¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

"Por fin se pueden registrar novelas online"; "3ª promoción del curso de escritura creativa de Carlos del Río"; "Matar a un ruiseñor" (novela), de Harper Lee; "Un escritor acaba lo que empieza" (Vida de escritor); "Las poseídas de Stepford" (novela), de Ira Levin; "Muchas gracias por las 350.000 visitas"; "Colaboradores de 'La aventura de ser escritor'" (Vida de escritor); "Acabé la primera versión de 'La aventura de ser escritor'"; "El canto del cisne" (novela), de Robert McCammon; "Alien, el octavo pasajero", de Ridley Scott; "Sobre espiritualidad" (Vida de escritor); "La asertividad (IV)" (Vida de escritor); "Sin noticias de Gurb" (novela corta), de Eduardo Mendoza; "El exorcista", de William Friedkin; "El exorcista" (novela), de William Peter Blatty.

miércoles, 28 de junio de 2017

POR FIN SE PUEDEN REGISTRAR NOVELAS ONLINE

Una buena noticia para los escritores españoles: poco a poco se va modernizando la Administración. Yo, que suelo ser el último en enterarme de estas cosas, acabo de descubrir que el Ministerio de Educación y Cultura ya permite el registro online de novelas. Ya no hace falta entregar una copia en papel ni tener que ir en persona, así que solo hay que pagar las tasas (13,20€). Eso sí, hay que hacer un montón de cosas para que funcione: encontrar el PIN de tu DNI (yo ni sabía que existía), pedir un certificado digital, instalarte el Autofirma... Pero merece la pena. Algo importante, no hace falta registrar tus novelas en el Registro de la Propiedad Intelectual (mis libros de Amazon están registrados en Safe Creative, que es gratis), pero hay una editorial que me interesa, y me exige que esté registrada. Os dejo el enlace al Ministerio http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/areas-cultura/propiedadintelectual/registro-de-la-propiedad-intelectual/solicitud-telematica.html 

martes, 27 de junio de 2017

3ª PROMOCIÓN DEL CURSO DE ESCRITURA CREATIVA DE CARLOS DEL RÍO

Aquí tenéis a la nueva generación de escritores. Han sido nueve meses intensos pero divertidos, en los que ellos y yo hemos aprendido un montón, a pesar de que a veces pareciera que el aire cerrado de la clase nos estuviera afectando a las neuronas o que la máquina de café diera whisky.
       Gracias por haber completado el curso, ha sido un placer teneros de alumnos, ya no somos alumnos y profesor, sino colegas de profesión, y recordad que de vosotros depende hasta dónde queréis llegar con vuestra carrera literaria.
       Después de hacernos la foto a las puertas del Enclave Pronillo, fuimos a despedirnos a un restaurante mexicano. Yo quería que corriera el tequila, más que nada para revivir los momentos más surrealistas del curso, pero no pudo ser, que había que conducir.
       Mi curso cierra las puertas hasta el próximo octubre, cuando dará comienzo la 4ª promoción. ¿Quién quiere ser escritor?
Alumnos del curso de escritura creativa de Carlos del Río, Marc Torrano, Carlos del Río (con un unicornio, no preguntéis), María Pilar García (Pili), Gema Gutiérrez, José E. del Olmo, Alejandro Alcalde (Álex), Rocío Solares y Rubén Campo.
Marc Torrano, Carlos del Río (con un unicornio, no preguntéis), María Pilar García (Pili), Gema Gutiérrez, José E. del Olmo, Alejandro Alcalde (Álex), Rocío Solares y Rubén Campo.
     

sábado, 24 de junio de 2017

Matar a un ruiseñor [9]

Portada americana de Matar a un ruiseñor, de Harper Lee
Archivo: publicada originariamente el 12 de enero de 2011
NOVELA
To Kill a Mockingbird
(EE.UU., 1960, 376 páginas)
Harper Lee

