¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

"La revisión (I)" (Proyecto novela); "Fahrenheit 451" (novela), de Ray Bradbury; "Soy leyenda" (novela), de Richard Matheson; "La asertividad (I)" (Vida de escritor); "La llamada de lo salvaje" (novela corta), de Jack London; "Matar a un ruiseñor", de Robert Mulligan; "¡Qué bello es vivir!", de Frank Capra; "El mito del talento, la motivación, y el mundo editorial" (Vida de escritor); "Novelas leídas en 2016"; "Pesadilla antes de Navidad", de Tim Burton y Henry Selick; "Four Warned" (cuentos), de Jeffrey Archer; "La marca del meridiano" (novela), de Lorenzo Silva; "Sé resoluto" (Vida de escritor); "Mi rincón cumple 7 años", "Aquí tenéis mi currículum vitae".

sábado, 25 de febrero de 2017

PROYECTO NOVELA. 43- LA REVISIÓN (I)

Archivo: publicada originariamente el 3 de febrero de 2013
Para mí, una de las cosas más gratificantes de mantener mi rincón es recibir e-mails y comentarios de gente que no me conoce personalmente diciendo que les estoy ayudando con sus proyectos literarios. Eso me hace sentir de maravilla.
   El pasado noviembre recibí uno de esos e-mails de Edson Estada, un chico peruano. Aparte de decirme cómo le gustaban estos artículos, Edson aprovechó para contarme cómo se había aficionado a las novelas. Su historia me pareció tan sorprendente, porque demuestra que por muchos obstáculos que te ponga la vida los puedes superar si quieres, que le he pedido que nos la cuente a todos. Aquí os dejo con Edson Estrada:

   “Hola. Mi nombre es Edson Estrada, vivo en la ciudad imperial del Cusco (Perú).
   Yo empecé a escribir a los 12 años, unos cuantos cuentos; y lo dejé por un tiempo..., no sé por qué.
   Pero hace 2 años (cuando tenía 16) otra vez comencé a escribir. Leí el cuento que había escrito a los 12, y me di cuenta de que era sencillo, pero muy especial, porque era el fruto de mi mente y de mi trabajo.
   Desde los 9 años me gusta la lectura. Cuando te sumerges en un libro, olvidas por un momento todos tus problemas y conflictos, dejas a un lado lo que te preocupa, y solo te importa seguir leyendo ese libro que tanto te gusta, conociéndote con los personajes. Un libro abierto es la mejor compañía; te olvidas de todo el mundo, y te concentras en cada palabra de la historia contada, y por un instante te sientes parte de esa historia.
Edson Estrada escribiendo con pauta y punzón
Edson Estrada escribiendo con pauta y punzón
   Os cuento que yo perdí la vista a los 6 años, de manera total. Pero fue durante unos meses nada más; fui recuperándola poco a poco, y ahora, tengo un poco de visión con el ojo derecho; pero eso no sirve de impedimento para seguir avanzando; mediante un programa lector de pantalla (Jaws, de la Freedom Scientific) que traduce a voz el texto de la pantalla; así leo los libros, y también navego en internet.
   Yo empecé a leer, gracias a mi madre, quien (por mi ceguera parcial) me leía algunos libros. Los primeros fueron los de autoayuda, como los de Carlos Cuauhtémoc Sánchez; pero luego, a los 12 años, me fueron interesando aquellos libros de fantasía y ciencia ficción.
   Como estaban de moda los de J.K. Rowling, me leyeron los siete libros; y poco a poco, comencé a adentrarme en ese fantástico mundo de la ficción y la fantasía.
   Gracias a tantos libros, mi imaginación volaba, y la aproveché para empezar a escribir una novela, de fantasía.
   Ahora siempre llevo una libreta en donde anoto todas las ideas que tengo. Siempre llevo una pauta y un punzón (con los que se escribe el sistema braille, para leer con los dedos) y anoto todo lo que se me ocurre, para luego pasarlo al ordenador.
   Porque la constancia es lo que vale, y mucho.
   Gracias a todos; en primer lugar, gracias a los escritores profesionales que escriben cada día, y cuyos frutos podemos leer en cualquier momento. Gracias a los que leen, porque sin ellos, los escritos no serían nada. Y Gracias a toda la humanidad, que en algún momento inventó una serie de códigos (el lenguaje), y que los graficó, para que queden grabados para la posteridad”.

