¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

sábado, 22 de julio de 2017

El imperio eres tú

Portada de El imperio eres tú, de Javier MoroNOVELA
El imperio eres tú
(España, 2011, 554 páginas)
Javier Moro

Antes de ponerse a escribir libros de no ficción y novelas históricas exhaustivamente documentados, Javier Moro colaboraba en medios de comunicación, escribía guiones y ayudaba en la investigación de los libros de su tío carnal Dominique Lapierre y Larry Collins. En 2011, por su séptimo libro, “El imperio eres tú”, una apasionante novela histórica de cuando Brasil se independizó de Portugal, ganó el Premio Planeta.
            A principios del XIX, al joven Pedro de Braganza y Borbón, príncipe heredero de los reyes lusos Juan y Carlota Joaquina, le toca vivir unos tiempos convulsos. A su muy activa vida sexual y vehementes amores, que en más de una ocasión le acarrearán problemas, se añaden la inestabilidad en el reino de Portugal y las ansias de Brasil por ser un imperio independiente, la enemistad con su hermano Miguel, quien quiere adueñarse de Portugal ayudado por su manipuladora madre, su carácter contradictorio e impulsivo, y sus deseos de darle una constitución liberal a Brasil, pero sin él perder poder.
Es impresionante el trabajo de documentación que llevó a cabo Javier Moro en esta novela. Cuando comencé a leerla, me daba la sensación de que era más a un estudio, muy interesante, sobre la independencia de Brasil que una novela histórica. La mayoría no estaba mostrado en escenas, sino narrado, y lo que hacía que visualizaras y sintieras eso que leías eran los detalles concretos rescatados de la historia real. Moro te daba más y más y más datos verídicos sobre la época, para que te introdujeras en ese tiempo, y lo único que indicaba que leías un trabajo de ficción eran los pensamientos de los personajes y las escenas recreadas o inventadas que aparecían de vez en cuando.
Pero a medida que avanzaba en la lectura, más me adentraba en una historia que desconocía, y más fui reconociendo la mano de un gran novelista. A pesar de los muchísimos detalles y personajes, a estos últimos los tenías identificados sin problemas, y estaban tan bien caracterizados que conocías sus personalidades y motivaciones; además, Moro presentaba a otros nuevos, o rescataba a los ya conocidos, en el momento preciso, sin que interrumpieran el flujo de la narración. Al mismo tiempo, fui identificando líneas narrativas que conducían el conjunto, y que lo volvían apasionante. De repente, me di cuenta de que estaba enganchadísimo a esta novela. No solo el trabajo de documentación era magnífico, sino también el de estructuración.
Por las páginas vibraban la sucesión del trono, los tejemanejes de Pedro por mantener Brasil unido, sus intentos para abolir la esclavitud, las historias de sus cuatro grandes amores (especialmente emocionantes eran la de la fogosa Domitila, quien fue abriéndose camino, y ganando poder, en la corte, y la de la emperatriz Leopoldina, cuyas enseñanzas católicas le hicieron enfermar; y cómo Pedro decidió tenerlas al mismo tiempo como amante y esposa sin ningún disimulo), las ironías del destino por dar una constitución liberal a Brasil, y la fascinante lucha contra su hermano Miguel, que era un eco de cuando eran niños (Moro abre y cierra la novela con esa rivalidad), por el control del Portugal.
Grandísima, grandísima novela. No la puedo recomendar bastante.

sábado, 15 de julio de 2017

Asesinato en el Orient Express

Portada de Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie
NOVELA
Murder on the Orient Express
(Reino Unido, 1934, 256 páginas)
Agatha Christie

