane?” tuvo muchísimo éxito y relanzó la carrera de Bette Davis; aunque para Joan Crawford significó su última gran película. El film ganó el Oscar al Mejor Vestuario en Blanco y Negro y estuvo nominado a otros cuatro. De las divas, tan sólo Bette Davis consiguió ser nominada, lo que provocó que Joan Crawford se pusiera en contacto con el resto de las nominadas para ver si alguna no podía ir a la ceremonia y recoger ella la estatuilla en su nombre. Anne Bancroft ganó ese año por “El milagro de Anna Sullivan”, y como no pudo asistir, Joan Crawford subió a recoger el Oscar delante de las narices de Bette Davis.
   Bette Davis y Joan Crawford. Amigas hasta el final.

domingo, 5 de marzo de 2017

VIDA DE ESCRITOR: CÓMO MOTIVARSE, Y LA ASERTIVIDAD (II)

Ya voy 46.000 mil palabras, 160 páginas, de “Érase una vez…”; calculo que eso sea la mitad. Estoy enfrascado en la parte de la motivación, y quiero dar las gracias a mis amigos Pedro Pablo Picazo, Álvaro de la Hoz y Nacho Solana por indicarme qué les motiva y qué les hace seguir adelante cuando no salen las cosas.
            Escribiendo esta parte, me he dado cuenta de cuál es mi sistema para no perder la ilusión. Cuando me meto en un proyecto, ya sea un libro de no ficción o una novela, me involucro por completo por dos motivos, y luego doy un tercer paso:

            1— Me encanta lo que estoy haciendo; ¡demonios, me he metido de forma voluntaria y sin cobrar un céntimo, como para hacerlo sin gustarme! Y me esfuerzo para que quede lo mejor que pueda, corrigiendo errores del pasado. Si me moviera solo por dinero, haría tiempo que hubiera dejado de escribir. La única garantía que tengo cuando escribo es que parto de cero ingresos y no sé si crecerán mucho, poco o nada.

            2— Pienso que va a tener una buena aceptación. En el caso de las novelas, mientras escribo pienso que esa será la que me abra las puertas de las editoriales, y que logrará que me asiente como novelista. Y en el caso de los libros autoeditados, pienso que van a tener buenas ventas, porque sí, necesito ganar dinero.

            3— Cuando acabo, hago lo siguiente, y es fundamental para no frustrarse: me distancio emocionalmente de ellos por completo y me pongo con el siguiente proyecto, al que le echo toda mi pasión. Esa distancia emocional es la que me permite recibir los rechazos y los fracasos sin que me afecten, y analizar cuáles pueden ser sus defectos y si yo puedo hacer algo para solucionarlos; y como siempre estoy con algo entre manos, no me desespero porque pienso que si un proyecto no funciona, lo hará el siguiente.

            Más de una vez he oído decir que tu novela es tu niño, o cosas por el estilo. ¡No digáis eso! Así solo vais a conseguir sufrir. Y la gente que dice eso, ¿qué pretende, escribir solo una o dos novelas en su vida? Apasionaos durante el proceso de escritura, pero luego distanciaos; de lo contrario, lo vais a pasar muy mal.

            Y hasta aquí os puedo contar. 

LIDIANDO CON ENERGÚMENOS
Volvamos a la asertividad. El otro día fui con unos amigos al cine, a los que hacía tiempo que no veía. Durante los trailers, yo estaba hablando despreocupado, y entonces el hombre que tenía delante se giró y me mandó callar, que por mucho que estuvieran echando trailers, eso era un cine, no una cafetería, y que yo estaba hablando muy alto.
            Es la primera vez que veo que mandan callar a alguien durante los trailers. No me refiero a que sea la primera vez que me pase a mí, sino que es la primera vez en mi vida que le pasa a alguien. Y vaya si he ido veces al cine.
            Durante la película nunca hablo, porque no me gusta que me lo hagan, pero pensé que era de esos tipos a los que les gusta ver trailers. Así que me disculpé, que no me había dado cuenta de que estaba hablando muy alto. El hombre, ya sin mirarme, refunfuñó en alto “¡Que no se había dado cuenta!”.
            No le dije nada más (una disculpa es más que de sobra, otra cosa es que no la quisiera aceptar) y como estaba en medio de una conversación con mis amigos, bajé el volumen y seguí hablando. El hombre, de nuevo sin mirarme, volvió a refunfuñar en alto “¡Y sigue hablando!”. Claro que seguía hablando, él me había dicho que le molestaba lo alto que hablaba, que era lo que podía ser comprensible, no que estuviera hablando, que era incomprensible: no estábamos en una cafetería, pero tampoco en una biblioteca, sino en un cine durante los anuncios. Tenía intención de seguir charlando, pero uno de mis amigos me indicó con la mano que le contara lo que les estaba contando después de la película.
            Este altercado me dio dos pistas sobre este hombre, que era más joven que yo:

