¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

"¡Qué bello es vivir!", de Frank Capra; "El mito del talento, la motivación, y el mundo editorial" (Vida de escritor); "Novelas leídas en 2016"; "Pesadilla antes de Navidad", de Tim Burton y Henry Selick; "Four Warned" (cuentos), de Jeffrey Archer; "La marca del meridiano" (novela), de Lorenzo Silva; "Sé resoluto" (Vida de escritor); "Mi rincón cumple 7 años", "Aquí tenéis mi currículum vitae"; "Fiebre al amanecer" (novela), de Péter Gárdos; "Mi novela, lista para enviarla a editoriales; "Un monstruo viene a verme", de Juan Antonio Bayona; "Taller de escritura creativa para jóvenes en Santander"; "La autoedición" (Vida de escritor); "Saint Odd" (novela), de Dean Koontz.

sábado, 14 de enero de 2017

¡Qué bello es vivir! [8]

Poster de ¡Qué bello es vivir!
It's a Wonderful Life
(EE.UU., 1946, 130 min)
Dirección:
Frank Capra
Guión:
Frances Goodrich
Albert Hackett
Frank Capra
Intérpretes:
James Stewart
Donna Reed
Lionel Barrymore
Thomas Mitchell
Henry Travers
Gloria Grahame
Ward Bond
IMDb

Aunque ahora es un clasicazo, “¡Qué bello es vivir!” comenzó siendo un fracaso. El film era el más ambicioso y el favorito de su director, Frank Capra, pero cuando se estrenó a finales de 1946, recibió críticas tibias y tuvo pérdidas económicas, a pesar de estar nominado a 5 Oscars, incluidos Mejor Película, Director y Actor. (Ese año arrasó otro clásico, aunque posiblemente ahora sea menos conocido que “¡Qué bello es vivir!”, “Los mejores años de nuestra vida”, de William Wyler). Sin embargo, a finales de los años 70, posiblemente porque un error administrativo dejó a la película sin copyright y la emitían sin pagar derechos, muchas televisiones comenzaron a ponerla por Navidad, haciendo que se volviera el clásico navideño que es hoy en día.
George Bailey (James Stewart) ya no puede más. A pesar de llevar toda su vida siendo honrado en el pueblo de Bedford Falls, está a punto de suicidarse porque todos los sacrificios que ha hecho no han merecido la pena. Dios escucha las plegarias de su familia, y decide mandar a la Tierra a Clarence (Henry Travers), un ángel de segunda categoría para que lo ayude. Si Clarence logra que George no se suicide, se ganará las alas que lleva 200 años esperando.
Aunque “¡Qué bello es vivir!” me gusta mucho, no me parece una obra maestra, ni lo mejor de Capra, porque hay elementos que no han envejecido bien del todo, y porque a veces resulta demasiado obvia.
La película comienza con las oraciones a Dios para que salve a George Bailey, y luego salta atrás en el tiempo, con la justificación de mostrarle a Clarence la vida del protagonista. A través de los flashbacks, vemos lo íntegro que ha sido Bailey, ayudando a la gente sin pedir nada a cambio, y cómo, por diversos motivos, nunca ha podido abandonar su pueblo, por muchas ganas de aventuras que tuviera.
Donna Reed y James Stewart en ¡Qué bello es vivir!
Donna Reed y James Stewart
Varios de los flashbacks no tienen mucha tensión, porque lo que Capra está haciendo es presentar elementos que tendrán sentido en la parte final, pero aguantan por el gran trabajo de los actores (Stewart está especialmente bien), la elegante puesta en escena, y los detalles tiernos y de humor que mete Capra.
En la parte de la infancia, lo que más me gusta es la presentación de las dos niñas enamoradas de George, porque la primera escena, cuando salva a su hermano en el lago helado, durante bastante tiempo no sé qué pinta en la historia, y el momento del rescate es muy poco tenso (los decorados cantan una barbaridad, y sabes que esos niños están muy seguros en un estudio); siempre me ha parecido que si no lo hubiera rescatado George, lo hubiera hecho sin problemas cualquiera de los otros niños.
Con la escena del veneno, que también tardo mucho en encontrarle un sentido en la historia, me pregunto por qué no le dice abiertamente a su jefe que se ha equivocado y ha puesto veneno en las pastillas. Entiendo que Capra lo hace para que la solución no fuera tan fácil y para presentar al padre y al villano, Potter (Lionel Barrymore), el cual me parece dibujado con brocha demasiado gorda: avaricioso y malo sin ningún disimulo. Ese personaje es de lo que peor ha envejecido.
 En la parte de la juventud, tengo que hacer un esfuerzo para creerme que los actores son mucho más jóvenes de lo que eran, pero me encantan la escena de la cena con el padre (y la criada con ganas de escuchar la conversación), la del gimnasio, con el momento tan divertido de la piscina, y la de la casa abandonada, que es encantadora.
Luego viene una de las escenas que más me gusta, cuando George convence a los inversores de que rechacen a Potter, por lo miserable y avaricioso que es. Y poco después, otra: la peculiar declaración de amor entre Stewart y Reed, con un Stewart cabreadísimo por estar encerrado en Bedford Falls, una llamada de un pretendiente, y una madre metomentodo. Grandes actores, gran emoción.
El momento del rescate de la entidad financiera es muy Capra: optimista, bonito y emotivo; pero lo que más me gusta de esa parte es la tierna y original luna de miel que pasan en la casa abandonada.
Para llegar al final, a la llegada de Clarence, me parece un poco forzado que uno de sus empleados (Thomas Mitchell) pierda 8.000 dólares, de forma muy tonta además, justo el día que viene un inspector a hacer una inspección. Pero está bien que Capra muestre a un George muy oscuro: enfadado y deprimido, del que salen todo el resentimiento y la frustración acumulados durante años.
Fotograma de ¡Qué bello es vivir!En el momento más bajo de George, Capra mete humor con Clarence, y funciona muy bien. Y luego viene una idea genial, que aparecía en el cuento en el que se basa la película (“The Greatest Gift”, de Philip Van Doren Stern), y que recuerda al “Cuento de Navidad” de Dickens: George ve cómo sería el pueblo de Bedford Falls si él no hubiera nacido.
La idea es magnífica, y el mensaje que transmite también (la vida merece la pena vivirla no solo por tus experiencias, sino por cómo tocas y cambias las vidas de la gente con la que te relacionas sin que te des cuenta), pero la puesta en escena se ha quedado anticuada.
Están bien los personajes que han muerto o están en peor situación si George no hubiera existido, pero la gran diferencia que muestra Capra en Bedford Falls (que entonces se llamaría Potterville) no es que fuera un pueblo miserable, con gente endeudada con Potter, sino un pueblo lleno de carteles de neón, que parece bastante más divertido que el original. Y lo peor es el cambio de su mujer, que ha pasado de ser una feliz ama de casa a… ¡horror! ¡Ser una bibliotecaria solterona con gafas!
La película acaba con una escena emocionantísima muy Capra (aunque el detalle del inspector dando dinero es demasiado, y que la niña diga qué significa el sonido de una campana es muy obvio), con un mensaje que me encanta: nadie con amigos es un fracasado.

