¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Desde aquí escribo críticas de películas y novelas, cuénto como va la escritura de mis novelas y doy consejos para aprender a escribir ficción. Si te apetece ver una película o leer un libro que yo he puesto mal ¡vete a verla o léelo! Que a mí no me guste no significa que a ti te parezca lo mismo. Las críticas son una opinión personal y no tienes por qué coincidir conmigo.
Gracias por dejarte caer por aquí.

Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

"22/11/63" (novela), de Stephen King; "¡Acabé la tercera versión de mi novela!"; "Deeply Odd" (novela), de Dean Koontz; "El héroe de Berlín", de Stephen Hopkins, "Por qué estoy en contra la de piratería" (Vida de escritor); "Better Nate Than Ever" (novela), de Tim Federle; "Cómo pagar menos impuestos publicando con Amazon" (Vida de escritor); "Paris for One" (novela corta), de Jojo Moyes; "'Leyendas de alquiler', en proceso de reescritura continua, por Pedro Pablo Picazo" (Vida de escritor); "Manolito Gafotas" (novela), de Elvira Lindo; "Un escritor lee mucho"; "Aprendiendo de Coppola" (Vida de escritor); "Zootrópolis", de Byron Howard y Rich Moore; "Taller de escritura creativa en Eureka Santander"; "¡Arriésgate!" (Vida de escritor).

sábado, 28 de mayo de 2016

Yo antes de ti [10]

Portada original de Yo antes de ti, de Jojo Moyes
NOVELA
Me Before You
(Reino Unido, 2012, 480 páginas)
Jojo Moyes   

Tras un decenio trabajando de periodista, la londinense Jojo Moyes decidió en 2002, además, escribir novelas. Durante los siguientes diez años se hizo un hueco en el mercado de novelas románticas del Reino Unido, lo que le permitía llevar una modesta carrera como escritora, pero en 2012 publicó una novela que se convertiría en un best-seller internacional, “Yo antes de ti”. El libro ha vendido 5 millones de ejemplares y están a punto de estrenar la versión cinematográfica, con guión de la propia Moyes. Es obvio que muchas veces la calidad no se traduce en buenas ventas, que grandes novelas pasan sin pena ni gloria y caen en el olvido rápidamente, pero en este caso el éxito comercial y la calidad van de la mano.
            Lou Clark es una chica humilde de 26 años que acaba de quedarse en el paro. Sin ninguna preparación, los únicos trabajos que logra son odiosos, hasta que un día le citan para una entrevista para un trabajo bien remunerado: cuidar a Will Traynor, un chico parapléjico de clase alta. A pesar de que no tiene ninguna titulación o experiencia, y para su sorpresa, Lou es contratada. Poco más tarde descubrirá cuáles eran las verdaderas intenciones de la familia Traynor, lo que hará que se plantee su trabajo.
            La novela empieza curiosamente con su escena más floja. En ella Moyes muestra la vida de Will unos momentos antes de sufrir el atropello que le dejará paralítico. Me parece la más floja por innecesaria: todo lo importante sobre su vida lo conoceremos más tarde, a lo largo de la novela. El otro punto débil que le encuentro es que la escena final es demasiado bonita: a pesar de lo mucho que Will ha ayudado a Lou para que cambie a mejor, Moyes la cierra con un lazo. Pero entre ese principio y ese final, hay una historia maravillosa.
            Moyes te presenta a Lou y su mundo de clase media-baja británica con mucha gracia. Vive con sus padres, quienes no parece que la valoren lo suficiente, su hermana pequeña, que es considerada la lista de la familia y con la que Lou mantiene una relación de amor-odio, su abuelo casi catatónico, y su sobrino. Lou sale con Patrick, un chico con el que lleva siete años, y que está obsesionado con el deporte (lo cual da lugar a momentos divertidísimos). Cuando se queda sin trabajo en la cafetería en la que llevaba trabajando 6 años, no encuentra nada decente hasta que la familia Traynor la contrata para cuidar a Will durante seis meses.
            Aunque el sueldo es bueno, y Lou descubre lo que es una familia acomodada, Will no se lo pone nada fácil, siendo muy sarcástico con ella. Lou quiere dejar el trabajo, pero como su hermana va a volver a la universidad, no le queda más remedio que seguir de cuidadora para llevar dinero a casa.
Gradualmente, Will va bajando la guardia y mostrando sus sentimientos. Cuando le va cogiendo cariño (ayuda muchísimo la escena en la que su antigua novia y su mejor amigo le visitan), descubres qué está pasando realmente en casa de los Traynor: Will les ha dado un plazo de 6 meses a sus padres antes de viajar a Suiza para morir en Dignitas, donde le practicarán la eutanasia, y Lou es el último recurso que tienen para que el chico cambie de opinión.
            Esto sucede al final del primer tercio, y hace que leas y leas, esperando que Will no quiera morir al final. Lou se las ingenia para hacer planes atractivos para que Will recupere las ganas de vivir (el primero, una carrera de caballos, es un desastre, pero es desternillante), y al tiempo, sin que ella se dé cuenta, se va enamorando de él, y él le va ampliando las miras para que la chica disfrute de la vida y salga de ese pueblo.
            Todo, absolutamente todo lo que les intento enseñar a mis alumnos de escritura está en esta novela: lo fundamental que es tener un personaje que le importe al lector y complicarle la vida a cada paso, dejándote llevar por la historia y no dejando claro cómo saldrá adelante —aunque sabiendo qué quieres contar y hacia dónde te diriges—, teniendo en cuenta que el personaje y la trama están interrelacionados, desvelando poco a poco cómo es ese mundo y sus personajes, con un estilo que no tape a la historia, sino que la refuerce, y cuidando los detalles que destacas para que todo parezca real, y así crear emoción y lograr que el lector se meta de lleno en la historia y lea y lea. Y cuando acabe, quiera tu siguiente novela. “Yo antes de ti” tiene todo eso, y además, mucho humor, muchísima emoción, está llena de grandes personajes, y trata con suma elegancia un asunto muy peliagudo: la eutanasia.
Un gran ejemplo de literatura comercial, que aparte de hacerte leer compulsivamente, te invita a reflexionar sobre lo que está pasando. ¡Bravo por Jojo Moyes!