            1— Era un maleducado tan acostumbrado a cortar a la gente para conseguir lo que quería, que no sabía aceptar una disculpa. Daba igual que me hubiera disculpado que contestado de forma borde, porque la respuesta que iba a recibir yo habría sido la misma. No escuchaba y tenía el piloto automático para ser borde y conseguir su objetivo.

            2— No estaba bien y no lo iba a pasar nada bien en cuanto tuviera que negociar. No me refiero a que necesitara un bozal y una camisa de fuerza, sino a que tenía alguna frustración que le hacía comportase así. Alguien que esté bien, que se sienta a gusto con su vida, no se comporta así. Lo que estaba claro es que era nulo pidiendo las cosas y me imagino que sus dotes para negociar fueran de la misma calaña. O bien había tenido modelos tóxicos, y siempre había sido así, exigiendo las cosas a ladridos, lo cual le crearía frustración cuando las cosas no le saliesen como él quisiera, y no sabría cómo actuar cuando tuviera que negociar (que es algo fundamental en la época que nos ha tocado vivir); o bien en algunas situaciones no se atrevía a decir lo que pensaba, como en el trabajo a su jefe, por ejemplo, y para compensarlo explotaba cuando tenía a alguien delante que no tenía ningún poder sobre él. Tanto si es lo uno como lo otro, esto crea un círculo vicioso de más frustración y más agresividad.
Fotografía de Eleanor Roosevelt
Eleanor Roosevelt
     Con esta historia quiero decir que por mucho que practiques técnicas para ser asertivo, por mucho que intentes ser amable, energúmenos te los vas a seguir encontrando. En estos casos lo que hay que hacer es mantener la calma y no tomártelo de forma personal. Que una mala contestación no te afecte emocionalmente. Hay una cita de Eleanor Roosevelt que me gusta mucho:
           

“Nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento”.

Entonces tienes que sopesar qué importancia tiene el asunto y si tu integridad física corre peligro. Esto al principio cuesta, pero con la práctica te sale solo. Si es realmente importante y estás seguro —solo te van dar malas contestaciones— perseveras hasta que logras tu objetivo o llegas a un acuerdo que os beneficia a los dos. Si tu integridad física corre peligro, no utilizas la asertividad, sino el sentido común: si alguien con ojos de loco y manos temblorosas te apunta con una pistola para que le des la cartera, no es el momento de explicarle que robar es un acto vil y que te has ganado el dinero de forma honrada y que no se la vas a dar porque eres asertivo.
Si es algo nimio que apenas te afecta y lo que ha sucedido es que has tenido la mala suerte de dar con un cenutrio, tras un primer intento de diálogo (fríamente sopesas lo que te ha dicho, que puede haber parte de verdad, pero al responder no te pones a su altura. Educación ante todo), lo dejas pasar y te olvidas del tema. Esa persona no merece ni un segundo más de tu atención.
Seguimos en el siguiente artículo.
Las fotografías son de dominio público, y no hace falta atribuirlas. La bombilla (Unsplash).