He aquí una de las novelas de misterio más famosas de la literatura. Publicada en 1934, era la octava novela que Agatha Christie escribía del detective belga Hércules Poirot, y con el paso del tiempo se ha vuelto un clásico.  A finales de 2015, los fans votaron su novela favorita de Christie, y “Asesinato en el Orient Express”, quedó la segunda, solo por detrás de “Diez negritos”.
            Gracias a la intervención de su amigo monsieur Bouc, el detective privado Hércules Poirot consigue un pasaje en segunda en el Orient Express para viajar a Londres. Una vez a bordo, un estadounidense, el Sr. Ratchett, que lo ha reconocido, intenta contratarlo para que vigile que nadie le haga daño, ya que teme por su vida, pero Poirot declina la oferta. Durante la segunda noche, Poirot se traslada a un vagón de primera, justo al lado del compartimento del Sr. Ratchett, y a la mañana siguiente, este aparece muerto con un montón de apuñaladas. Poirot tiene un nuevo caso.
            “Asesinato en el Orient Express” es entretenidísima, aunque es imposible resolver el misterio al tiempo que Poirot, ya que Christie oculta demasiadas pistas, y el caso no es ni mínimamente realista. Christie tuvo una idea tremendamente original para el final (la resolución de esta novela, en cuanto la conoces, te deja con la boca abierta y no la olvidas el resto de tu vida), y lo que hizo fue construir una trama plagada de pistas falsas, con algún que otro golpe de efecto, que no buscaba crear una investigación realista, sino jugar constantemente con el lector. Y la jugada le salió muy bien.
            Para mala fortuna del asesino, hay una gran nevada que trastoca sus planes, y lo que es peor, de chiripa un detective infalible acaba en el vagón de primera del Orient Express donde se comete el crimen. Poirot comienza a investigar. Primero descubre, con lo que para mí es el recurso más flojo de toda la novela, la identidad auténtica del muerto. En su compartimento quedan restos de un papel quemado, y Poirot es capaz de entresacar un nombre que le desvela la identidad. ¿Cómo es posible que el asesino fuera tan torpe de deshacerse de ese papel allí, y encima dejarse una cerilla en el cenicero? Pues porque Agatha Christie necesitaba plantar esa pista para que arrancara el caso.
            Poirot habla con el revisor y todos los viajeros de ese vagón. Nada parece encajar, pero hay pistas que llaman mucho la atención. La Sra. Hubbard asegura que el asesino huyó colándose en su compartimento, a lo que hay que añadir una misteriosa dama, que el propio Poirot vio, vestida con un kimono escarlata, un uniforme de revisor al que le falta un botón, y un hombre menudo con voz femenina, que algún testigo atisbó.
            Cómo aparece al kimono, no tiene ningún sentido (¿cómo va a querer jugar con Poirot el asesino, si lo que busca precisamente es pasar desapercibido?), como tampoco lo tiene que en la escena del crimen haya un pañuelo con una H bordada y un limpiapipas. Más adelante, carece de lógica que la dueña del pañuelo vaya a buscarlo (por cierto, Christie resuelve ese misterio con la misma estrategia que utilizó años antes en el cuento “The Double Clue”).
            Entonces Poirot revisa el equipaje de todos los viajeros, y el caso parece imposible de resolver. El detective se pone a meditar, y en su mente empiezan a encajar las piezas, hasta que da con la solución. En la parte final, lo que más me desconcierta es que hay quien reconoce a las primeras de cambio que mintió, y que muchas pistas estaban demasiado escondidas: dónde estaba exactamente la mancha de grasa en un pasaporte; que una de las etiquetas de una maleta estaba húmeda; cómo eran exactamente los pestillos de los compartimentos; o el nombre de cierta tienda londinense.

sábado, 8 de julio de 2017

El fruto del baobab [8]

Portada de El fruto del baobab, de Maite Carranza
Archivo: publicada originariamente el 17 de julio de 2015
NOVELA
El fruto del baobab
(España, 2013, 350 páginas)
Maite Carranza 