El caso de Harper Lee es rarísimo. Con su debut, “Matar a un ruiseñor” (1960), logró un best-seller inmediato, unas críticas excelentes y el Pulizter. Y entonces dejó de publicar. Salinger a su lado parece prolífico. “Matar a un ruiseñor” es una novela semiautobiográfica desarrollada en un pueblo ficticio de Alabama en los años 30, donde una niña, Scout, recuerda su infancia. Después del éxito de la novela, lo más destacable en la carrera de Lee fue ayudar a su amigo Truman Capote a documentarse para “A sangre fría” (1966). (El personaje de Dill está basado en Capote.)
   En 1962 “Matar a un ruiseñor” se convirtió en un clásico del cine con la película de Robert Mulligan con Gregory Peck (a quien la haya visto le será imposible no pensar en Peck cuando Atticus Finch aparece en la novela); y 50 años después de su publicación, la novela está considerada una de las más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX.
   Durante los años de la Gran Depresión, Scout vive con su hermano Jem y su padre, Atticus, en Maycomb, un pueblo de Alabama. Mientras crece, Scout se hace amiga de Dill, el niño que va a visitar a su tía durante los veranos, descubre lo horrible que es la escuela, y ve como Jem, cuatro años mayor que ella, deja de comportarse como un niño porque se está haciendo adolescente. La percepción de la vida que tiene Scout cambia por completo cuando su padre, que es abogado, tiene que defender a Tom Robinson, un negro acusado de violación.
   “Matar a un ruiseñor” tiene dos partes muy bien diferenciadas: la primera se centra en presentar a Scout y su mundo; y la segunda, que empieza cuando Scout se entera de que Atticus está defendiendo a Tom, habla de racismo y de esperanza por un futuro mejor. La primera parte son una serie de acontecimientos, muy poco relacionados entre sí (son las vivencias de Scout en el pueblo), mientras que la segunda tiene una estructura mucho más clara; y elementos que no tenían un objetivo muy definido en la primera parte, adquieren aquí significado.
   Si “Matar a un ruiseñor” es una obra unitaria y aguanta la primera parte, en la que es difícil ver un hilo narrativo (¿trata de la relación de los niños con Boo? ¿O lo que le traumatiza a Scout la escuela? ¿O es la relación de Atticus con sus hijos? No se sabe bien porque no hay una trama que tire de las demás, y por eso, aunque encantadora, me parece demasiado larga) es gracias a la voz de su protagonista.
   La novela está narrada en primera persona desde el punto de vista de una mujer adulta que recuerda su infancia. Así, al mismo tiempo Scout es capaz de darse cuenta de lo que significaron los acontecimientos que ocurren en la novela, muestra la lógica infantil del personaje. El resultado es genial: “Matar a un ruiseñor”, a pesar de ser en ocasiones muy oscura, es divertidísima, muy cálida y tierna.
    Los personajes están muy bien caracterizados, en especial los niños. Lee retrata de maravilla la psicología infantil, a veces con resultados hilarantes, y las relaciones de Scout con la gente que la rodea (su padre, su hermano, y Dill), son encantadoras.
    El primer día de escuela es divertidísimo, traumatizando a Scout por el sin sentido de la educación. Más tarde, Scout intenta pillar cualquier enfermad para no ir a clase; o se pone a decir tacos, a ver si su padre relaciona ese lenguaje con la escuela y la saca de allí. En otra ocasión, Scout corre a decirle a Atticus que el mundo se acaba cuando comienza a nevar, asustada porque nunca antes había visto nieve.
   La obsesión de los niños con Boo, el vecino de al lado que nunca sale, también es muy divertida: hacen obras de teatro representando a los vecinos raros e intentan establecer contacto con Boo y hacer que salga de casa (a Dill se le ocurre que si deja un rastro con gotas de limón, Boo lo seguirá como una hormiga).
   A mitad de novela, Scout se da cuenta de que su padre es mucho más de lo que parece. Scout se preocupa porque Atticus, de 50 años, no es como el resto de los padres. Pero cuando éste da caza a un perro loco, descubre que no es lo que parece. Y al final de la novela verá que su padre es mucho mejor que el resto.
   Poco a poco, en la novela se va introduciendo una nota discordante: Scout comienza a oír que la gente llama amante de los negros a Atticus. Toda la extensa primera parte, además de para presentar el mundo de Scout, ha servido para crear mucha empatía por los personajes. Ahora es cuando se complican las cosas y cuando Lee da opiniones sobre lo que realmente le interesa.
   Es un gran acierto el punto de vista infantil; Scout no entiende el odio a los negros, o algo tan descabellado como que su profesora diga que Hitler trata mal a los judíos, pero ella misma desprecia a los negros. Al ser una niña, Atticus y otros adultos (un hombre condenado al ostracismo por tener hijos mulatos, pero que es más lúcido que la mayoría del pueblo, o Miss Maudie) se lo tienen que explicar: que la masa, que no piensa, es muy peligrosa, y que los cambios se producen poco a poco, y que lo que cuenta son muestras que indican un posible cambio a mejor. Es una forma muy elegante de meter mensajes en la ficción, sin aleccionar al lector.
   Pero la segunda parte no sólo destaca por sus mensajes. El juicio a Tom es muy intenso y está lleno de emoción, llegando el lector a las mismas conclusiones que Scout sobre lo injusto del sistema. O lo impactantes que son los acontecimientos que vienen a continuación. Y Scout sigue con sus divertidas vivencias infantiles.
    El tramo final, me parece más endeble, por poco verosímil. Está un poco forzado: Atticus sabe que Bob Ewell es peligroso, y no acompaña a sus hijos a una obra de teatro que les fuerza a caminar de noche por las calles; al igual que la excusa de la tía Alexandra de no ir a la representación por estar cansada.
   “Matar un ruiseñor”, sin ser perfecta, es una novela genial.