sábado, 21 de mayo de 2016

22/11/63 [10]

Archivo: publicada originariamente el 30 de abril de 2012
Portada original de 22/11/63, de Stephen KingNOVELA
11/22/63
(EE.UU., 2011, 849 páginas)
Stephen King

En 1972, cuando Stephen King aún no había logrado publicar ninguna novela, pensó en escribir una sobre un hombre que viajaba en el tiempo para intentar salvar a Kennedy. El joven King decidió dejar aparte el proyecto por el enorme trabajo de documentación que debería llevar a cabo y porque la muerte de Kennedy aún estaba demasiado cercana. Casi 40 años después King retomó el proyecto, y el resultado es una obra maestra.
   Jake Epping es un profesor universitario que un día recibe una misteriosa llamada de Al, el dueño de una hamburguesería donde suele ir a comer. Cuando queda con él, Jake ve asombrado que de un día para otro Al ha envejecido varios años y que un cáncer avanzado lo correo. Entonces Al le cuenta su secreto.
   En el almacén de la hamburguesería hay un túnel temporal que te manda a 1958. Al principio Jake es escéptico, pero viaja en ese túnel, y como por arte de magia, aparece en 1958. Cuando vuelve a 2011, Al le explica que los viajes en la actualidad sólo duran 2 minutos, aunque en el pasado pueden pasar años; y que en una de sus estancias en el pasado, contrajo cáncer y ahora tiene los días contados. Al había permanecido unos años allí para intentar una misión increíble: salvar a Kennedy en 1963 y así cambiar la historia del mundo. Antes de morir, Al quiere pasarle el testigo a Jake; y Jake, tras dudarlo, acepta la misión.
   Me parece que Stephen King llevaba años intentando lograr lo que ha logrado aquí, pero nunca le quedaba bien del todo. Estoy pensado en “La historia de Lisey” (2006) y “Duma Key” (2008), que no son precisamente sus mejores novelas. En ellas King mezclaba partes sin nada de terror o paranormal (eran relaciones entre los personajes y tenían muchísima emoción) con partes de terror, pero no funcionaban porque el paso de un género a otro era muy brusco (sobre todo en “La historia de Lisey”) y parecían varias novelas pegadas que tenían poco que ver entre sí. En “22/11/63” lo que mezcla King son partes de relaciones entre los personajes con thriller, ciencia ficción y novela histórica y le ha quedado redonda.
   Lo más sorprendente de esta novela es que uno de los puntos débiles de King suele ser la estructura, y aquí es impecable. Creo que le ha salido tan bien porque desde un principio tenía un punto de llegada claro, el atentado contra Kennedy, y eso hace que a King nunca se le vaya de las manos la historia, que vaya entremezclando las tramas de forma magistral, y que la novela sea cada vez más intensa y no puedas parar de leer.
   “22/11/63” es apasionante por cómo King va descubriendo poco a poco cómo funciona ese pasado y cómo el protagonista tiene que ganarse la vida allí (las descripciones de cómo era la vida entonces son geniales; King se ha documentado a conciencia y te transporta como si hubieras viajado en ese túnel del tiempo con mil detalles de la época. Además, es muy interesante cómo el pasado hace todo lo posible para evitar que lo cambien o cómo se armoniza de vez en cuando), los pasos que da para asegurarse de que el efecto mariposa no sea devastador o que Lee Harvey Oswald fue el auténtico asesino de Kennedy. Y cuando te tiene enganchado, se detiene en el pueblo de Jodie, donde Jake encuentra al amor de su vida, en unos capítulos muy cálidos. Encima tiene varias escenas donde King se luce haciendo lo que mejor sabe: crear suspense y mostrar acciones aterradoras. Y termina con muchísima emoción con un gran final.
   Sólo le veo tres aristas a esta novela. La primera es el personaje de Bill Turcotte, que todo lo que  hace me parece muy forzado (aunque se puede interpretar como uno de los obstáculos que pone el pasado); la segunda es el Jimla, que es una trampa que no pinta nada (supongo que King lo crea por miedo a que no hubiera suficiente tensión a mitad de la novela, y luego está más o menos explicado); y la tercera es la reacción tan brusca que tiene Sadie a mitad, donde hay un cambio que no está bien preparado. Pero el resto es de lo mejor que ha escrito King en toda su carrera.