ESCRIBIR ES REESCRIBIR
Aunque aquí hablo de novelas, lo que explico se aplica perfectamente a cuentos y novelas cortas.
   Para llegar al final de una primera versión es fundamental que lo que escribas te guste, sin pararte a pensar si le gustará a alguién o no. Y tu crítico interno, ése incordión que dice que no sabes escribir o que tus frases son poco poéticas o que no tienes imaginación, esté callado. Para eso, yo doy tres consejos:
   El primero es que domines la estructura narrativa, para que sepas cómo ir subiendo la intensidad y qué elementos te faltan para contar la historia, y que para desarrollar la trama utilices el patrón de causa-efecto y que tengas en cuenta que los personajes y la trama están interrelacionados.
   Hablo de todo eso en los artículos del 21 al 26. Lo que aparece ahí te tiene que salir solo. Vuelve a leer esos artículos, mira cómo lo que cuento allí se cumple en toda la ficción que leas y veas, y ponlo en práctica.
   El segundo es que escribas en escenas. Vuelve a leer el artículo 32, y piensa que una novela es como el tablero de un juego de mesa y cada escena es una casilla por la que tienes que pasar para llegar al final. De este modo, sabrás qué tienes que escribir en cada momento.
   Y el tercero es que siempre sigas adelante. Incluso si ves que la novela toma una dirección inesperada y ya el principio no te vale, no te detengas a reescribir el comienzo. Haz una nota, y sigue escribiendo hasta alcanzar el final. Y entonces reescribes. Así te aseguras de llegar al final.
   Lógicamente, con el tiempo encontrarás tu forma de trabajo idónea, e igual eres de los que pueden reescribir grandes partes de la novela sin llegar al final. Pero cuando estás empezando, yo recomiendo este sistema, porque de lo contrario puede que nunca acabes.
   Y ahora una cosa importantísima que muchos escritores principiantes olvidan (o lo olvidan o es que ya se aburren con esa historia y tienen mucha prisa por escribir otra): escribir es reescribir, cuando acabas una primera versión, hay que reescribirla.
   Y entonces es cuando te pones a pensar en el lector.
   He seleccionado dos citas muy buenas que hablan de esto. La primera es de Anne Tyler:

Portada de Wired for Story, de Lisa Cron   “He aprendido que es mejor que no piense en los lectores mientras escribo. Simplemente intento sumergirme en el mundo que estoy describiendo. Pero al final, por supuesto, tengo que pensar en los lectores. Leo mi versión final fingiendo que soy otra, simplemente para asegurarme de que lo que he escrito tiene sentido desde fuera”.

   Y la segunda es de la analista de guiones y novelas Lisa Cron en “Wired for Story”:

   “Pero ante todo, ¿no tenemos que escribir para nosotros mismos, contar nuestra verdad? Quizás. Pero pregúntate, cuando lees una novela, ¿realmente alguna vez quieres saber la verdad del escritor? ¿Alguna vez piensas en ella? La verdad que buscamos es algo con lo que nos podemos identificar nosotros. Los escritores que se centran en “su verdad” suelen olvidar que para los lectores, escribir es comunicación, no auto-expresión”.

   Por lo tanto, en la primera versión escribe para ti, dando rienda suelta a tu imaginación, pero siguiendo las pautas de arriba (no es que escribas lo primero que te venga a la cabeza, no); y en la revisión y posterior reescritura piensa cómo puedes mejorar eso que has escrito para que le llegue al lector.
   Y algo fundamental es que el resultado debe sonar natural y relajado. Con esto quiero decir que debe parecer que al escritor le salió sola, que se puso a escribir y sin apenas esfuerzo contó esa historia, aunque en realidad se haya esforzado mucho para escribirla. Y eso sólo se consigue contando tus historias con tu propia voz.

LA REVISIÓN
Un concepto erróneo que tienen muchos escritores principiantes es que lo primero que se corrige es el estilo: pongo una coma aquí, corrijo esta errata, suprimo esta frase, cambio este adverbio por este otro…
   Pues bien, eso es lo último que se hace.
   Lo repito: el estilo es lo último que se corrige. La razón es muy sencilla: tal vez has estado sudando la gota gorda para que la prosa de una escena brille, y después resulta que esa escena sobra.
   Sabiendo eso, veamos un sistema para reescribir novelas.
       
   1- Te felicitas por haber llegado al final. Es un gran logro. Entonces dejas que pase un tiempo hasta que te pongas a revisarla. Si puedes esperar un mes, mejor que dos semanas; yo creo que dos semanas es lo mínimo para distanciarte del texto. Y claro, mientras esperas te pones con otro proyecto. No dejes de escribir.
   Llega la hora de leer tu novela por primera vez. Imprímela. Sí, incluso si piensas que sólo vas a publicar la edición digital (algo que yo encarecidamente NO recomiendo), imprémela. No seas rata y no escatimes en papel y tinta. Si no tienes impresora, vete a una copistería. Hazte con una copia en papel porque vas a ver mejor los errores y vas a poder anotar cosas.
     