sábado, 17 de junio de 2017

VIDA DE ESCRITOR: UN ESCRITOR ACABA LO QUE EMPIEZA

ARCHIVO: publicada originariamente el 7 de diciembre de 2014
No sé si recordaréis que justo cuando acabé la primera versión de mi segunda novela, "El oráculo de Eosh", allá por septiembre de 2013, me metí en el montaje de la película "Hazlo por mí", de Álvaro de la Hoz, y aparqué por completo la escritura de ficción. Bueno, pues desde el 1 de octubre de 2014, cuando ese largometraje me ha dado un respiro, he retomado la novela.
   Durante ese año sin escribir ficción he montado esa película (está a punto de acabarse), he dado un taller de montaje cinematográfico y una charla sobre sonido para "El cine en tus manos", he sido uno de los seleccionadores de los aspirantes a entrar en la Online Film Critics Society (algo que me llevó más tiempo del que me atrevo a confesar), he mantenido mi rincón, y he escrito y auto-publicado el libro "Atrévete a ser escritor".
   Y después de hacer todo eso, solo puedo decir una cosa: ¡Dios mío, qué ganas tenía de volver a escribir ficción! 

LA REVISIÓN 
La revisión es el proceso que más me gusta de escribir. Como soy muy poco organizado, durante la primera versión estoy en un estado de ansiedad constante: ¿llegaré al final?, ¿me quedará muy corta?, ¿me meteré en callejones sin salida?, ¿seré capaz de resolver los conflictos? En la revisión estoy mucho más tranquilo, porque realmente es ir encajando piezas y perfeccionando lo ya existente. 
   Os preguntaréis por qué escribo la primera versión así, si me provoca ansiedad. Pues porque es una ansiedad que me fuerza a seguir adelante, y a meterme de lleno en la historia; y escribiendo de ese modo se me ocurren ideas que de otra manera jamás se me ocurrirían. 
Tarjetas de Carlos del Río
Mis tarjetas
   Para mí, más o menos, el principio y el final son fáciles. Al principio vas presentando personajes y creando conflictos, y al final todo coge carrerilla y llegas al clímax, donde resuelves el conflicto principal. Donde sudo es en el nudo.
   En esta novela, con mi forma de escribir (sé unos datos muy básicos antes de escribir, y luego me dejo llevar por la historia, confiando en el proceso), en la parte central me ha salido un misterio. No solo hay que descubrir quién es el asesino, sino por qué lo hizo. Y siendo sincero, toda esa parte me encanta. Además, me salió un guiño a "El principito" ("Le petit prince").
   Antes de reescribir nada, imprimo la novela y la leo una y otra vez. En esas lecturas estoy buscando el tema principal, que va a ser la columna vertebral, y los temas secundarios, y voy tanteando opciones de la trama. Al tiempo que me meto en la historia, mi mente está buscando soluciones: si pasa esto, esta otra cosa no tiene sentido; si pasa esto otro, es demasiado rebuscado; si pasa esto, no tiene coherencia. Así hasta que doy con la solución.
   Cuando encuentro los temas, para mí es como dar con un filón de oro, porque todo es mucho fácil: entonces sé qué acciones están permitas en esa novela y cuáles no, y sé cómo puedo reforzar esos temas.
   Sabiendo eso, le voy dando vueltas a la trama, y me voy planteando dónde tengo que plantar elementos, y cómo tienen que ser los personajes para que todo encaje. Y entonces, cuando tengo todo más o menos claro, juego con la estructura: la pongo en tarjetas, escena a escena, y voy viendo cuál es el mejor orden para mantener el interés del lector.
   Y por fin, me pongo a escribir. Sigo la escaleta que me han dado las tarjetas, y cortando y pegando de la primera versión, y escribiendo nuevas escenas cuando me toca, logro una segunda versión. Cuando acabo, vuelvo a leerme toda la novela, y voy puliendo las escenas y los sumarios para que funcione la historia.
   Cuando estoy satisfecho con la historia, corrijo el estilo.
   En estos momentos estoy a punto de ponerme a escribir, así que para principios de 2015 habré acabado mi segunda novela.