jueves, 19 de mayo de 2016

¡ACABÉ LA TERCERA VERSIÓN DE MI NOVELA!

La segunda novela de Carlos del Río
Mi segunda novela
Sí amigos, acabo de poner el punto final a la tercera versión de mi seguna novela, "Eosh". Pero todavía no está acabada, me falta la cuarta y definitiva. Ahora mismo son 100.008 palabras, 342 páginas. Necesito descansar un poquito, así que hasta junio no la toco.

¿Qué me queda?
Reescribiéndola, me he dado cuenta de que funcionan muy bien las primeras tres cuartas partes, luego hay un bache, y vuelve a funcionar muy bien en el tramo final. Esa parte es la que más trabajo me va a llevar, pero resumidamente esto es lo que haré a partir de junio:

1- Sacar la escaleta y decidir definitivamente dónde irá cada cosa para que funcione la historia. Tengo que cambiar cosas de sitio y escribir otras nuevas, y para ello tengo que tener una lista de todas las escenas. Sobre la escaleta decidiré dónde va cada cosa, y luego las escribiré en la novela.

2- Comprobar que todos los datos son correctos y se mantienen constantes en toda la novela. Aquí tengo que hacer de script, para asegurarme que no cambia el aspecto físico de personajes y lugares, y que la cronología tiene sentido. Me tocará documentarme un poquito, porque aunque es fantasía, el mundo que me he creado es similar a la Edad Media y tiene que ser verosímil. Y todos los elementos fantásticos que he creado, también tienen que tener consistencia.

3- Mejorar el estilo. Cuando la historia esté perfectamente armada, tengo que revisar y pulir frases para que transmitan lo mejor posible lo que quiero transmitir y hacer que así el lector se meta más en la historia.

   No es mucho, pero ahora me toca descansar, que me lo he ganado.

sábado, 14 de mayo de 2016

Deeply Odd [6]

Portada original de Deeply Odd, de Dean Koontz
NOVELA
Deeply Odd
(EE.UU., 2013, 352 páginas)
Dean Koontz 