   2- Te sientas tranquilamente en tu sillón favorito, sin ningún boli o lápiz a mano, y te pones a leerla como si fuera una novela que te acabaras de comprar en una librería. Simplemente es una primera toma de contacto, y por primera vez estás leyendo tu obra con los ojos de un lector.
   ¿Cuál es el resultado probable? Pues llanto y crujir de dientes, porque como decía Hemingway “La primera versión de cualquier cosa es mierda”.      
Ernest Hemingway
Ernest Hemingway
  
   3- Llora y cruje dientes durantes dos o tres días y vuelve a la novela, ahora con un boli en la mano y con ojos de editor de historia. Lo que tienes que buscar es qué partes funcionan bien, qué partes funcionan mal, qué te falta, qué te sobra, qué temas tiene, y cuál es tu voz auténtica.
   Para ello, vuelve a leer tranquilamente la novela. Tranquilamente. Y vas apuntando en los márgenes, a grandes rasgos qué partes te gustan y cuáles no, tanto por historia como por cómo te han quedado las escenas. Pero eso, a grandes rasgos. Aquí juega mucho la intuición.
      
   4- Cuando acabes, te pones a pensar en los temas de la novela. Puedes refrescar la memoria sobre qué son los temas leyendo los artículos 2728. ¿Qué significan las acciones de los personajes? ¿Qué estás contando realmente? ¿De qué va realmente tu novela? ¿Por qué has escrito esa historia y no otra? ¿Encuentras patrones de significado en el subtexto?
   Pondré un ejemplo personal. “Nobleza baturra” es el último cuento de “Vivir soñando”, y trata sobre dos ancianas que recuerdan su amistad desde la infancia. Cuando lo estaba acabando me di cuenta de que iba realmente sobre el valor de la amistad, ése era su tema principal, pero que tenía un tema secundario casi tan fuerte como el primero: de vez en cuando hay que saltarse la autoridad, o lo que está considerado normal, para hacer lo correcto.
   Esos temas me permitieron reestructura todo el cuento: escenas que ponían en cuestión la amistad de las protagonistas ya no tenían cabida, y tuve que reescribir unas cuantas para que reforzaran el tema de la amistad; y el tema de la autoridad me dio la estructura del cuento, que trata de cómo una de las protagonistas se atreve a hacer algo que nunca se había atravido a hacer, y encima lo hace por amistad. Conocer los temas también me ayudó a eliminar escenas que no hablaban de ellos, y a crear otras nuevas que los reforzaban.
   Escribe cuál es el tema principal de tu novela y los temas secundarios.

   5- Y ahora, pensando en la estructura y sin mirar la novela, saca una escaleta de lo que crees que es la nueva versión. Yo recomiendo que te hagas con tarjetas de cartulina, porque las puedes mover sin problemas. En cada tarjeta escribe una escena, añade nuevas escenas que crees que hacen falta para contar la historia, y colócalas en el orden que crees que es el correcto. Numéralas, para poder volver al primer orden, y entonces te pones a jugar con variaciones: adelanto esta escena, retraso esta otra… siempre pensando en cómo vas a mantener mejor la atención del lector.

   Lo dejamos aquí. En el siguiente artículo veremos la reescritura.
 
Recomendaciones:
   -How to Revise Your Novel”, de Holly Lisle. Es un cursillo de 22 lecciones en las que Lisle te muestra un sistema, paso a paso, para corregir novelas, donde además te enseña a vender novelas a editoriales. Lo mejor es que al final acabas encontrando tu propio sistema. Éste es el CURSILLO con mayúsculas para aprender a revisar y rescribir tus obras. Gracias a él acabé mi primera novela y puede corregir rápidamente los cuentos de “Vivir soñando”. ¿Sabéis el dicho ése de dar pescado o enseñar a pescar? Pues Holly Lisle es única enseñando a pescar.

   -“Revision and Self-Editing for Publication”, de James Scott Bell. El libro tiene un título un poco engañoso, porque realmente es un resumen de los elementos narrativos, y sólo las últimas 60 páginas se centran en la revisión. Ahí da nociones generales, que son muy útiles, pero no te da ningún sistema. El libro es práctico para refrescar la memoria sobre lo que tienes que tener en cuenta a la hora de corregir una obra.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
   Fotografía de Ernest Hemigway: Lloyd Arnold (dominio público).
   