domingo, 8 de enero de 2017

VIDA DE ESCRITOR: EL MITO DEL TALENTO, LA MOTIVACIÓN, Y EL MUNDO EDITORIAL

Ya voy 20.000 palabras de mi nuevo libro para escritores. Le he cambiado el título, porque aunque “A escribir que son dos días” me parecía simpático, me he dado cuenta de que digo justo todo lo contrario, que tener una carrera literaria lleva muchos años. Así que ahora se llama “Érase una vez…”, y su subtítulo es “Cómo tener una carrera literaria en el siglo XXI”. No va a tener nada que ver con los e-books que prometen grandes ventas en un pispás, o éxito sin esfuerzo, porque me parecen un timo. 

EL MITO DEL TALENTO
Retrato de Mozart
Mozart
Lo que os puedo contar de momento es que el libro estará dividido en tres grandes bloques, aunque tal vez haya cambios. El primero, que es el que estoy escribiendo ahora, trata de desmontar el mito del talento. Ya estoy un poco harto de que la gente se piense que escribir novelas es cuestión de talento (igual de harto estoy de los asumen que escribir es cuestión de inspiración; espera a estar inspirado para escribir, que ya verás qué rápido terminas novelas), así que me he documentado sobre lo que dice la ciencia y la psicología sobre la adquisición de habilidades y conocimientos, y cómo vosotros podéis replicar las actividades que nos hacen crecer como escritores para que seáis muy buenos. (Pista: tiene que ver con escribir muchísimo y leer muchísimo).
También me he documentado sobre la vida de reconocidos fueras de serie a lo largo de la historia: grandes deportistas, científicos, literatos, músicos, pintores y escultores.  Y todos, absolutamente todos —incluso Mozart de niño—, dedicaron ingentes cantidades de tiempo a practicar y reflexionar y enmendar errores de la disciplina en la que acabaron destacando. Una vez que dominaron lo que les apasionaba, realizaron grandes descubrimientos, rompieron récords, o crearon obras maestras. El trabajo duro continuado durante años y años no se lo quitó nadie. Y ninguno comenzó con un don especial; todos tuvieron la suerte de dar con algo que les encantó y entonces se obsesionaron con mejorar más y más, y sus circunstancias personales les permitieron emplear todo el tiempo necesario hasta alcanzar la maestría. (Los que no tenían circunstancias propicias, como George Stephenson, el padre de los ferrocarriles, se las crearon).
Solo he encontrado dos excepciones en el deporte, y no porque no le echaran horas y horas de práctica, que sí lo hicieron, sino porque odiaron el tenis: John McEnroe y Andre Agassi. En su caso funcionó la presión de los padres para que se entregaran a ese deporte desde niños, y más tarde, la presión de ganar.
            Cuando conocí esto hace años, que con la práctica se mejoraba cualquier cosa, para mí fue muy motivador, porque me indicaba que si me esforzaba en aprender lo realmente necesario para escribir ficción, y practicaba y practicaba y practicaba, acabaría siendo muy bueno. Pero para que te motive esto, no puedes ser un vago.
            Hay una cita de Ray Bradbury que me encanta:

Sé que ya lo has oído antes mil veces. Pero es verdad: el trabajo duro da frutos. Si quieres ser bueno, tienes que practicar, practicar, practicar. Si no te encanta algo, entonces no lo hagas.

            Y otra de Stephen King, que también me gusta mucho:

El talento vale menos que la sal de mesa. Lo que separa al individuo con talento del que tiene éxito es mucho trabajo duro.
 
LA MOTIVACIÓN
Libro con lazo en forma de corazón
El segundo bloque tratará de la motivación. Yo no la tuve que aprender, porque cuando me puse a escribir por mi cuenta de adulto, tenía tantas ganas de hacerlo que no necesité la motivación de nadie. Y ahí sigo dándole a la tecla todos los días, sin apenas ganar dinero por mis escritos. Pero sé que realmente soy la excepción.
          Si algo logro en mis clases es que haya buen ambiente, y los alumnos vayan contentos. Para ellos, una gran motivación es que yo les fuerce a entregarme cuentos, y que los corrijamos en clase. Pero les digo que tienen que acostumbrarse a trabajar solos, a escribir aunque no tengan a un profesor que les marque una fecha límite o compañeros que les animen, a retarse a sí mismos, a escribir aunque no estén inspirados y no tengan ganas, para que cuando nos separemos, continúen con su carrera literaria. No tienen que identificar la práctica de la escritura con lo bien que lo pasan en mis clases, sino con el esfuerzo que les supone escribir en casa cuentos cada vez más largos y complejos.
          Aunque les voy dando consejos a lo largo del curso para que aprendan a motivarse a sí mismos cuando yo ya no esté, es mi asignatura pendiente. Suelen animarse mucho, y varios han comenzado novelas en mitad del curso, pero en cuanto se acaban las clases, van dejando de lado la escritura. Solo tengo a una alumna que ha perseverado en el tiempo hasta acabar una colección de cuentos, pero todavía estoy esperando que alguno de mis antiguos alumnos me dé una alegría y me diga que ha terminado una novela.
         Hablaré de estrategias que conozco para lograr vuestros objetivos, y me documentaré sobre técnicas para retrasar la gratificación y qué hace que nos motivemos incluso sin tener garantía de éxito. Esta parte será como tenerme a mí forzándoos a escribir, hasta que escribir os salga por vosotros mismos. 