Después de escribir dos de las mejores novelas de la serie de Odd Thomas en 2012 (la más corta “Odd Interlude”, y “Odd Apocalypse”, que es mi favorita), Dean Koontz publicó la sexta y anteúltima parte en 2013, “Deeply Odd”. Sin estar mal, y teniendo ideas y escenas muy buenas, esta entrega resulta un poco decepcionante y es de las más flojas.
    Tras dejar la mansión Roseland en compañía de la misteriosa Annamaria, Odd Thomas ha alquilado una casita en un pueblo costero a 200 millas de Pico Mundo. Un día que va a hacer unas compras, su magnetismo psíquico le hace seguir a un enorme camión hasta un centro comercial. Cuando el camionero abandona el vehículo, Odd se acerca a investigar con tan poco cuidado que es pillado infraganti, pero al tocarle el conductor Odd ve una terrible escena en el futuro: el camionero va a quemar vivos a tres niños en el escenario de un teatro.
    “Deeply Odd” comienza muy bien, con esa amenaza del camionero. A continuación el conductor intenta matar a Odd en una escena en un supermercado que tiene mucha gracia por la habilidad del protagonista de arrojar frutas, y luego Odd roba un coche (de un robo) y sigue al camión, hasta que acaba en el fondo de un barranco.
    Cuando Odd vuelve a la carretera, hay una enorme casualidad que ayuda demasiado al personaje a lo largo de toda la novela: aparece una limosina conducida por la anciana Edie Fischer, quien busca un chófer. Más adelante Koontz, cuando ya sabes lo peculiar que es la anciana y los muchos secretos que oculta, lo intenta justificar diciendo que Fischer había soñado con un chico como Odd, y que al verlo supo que era él. La anciana es un personaje secundario muy típico de Koontz, rarísimo y con mucho encanto, lo que da lugar a diálogos muy largos y divertidos, pero el recurso de venir a ayudar a Odd cuando más lo necesitaba es demasiado fácil y parecido a lo que hacía otra mujer, Birdie, en la cuarta parte, “Odd Hours”: también le ofrecía un medio de transporte y un arma.
    Aquí, además, hacia el final, cuando Koontz ha presentado un enemigo prácticamente invencible y el rescate de los niños como algo improbable, Edie se saca de la manga a unos amigos que pueden darle a Odd armas y demás equipamiento, lo cual hace que baje la tensión.
    En el clímax, tal vez porque Koontz le había complicado demasiado las cosas a Odd como para que pudiera resolverlas, el autor recurre a soluciones muy fáciles para que el chico pueda salir adelante. De un lado, se salta una convención que tenían los fantasmas desde la primera novela —la de no poder hablar— y así el espíritu de un director de cine muy famoso se vuelve parlanchín a última hora para poder ayudar a Odd; y una vez que descubre dónde están los niños y aniquila a sus guardas (en una escena que también tiene mucho humor), Koontz encuentra una solución excesivamente sencilla: Boo, el perro fantasma de Odd, le ha seguido, y casualidad de casualidades, una niña es capaz de verlo, por lo que Boo puede conducirlos al exterior mientras Odd se encarga de los enemigos. Y sin desvelar nada, también es demasiado fácil, aunque muy espectacular, cómo Odd acaba con la amenaza paranormal.
    A pesar de esos atajos, que resultan decepcionantes, “Deeply Odd” sigue teniendo a un protagonista sencillo y muy entrañable, bastante más inteligente y con más sentido común que muchos con ínfulas, quien sigue profundamente enamorado de Stormy Llewellyn; sigue teniendo un humor tontorrón muy divertido y grandes escenas paranormales, por lo imaginativas que son y lo bueno que es Koontz estirándolas y estirándolas durante varias páginas. Aquí brillan los cambios de dimensión en el centro comercial (una es el mundo actual y la otra un mundo de oscuras tierras baldías poblado de inquietantes seres); las dos dimensiones en el garaje, donde además aparece un ser que dice ser Odd Thomas, pero que realmente le quiere robar su alma; y todos los preparativos en el edificio de la escena del clímax.

sábado, 7 de mayo de 2016

El héroe de Berlín [7]

Poster original de El héroe de Berlín
Race
(Canadá, Francia, Alemania)
Dirección:
Stephen Hopkins
Guión:
Joe Shrapnel
Anna Waterhouse
Intérpretes:
Stephan James
Jason Sudeikis
Jeremy Irons
Carice van Houten
David Kross
Barbaby Metschurat
William Hurt
IMDb