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Anterior artículo: 42- La voz y el estilo

sábado, 18 de febrero de 2017

Fahrenheit 451 [10]

Portada original de Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
Archivo: publicada originariamente el 12 de julio de 2013
NOVELA
Fahrenheit 451
(EE.UU., 1953, 179 páginas)
Ray Bradbury

Cuenta Ray Bradbury en "Zen en el arte de escribir" que tardó nueve días en escribir la primera versión de "Fahrenheit 451" y que le costó nueve dólares y ochenta centavos. El motivo era que en el garaje de su casa, donde tenía la máquina de escribir, sus hijas pequeñas no hacían más que interrumpirle para que se pusiera a jugar con ellas, algo que siempre acababa haciendo, poniendo en peligro la economía familiar. Bradbury descubrió que alquilaban máquinas de escribir en la biblioteca de la Universidad de California a diez centavos la media hora, y no le quedó más remedio que escribir a toda pastilla para no gastarse mucho dinero. (Un aparte: por favor, si eres un aspirante a escritor y no haces más que quejarte de no tener tiempo, vuelve a leer este párrafo.)
   Con esta versión de 25.000 palabras Bradbury creó la novela corta "The Fireman", que se publicó en 1951 en la revista "Galaxy Science Fiction". Más tarde Bradbury expandió la obra hasta las 50.000 palabras actuales, la llamó "Fahrenheit 451", y se publicó por primera vez en 1953. En la actualidad, y con justifica, está considerada una de las obras de ciencia ficción más importantes del siglo XX.
   Es un placer quemar. En un futuro próximo, los bomberos no se dedican a apagar incendios, sino a provocarlos, y lo que queman son libros, ya que están prohibidos. Guy Montag es uno de ellos, y cada vez que quema libros, siente un placer tremendo. Pero una serie de acontecimientos provoca que se plantee su vida y la sociedad en la que vive. El primero es un encuentro con Clarisse McClellan, una chica de diecisiete años que le enseña a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y le habla de cómo era la vida no hace mucho; el segundo es una confusión que tiene su mujer Mildred con pastillas de dormir, quien casi muere una noche por tomarse demasiadas sin darse cuenta; y el tercero es una redada a una casa con libros que acaba horriblemente mal. Las ansias de conocimiento de Montag, de saber por qué los libros son tan peligrosos, se despierta, poniendo en peligro la vida feliz y segura que le proporciona la sociedad.
   Recuerdo que cuando comencé a leer a Bradbury, yo tenía diecinueve y fue "Las doradas manzanas del Sol", no acaba de gustarme del todo. No sé qué hizo que siguiera leyéndolo a lo largo de los años, pero me alegro, porque ahora mismo es uno de mis escritores favoritos. No es que cambien los libros, es que cambiamos nosotros.
   Me leí "Fahrenheit 451" hará unos doce años, y se me había olvidado por completo. Al releerla ahora (ésta es una novela que hay que leerse en papel, nada de libro digital), me ha parecido una de las novelas más emocionantes que he leído jamás, y es que coincido muchísimo con lo temas que trata Bradbury y qué opina de ellos.
   Por una parte, me toca muchísimo el cambio de Montag, quien llevaba una vida completamente rutinaria, sin plantearse por qué hacía las cosas y olvidando su pasado (es muy significativo que no recuerde cómo conoció a su mujer); a tener ganas de saber, lo que provoca que descubra lo horrorosa que es esa sociedad. Y se siente que tan vivo que va a arriesgar todo por provocar un cambio (para mí es especialmente emocionante cuando se pone a leer libros a las amigas de su mujer).
   Me encanta la relación con Clarisse McClellan, que muestra al Bradbury más juguetón. Claro que de vez en cuando tienes que probar la lluvia o frotarte un diente de león en la barbilla para saber si estás enamorado.
   Y me encanta que esa sociedad, que en ciertos aspectos es inquietantemente similar a la nuestra, fuera la que impuso la censura de los libros. La gente no quiere pensar ni ampliar la mente, o simplemente leer ideas contrarias a las suyas, así que toma entretenimientos inocuo las 24 horas del día. Y toma el dominio de lo políticamente correcto, para no ofender a nadie. La masa le puso en bandeja al Gobierno que los trataran como borregos. Incluso un asesinato en directo es un espectáculo, y ya nadie sabe qué significa una guerra. La masa parecen zombis obsesionados con la televisión.
   Y me gusta mucho la estructura: Montag despierta gracias a Clarisse, al incidente con las pastillas de Mildred, y al incidente con la dueña de los libros, y ya no hay marcha atrás. Aun sabiendo que es peligroso, y que su jefe posiblemente sospeche, Montag sigue adelante, metiéndose más y más en la boca del lobo, y buscando ayuda en gente que le puede meter en problemas. Bradbury escribe una persecución muy imaginativa (Montag puede seguir su propia caza en las televisiones de las familias), y acaba con una nota llena de esperanza.
   Maravillosa, maravillosa novela.

sábado, 11 de febrero de 2017

Soy leyenda [8]

Archivo: publicada orginariamente el 1 de diciembre de 2011.
Portada original de Soy leyenda, de Richard MathesonNOVELA
I Am Legend
(EE.UU., 1954, 160 páginas)
Richard Matheson