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             Anterior artículo: La asertividad (I)

lunes, 27 de febrero de 2017

LEE LOS PRIMEROS CAPÍTULOS DE MIS LIBROS GRATIS

Ya podéis leer gratis los primeros capítulos de mis libros sin necesidad de ir a Amazon. Simplemente tenéis que clicar sobre las imágenes de abajo. En el caso de "Vivir soñando" tenéis el primer cuento y primer comentario completos. ¡Disfrutad!

sábado, 25 de febrero de 2017

PROYECTO NOVELA. 43- LA REVISIÓN (I)

Archivo: publicada originariamente el 3 de febrero de 2013
Para mí, una de las cosas más gratificantes de mantener mi rincón es recibir e-mails y comentarios de gente que no me conoce personalmente diciendo que les estoy ayudando con sus proyectos literarios. Eso me hace sentir de maravilla.
   El pasado noviembre recibí uno de esos e-mails de Edson Estada, un chico peruano. Aparte de decirme cómo le gustaban estos artículos, Edson aprovechó para contarme cómo se había aficionado a las novelas. Su historia me pareció tan sorprendente, porque demuestra que por muchos obstáculos que te ponga la vida los puedes superar si quieres, que le he pedido que nos la cuente a todos. Aquí os dejo con Edson Estrada:

   “Hola. Mi nombre es Edson Estrada, vivo en la ciudad imperial del Cusco (Perú).
   Yo empecé a escribir a los 12 años, unos cuantos cuentos; y lo dejé por un tiempo..., no sé por qué.
   Pero hace 2 años (cuando tenía 16) otra vez comencé a escribir. Leí el cuento que había escrito a los 12, y me di cuenta de que era sencillo, pero muy especial, porque era el fruto de mi mente y de mi trabajo.
   Desde los 9 años me gusta la lectura. Cuando te sumerges en un libro, olvidas por un momento todos tus problemas y conflictos, dejas a un lado lo que te preocupa, y solo te importa seguir leyendo ese libro que tanto te gusta, conociéndote con los personajes. Un libro abierto es la mejor compañía; te olvidas de todo el mundo, y te concentras en cada palabra de la historia contada, y por un instante te sientes parte de esa historia.
Edson Estrada escribiendo con pauta y punzón
Edson Estrada escribiendo con pauta y punzón
   Os cuento que yo perdí la vista a los 6 años, de manera total. Pero fue durante unos meses nada más; fui recuperándola poco a poco, y ahora, tengo un poco de visión con el ojo derecho; pero eso no sirve de impedimento para seguir avanzando; mediante un programa lector de pantalla (Jaws, de la Freedom Scientific) que traduce a voz el texto de la pantalla; así leo los libros, y también navego en internet.
   Yo empecé a leer, gracias a mi madre, quien (por mi ceguera parcial) me leía algunos libros. Los primeros fueron los de autoayuda, como los de Carlos Cuauhtémoc Sánchez; pero luego, a los 12 años, me fueron interesando aquellos libros de fantasía y ciencia ficción.
   Como estaban de moda los de J.K. Rowling, me leyeron los siete libros; y poco a poco, comencé a adentrarme en ese fantástico mundo de la ficción y la fantasía.
   Gracias a tantos libros, mi imaginación volaba, y la aproveché para empezar a escribir una novela, de fantasía.
   Ahora siempre llevo una libreta en donde anoto todas las ideas que tengo. Siempre llevo una pauta y un punzón (con los que se escribe el sistema braille, para leer con los dedos) y anoto todo lo que se me ocurre, para luego pasarlo al ordenador.
   Porque la constancia es lo que vale, y mucho.
   Gracias a todos; en primer lugar, gracias a los escritores profesionales que escriben cada día, y cuyos frutos podemos leer en cualquier momento. Gracias a los que leen, porque sin ellos, los escritos no serían nada. Y Gracias a toda la humanidad, que en algún momento inventó una serie de códigos (el lenguaje), y que los graficó, para que queden grabados para la posteridad”.