EL MUNDO EDITORIAL
Y el tercer bloque tratará del mundo editorial, de las opciones que tenemos para llegar a

Letras de imprenta
nuestros lectores y ganar dinero. Reconozco que esta parte se pisará un poco con un capítulo de “Atrévete a ser escritor”, pero prefiero que sea así porque no quiero forzar a la gente a comprarse el otro libro, y lo que repita, lo explicaré de otra manera. Lo más importante es reconocer que la literatura además de un arte, es un negocio (si no queréis ver esto, poco vais a durar), la actitud que hay que tener para saber lidiar con los reveses que (seguro) llegarán, reconocer qué opciones son buenas y cuáles son timos o ideas descabelladas (es increíble la cantidad de gente que, buscando atajos, quiere reinventar la rueda), tener unas expectativas realistas, y no abandonar jamás.
Publicar nunca ha sido más fácil que hoy en día, pero mucha gente asume que publicar significa poder vivir de la escritura, y tiene muchísima prisa. Se ven ya firmando libros y yendo a los estrenos de las películas basadas en sus novelas, con gente reconociéndoles por la calle, gritándoles “¡Autor, autor!” y tirándoles el sujetador. Y como tienen tanta prisa, no hacen más que cometer errores: pagan por publicar sus libros, hacen presentaciones a las que solo van amigos, ignoran por completo el mercado editorial, dan gratis la versión digital, pagan un pastón para que les traduzcan sus libros…
Ya lo adelanto, si queréis ser famosos o ricos, ser novelista es una idea muy mala; dedicad vuestros esfuerzos a otra cosa, como a salir en televisión o a casaros con un famoso. Os hacéis novelistas porque os encanta perderos en mundos de ficción que creáis de la nada. En otras palabras, tenéis que saber si estáis en esto porque os apasiona escribir ficción, que es lo correcto, o porque os habéis creado una imagen glamourosa de los escritores y queréis esa vida porque os parece sencilla; en cuyo caso os garantizo que os la vais a pegar.
Cuando acabe “Érase una vez…”, lo pondré a la venta en Amazon, así que si todo va bien, en 2017 publicaré dos libros, este para escritores y mi novela “El príncipe Eosh”, que irá por editorial.

Las fotografías son de dominio público. Retrato de Mozart, de Barbara Krafft; libro con lazo (congerdesign), letras de imprenta (Unsplash)

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sábado, 31 de diciembre de 2016

NOVELAS LEÍDAS EN 2016

Portada de Yo antes de ti, de Jojo Moyes"Si no tienes tiempo para leer, no tienes tiempo (o las herramientas) para escribir. Es así de simple".
Stephen King 

Algo que me sorprende mucho es que siempre tengo algún alumno, en mis talleres y cursos de escritura creativa (pista: son para ser escritor), que reconoce que no lee nada, o que directamente no le gusta. Yo me pregunto para qué se apuntan, si en el muy hipotético caso (vamos, imposible) de que lograran publicar algo en el futuro, para poder ganar dinero tendrían que encontrar a personas que hicieran eso que a ellos no les gusta: leer. No suelen acabar el curso.
            Y luego tengo a los que parece que quieren que escriba yo por ellos. Tampoco suelen acabar.
            Para mí ambos casos son como querer ser atleta sin tener que hacer ejercicio físico.
Portada de Silencio, de Shusaku Endo            Un escritor tiene que escribir a menudo, y tiene que leer muchísimos libros, tanto de ficción como de no ficción. Y la ficción la lee por placer y analizando lo que lee, para aprender de otros novelistas, y leyendo en todos los géneros que pueda.
            Yo dedico una media de 2 o 3 horas diarias a leer, todos los días, sin excepción, y los domingos, que es mi día libre, sube a 4 o 5 horas. Me refiero a leer libros (todos ejemplares legales; la piratería perjudica a los autores), no a tiempo leyendo cosas en la Wikipedia, Facebook, Twitter o WhatsApp (WhatsApp directamente no tengo: el roba-tiempo y crea-compromisos perfecto. Vade retro Satana). No veo nada de televisión, no veo series, y en casa ya no veo cine. Así saco tiempo, y disfruto muchísimo.
            Este año ha sido el año que más libros he leído en mi vida, 115, de los cuales 59 han sido novelas o colecciones de cuentos. Los tenéis ahí abajo. Muchas gracias a todos los autores por las horas de entretenimiento y todo lo que he aprendido de vosotros. 

Los 10 que más me han gustado son: 
Portada de Zodiac Station, de Tom Harper1— "Yo antes de ti", de Jojo Moyes ("Me Before You", Reino Unido, 2012). Ficción contemporánea, romance, humor, drama. 
2— "Silencio", de Shūsaku Endō (沈黙 "Chinmoku", Japón, 1966). Ficción histórica. 
3— "Zodiac Station", de Tom Harper (Reino Unido, 2014). Misterio, ciencia ficción. 
4— "Fiebre al amanecer", de Péter Gárdos ("Hajnali láz", Hungría, 2010). Ficción histórica, ficción contemporánea, romance. 
5— "Manolito Gafotas", de Elvira Lindo (España, 1994). Infantil, humor.
6— "Better Nate Than Ever", de Tim Federle (EE.UU., 2013). Juvenil, humor, ficción contemporánea. 
7— "Paris for One", de Jojo Moyes (Reino Unido, 2015). Novela corta, ficción contemporánea.
8— "La marca del meridiano", de Lorenzo Silva (España, 2012). Policíaco, misterio.
9— "Saint Odd", de Dean Koontz (EE.UU., 2015). Thriller, suspense, paranormal.
10— "Ghost Road Blues", de Jonathan Maberry (EE.UU., 2006). Terror, thriller.
 