UN ESCRITOR ACABA LO QUE EMPIEZA
Portada original de De la ceniza volverás, de Ray Bradbury
"De la ceniza volverás"
La creatividad es muy caprichosa, y hay veces que un escritor comienza algo, lo deja porque no puede o no se ve inspirado, y mucho años después, lo acaba. Veamos unos ejemplos.
   Ray Bradbury escribió el primer cuento de "De la ceniza volverás" ("From the Dust Returned") en 1946, pero hasta 2000 no terminó esa novela.
   En un periodo de sequía literaria, Eduardo Mendoza, más que nada para emborronar papel, comenzó a escribir una historia humorística de ciencia ficción, pero la dejó cuando llevaba 20 páginas. Unos cuantos años más tarde le propusieron escribir una novela por entregas en prensa, y Mendoza retomó la idea y escribió "Sin noticias de Gurb".
   En 1976, Stephen King comenzó "La cúpula" ("Under the Dome"), pero tras dos semanas de trabajo y 75 páginas escritas, la abandonó porque no se veía capaz de afrontar toda la investigación que requería el proyecto. En 2007 recuperó la idea, y en 2009 la acabó.
   A King también le pasó con "22/11/63" ("11/22/63"): la comenzó a escribir en 1972, pero se vio abrumado por la cantidad de documentación que sería necesaria, y porque solo habían pasado 9 años desde la muerte de Kennedy. En 2009 la retomó, y la acabó al año siguiente.
   Me parece que si ya tienes práctica, te puedes permitir eso de abandonar proyectos y ponerte a escribir otros (siempre tienes que ponerte con otros), pero cuando estás empezando, has de acabar todo lo que comienzas, te lleve el tiempo que te lleve; de lo contrario corres el riesgo de no terminar nada.
   No valen las excusas de que ya no te interesa, o que has encontrado un proyecto mejor. Cuando estás empezando, narrativamente tienes que practicar cuatro pasos: presentar una historia, desarrollarla, cerrarla, y corregirla. Si la dejas a medias, no estás practicando los dos últimos pasos, ni cómo mantener el interés en el nudo; y fuera de cuestiones narrativas, ni perseveras ni tienes constancia para llegar al final. Así de simple.
   Por mucho que odies un proyecto, acábalo. Por mucho que te tiente una idea nueva, acaba lo que tienes entre manos. Por muy desanimado que estés porque pienses que eso no lleva a nada, acábalo. Si vas a abandonar una novela, conviértela en un cuento, pero cierra ese proyecto. 
   Cuando hayas terminado unos cuantos cuentos y novelas (terminado significa revisado y reescrito), te podrás dar el gusto de abandonar proyectos a medias. Yo llevo seis años escribiendo, y todavía no me lo puedo dar. 