Stephen Hopkins es un director de cine y televisión con una carrera de treinta años a sus espaldas. En televisión destaca su participación en la primera temporada de “24”, de la que también fue productor ejecutivo, y el biopic, abarrotado de estrellas, de Peter Sellers para la HBO “Llámame Peter” (un telefilm que se exhibió en los cines españoles), mientras que en cine ha dirigido terror (“Pesadilla en Elm Street 5”), acción (“Depredador 2”), ciencia ficción (“Perdidos en el espacio”), o thrillers (“Bajo sospecha”). En “El héroe de Berlín” vuelve al biopic para contar la gloria olímpica de Jesse Owens en 1936.
             En los años 30, cuando el racismo corroe los Estados Unidos, Jesse Owens (Stephan James), que sabe que es un gran atleta, decide asistir a una universidad donde no le tratarán nada bien por ser negro, pero lo hace porque ahí trabaja un gran entrenador, Larry Snayder (Jason Sudeikis), con el que confía llegar muy lejos. Las previsiones de Owens se van cumpliendo, pero su participación en las Olimpiadas de Berlín en 1936 peligra porque tal vez EE.UU. no acuda como protesta por la política nazi.
Stephan James en El héroe de Berlín
Stephan James
            “El héroe de Berlín” es muy irregular. Tiene un principio muy interesante, mientras te estás metiendo en la historia; una parte central floja; y unos cuarenta minutos finales, los de Berlín, muy emocionantes y muy buenos.
            A lo largo de la película, Hopkins es mejor en las competiciones atléticas que en las conversaciones de plano contra plano. Formalmente es similar a una revista con papel satinado, con todo muy bonito y cuidado: fotografía brillante y buena dirección artística; y aunque la película es bastante barata (al parecer costó solo 5 millones de dólares; “Altamira” ha costado el doble), Hopkins logra que luzca muy bien y que parezca que tuviera muchísimo más presupuesto. Por ese motivo, los primeros minutos son muy atractivos: ves los Estados Unidos de la Gran Depresión (el maravilloso y portentoso poder del cine de mostrar) y un poquito de la vida de Jesse Owens.
            Pero en seguida te das cuenta de que narrativamente va a trompicones, porque da la sensación de que quieren contar demasiadas cosas, sin que les dé tiempo a profundizar, o siquiera a resolver los conflictos de forma convincente (el más sangrante es con qué rapidez Owens se reconcilia con su novia). Lo mejor es la relación de Owens con su entrenador (ayudan dos actuaciones muy buenas de Stephan James y Jason Sudeikis), donde Owens sabe que no tiene que hacer caso a los comentarios racistas, y que debe demostrarles a los blancos lo grande que es con acciones.
            Curiosamente, en la parte central dedican mucho tiempo a dos conflictos —si Estados Unidos participará en los juegos, y si Owens irá a Berlín— que crean poca tensión porque ya te sabes la resolución. Yo, que de atletismo sé lo mismo que del kabuki japonés, sabía que Jesse Owens humilló a los nazis en las Olimpiadas del 36, y por lo tanto no me creaba mucho interés saber si EE.UU. boicotearía los juegos, porque ya sabía que no, por mucho que estuvieran Jeremy Irons y William Hurt, o más tarde si Owens viajaría a Berlín o se quedaría en casa como protesta, porque ya sabía que sí.
            Por fin llegan los juegos, y la película gana enteros. Dejando de lado que Goebbels (Barbaby Metschurat) es una caricatura de principio a fin, es muy interesante todo lo de Leni Riefenstahl (Carice van Houten) cuando dirigía “Olimpiada”; la relación entre Owens y el atleta alemán “Luz” Long (David Kross), quien le da una pista de la política racista nazi; el boicot a los atletas judíos; y todas las medallas que gana Owens.