ESCRIBIR ES REESCRIBIR
Aunque aquí hablo de novelas, lo que explico se aplica perfectamente a cuentos y novelas cortas.
   Para llegar al final de una primera versión es fundamental que lo que escribas te guste, sin pararte a pensar si le gustará a alguién o no. Y tu crítico interno, ése incordión que dice que no sabes escribir o que tus frases son poco poéticas o que no tienes imaginación, esté callado. Para eso, yo doy tres consejos:
   El primero es que domines la estructura narrativa, para que sepas cómo ir subiendo la intensidad y qué elementos te faltan para contar la historia, y que para desarrollar la trama utilices el patrón de causa-efecto y que tengas en cuenta que los personajes y la trama están interrelacionados.
   Hablo de todo eso en los artículos del 21 al 26. Lo que aparece ahí te tiene que salir solo. Vuelve a leer esos artículos, mira cómo lo que cuento allí se cumple en toda la ficción que leas y veas, y ponlo en práctica.
   El segundo es que escribas en escenas. Vuelve a leer el artículo 32, y piensa que una novela es como el tablero de un juego de mesa y cada escena es una casilla por la que tienes que pasar para llegar al final. De este modo, sabrás qué tienes que escribir en cada momento.
   Y el tercero es que siempre sigas adelante. Incluso si ves que la novela toma una dirección inesperada y ya el principio no te vale, no te detengas a reescribir el comienzo. Haz una nota, y sigue escribiendo hasta alcanzar el final. Y entonces reescribes. Así te aseguras de llegar al final.
   Lógicamente, con el tiempo encontrarás tu forma de trabajo idónea, e igual eres de los que pueden reescribir grandes partes de la novela sin llegar al final. Pero cuando estás empezando, yo recomiendo este sistema, porque de lo contrario puede que nunca acabes.
   Y ahora una cosa importantísima que muchos escritores principiantes olvidan (o lo olvidan o es que ya se aburren con esa historia y tienen mucha prisa por escribir otra): escribir es reescribir, cuando acabas una primera versión, hay que reescribirla.
   Y entonces es cuando te pones a pensar en el lector.
   He seleccionado dos citas muy buenas que hablan de esto. La primera es de Anne Tyler:

Portada de Wired for Story, de Lisa Cron   “He aprendido que es mejor que no piense en los lectores mientras escribo. Simplemente intento sumergirme en el mundo que estoy describiendo. Pero al final, por supuesto, tengo que pensar en los lectores. Leo mi versión final fingiendo que soy otra, simplemente para asegurarme de que lo que he escrito tiene sentido desde fuera”.

   Y la segunda es de la analista de guiones y novelas Lisa Cron en “Wired for Story”:

   “Pero ante todo, ¿no tenemos que escribir para nosotros mismos, contar nuestra verdad? Quizás. Pero pregúntate, cuando lees una novela, ¿realmente alguna vez quieres saber la verdad del escritor? ¿Alguna vez piensas en ella? La verdad que buscamos es algo con lo que nos podemos identificar nosotros. Los escritores que se centran en “su verdad” suelen olvidar que para los lectores, escribir es comunicación, no auto-expresión”.

   Por lo tanto, en la primera versión escribe para ti, dando rienda suelta a tu imaginación, pero siguiendo las pautas de arriba (no es que escribas lo primero que te venga a la cabeza, no); y en la revisión y posterior reescritura piensa cómo puedes mejorar eso que has escrito para que le llegue al lector.
   Y algo fundamental es que el resultado debe sonar natural y relajado. Con esto quiero decir que debe parecer que al escritor le salió sola, que se puso a escribir y sin apenas esfuerzo contó esa historia, aunque en realidad se haya esforzado mucho para escribirla. Y eso sólo se consigue contando tus historias con tu propia voz.

LA REVISIÓN
Un concepto erróneo que tienen muchos escritores principiantes es que lo primero que se corrige es el estilo: pongo una coma aquí, corrijo esta errata, suprimo esta frase, cambio este adverbio por este otro…
   Pues bien, eso es lo último que se hace.
   Lo repito: el estilo es lo último que se corrige. La razón es muy sencilla: tal vez has estado sudando la gota gorda para que la prosa de una escena brille, y después resulta que esa escena sobra.
   Sabiendo eso, veamos un sistema para reescribir novelas.
       
   1- Te felicitas por haber llegado al final. Es un gran logro. Entonces dejas que pase un tiempo hasta que te pongas a revisarla. Si puedes esperar un mes, mejor que dos semanas; yo creo que dos semanas es lo mínimo para distanciarte del texto. Y claro, mientras esperas te pones con otro proyecto. No dejes de escribir.
   Llega la hora de leer tu novela por primera vez. Imprímela. Sí, incluso si piensas que sólo vas a publicar la edición digital (algo que yo encarecidamente NO recomiendo), imprémela. No seas rata y no escatimes en papel y tinta. Si no tienes impresora, vete a una copistería. Hazte con una copia en papel porque vas a ver mejor los errores y vas a poder anotar cosas.
     