Richard Matheson es un autor muy prolífico que ha escrito en un montón de géneros populares (misterio, terror, ciencia ficción, fantasía y western) y muchos guiones (trabajó para las series “The Twilight Zone” y “Star Trek” entre otras; escribió las adaptaciones de Edgar Allan Poe que hizo Roger Corman en los 60; y adaptó su propio cuento “Duel”, para el debut de Steven Spielberg: “El diablo sobre ruedas”); que ha logrado el reconocimiento de sus compañeros de profesión. Stephen King ha admitido que Matheson es el autor que más le ha inspirado como escritor; Dean Koontz dice que todos somos más ricos al tenerlo entre nosotros; Ray Bradbury lo considera uno de los mejores escritores del siglo XX; y Dan Simmons reconoce que adora la tierra que pisa.
   “Soy leyenda”, publicada en 1954, fue su primera novela, y en ella mezcló la ciencia ficción con el terror. La obra ha sido adaptada tres veces a la pantalla (en 1964 con Vincent Price, en 1971 con Charlton Heston, y en 2007 con Will Smith), y además de ser posiblemente la novela de vampiros más importante del siglo pasado (Koontz la considera la más inteligente y fascinante desde “Drácula”), ha influido muchísimo en las novelas y películas de zombis posteriores.
   En 1975 una plaga asola la Tierra y convierte a toda la humanidad, excepto a Robert Neville, en vampiros. Robert pasa los días matando vampiros, luchando contra una soledad que lo corroe, e investigando los orígenes de la enfermad; mientras que por las noches se resguarda en su casa, protegido con crucifijos y ajos, del ataque de los monstruos sedientos de sangre. Lo que no sabe Neville es cuánto tiempo podrá sobrevivir así y cuánto tiempo pasará antes de que pierda su humanidad.
   El principio de “Soy leyenda”, hasta que no sabes qué está pasando, es un poco confuso y aburrido porque te muestra una rutina extraña, pero a la que no le puedes dar un significado. Luego mejora mucho. El resto se divide en tres partes que se van entrelazando: flashbacks que muestran cómo era la vida de Neville durante los primeros meses de la plaga; la evolución personal de Neville –aquí también entra su soledad-; y lo que descubre Neville de los vampiros leyendo libros científicos y haciendo experimentos. Las dos primeras partes son magníficas; la otra es muy imaginativa (explica de forma racional el miedo a los crucifijos o por qué los vampiros no soportan la luz del día), pero es demasiado confusa.
   El problema que le veo a la parte de la investigación es que no queda nada claro cómo evoluciona la enfermedad, y cuesta mucho diferenciar entre los vampiros muertos y los vampiros vivos. Lógicamente, Matheson no podía explicar abiertamente cómo era cada variedad, pero sí debería dar pistas de que no eran iguales (debería ser más obvio que los muertos son descerebrados, como zombis –pero Ben Cortman es capaz de hablar-, y más tarde que sólo los vampiros vivos que estaban locos visitaban su casa. Esto último está, pero está demasiado escondido).
   Los flashbacks funcionan de maravilla con la historia actual, y muchas veces Matheson se guarda grandes golpes efecto (como quién es Cortman, o qué es un misterioso agujero en constantes llamas). La historia de la muerte de Virginia, la mujer de Neville, es genial por cómo está presentada y por el giro final que tiene (yo diría que “Cementerio de animales”, de Stephen King, tiene una versión retorcida de este giro).
   Los flashbacks también sirven para profundizar en los sentimientos y el comportamiento de Neville, que echa terriblemente de menos a su familia (la parte en la que intenta adueñarse de un perro es demoledora por lo bien que transmite lo solo que se siente y por como acaba) y que mata vampiros por supervivencia y para intentar encontrar una cura para la enfermedad.
   El cambio de Neville al final de la novela está muy bien realizado (parece la evolución natural, sin que en ningún momento te pares a plantearte qué significa), y eso le permite a Matheson acabar con una última escena, en la que reflexiona sobre qué es lo normal, que es absolutamente impresionante.

domingo, 5 de febrero de 2017

VIDA DE ESCRITOR: LA ASERTIVIDAD (I)

Libro en paisajeYa tengo fecha de publicación para “Érase una vez…”: septiembre de 2017. Es una fecha realista, para que me dé tiempo a revisarlo y reescribirlo, y siendo el tipo de libro que es, para quienes quieren escribir ficción, es un mes muy bueno; en septiembre publiqué “Atrévete a ser escritor” y le fue muy bien.
Otros tan buenos como ese son enero y octubre; pero terribles son los meses estivales (pensándolo fríamente, deberían ser buenos, porque la gente tiene más tiempo libre, más tiempo para leer y escribir, pero claro, la gente no funciona así), así que aunque lo acabe antes, esperaré hasta septiembre. Y si me retraso, esperaré a octubre o enero.
            Voy un tercio y casi he acabado el bloque sobre el talento (que cuenta bastante poco para escribir ficción, si es que cuenta algo). Ahora estoy documentándome para el de la motivación, y me he percatado de que además de hablar sobre cómo motivarse para ponerse todos los días a teclear, tengo que explicar cómo perseverar ante los reveses y las desilusiones que tarde o temprano llegarán, cómo seguir adelante cuando tu esfuerzo no da los frutos que esperabas, cómo no tirar la toalla cuando ves que pasan los años y no consigues nada.
            Y hasta aquí os puedo contar. 