domingo, 1 de mayo de 2016

VIDA DE ESCRITOR: POR QUÉ ESTOY EN CONTRA DE LA PIRATERÍA

Fotografía de unas estanterías en una bibliotecaAlgo que les digo constantemente a mis alumnos es que si quieren ser escritores tienen que leer muchísima ficción y no ficción, y que pueden recurrir a librerías —online y físicas— y bibliotecas, y a libros nuevos, de segunda mano y digitales.
            Todo excepto a la piratería.
La piratería perjudica a los autores, porque no cobran por su trabajo, y a toda la gente involucrada en el mundo editorial, ya que menguan los ingresos, poniendo en peligro puestos de trabajo. Si mis alumnos perseveran, en el futuro tendrán libros publicados, y dudo mucho que les gustase que la gente se los descargara gratis y los compartiera a troche y moche sin su permiso; además, no tiene sentido que anden erosionando la industria en la que se quieren meter en el futuro (y aquí me refiero también a los libros autopublicados). Si es así, y como la honradez empieza por uno mismo, y lo que importan son las acciones y no las palabras, no tendrían que piratear nada.
            Un alumno me dijo que él no lo veía tan mal, porque la piratería era una forma de promoción. Me dijo que si alguien se descargaba mi libro y le gustaba, se lo recomendaría a otras 12 personas. Le dije que el problema era que no solo les recomendaría mi libro, sino que se lo mandaría a otras 12 personas, y yo no vendería ni un ejemplar. Si realmente la piratería fuera una forma de promoción, yo estaría encantado. Pero no lo es.
            Hay gente que se descarga lo que sea de forma compulsiva simplemente porque no tiene que pagar por ello (personas que tienes que ignorar, porque posiblemente ni sepan que tienen tu libro), pero también existen otras más perjudiciales: las que se descargan un libro tuyo, les gusta, y en vez de decir "Voy a hacerme con un ejemplar original", o al menos "El siguiente me lo compro", corren a encontrar todas las copias piratas que puedan de tus libros. No sé, se deben de pensar que los escritores pacemos como las vacas y no tenemos gastos. Conozco a varios así, que reconocen que les encanta algún autor, aunque no le han dado ni un céntimo porque tienen toda su bibliografía pirateada.
            Mi alumno me dijo que si yo tenía 100.000 seguidores en Facebook, y 10.000 se compraban mi libro y 90.000 lo pirateaban, ya podía vivir de ello. Lo dijo como si fuera fácil tener 100.000 seguidores en Facebook, y 10.000 compradores. (Julia Navarro, por ejemplo, ahora mismo está a punto de alcanzar los 78.000. Sí, esa Julia Navarro. Vender 10.000 ejemplares de un libro es igual de difícil).  Le dije que no me parecía justo que gracias a 10.000 honrados que pagaban por mis libros, 90.000 gorrones pudieran disfrutar de mi trabajo gratis, y sin mi permiso. Eso es un poco como trabajar el 100% pero solo cobrar el 10%, porque al 90% no le da la gana pagar por tu trabajo, pero sí disfrutarlo.
            Le expliqué qué pensaba realmente de la piratería, y todas las opciones que había ahora para conseguir libros baratos, o incluso gratis, de forma legal. Me sugirió que escribiese algún artículo para el blog. Este es ese artículo. 

ESCRIBIR ES UNA APUESTA
Vaya por delante que de momento, y toco madera, la piratería no me ha afectado, y que estoy muy contento por cómo se está vendiendo "Atrévete a ser escritor".
            Por fortuna para mí, escribir libros y novelas es muy barato. Pero lleva mucho tiempo, sobre todo las novelas. Primero, lleva mucho tiempo dominar la disciplina, ya que necesitas años de práctica y estudio porque es algo complejísimo, y cuando te pones a ello, tardas años, o al menos varios meses, en completar una novela. Durante ese tiempo, nadie te paga nada. Y si no, que me lo pregunten a mí, que llevo 6 años escribiendo novelas, y aún no he visto un euro (la primera está sin publicar, y estoy acabando la segunda). Por eso les digo a mis alumnos que no dejen su trabajo, que lo que tienen que hacer es ir sacando tiempo de aquí y allá para escribir. Algún día comenzarán a tener ingresos, y si saben promocionarse y tienen suerte, esos ingresos crecerán tanto que podrán dedicarse en exclusiva a la escritura.
            Escribir es una apuesta porque piensas que todo el esfuerzo en tiempo y energía que empleas en escribir, a la larga, te dará su recompensa. Es tiempo que podías haber empleado en cualquier otra cosa (en buscarte otro trabajo, por ejemplo), pero te la juegas porque crees que te va a compensar. Y porque te encanta lo que haces.
            Los escritores ganamos dinero llevándonos un porcentaje de las ganancias que han generados las ventas de nuestros libros (o los alquileres en tarifas planas como el Kindle Unlimited de Amazon). Se gana poco por libro, por lo que necesitas que varios miles de lectores se compren habitualmente tus libros para poder tener una carrera literaria. Conseguir esos lectores te lleva varios años porque te los vas ganando uno a uno. Si esos lectores deciden que ya no quieren pagar por tus libros, que van a disfrutar de tu trabajo gratis, tú estás perdido, porque no vas a ganar dinero por tu esfuerzo, y no vas a poder seguir escribiendo.
            Ojo, que no estoy diciendo que te abandonen lectores porque ya no les interesa lo que escribes. En ese caso es justo que dejes de tener ingresos. También es justo que si no encuentras a tu público, no puedas vivir de la escritura. Lo que es incomprensible es tengas lectores que quieran más y más libros tuyos sin tú cobrar. 