Y aquí la lista completa:
Portada de Fiebre al amanecer, de Peter Gardos
1— "Better Nate Than Ever", de Tim Federle (EE.UU., 2013). Juvenil, humor, ficción contemporánea.
2— "La cabaña", de William Paul Young ("The Shack", EE.UU., 2007). Misterio, ficción cristiana, espiritualidad, fantasía.
3— "La cara del miedo", de Nikolaj Frobenius ("Jeg skal vise dere frykten", Noruega, 2008). Ficción histórica, misterio.
4— "La cocinera de Himmler", de Franz-Olivier Giesbert ("La cuisinière d'Himmler", Francia, 2013). Ficción contemporánea, ficción histórica.
5— "El cuaderno de Noah", de Nicholas Sparks ("The Notebook", EE.UU., 1996). Romance.
6— "Dark Matter", de Michelle Paver (Reino Unido, 2010). Ficción histórica, paranormal.
7— "Dead Man Talking", de Roddy Doyle (Reino Unido, Irlanda, 2015). Cuento, ficción contemporánea, paranormal.
8— "Deeply Odd", de Dean Koontz (EE.UU., 2013). Thriller, paranormal, suspense.
9— "El diario secreto de Adrian Mole", de Sue Townsend ("The Secret Diary of Adrian Mole Aged 13 3/4", Reino Unido, 1982). Ficción contemporánea, humor, juvenil, infantil.
10— "The Double Clue & Other Hercule Poirot Stories", de Agatha Christie (Reino Unido, 1924, 1974, 2016). Cuentos, misterio.
11— "Edge", de Jeffery Deaver (EE.UU, 2010). Thriller.
Portada de Manolito Gafotas, de Elvira Lindo12— "En la calle mayor", de Virginia Gil Rodríguez (España, 2016). Novela corta, juvenil, realismo mágico, espiritualidad.
13— "El fantasma", de Danielle Steel ("The Ghost", EE.UU., 1997). Romance, ficción histórica, una pizca de paranormal.
14— "An Evil Guest", de Gene Wolfe (EE.UU., 2008). Fantasía, ciencia ficción, misterio, aventura.
15— "Expediente de desaparición", de Dror Mishani ("Tik Ne'edar", Israel, 2011). Policíaco, misterio.
16— "Fiebre al amanecer", de Péter Gárdos ("Hajnali láz", Hungría, 2010). Ficción histórica, ficción contemporánea, romance.
17— "Four Warned", de Jeffrey Archer (Reino Unido, 1994, 2007, 2010, 2014). Cuentos, suspense, misterio.
18— "Full House", de Maeve Binchy (Reino Unido, Irlanda, 2012). Novela corta, ficción contemporánea.
19— "Ghost Road Blues", de Jonathan Maberry (EE.UU., 2006). Terror, thriller.
20— "El Golem", de Gustav Meyrink ("Der Golem", Alemania, Austria, 1913 - 1914). Misterio, fantasía.
21— "El Gran Gigante Bonachón", de Roald Dahl ("The BFG", Reino Unido, 1982). Infantil, fantasía, aventuras.
Portada de Better Nate Than Ever, de Tim Federle
22— "The Heavens Rise", de Christopher Rice (EE.UU., 2013). Thriller, paranormal, terror.
23— "La hipótesis del mal", de Donato Carrisi ("L'ipotesi del male", Italia, 2013). Thriller, misterio.
24— "El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares", de Ransom Riggs ("Miss Peregrine's Home for Peculiar Children", EE.UU., 2011). Juvenil, paranormal, misterio, fantasía.
25— "La hora 25", de Constantin Virgil Gheorghiu ("Le vingt-cinquieme heure / Ora 25", Francia, Rumanía, 1949). Drama, ficción contemporánea, ficción literaria.
26— "The Infernals", de John Connolly ("Hell's Bells", Reino Unido, EE.UU., 2011). Juvenil, humor, fantasía, paranormal.
27— "Khimera", de César Pérez Gellida (España, 2015). Tecno-thriller, política ficción, ciencia ficción.
28— "Los ladrones de cuerpos", de Jack Finney ("The Body Snatchers/Invasion of the Body Snatchers", EE.UU., 1954, 1955). Ciencia ficción, thriller.
29— "Leyendas de alquiler", de Pedro Pablo Picazo (España, 2016). Fantasía, aventuras, juvenil.
30— "Manolito Gafotas", de Elvira Lindo (España, 1994). Infantil, humor.
31— "La marca del meridiano", de Lorenzo Silva (España, 2012). Policíaco, misterio.
32— "Memorias de la tierra", de Salvador Medela (España, 2015). Aventuras, thriller, ciencia ficción.
Portada de Paris for One, de Jojo Moyes33— "El misterio de la noria de Londres", de Siobhán Dowd ("The London Eye Mystery", Reino Unido, 2007). Infantil, juvenil, misterio.
34— "The Mystery of the Clockwork Sparrow", de Katherine Woodfine (Reino Unido, 2015). Infantil, misterio, ficción histórica.
35— "La noche de los cuchillos", de Ian C. Esslemont ("Night of Knives", Reino Unido, 2005). Fantasía.
36— "Odd Thomas: You Are Destined to Be Together Forever", de Dean Koontz (EE.UU., 2014). Cuento, paranormal, suspense.
37— "Oddkins: A Fable for All Ages", de Dean Koontz (EE.UU., 1988). Fantasía, thriller, infantil, juvenil.
38— "On the Rock", de Andy McNab (Reino Unido, 2016). Cuento, thriller, suspense.
39— "El padrino", de Mario Puzo ("The Godfather", EE.UU., 1969). Crimen, mafia, thriller, saga familiar.
40— "Paris for One", de Jojo Moyes (Reino Unido, 2015). Novela corta, ficción contemporánea.
41— "La posada del viajero", de Armando Rodera (España, 2015). Ficción histórica, romance, aventuras.
42— "Prince of Storms", de Kay Kenyon (EE.UU., 2010). Ciencia ficción, fantasía.
Portada de La marca del meridiano, de Lorenzo Silva
43— "Proyecto Kraken", de Douglas Preston ("The Kraken Project", EE.UU., 2014). Thriller, ciencia ficción.
44— "Psicosis", de Robert Bloch ("Psycho", EE.UU., 1959). Misterio, suspense.
45— "El reino de Kensuke", de Michael Morpurgo ("Kensuke's Kingdom", Reino Unido, 1999). Juvenil, aventuras.
46— "Rōnin", de Francisco Narla (España, 2013). Ficción histórica.
47— "Saint Odd", de Dean Koontz (EE.UU., 2015). Thriller, suspense, paranormal.
48— "II Antología de Relato Breve Contemporáneo", de varios autores (España, 2016). Cuentos, ficción contemporánea.
49— "Silencio", de Shūsaku Endō (沈黙 "Chinmoku", Japón, 1966). Ficción histórica.
50— "Sin alma", de Gail Carriger ("Soulless", EE.UU., 2009). Steampunk, romance paranormal, fantasía urbana, historia alternativa.
51— "Spartana", de J.J. Gómez Cadenas (España, 2014). Aventuras, ciencia ficción.
52— "Te dejé ir", de Clare Mackintosh ("I Let You Go", Reino Unido, 2014). Ficción contemporánea, misterio, thriller.
53— "Too Good to Be True", de Ann Cleeves (Reino Unido, 2016). Novela corta, misterio.
54— "La última noche en Tremore Beach", de Mikel Santiago (España, 2014). Thriller, misterio, suspense.
55— "The Witnesses", de James Patterson con Brendan DuBois (EE.UU., 2016). Novela corta, thriller.
56— "Wrong Time, Wrong Place", de Simon Kernick (Reino Unido, 2013). Novela corta, thriller, suspense.
57— "Yo antes de ti", de Jojo Moyes ("Me Before You", Reino Unido, 2012). Ficción contemporánea, romance, humor, drama.
58— "Zeus conquista el Olimpo", de Marcos Jaén Sánchez (España, 2016). Novela corta, mitología griega.
59— "Zodiac Station", de Tom Harper (Reino Unido, 2014). Misterio, ciencia ficción.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Pesadilla antes de Navidad [10]