Aunque Maite Carranza es uno de los pesos pesados de la literatura infantil y juvenil española, "El fruto del baobab" es una novela para adultos. La autora en los años 80, cuando comenzaban a llegar los primeros inmigrantes gambianos a la provincia de Barcelona, sintió curiosidad por ellos, y en especial por los casos de ablación. Carranza fue coleccionando recortes de prensa, mientras pensaba escribir un guión sobre la integración de los gambianos en Occidente, pero fue posponiendo el proyecto por falta de tiempo para documentarse adecuadamente, hasta que su agente literaria la animó, y Carranza se puso a ello en 2010, con viaje a Gambia incluido. El resultado es esta novela.
   Para dejar atrás su pasado, Lola, una pediatra que treinta y nueve años que acaba de romper con su novio, se ha mudado a Mataró. En su nueva consulta conoce a dos mujeres gambianas: Aminata y su hija adolescente Binta. Al explorar a Binta descubre horrorizada que le hicieron la ablación. A medida que conoce al resto de la familia, Lola sospecha que la hija pequeña, Fatou, corre el riesgo de que le hagan lo mismo que a su hermana, pero ¿puede Lola hacer algo para impedirlo?
   Maite Carranza utiliza a tres personajes que se van intercalando para contar la historia. Por una parte está la española Lola, quien ve que el tiempo se le acaba para ser madre porque está a punto de cumplir cuarenta y su novio la ha dejado. A medida que va recuperándose del golpe, Lola se irá involucrando en las vidas de una familia gambiana para evitar que le hagan la ablación a una niña de seis años.
   Luego está Aminata, una mujer de treinta y pocos años, quien nació y se crió (y sufrió la ablación) en Gambia, y que vino de adulta a Mataró, por lo que mezcla recuerdos de su pasado en África con su nueva vida en Barcelona, un lugar del que, aunque se siente a gusto, no acaba de comprender todas las costumbres.
   Y por último aparece Binta —en la única parte escrita en primera persona—, la hija adolescente de Aminata, quien vivió pocos años en Gambia, pero los suficientes para que le hicieran la ablación, y que se ha integrado por completo en Barcelona. Binta está preocupada porque se ha enamorado por primera vez de un chico, y se angustia al saber que es una mujer cortada, y no sabe si podrá alguna vez disfrutar del sexo.
   (También aparecen unos capítulos dedicados a Rama, la madre de Aminata que fue repudiada por su tribu; y un pequeño capítulo en primera persona de Fatou, la hermana de seis años de Binta que corre el riesgo de que la corten. Pero el grueso de la novela son las tres protagonistas de arriba.)
   Lo que me parece más endeble es el arco narrativo de Lola, porque lo que le pasa al personaje es bastante menos interesante que lo de las mujeres africanas (la relación con su amiga-enemiga, que es la que indica el cambio del personaje, y con su ex tienen muchísima menos fuerza que el resto de la novela). Además, la primera parte es previsible, ya que es obvio que el marido de Aminata quiere llevar a su hija pequeña a Gambia para que le hagan la ablación; la mujer se sorprende mucho al descubrirlo, aunque el lector ata cabos muchísimo antes. En esa parte está poco trabajado cómo Aminata descubre el viaje a Gambia: va a la agencia de viajes, y simplemente porque al hombre le gusta, le cuenta la verdad ("Una mujer tiene derecho a saber qué hace su marido", le dice él a ella). A mí me parece un recurso demasiado fácil para hacer avanzar la trama.
   De Lola, lo que más me gusta es lo bien dibujado que está el personaje: se angustia porque se le echa el tiempo encima y no parece que pueda tener hijos, y eso fue precisamente lo que provocó la ruptura con su novio Oriol; y me encanta la relación que tiene con su madre, que es lo opuesta a ella. Pero lo mejor son pasos que va dando para ver qué puede hacer para evitar la ablación de la niña, y va descubriendo cómo es la cultura gambiana, y por qué ahí la ablación está justificada y aceptada.
   Del resto de la novela, para mí es fascinante todo lo concerniente a las mujeres africanas (Carranza estudió Antropología en la universidad, y se nota que le encanta): el pasado en Gambia (especialmente buena es la escena de la ablación de Aminata); las dudas de Aminata, quien se encuentra perdida entre dos culturas; y el miedo y la rabia de Binta por ser una mujer cortada.
   Carranza va desvelando lo que ocultan esas mujeres, para así llegar a comprenderlas, al tiempo que ves que hay una cuenta atrás (el viaje a Gambia esconde, además de la ablación, otra cosa terrible), porque el marido gambiano no va dar su brazo a torcer y se va a llevar a su hija; lo que provoca que leas muy deprisa, mientras va asimilando una nueva cultura, y te vas planteando cuestiones sobre las tradiciones y las prohibiciones.
   Y tiene un clímax, donde Aminata decide qué va a suceder, tan emocionante que te pone los pelos de punta.
   Una novela muy interesante, muy recomendable, y muy buena.

domingo, 2 de julio de 2017

VIDA DE ESCRITOR: LA ASERTIVIDAD (V)