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viernes, 16 de junio de 2017

SIGO CON LAS CRÍTICAS DE NOVELAS, PERO SIN PUNTUARLAS

Puntuar con estrellasHe decidido que ya no pondré puntuación a las críticas de novelas. No tiene sentido que esté pensado si eso que leo se merece un 7 o un 8, como si fuera un examen, sino que me deje llevar por la historia y luego analice los que creo que son sus puntos fuertes y débiles.
       Además, en un claro caso de en casa del herrero, cuchillo de palo, si tengo a algún alumno que pone puntuaciones a los cuentos en clase, le pido que no lo haga, que eso no sirve para aprender. Ahora me toca predicar con el ejemplo.

sábado, 10 de junio de 2017

Las poseídas de Stepford [8]

Portada británica de Las poseídas de Stepford, de Ira Levin
NOVELA
The Stepford Wives
(EE.UU., 1972, 160 páginas)
Ira Levin 

“Las poseídas de Stepford” (1972) fue la cuarta novela de Ira Levin, un autor que destacaba por sus brillantes tramas. La novela fue adaptada el cine en 1975 como “Las mujeres de Stepford”, dio lugar a tres telefilms que continuaban la historia, y en 2004 volvió al cine como “Las mujeres perfectas” (coincidiendo con su estreno, la novela se reeditó en España con ese título). Si bien la obra más famosa de Levin es “La semilla del diablo”, la cual comparte muchísimos elementos con esta, y aunque el final es incluso más rocambolesco, me parece que “Las poseídas de Stepford” está mejor construida.
            Joanna Eberhart acaba de mudarse con su marido e hijos al idílico pueblo de Stepford. Aunque disfruta del cambio, hay algo que le llama la atención: sus vecinas, que se cuidan muchísimo y siempre están guapas, están tan obsesionadas con las tareas domésticas que no tienen tiempo para nada. En el pueblo hay una asociación a la que solo acuden hombres; su marido le dice que irá a alguna de las reuniones para cambiar la asociación desde dentro. Para su alivio, Joanna conoce a dos mujeres recién llegadas, que también se sorprenden por el comportamiento del resto.
            Si alguien quiere leerse “Las poseídas de Stepford”, le recomiendo que evite a toda costa la Wikipedia en inglés, porque te la destripa en el primer párrafo, y si tiene la edición de británica de Corsair de 2011, que es la mía, se salte la maldita introducción de Chuck Palahniuk, quien cuenta absolutamente todo (debían de pagarle por palabras, y no se le ocurrió otra cosa que desvelar el misterio y cómo lo contaba Levin), y se adentre en la novela sabiendo lo menos posible. La gracia de Ira Levin, quien utilizaba una prosa muy magra, estaba en cómo jugaba con el lector con unas tramas endiabladamente bien construidas. Para mí, eso es bastante más difícil de lograr que vacuos juegos con el lenguaje, perderse en recuerdos, o construir frases kilométricas, que es lo que suele plagar la aburrida ficción literaria.
            Como en “La semilla del diablo”, Ira Levin sigue la vida de una mujer que comienza a ver elementos discordantes en su entorno, en este caso, mujeres guapísimas, hacendosas amas de casa. En Stepford la liberación femenina ha pasado de largo, y Joanna está desconcertada, sus vecinas solo tienen tiempo para limpiar la casa. Es como si estuvieran poseídas y no tuvieran voluntad propia.
Me parece que esta novela está mejor construida que la otra porque, al ser más breve, no tiene partes en las que no haya tensión, y Levin se crea una cuenta atrás a mitad: las amigas normales de Joanna van cambiando, y sabes que el cambio se produce a los cuatro meses de llegar a Stepford; o Joanna averigua lo que está pasado pronto, o ella también cambiará... La sensación de paranoia dura más páginas aquí, y funciona mejor. 
         Levin va plantando elementos que comprendes al final, pero que ayudan a ir subiendo la tensión y la sensación de desconcierto, de que algo muy malo está pasando en ese idílico pueblo, de que posiblemente exista una conspiración contra las mujeres: ¿está Joanna exagerando, o incluso, perdiendo la cabeza? ¿Hay algo en el ambiente que afecta solo a las mujeres? ¿Realmente el policía evitó que viera qué sucedía en la asociación de hombres? Y al final, ¿la descabellada teoría de Joanna es verdad?
Levin demuestra tener muy mala leche con los hombres en un giro demencial, giro que no queda confirmado hasta el último capítulo, haciendo que leas y leas sin parar, pero que te crees por lo bien construida que está toda la novela.
           Si alguien quiere aprender a tramar bien, ha de leer a Ira Levin.

lunes, 5 de junio de 2017

MUCHAS GRACIAS POR LAS 350.000 VISITAS

Sí amigos, mi rincón acaba de alcanzar las 350.000 visitas. Muchas gracias por seguir ahí mes a mes. ¡Ahora a por las 400.000!
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