Cartel original de Pesadilla antes de NavidadArchivo: publicada originariamente el 30 de octubre de 2011
CINEFILIA
The Nightmare Before Christmas
(EE.UU., 1993, 76 min)
Dirección:
Henry Selick
Guión:
Caroline Thompson
Intérpretes (v.o.):
Danny Elfman
Chris Sarandon
Catherine O'Hara
William Hickey
Paul Reubens
IMDb

En 1990, tras el éxito de “Batman” (1989) y “Eduardo Manostijeras” (1990), Tim Burton rescató “Pesadilla antes de Navidad”. El proyecto se remontaba a 1982, cuando Burton trabajaba en la Disney y acaba de terminar “Vincent”, un corto maravilloso en stop-motion. El origen de “Pesadilla” era un poema que Burton había escrito años atrás, inspirado en “Twas the Night Before Christmas”, un poema de Clement Clarke Moore publicado en 1823 sobre la llegada de Papá Noël a un hogar. Burton le añadió el buen recuerdo que tenía de los especiales televisivos navideños de su infancia, como “How the Grinch Stole Christmas” (1966, son dibujos animados) y “Rudolph, the Red-Nosed Reindeer” (1964, es stop-motion); y durante un tiempo la Disney barajó la posibilidad de convertir “Pesadilla” en un especial navideño de media hora o en un corto de stop-motion o dibujos animados. Burton abandonó el proyecto, que no iba a ninguna parte, y la Disney.
   Siendo Burton ya famoso, la Disney decidió producírsela como un largometraje de stop-motion. A pesar de lo muy personal que era el proyecto (y el resultado no puede ser más burtoniano), Burton cedió las labores de dirección a Henry Selick, mientras él dirigía “Batman vuelve” (1992) y se metía en la preproducción de “Ed Wood” (1994). Selick ya tenía renombre como artista de stop-motion por una serie de anuncios de televisión, y viendo “Los mundos de Coraline” (2009), la película más famosa de Selick, está claro que Burton y Selick tienen sensibilidades muy parecidas.
   Para convertir su poema en un guión, Burton contrató a Michael McDowell, quien había escrito “Bitelchús” (1988). Burton no estuvo contento con el resultado, y decidió trabajar con su compositor habitual: Danny Elfman. Cogieron una escaleta muy básica de la historia, y crearon las canciones de la película. Más tarde, ya cuando Selick y los animadores habían comenzado a trabajar en el proyecto, Caroline Thompson le dio una estructura al guión.
   No parece la forma más lógica de realizar una película, pero les quedó una obra maestra.
   (Para saber más de “Pesadilla antes de Navidad” y de Tim Burton hay un libro excelente: “Tim Burton sobre Tim Burton”, de Mark Salisbury –“Burton on Burton”, en inglés-. El blu-ray, que es sobresaliente, incluye “Vincent” y el poema original de Burton leído por Christopher Lee.)
   Año tras año Jack Skellington, el Rey de las Calabazas, deslumbra a la Ciudad de Halloween con los festejos que ha preparado para la noche de Halloween. Un día, después de que sus conciudadanos lo vuelvan a felicitar por lo brillante que es, Jack se interna en el cementerio, donde lo sigue Sally, una mujer de trapo hecha de retazos que está enamorada de Jack.
   Jack, pensando que está solo, expresa sus verdaderos sentimientos: está harto de hacer siempre lo mismo y necesita un cambio. Esa noche Jack comienza a vagar sin rumbo, y por la mañana, sin darse cuenta, acaba en la Ciudad de Navidad; una ciudad que es justo lo contrario que Halloween. Jack regresa a casa y emocionado les cuenta a sus vecinos que ese año la Ciudad de Halloween preparará la Navidad, y que él suplantará a Santa Claus y repartirá regalos y alegría la noche de antes de Navidad. Todos aceptan felices el plan, excepto Sally, quien prevé que eso acabará en tragedia.
   Visualmente, “Pesadilla antes de Navidad” sigue siendo una película deslumbrante. Tiene un diseño de producción precioso y muy original, en el que se nota la mano de Burton en cada fotograma (colinas retorcidas, personajes cabezones y amorfos, edificios que parecen que se van a caer de un momento a otro, y mucha oscuridad), y al ser stop-motion tiene más profundidad que los dibujos animados y es más cálida que la animación por ordenador. Además, tiene unos números musicales excelentes y está llena de detalles muy imaginativos (Jack le tira una de sus costillas al perro fantasma; una bruja utiliza su sombrero como trompetilla; el alcalde, que no sabe tomar decisiones porque simplemente es un cargo electo, tiene de pajarita una araña viva; el “suicidio” de Sally es brillante; hay dos homenajes muy buenos a “El mago de Oz” –el caldero para ver qué pasa en otros sitios y la despedida de Oogie Boogie-; y más y más y más).Jack Skellington de Pesadilla antes de Navidad
   Además, tiene un protagonista genial. Jack Skellington, que como muchos de los personajes de Burton no encaja en su sociedad, resulta muy entrañable por las ganas que tiene de hacer el bien, lo mucho que se entusiasma y cómo se lo contagia a otros, aunque solo provoca daño. Ya desde el principio te conquista, cuando se quita la coraza en el cementerio y ves que su vida es rutinaria y no puede más; y buena parte de la tensión de la película viene porque las expectativas de Jack el espectador sabe que son erróneas (esto viene reforzado por la escena de la premonición de Sally). A mitad hay un momento muy divertido, que hace que Jack todavía te resulte más tierno, cuando se pone a investigar científicamente qué es la Navidad.
   El personaje de Sally también es genial, y sirve de contrapunto de Jack. Aquí la tensión viene porque Sally, de la que también te enamoras, no se va a atrever a decirle a Jack que lo quiere (y eso supondría liberarse de su creador) y porque Jack no la escucha cuando Sally intentar advertirlo.
   La parte final, desde que Jack va a celebrar la Navidad, tiene muchísima emoción, con unos picos emocionales altísimos (el momento en el que Jack descubre quién es realmente; la llegada de la Navidad; la escena final en el cementerio). Gracias a esa emoción, los creadores se libran de un hueco en la trama enorme (Sally va a rescatar a Santa Claus y es imposible que sepa que está con Oogie Boggie).
   Y al final, Jack que estaba tan ocupado buscando la felicidad en otros sitios, descubre que la tenía justo a su lado.
   Maravillosa película. Creo que no me cansaré nunca de verla.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Four Warned [7]