ME LO DESCARGO PARA VER SI ME GUSTA
Atrévete a ser escritor, de Carlos del Río
Le podéis echar un vistazo
Mi alumno me dijo que se había descargado un libro, y como le gustó, se lo compró en papel. Aquí partimos de la idea, que está muy extendida en España, de que no pagas por productos digitales, que lo único por lo que hay que pagar es por productos físicos. Por eso no hay manera de que despegue el libro digital en este país. Si todos siguiesen esa norma, yo no podría cobrar por mis clases presenciales de escritura, porque no doy nada físico. Ni yo ni nadie que ofreciera un servicio.
            Dejando de lado que en Amazon o en Casa del Libro clicas encima de los libros y puedes leer varias páginas gratis, para ver si te gustan, o que con la tarifa plana de Amazon te puedes leer miles enteros por 10€ al mes, si los que piratean fueran como mi alumno, no habría problema (bueno, existiría el problema de qué pasa con los libros que solo están en digital, aunque yo siempre recomiendo publicar ambas versiones). Lo preocupante es cuando se leen tu libro entero y tú no cobras nada.
            Tengo un amigo que apenas pisa un cine, pero que ve todos los estrenos, y piratea todo lo digitalizable. Le dije que si todos fueran como él, no habrían nuevos contenidos y yo no tendría ni media oportunidad; no tendría sentido que me esforzara en escribir, o en crear la versión online de mi curso de escritura, porque no ganaría nada de dinero. Para hacerme sentir bien me dijo que él se compraría mi novela. Le dije que no era cuestión de que mis amigos se compraran mis libros, era cuestión de que gente que no me conociese de nada se comprara mis libros. Pon un negocio al que solo vayan tus amigos, y dime cuánto tiempo permaneces abierto. Como escritor, te ganas la confianza de los lectores porque das libros de calidad, y estos quieren uno y otro y otro a medida que los vas publicando, o pueden ir tirando de tu fondo editorial. Si fuera lo primero, los escritores deberíamos dedicarnos a escribir churros y a hacer amigos para luego atosigarlos para que se compraran nuestros pestiños, no a escribir y escribir para perfeccionar nuestra técnica hasta lograr un nivel profesional.
            Me dijo que él al piratear veía quién estaba detrás, que si era alguien que se lo había currado solo y no tenía apoyos institucionales, que no lo pirateaba. No es cierto, mi amigo es de los que arrampla con todo. Y no conozco a nadie que piratee que se moleste por la situación económica de los creadores de los contenidos que descarga. 

POR QUÉ NO ME GUSTA QUE ME PIRATEEN 
Hace poco asistí a una tertulia literaria donde los autores defendían la piratería: "Sería un honor tener 100.000 descargas". Lógicamente, estaba rodeado de personas que se tomaban la literatura como un hobby; se autopublicaban algún libro de vez en cuando que vendían a conocidos, y tenían ingresos fijos de otras fuentes: o estaban jubilados o tenían un trabajo fijo. Escribir no era su trabajo, y por tanto, no tenían la presión de mejorar mucho como escritores y de ganar dinero con sus obras. 
            En mi caso, me parece demencial que me sugieran que la piratería me beneficiaría. Escribo este blog gratis para promocionarme, y me lleva bastante tiempo mantenerlo para que quede lo mejor que pueda (la verdad sea dicha, gano la enorme fortuna de 25€ cada 2 años por publicidad); mis libros están baratos, tanto en papel como en digital, y los tienes en el Kindle Unlimited; y en Estados Unidos —el único mercado que de momento Amazon me permite—, mis lectores les pueden dejar mis libros digitales a sus amigos, y si se compran el ejemplar en papel, se pueden descargar el digital gratis. Que me sugieran que además de mi blog la gente pueda leer mis libros gratis sin mi permiso, hace que me pregunte ¿cómo pretenden que gane exactamente yo dinero y pueda seguir escribiendo? ¿Qué es lo siguiente, mendigar?