LA ASERTIVIDAD
Al principio de mis cursos, suelo tener alumnos a los que les cuesta dar su opinión. Yo siempre intento que se sientan a gusto en clase, y les digo que no tienen que tener miedo de decir lo que piensan, siempre que respeten las opiniones del resto, y al resto.
            No quiero que mis clases se vuelvan una batalla campal, para ver quién tiene la razón, o quién es más verdulero o tergiversador, para eso existen sus hábitats naturales: el patio del colegio, los platós de televisión, y el Congreso de los Diputados. Pero sí quiero escuchar la opinión de todos.
Ser asertivo no es que tengas la razón, es que tienes una opinión y no tienes miedo a darla. Tu opinión puede cambiar, pero tienes que expresarla. No debes temer decir “Sí” ni decir “No”, y no tienes por qué justificar por qué haces las cosas o tus gustos. Si quieres ser escritor es fundamental serlo. Primero, porque necesitas crearte tiempo para escribir diariamente, y tienes que saber hacer respetar tus límites y tu tiempo; y segundo, porque con tu ficción constantemente vas a estar mostrando tu visión del mundo, y para eso primero tienes que identificarla, y luego tienes que expresarla sin miedo.
Portada de La asertividad, de Olga Castanyer            Durante gran parte de mi vida tuve problemas con mi asertividad, porque no sabía que tenía derecho a tener mis propias opiniones y gustos, aunque no fueran los de la mayoría, ni los que se esperaban de mí, o los de mis padres. Tenía pánico a las discusiones y enfrentamientos (o bien era muy borde, para no dejar espacio a más, o bien no me atrevía a decir nada), no sabía defender mis derechos, no me atrevía a preguntar ni a poner límites a mi tiempo, y siempre intentaba caer simpático (eso está bien, pero no sabía reaccionar cuando alguien me trataba mal). Me aterrorizaba el qué dirán y tenía pánico al rechazo.
            Lo bueno de la asertividad es que se puede educar. Primero tienes que saber qué es ser asertivo, y luego tienes que practicar y practicar hasta que te salga solo. A mí me ayudaron mucho los libros “Cuando digo no, me siento culpable” (“When I Say No, I Feel Guilty”), de Manuel J. Smith, “Con todo tu derecho” (“Your Perfect Right”), de Robert Alberti y Michael Emmons, “The Assertiveness Workbook”, de Randy J. Paterson, y “La asertividad: expresión de una sana autoestima”, de Olga Castanyer.
            Soy un gran fan de la hipnosis terapéutica (me gusta tanto que me he sacado un título; algún día escribiré algún artículo sobre ella), y para ser asertivo me ayudó también el pack de sesiones de Hypnosis Downloads. Gracias a ellas, logré poner en práctica lo aprendido, ya que me redujeron mucho la angustia que me provocaban esas situaciones en la vida real.
            Ahora soy educado e intento caer bien, pero desde luego no intento ser amigo de todo el mundo, ni me mortifico cuando no caigo bien a alguien. Sé dar mi opinión y decir no, y tengo claros mis gustos.
            En cuanto a lo de cumplir las expectativas de otros, o el miedo al qué dirán, pobre de aquel que vive pensando en cumplir las expectativas que otros se han formado de él. Cada vez que cuento que he hecho tal cosa y alguien me dice que no me pega, automáticamente pienso, ¿tú qué sabes lo que me pega o deja de pegar? Algo parecido me pasa cuando me dicen que tal cosa me va a encantar, ¿tú qué sabes si me va a gustar o no? 