Pon las primeras páginas de tus libros en tu blog usando AmazonHoy acabamos nuestro recorrido por la asertividad, pero antes, un pequeño tutorial sobre cómo poner las primeras páginas de tus libros en tu blog. Es algo que Amazon permite hacer desde no hace muchos meses, pero me sorprende la poca gente que lo tiene en sus blogs y páginas web. Es muy práctico, es la manera que tienen tus lectores de ojear tus libros sin necesidad de irse a Amazon. Pónselo lo más fácil posible. Solo son tres pasos:

            1— Créate una cuenta en el programa de afiliados de Amazon. Es gratis, pero no te hagas ilusiones con lo de ganar dinero, que los programas de afiliación suelen dar ingresos risibles, si es que dan algo. Esto lo haces para promocionar tus propios libros. 

            2— Ingresas en tu cuenta de Amazon, la tienda, y vas a la página de tu libro digital. Sí, tiene que ser el Kindle. A la derecha, debajo de donde viene el precio, ves que aparece un "Incrustar". Le das, y voilà, ahí tienes el código para tu blog, con varias opciones para tamaño y demás. Elige la que más te guste.

            3— Cuanto lo tengas, copias el código, y lo pones en tu blog. Y ya está.


TRANSMITIR EL MENSAJE
Veamos unas recomendaciones, basadas en “El derecho a decir no” de Walter Riso, sobre la manera en la transmitir el mensaje, para que este sea efectivo. Si alguna no te sale sola, practica y practica hasta que lo haga. Para lograr esto, a mí me ayudó mucho la autohipnosis.

            —Hay que mirar a los ojos. No es que le taladres con la mirada al otro para que se sienta intimidado, es que no la esquives; si la esquivas das sensación de inseguridad. Miras a los ojos, cambias la mirada un poco, vuelves a mirar a los ojos.

            —Usa un volumen de voz ni muy alto ni mi bajo. Si hablas muy bajo, que solo te oye el cuello de tu camisa, das imagen de poco asertivo, de inseguridad. Y si hablas A GRITOS, pues sucede todo lo contrario, y pareces un prepotente.

            —Habla con emoción. El tono que utilizas debe reflejar tu emoción. No puedes ser monótono, que no se sepa bien si lo que dices te gusta o no, o si hay ironía. Tampoco puedes ser dañino, utilizando el sarcasmo para atacar a otros. Cuando pides algo siendo asertivo, tu tono ha de ser amable, tranquilo y firme.

El derecho a decir no, de Walter Riso            —Habla con fluidez. No puedes comunicar lo que quieres de forma entrecortada, o con grandes pausas o rodeos. Vete al grano, que las palabras fluyan de tu boca.

            —Buena postura. Si muestras una postura cerrada, al a defensiva, con los hombros caídos y la cabeza gacha, transmites inseguridad. Levanta la cabeza y los hombros. Por experiencia, es mucho mejor ver las caras de las personas que sus zapatos.

            —Gestos acordes con la emoción. En la gente insegura se suele dar una ambigüedad entre lo que dicen y lo que expresan con sus gestos, ya que muestran un rictus frío y serio, aunque aseguren estar felices, y utilizan muchísimo menos las manos que la gente asertiva para comunicarse.

            —Debe coincidir lo que dices con lo que piensas. Como dice Riso sobre el contenido el mensaje, “Debe ser claro, explícito, directo, franco y, tal como vimos, considerado y respetuoso con los derechos ajenos”.

TÉCNICAS
Para practicar estas técnicas, ármate de paciencia porque hay gente muy pesada, y créate una piel dura, porque habrá quien te ataque verbalmente. Ya sabes que tu autoestima no sufre por cómo te ataquen otros. Lo fundamental es que sepas qué quieres, y si ves que alguien se va por la tangente, o te manipula para que cambies de opinión, tú sepas reencauzar el diálogo hacia donde quieras. Si te dicen, “Yo lo haría”, tú contestas “Tú eres tú, y yo soy yo”.

Tocadiscos            —El disco rayado. Esta es la más sencilla de hacer. Cuando alguien intente manipularte para hacer algo, o hacerte cambiar de opinión, simplemente repites lo que querías desde un principio, sin emoción, como si fueras un disco rayado. Es muy práctica para cuando te quieren vender algo por teléfono. Para practicarla en España no tienes más que no tener WhatsApp, o quitártelo porque estás de él hasta el gorro.