EL FUTURO DE INTERNET
Hace cinco años, cuando en España se estaba intentando crear la primera ley contra la piratería en internet y la sociedad estaba indignada porque les iban a quitar su "derecho" a bajarse lo que les diera la gana sin soltar un céntimo, yo escribí unos artículos explicando mi postura, claramente en contra. Por entonces, se te echaban al cuello si no estabas a favor, y algún que otro creador avispado navegaba entre dos aguas para que no piratearan sus obras: "Si digo que estoy en contra de la piratería me machacan, pero si me muestro ambiguo, puede que les caiga bien y se compren mis obras", sería su razonamiento. (Un conocido autor de thrillers aseguraba en un artículo en internet que la piratería no existía, y al mismo tiempo escribía a las páginas piratas pidiendo que por favor no colgaran sus novelas).
            Aquí los tenéis, y sigo pensando lo mismo:

La piratería en internet (I) 
La piratería en internet (II)
La piratería en internet (III) 
La piratería en internet (IV)
 
Desde entonces, ha habido cambios. Los demagogos que defendían la cultura libre (el todo gratis en internet) han salido de los medios de comunicación y vuelto a su nicho, donde hacen muchísimo menos ruido; la ley existente ha logrado que sea muy difícil lucrarse con el trabajo de otros a través de páginas de internet en España, que era lo más sangrante; y ha mejorado muchísimo la oferta legal de contenidos, con plataformas como Netflix, Amazon, Spotify, o Yomvi haciéndose un hueco en el mercado y logrando que los contenidos digitales hayan comenzado a generar ingresos.
Distintos e-readers            Pero lo gratis sigue siendo muy goloso, y la piratería en España continúa en la estratosfera. Aún persiste la idea de que no pasa nada si pirateas, y de que todo el mundo lo hace. Pasa que el creador no cobra, y olvidan que el que lo hagan muchos no significa que sea lo correcto. También olvidan que gracias a la gente que paga por esos contenidos, se pueden crear nuevos contenidos.
            Esta es mi postura: la piratería no me parece ética, y por lo tanto, no pirateo nada, independientemente de lo que piense y haga el resto del mundo, y de la existencia o ausencia de leyes.
            Hace cinco años acabé esos artículos con los pasos que pensaba que se darían en el futuro para regular internet. Se están dando y son estos:

            1- Explicar por qué esos contenidos no pueden ser gratuitos, o por qué no puedes distribuirlos en la red, que eso significaría su desaparición. Esos contenidos, aunque digitales, no se crean de la nada agitando una varita mágica, y si la gente que los ha creado no cobra, no podrá crear contenidos nuevos.
También explicar que los que defendemos el copyright no estamos en contra del copyleft, queremos que convivan los dos. Y puntualizar que en cuanto subes o publicas algo en internet, no pasa a ser de dominio público.

            2- Regular la red y perseguir la piratería. Hace falta que se actualicen las leyes sobre la propiedad intelectual en todo el mundo, que dejen claro qué es legal y qué no en la red, y perseguir lo ilegal. Se sigue trabajando en esto, pero muy lentamente.
            Es triste, pero mucha gente si no ve una repercusión inmediata que le perjudique, va a seguir pirateando. En España, ¿cuándo bajaron las muertes en las carreteras? Pues con la llegada del carnet por puntos. ¿Cuándo se dejó de fumar en los bares y restaurantes? Pues con una ley antitabaco muy restrictiva.
            El objetivo de luchar contra la piratería es que al usuario medio, que somos la gran mayoría, nos cueste encontrar contenidos pirateados: desaparecen páginas o quitan enlaces, los buscadores ya no dan resultados, y no sabemos dónde buscar nuevas páginas; o hacer que nos lo pensemos dos veces antes de bajarnos algo pirata porque nos puede caer una multa.
            Si eres un creador que quieres dar tu trabajo en internet gratis, ninguna ley te prohíbe que lo hagas. Lo que hacías hasta ahora, lo podrás hacer en el futuro. Tú eres libre de hacer con tu obra lo que te dé la gana, pero no con la obra de otros.

            3- Establecer negocios que ofrezcan esos contenidos mucho más baratos de lo que costaban antes. Al ofrecer contenidos digitales, el producto es más barato porque se ahorran crear el soporte físico, el almacén y la distribución. El usuario podrá elegir si tener una copia digital, o una física porque le gusta mucho la película, el cantante o el escritor. Este modelo ya existe en España. En Amazon y Casa del Libro tienes un montón de e-books en oferta, e incluso gratis, y muchísimos clásicos son gratuitos.

            Como le decía a mi amigo, la piratería es una lacra que hace que algo ya de por sí difícil —vivir de la escritura, o si quiera ganar algo de dinero—, sea aún más difícil, y no porque no haya demanda de libros.

Fotografía de la biblioteca de San Diego: Joe Crawford (Creative Commons Attribution 2.0 Generic)

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