CAUSAS
Los problemas de asertividad suelen venir por modelos tóxicos. Un gran culpable son los medios de comunicación, con tertulias, y no solo las del corazón, en las que supuestos adultos se comportan como parvularios, y con columnistas que tratan como idiotas a los que no piensan como ellos. Abundan los “deberías” y el sarcasmo. Es pensar en blanco y negro: solo yo puedo tener razón, y si yo tengo razón, tú estás equivocado. Un modelo de nuevo cuño serían las redes sociales, que funcionan igual que los medios de comunicación. Intenta mantener una conversación adulta allí y verás.
Otro es el mundo de la política, también con adultos infantilizados que no hacen más que retorcer lo que dicen para aparentar tener la razón y dejar mal al rival: lo que digo yo está bien (aunque igual hace una semana decía lo contrario), y lo que dices tú está mal. 
Lo más triste del mundo de la política (me refiero a democracias) es que por honrado que quiera ser un político, no lo puede ser por completo: no puede reconocer dudas o errores, o hablar de medidas impopulares que piensa que a la larga van a traer beneficios, o de acuerdos en los que ha tenido que ceder algo para conseguir algo. No puede porque la prensa de signo político contrario y sus rivales le macharían, y la gente no le votaría, así que no le queda más remedio que maquillar lo que hace y dice. 
Tengo la impresión de que todo esto se reduce a que muchos esperan que los políticos solucionen sus problemas y asumen que son infalibles y muy rápidos, una especie de semidioses, y si muestran debilidades, ya solo son humanos y no valen para el cargo.
Niña en aulaUn tercer culpable son profesores poco flexibles, que en vez de dejar que los alumnos se formen su propio criterio, fuerzan a que piensen como ellos, como si estuvieran en posesión de la verdad, aunque lleguen a contradecirse: estás equivocado si no piensas como yo, y como yo soy quien puntúa, más te vale que hagas lo que te digo.
Eso a mí no me parece educar, eso me parece crear gente sumisa.
No digo que a la hora de educar todo valga, porque así solo creas adultos caprichosos que se creen con derecho a todo sin cumplir ningún deber para que funcione una sociedad, pero sí ser flexible para que los alumnos cometan errores y sean capaces de enmendarlos por sí mismos, mientras se va desarrollando su propia personalidad y aprenden a respetar al resto; es decir, se están preparando para ser únicos viviendo en sociedad.
Mi opinión es que en los centros educativos hace falta mucha más inteligencia emocional y muchos menos datos a memorizar.
Y el cuarto culpable son padres demasiado controladores, que se creen que sus hijos deben pensar exactamente igual que ellos, y tener sus mismos gustos, y critican opiniones y comportamientos que no concuerdan con su idea de la vida; o padres que tienen la necesidad de mostrarse superiores intelectualmente a sus hijos, y hacen lo mismo que los políticos, pero con sus niños: retuercen y retuercen las conversaciones hasta que se salen con la suya. En ambos casos lo único que consiguen es machacar la autoestima de su hijo.
Seguimos en el siguiente artículo.

La fotografía y la ilustración son de dominio público, y no hace falta atribuirlas. El libro (Mysticartdesing); la niña en la escuela (KokomoCole).

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sábado, 28 de enero de 2017

La llamada de lo salvaje [7]

Portada de La llamada de lo salvaje, de Jack LondonNOVELA CORTA
The Call of the Wild
(EE.UU., 1903, 140 páginas)
Jack London 

En 1897 Jack London fue a ganarse la vida al noroeste de Canadá, atravesando Alaska, para aprovechar la fiebre del oro de Klondike. Durante el año que pasó allí no se hizo rico, pero logró material para una de sus obras más famosas, “La llamada de lo salvaje”. Publicada en 1903, primero en cuatro entregas en la revista “The Saturday Evening Post” y un mes después en forma de libro, fue un éxito inmediato que consolidó la carrera de London. En 2015 el escritor británico Robert McCrum eligió las mejores novelas escritas en inglés de la historia, y “La llamada de lo salvaje” logró el puesto 35.
            Buck es un perro mezcla de san bernardo y collie que lleva una vida holgazana en la hacienda del juez Miller, en la soleada California. Como no lee los periódicos, no sabe nada de la fiebre del oro, y también desconoce que Manuel, uno de los ayudantes del jardinero, tiene muchas deudas por el juego. Así que un día que Manuel lo ata, se va con él, hasta que descubre que el hombre lo ha vendido para tirar de trineos en Canadá. En esa inhóspita tierra, Buck aprenderá a sobrevivir en las peores condiciones.
            “La llamada de lo salvaje”, que está contada de forma realista (aunque el protagonista es un perro, no tiene el tratamiento Disney), va mejorando a medida que te adentras en la historia. La primera parte, desde que Buck es “secuestrado” y vendido, hasta que llega a Canadá, donde demuestra que es un grandísimo perro, el mejor de su manada, es la más fría y menos interesante. Aquí vemos cómo Buck va aprendiendo lo necesario para su nuevo hábitat, en escenas generalmente duras y muy breves.
A mí apenas me daba tiempo por sentir algo por el perro, y cada vez que hablaban sus primeros dueños, canadienses francófonos, me costaba una barbaridad entender qué decían (me lo leí en inglés, y esos diálogos no son nada fáciles de descifrar: “T’ree vair’ good dogs”, François told Perrault. “Dat Buck, heem pool lake hell. I tick heem queek as anyt’ing”. Todavía me estoy rascando la cabeza). Lo que más me gustó, porque sí tenía emoción, fueron la muerte de Curvy, un perro simpático que llegó al mismo tiempo que Buck, y más tarde, cuando Buck se ha hecho muy fuerte, el enfrentamiento entre él y Splitz, el perro malo de la manada.
Con sus siguientes dueños, Buck comienza a sentir la llamada de lo salvaje, teniendo visiones de un pasado primitivo, despertando en él, poco a poco, sus instintos de cazador. Aquí hay unos momentos que me gustan mucho, en los que Dave, un perro enfermo, no quiere dejar su puesto. Luego viene la parte más divertida, aunque Buck sufre mucho, cuando pasa a pertenecer a dos hombres y una mujer que no saben nada de perros o de viajar por Canadá, y no hacen más que tomar malas decisiones.
            La última parte, que es la mejor, Buck conoce al dueño que más querrá, John Thornton. London se detiene más a preparar y desarrollar los momentos, ya sientes cariño por el perro, y el autor logra mucha emoción. A medida que Buck reconoce con más y más fuerza la llamada, más se encariña de su dueño, y aquí aparecen grandes escenas, generalmente de acción, como un emocionante rescate en el río, una tensa apuesta, una persecución muy original de un alce, y un ataque de indios.