   2- Te sientas tranquilamente en tu sillón favorito, sin ningún boli o lápiz a mano, y te pones a leerla como si fuera una novela que te acabaras de comprar en una librería. Simplemente es una primera toma de contacto, y por primera vez estás leyendo tu obra con los ojos de un lector.
   ¿Cuál es el resultado probable? Pues llanto y crujir de dientes, porque como decía Hemingway “La primera versión de cualquier cosa es mierda”.      
Ernest Hemingway
Ernest Hemingway
  
   3- Llora y cruje dientes durantes dos o tres días y vuelve a la novela, ahora con un boli en la mano y con ojos de editor de historia. Lo que tienes que buscar es qué partes funcionan bien, qué partes funcionan mal, qué te falta, qué te sobra, qué temas tiene, y cuál es tu voz auténtica.
   Para ello, vuelve a leer tranquilamente la novela. Tranquilamente. Y vas apuntando en los márgenes, a grandes rasgos qué partes te gustan y cuáles no, tanto por historia como por cómo te han quedado las escenas. Pero eso, a grandes rasgos. Aquí juega mucho la intuición.
      
   4- Cuando acabes, te pones a pensar en los temas de la novela. Puedes refrescar la memoria sobre qué son los temas leyendo los artículos 2728. ¿Qué significan las acciones de los personajes? ¿Qué estás contando realmente? ¿De qué va realmente tu novela? ¿Por qué has escrito esa historia y no otra? ¿Encuentras patrones de significado en el subtexto?
   Pondré un ejemplo personal. “Nobleza baturra” es el último cuento de “Vivir soñando”, y trata sobre dos ancianas que recuerdan su amistad desde la infancia. Cuando lo estaba acabando me di cuenta de que iba realmente sobre el valor de la amistad, ése era su tema principal, pero que tenía un tema secundario casi tan fuerte como el primero: de vez en cuando hay que saltarse la autoridad, o lo que está considerado normal, para hacer lo correcto.
   Esos temas me permitieron reestructura todo el cuento: escenas que ponían en cuestión la amistad de las protagonistas ya no tenían cabida, y tuve que reescribir unas cuantas para que reforzaran el tema de la amistad; y el tema de la autoridad me dio la estructura del cuento, que trata de cómo una de las protagonistas se atreve a hacer algo que nunca se había atravido a hacer, y encima lo hace por amistad. Conocer los temas también me ayudó a eliminar escenas que no hablaban de ellos, y a crear otras nuevas que los reforzaban.
   Escribe cuál es el tema principal de tu novela y los temas secundarios.

   5- Y ahora, pensando en la estructura y sin mirar la novela, saca una escaleta de lo que crees que es la nueva versión. Yo recomiendo que te hagas con tarjetas de cartulina, porque las puedes mover sin problemas. En cada tarjeta escribe una escena, añade nuevas escenas que crees que hacen falta para contar la historia, y colócalas en el orden que crees que es el correcto. Numéralas, para poder volver al primer orden, y entonces te pones a jugar con variaciones: adelanto esta escena, retraso esta otra… siempre pensando en cómo vas a mantener mejor la atención del lector.

   Lo dejamos aquí. En el siguiente artículo veremos la reescritura.
 
Recomendaciones:
   -How to Revise Your Novel”, de Holly Lisle. Es un cursillo de 22 lecciones en las que Lisle te muestra un sistema, paso a paso, para corregir novelas, donde además te enseña a vender novelas a editoriales. Lo mejor es que al final acabas encontrando tu propio sistema. Éste es el CURSILLO con mayúsculas para aprender a revisar y rescribir tus obras. Gracias a él acabé mi primera novela y puede corregir rápidamente los cuentos de “Vivir soñando”. ¿Sabéis el dicho ése de dar pescado o enseñar a pescar? Pues Holly Lisle es única enseñando a pescar.

   -“Revision and Self-Editing for Publication”, de James Scott Bell. El libro tiene un título un poco engañoso, porque realmente es un resumen de los elementos narrativos, y sólo las últimas 60 páginas se centran en la revisión. Ahí da nociones generales, que son muy útiles, pero no te da ningún sistema. El libro es práctico para refrescar la memoria sobre lo que tienes que tener en cuenta a la hora de corregir una obra.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
   Fotografía de Ernest Hemigway: Lloyd Arnold (dominio público).
   
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