            —¿Por qué no te pones WhatsApp?
            —Porque no quiero.
            —Es gratis. Vas a ahorrar dinero.
            —Lo entiendo, pero no quiero.
            —Todo el mundo lo tiene.
            —Lo entiendo, pero no quiero.
            —Habrá amigos que no te contactarán.
            — Lo entiendo, pero no quiero.

            Soy experto en ese tipo de conversación con el dichoso WhatsApp. Y todavía estoy esperando que alguien me enseñe el yate que se ha comprado con el dinero que se ahorró gracias al WhatsApp.
           
            —Dale parte de la razón al otro, sin discutir. Cuando alguien intente manipularte, criticando tu comportamiento, no te pones a discutir, sino que le das parte de la razón, sin tú cambiar de opinión, hasta que se canse.

            —¿De verdad escribes fantasía?
            —Sí, escribo fantasía.
            —¿No te da vergüenza escribir eso?
            —Igual debería darme, pero no.
            — Eso es para gente inmadura con pocas dotes sociales. Solitarios tocados del ala, vamos.
            —Tal vez, pero es lo que escribo.
            —¿No te gustaría escribir otra cosa?
            —Sí, tal vez lo haga en el futuro.
            —¡Las novelas de fantasía son chorradas!
            —Algunas sí, pero es lo que escribo.
            —Debería darte vergüenza escribir fantasía.
            —Igual tienes razón, igual debería sentir vergüenza.
            —Me estás dando siempre la razón.
            —Sí.

            —Aprende a decir no. Utiliza la forma asertiva de transmitir el mensaje que hemos visto arriba. Espera a que te hagan la pregunta. Puede que haya gente que esté tan acostumbrada a que siempre cedas, que no hace falta ni que te pregunten. Date tiempo para pensar la respuesta. Si no quieres, no dejes abierta la posibilidad para un sí (“Ahora no, pero tal vez en otra ocasión”). Tienes derecho a decir no, a emplear tu tiempo como te plazca, ellos no tienen derecho a que tú digas sí cada vez que te lo pidan. Si no te apetece, no tienes por qué explicar nada, pero si lo consideras necesario, explica por qué no lo haces (“Estoy agotado y necesito descansar”). Apechuga con las consecuencias. Demostrando con acciones que no eres un egoísta que solo piensas en ti, salvo los manipuladores, nadie te va a rechazar por ser asertivo.

            —Dale la razón, y haz lo que te dé la gana. Hay gente tan manipuladora que querrá que pienses como ellos, que hagas lo que ellos te digan. En este caso lo mejor es no discutir, darles la razón, y hacer lo que realmente quieres.
           
            —En tu blog deberías hablar de política.
            —Ajá.
            Y no escribes de política.
           
Si vuelven a la carga días después:
            —He visto que aún no escribes de política.
            —Tienes razón, no escribo de política.
            —Pues deberías hacerlo.
            —Ajá.
            Y no escribes de política.

Si ves que insisten, puedes dar tu respuesta asertiva, teniendo en cuenta la forma de transmitir el mensaje de arriba:
            —Si quieres hablar de política, ábrete un blog y escribe sobre ella. Yo no lo voy a hacer.
            —Solo lo decía por ayudarte.
            —Gracias por la ayuda.
           
Aquí entran todos los adictos al deberías. Deberías hacer tal, deberías pensar cual, deberías ser así o asá… Pues que lo hagan ellos y te dejen en paz, que tú no tienes por qué.

—Sé educado, pero firme. Que te den igual las malas respuestas, no te pongas a su altura, y no pidas perdón. A medida que vayas cogiendo confianza, vete siendo asertivo en situaciones en las que antes no lo eras. Llevo un tiempo practicando lo de dar mi opinión, incluso en situaciones adversas. No tengo la intención de hacer cambiar al otro, pero sí le digo lo que pienso. Me siento genial cada vez que lo hago, porque antes no me atrevía.
  
La fotografía del tocadistos está en dominio propio y no hace falta indicar el autor (Brett Hondow).  
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