sábado, 21 de enero de 2017

Matar a un ruiseñor [8]

Poster de Matar a un ruiseñorTo Kill a Mockingbird
(EE.UU., 1962, 129 min)
Dirección:
Robert Mulligan
Guión:
Horton Foote
Intérpretes:
Gregory Peck
Mary Badham 
Phillip Alford
John Megna
James Anderson
Collin Wilcox
Ruth White
Paul Fix
Brock Peters
Frank Overton
Robert Duvall
IMDb
 
“Matar a un ruiseñor”, basada en la maravillosa novela de Harper Lee, es la película más famosa de Robert Mulligan. Realizada dos años después que el libro, fue un gran éxito de crítica y de público, estuvo nominada a 8 Oscars, incluidos Mejor Película y Director, y ganó 3: Actor, Guión Adaptado, y Decorados en Blanco y Negro. Fue el año que “Lawrence de Arabia”, de David Lean, arrasó con justicia (y en mi humilde opinión, a pesar del grandísimo trabajo de Gregory Peck aquí, también se merecía el de Mejor Actor, para Peter O’Toole).
Mary Badham y Gregory Peck en Matar a un ruiseñor
Mary Badham y Gregory Peck
            En la década de 1930, en un pueblo de Alabama, viven los niños Scout (Mary Badham) y Jem (Phillip Alford) con su padre Atticus Finch (Gregory Peck), quien les quiere inculcar las nociones de integridad y justicia. Atticus, que es abogado, acepta un difícil caso en el que tiene que defender a un negro acusado de violar a una blanca, creándose la enemistad de gran parte del pueblo. Mientras Scout y Jem crecen, el caso de Atticus provocará que sufran por racismo e intransigencia.
            “Matar a un ruiseñor” es una gran película, pero si sus dos tramas estuvieran mejor integradas, sería aún mejor (es algo que también le pasa a la novela).
Por una parte, y se lleva lo principal de la primera mitad, tenemos la presentación del pueblo y la historia de los niños en escenas sumamente encantadoras: se hacen amigos del sobrino de la vecina; espían a Boo, un vecino al que nadie ve desde hace años y del que corren muchos rumores; Scout va al colegio por primera vez; descubren misteriosos objetos en el nudo de un árbol… Suelen ser momentos tiernos y divertidos, y muy evocadores, ayudados por una banda sonora preciosa de Elmer Bernstein, que transmiten perfectamente qué era ser niño, y son los que al recordar esta película te hacen decir, “¡Qué bonita era ‘Matar a un ruiseñor’!”.
Y por otra está la historia del juicio, que se lleva lo principal de la segunda parte, y donde desaparecen casi por completo los niños. Aquí es donde Peck se luce, y en esta parte también hay grandes momentos: la larguísima secuencia del juicio, con actuaciones sobresalientes de todos, donde vas vislumbrando, cada vez más interesado, lo que pasó realmente en la supuesta violación; el momento en el que los asistentes negros se levantan porque Atticus Finch va a salir; cómo recibe Atticus una muy mala noticia de su cliente, y cómo él la tiene que transmitir a otras personas.
Son dos grandes historias que no acaban de estar bien integradas del todo, y supongo que no las mezclaron para ser fieles a la novela y por miedo a perder emoción. Pero me parece que la película hubiera ganado si la presentación del caso que tiene que defender Atticus fuera mucho antes, y al tiempo que veías las aventuras de los niños y su extraña relación con Boo (un personaje al que olvidas en la película), sentían la presión del racismo. El bloque del juicio seguiría igual, porque es muy emocionante, pero antes de llegar al final, estaría bien alguna referencia a Boo. Y del final, yo cambiaría cómo aparece Boo, porque me sorprende la reacción de todos cuando descubren dónde estaba escondido, como si fuera lo más normal del mundo.
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