Portada de Four Warned, de Jeffrey Archer
CUENTOS
Four Warned
(Reino Unido, 1994, 2007, 2010, 2014, 98 páginas)
Jeffrey Archer 

Cuando en 1974 Jeffrey Archer se encontró al borde de la bancarrota por un escándalo financiero que le obligó a dejar su escaño en el Parlamento británico, decidió que escribiría novelas para saldar sus deudas de más de 400.000 libras. Si alguien me preguntara, le diría que es un plan tan descabellado como querer hacerse rico asaltando bancos o jugando al bingo. Sin embargo, la jugada, a la larga, le salió redonda: se le calculan unas ventas de entre 250 y 400 millones de ejemplares, y es el único autor que en el Reino Unido ha sido número 1 en las listas de novelas más vendidas (18 veces), de cuentos (4 veces), y de no ficción (por sus memorias sobre el tiempo que pasó en la cárcel por perjurio).
            “Four Warned” es un librito de la colección de Quick Reads, esa gran iniciativa británica e irlandesa para incentivar la lectura en adultos que no leen, y que espero que algún día llegue a España: novelas cortas, o colecciones de cuentos, de unas 100 páginas, disponibles en papel y digital, muy baratas, escritas por escritores de renombre, que son fáciles de leer. “Four Warned” recopila cuatro cuentos de suspense y misterio, que habían aparecido previamente en tres colecciones de cuentos del autor, y es ideal para amantes de los giros finales.
            No se detenga nunca en la autovía” (“Never Stop on the Motorway”) pertenece al libro “Doce pistas falsas” (“Twelve Red Herrings”, 1994), y para mí es el más flojo. Cuando Diana, una estresada mujer con un buen trabajo en la City, piensa que le espera un relajante fin de semana en el campo, descubre que alguien la persigue en la autovía con una furgoneta.
Archer deja de lado toda coherencia para escribir un cuento de suspense, con cada vez más tensión, que se lee a toda pastilla y acaba con una sorpresa inverosímil. Está bien cómo caracteriza al personaje y que en seguida la meta en un aprieto, con ella recordando que un asesino anda suelto por esa parte del país y que ataca en autovías, pero por muy 1994 que fuera y no hubiera móviles, no es creíble que ella no sea capaz de pedir ayuda en una autopista llena de coches, y del mismo modo —sin desvelar nada—, es increíble que el asesino se quede donde está sin hacer nada.
The Queen’s Birthday Telegram”, que apareció en “And Thereby Hangs a Tale” (2010), está basado en un hecho real y resulta muy tierno. Al cumplir 100 años, Albert Webber recibe un telegrama de la reina felicitándolo por llenar a centenario. Tras las celebraciones en su pueblo, espera que su mujer Betty reciba un telegrama similar tres años después, cuando ella cumpla 100. Sin embargo, cuando llega tan esperada fecha, el telegrama de Betty nunca llega, y aunque ella no le da mucha importancia, Albert decide tomar cartas en el asunto, y acabará llevándose una sorpresa.
Stuck on You” también apareció en “And Thereby Hangs a Tale” (2010) y también está basado en un hecho real. Jeremy está tan enamorado de su espectacular novia Arabella, que cuando ella le propone robar un carísimo anillo de una prestigiosa joyería londinense, él accede. Es un poco precipitado cómo se conocen los personajes y que él acceda tan rápido al robo, pero toda la parte de la joyería es muy buena: sabes que Jeremy está robando el anillo delante de los empleados, pero no sabes dónde lo ha escondido ni cómo es capaz de sortear toda la seguridad del establecimiento, aunque Archer te lo cuente momento a momento. Este también acaba con un giro final ingenioso, que explica todo.
Don’t Drink the Water” pertenece a “Cat O’ Nine Tales” (2007). Richard Barnsley es un turbio hombre de negocios que viaja a San Petersburgo para cerrar un trato con los rusos que le traerá pingües beneficios. Un día que vuelve a casa, sospecha que su mujer le va a pedir el divorcio, y lo que es peor, que quiere viajar a Rusia con él para sacar tajada y separarse. Como San Petersburgo tiene un grave problema con el suministro de agua potable, Richard decide matar a su mujer envenenándola con agua del grifo. El cuento tarda un poco en empezar, porque Archer cuenta una historia dentro de una historia que realmente no viene a cuento, pero en cuanto arranca, el relato es muy entretenido, y acaba con una sorpresa muy irónica.

sábado, 10 de diciembre de 2016

La marca del meridiano [7]

Portada de La marca del meridiano, de Lorenzo Silva
NOVELA
La marca del meridiano
(España, 2012, 399 páginas)
Lorenzo Silva 

Lorenzo Silva publicó en 1998 “El lejano país de los estanques”, donde aparecían por primera vez los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, y desde entonces ha continuado la serie que ya lleva nueve libros, una película y dos telefilms. Por la séptima parte, “La marca del meridiano”, Silva ganó el Premio Planeta en 2012.
            El brigada Bevilacqua tiene que hacer frente a un caso que le toca muy de cerca: su antiguo jefe, amigo y mentor, el subteniente retirado Robles, ha aparecido colgado bajo un puente en Logroño, con signos de haber sido torturado antes de morir. Bevilacqua, junto con su compañera Chamorro, investigará el caso, y a medida que ahonde, más se dará cuenta de que su amigo no era trigo limpio.
            Es la primera novela de Silva que me leo, y me ha gustado, y además, me parece un buen ejemplo de novela escrita a toda pastilla que es buena. Al final Silva pone las fechas de escritura, y fueron 5 meses exactos (aunque le suposo 5 años de preparación). Silva es bastante prolífico (debutó en 1995, y ya tiene publicados casi 50 libros), y aunque pueda sorprender a más de uno, eso no es sinónimo de mediocridad. Hay autores que escriben a toda velocidad y le queda bien, y por tanto pueden publicar varios libros al año; y autores que tardan siglos en acabar una novela, y les queda mal. Y viceversa. La calidad la dan las novelas, no la velocidad con la que se escriban.
A pesar de que me acabó gustando, reconozco que me costó meterme en la novela. Tal vez se deba a que no conocía al personaje ni su relación con Chamorro, pero por interesante que pareciera el caso (y lo era mucho) me sacaban de la historia las largüísimas reflexiones que introducía (está escrita en primera persona), o los diálogos demasiado largos y articulados para una persona normal.
Poco a poco, me fui metiendo. Silva se centra más en el caso, y la novela, en toda su parte central, es apasionante. Me encanta cómo Bevilacqua (Vila, para que a la gente no se le trabe la lengua con su apellido) va descubriendo más datos con ayuda de otros agentes, y cómo va viendo que cada vez se complican más las cosas.
Los personajes, a lo largo de la investigación, pasan por Logroño, Madrid, Barcelona y Cantabria, y Silva te muestra cómo se coordinan los distintos cuerpos de seguridad de cada zona, y los permisos que necesitan para avanzar en las investigaciones. Así contando, parece aburrido, pero era interesantísimo. Muchas veces no recordabas el nombre de algún personaje, porque hay muchos y unos cuantos están muy poco caracterizados, pero te daba igual porque el caso era tan potente que te quedabas con la nueva información que recibía Bevilacqua o la nueva puerta que se le abría.
Entonces las digresiones de Bevilacqua comenzaron a gustarme. Te anclaban la novela en un contexto histórico (reflexiona sobre la muerte de Gadafi, por ejemplo), y te ayudaba a conocer mejor al personaje para verlo como un ser humano. Y la relación con Chamorro tenía mucha gracia. Especialmente divertido es el momento en el que tienen que entrar de incógnito en el club de alterne, y no hacen más que tirarse pullas.
Después de tantas páginas tan buenas, llega el otro problema que le encuentro a la novela, y es que el final me parece demasiado precipitado. Por una parte, me cuesta creer que Bevilacqua, con lo listo que es, no sospechara quién podía estar detrás de eso, sobre todo teniendo en cuenta los derroteros por los que se estaba metiendo el caso; por otra, critico que el villano no está nada preparado, y es una sorpresa que se saca Silva de la manga en el último momento; y por otra, una misteriosa llamada, que a mí no me gusta nada, que convenientemente cierra el caso.

domingo, 4 de diciembre de 2016

VIDA DE ESCRITOR: SÉ RESOLUTO

Víbora áspid
Víbora áspid
Mucha gente tiene miedo de hacer frente a problemas. El truco para quitarles peso es pensar que son inevitables, que no existe una meta o momento en la vida que cuando lo alcanzas todo es perfecto, es reconocer que en cuanto superas uno viene otro, y que son retos que has de superar que te van a ayudar a crecer como persona: una vez que solucionas uno, ya sabes que eres capaz de lidiar con ese tipo de complicación, y si no lo logras, es una lección que aprendes de la vida.
Algo fundamental para lograr los objetivos que te propones, y no me refiero tan solo a los literarios, es ser rápido solucionando problemas. Existe una técnica muy sencilla para volverse resoluto: en cuanto se presente un problema, deja de lado quién tiene la culpa o qué dicen las normas, y pasa inmediatamente a buscar una solución. Y si no te funciona esa solución, prueba otra y otra. Si al final no sale, al menos tienes la satisfacción de haberlo intentado.
            Pongamos de ejemplo que haces una visita al zoo, y cuando estás en la zona de las serpientes, resulta que una víbora, que se había escapado, te pica en una pierna. Entonces, ¿prefieres que el empleado del zoo se dedique a buscar al gañán que dejó la puerta de las víboras abierta, o que te inyecte el antídoto para salvarte la vida, y luego si procede, que encuentre al patán olvidadizo?
            La respuesta, a menos que quieras emular a Cleopatra, es obvia. Pues esa es la mentalidad que hay que tener si quieres sacar adelante tus proyectos. 

MEJOR SER RESOLUTO QUE TENER LA RAZÓN 
Me encanta la idea de ser feliz antes que tener la razón. Es algo que me costó mucho aprender, porque en mi familia solíamos matarnos por la razón (y demostrar quién era más inteligente). Era una situación muy incómoda, porque te hacía estar atacando o a la defensiva todo el rato, retorciendo lo que había dicho cada uno y utilizando el sarcasmo para salirse con la suya. 
            La inteligencia no es eso, y ahora si discuto, me lo tomo con muchísima más calma. Prefiero ser feliz a tener la razón. Escucharte, te escucharé, y lo que pienso lo diré, pero quédate con toda la razón del mundo y llámame tonto; déjame mi calma interior, que además actuaré y pensaré como me indique mi conciencia, no tú.
Pareja discutiendo            Pues a la hora de resolver problemas me pasa lo mismo: prefiero ser resoluto y solucionar entuertos que tener la razón. En este caso, yo también era todo lo contrario; no buscaba solucionar problemas, sino que exigía que se cumplieran mis derechos y se siguieran las normas. Solucionaba bastante poco y me agobiaba mucho.
A ver, que no se me malentienda, el Estado de derecho y las leyes son necesarias, pero muchas veces un poco de mano izquierda e imaginación te ahorra tiempo y evita disgustos. No es tu culpa, pero has logrado lo que querías rápido y sin angustias.
            Recuerdo que hace doce años trabajé de productor en un cortometraje con unos amigos. (Lo tenéis aquí: "Banda sonora original"). Otra chica, la productora, y yo pedimos permiso a un Ayuntamiento para cerrar un paseo en un parque para meter un coche y llenarlo de extras. Nos dieron el permiso de palabra, pero el día de rodaje, tras haber montado toda la parafernalia con un montón de extras (¡benditos familiares y amigos!), llegó la policía y nos echó.
Nos pusimos hechos unos basiliscos, porque teníamos razón, y discutimos muy acaloradamente con el policía, ¡nos habían dado el permiso y eso no era justo! Recorrimos medio pueblo buscando a un concejal que nos diera el maldito permiso por escrito. Para nuestra sorpresa, cuando regresamos al paseo, uno de los actores se había camelado al policía y nos permitía rodar. Ese actor tenía más inteligencia emocional que los productores.
            Ahora no actuaría así ni en broma. Primero, me aseguraría de tener el permiso en la mano, y si hubiera problemas, hablaría educadamente con el policía, que sé que diciendo que “Yo tengo razón y tú no” no logro nada.
            Hace ocho años pasé unos meses horribles por comprarme un proyector por internet que nunca llevaba. El caso es que me empeñé en tener la razón, y en vez de dialogar con la tienda online las veces que hiciera falta y esperar a que me resolvieran el problema, fui agotando todas las opciones legales para hacer valer mis derechos: burofax, asociación de consumidores, y finalmente, carta de un abogado. Conseguí el proyector, pero no adelanté el proceso nada, y me agobié como pocas veces en mi vida. Jamás dejaré que algo material me haga sufrir tanto, que no tiene sentido.

MANO IZQUIERDA Y PONÉRSELO FÁCIL
Un día, en el primer curso de escritura creativa que di en Santander en el Enclave Pronillo, en enero de 2015, el guardia de seguridad nos apagó las luces 45 minutos antes de tiempo. Un alumno me dijo que le enseñara el cartel, donde ponía claramente que la clase acababa a las 21.00 y no a las 20.15. No le hice caso y fui a hablar con el vigilante. Me dijo que él tenía apuntado ese día hasta esa hora, y yo le dije muy calmado que siempre acabábamos a las nueve. Me dijo que no había ningún problema, que sería un error. Le pregunté si le iban a pagar el tiempo extra, y me contestó que sí, que no pasaba nada.
            Desde ese día, aparte de que me parece una norma básica de cortesía, me presento a todos los vigilantes que veo y charlo un poco con ellos, y siempre les saludo por el nombre. Os aseguro que se acabaron los problemas con los vigilantes.
Atrévete a ser escritor, de Carlos del Río            Un truco para ser resoluto es ponérselo fácil al otro. El mes pasado unas alumnas me pidieron unos ejemplares de "Atrévete a ser escritor". Me los pagaron y compré los libros en Amazon. Esperaba la entrega para un día determinado, pero no me llegó. Me metí en la página de la mensajería y puse mi número de referencia. El paquete estaba dañado o perdido. La primera vez en la vida que me pasaba. Para complicar las cosas, no sabía si ese paquete eran los libros para mis alumnas, u otros libros y cosas que había pedido para mí. Les llamé y me dijeron que la solución era reclamarles directamente a ellos, o reclamar a Amazon.
            Pensé que si hacía eso, por mucha razón que tuviera y no fuera mi culpa, todo se retrasaría algunas semanas, y mis alumnas ya hacía unos días que me habían pagado y no quería quedar mal con ellas. Les pedí que abrieran el paquete, a ver qué libros eran y si estaban bien. Si eran mis libros, no me importaba que estuvieran un poco machacados, pero si eran los de mis alumnas, no los quería dañados.
            El repartidor, muy nervioso, me dijo que él no podía hacer eso. Yo le dije que lo entendía, que era una buena política de la empresa, y le expliqué mi caso. Él seguía con que no podía hacer nada, que lo que yo podía hacer era reclamar a Amazon. De nuevo, si me hubiera empeñado en que no era mi culpa, solo hubiera consigo retrasar la llegada de los libros y quedar mal con mis alumnas. Lo único que le sonsaqué era que el cartón del paquete estaba roto por un error en la máquina de empaquetación, pero que el contenido podía estar bien.
            Le pregunté que si yo me acercaba al local, ¿él podría abrir el paquete delante de mí, para así aceptarlo o rechazarlo? Me repitió que no podía hacer eso, pero que haría una excepción. Jamás hubiera recibido esa respuesta si me hubiera empeñado en culpar a la empresa de reparto o a Amazon.
            Sin importarme que la mensajería no se hubiera puesto en contacto conmigo o que no me hubiera dado ninguna solución, y sin empeñarme en exigir que Amazon reparte a domicilio, cogí el coche y me planté en el polígono donde estaba el local. Lo que necesitaba era conseguir los libros de mis alumnas. Y rápido.
            Cuando llegué al local todo resultó más fácil. La mujer que me atendió tenía allí el paquete, y me aseguró que si lo que contenía estaba dañado, incluso si yo había aceptado el pedido, se podía reclamar a Amazon sin problemas. No tenía nada que perder y todo que ganar, así que fui yo quien lo abrió. Eran todos los libros que había encargado, los míos y los de mis alumnas, y todos estaban perfectos. En la siguiente clase del curso, se los puede entregar sin mayores retrasos.
            Recordad, es mejor ser feliz y ser resoluto que tener la razón. Os garantizo que así estaréis mucho más tranquilos y lograréis muchas más cosas en la vida.

Las fotografías son de dominio público. Víbora áspid (Werner Seiler); dicusión (Geralt).


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