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Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

jueves, 28 de julio de 2016

¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LAS 300.000 VISITAS!

300.000 visitas para El rincón de Carlos del RíoSí amigos, mi rincón acaba de superar las 300.000 visitas. Y las que le quedan. ¡Muchísimas gracias!
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sábado, 23 de julio de 2016

Zodiac Station [8]

Portada de Zodiac Station, de Tom Harper
NOVELA
Zodiac Station
(Reino Unido, 2014, 400 páginas)
Tom Harper   

Tom Harper es el pseudónimo de Edwin Thomas, es un escritor británico que publicó sus primeras novelas con su nombre real, y que está especializado en novelas históricas y thrillers. “Zodiac Station”, publicada en 2014 (desgraciadamente sigue sin estar traducida al castellano), es un entretenidísimo rompecabezas lleno de secretos, con una pizca de ciencia ficción.
            El rompehielos “Terra Nova” se va abriendo camino en el Ártico cuando descubre a un misterioso esquiador en la nieve. El hombre se llama Tom Anderson y dice venir de la Estación Zodiac, una estación científica que ha explotado y de la que es el único superviviente. Tom cuenta que fue a Zodiac porque un antiguo profesor suyo, Martin Hagger, lo había llamado para que fuera su ayudante, y que el mismo día de su llegada Hagger apareció muerto en el hielo. Aunque parecía un accidente, en seguida comenzaron a sospechar que Hagger había sido asesinado.
            “Zodiac Station” no hace más que jugar con el lector. Empieza con ese principio que recuerda muchísimo a “Frankenstein” y a “La cosa” de Carpenter —aunque el desarrollo no tiene nada que ver—, y los trabajadores del “Terra Nova” quieren saber qué pasó realmente en la Estación Zodiac. Las partes del barco están narradas en tercera persona, y Harper va desgranando la historia a través de varios narradores-testigo, de forma gradual y cronológica, en primera persona. Lo que hace que esta novela sea tan entretenida es que a medida que avanzas en la trama, más misterios surgen, y más vas dándote cuenta de que las narraciones chirrían: lo que cuenta cada uno no acaba de encajar con lo que ya sabes y parece que alguien oculta la verdad.
            Sin desvelar mucho diré que el primer testigo, Tom Anderson, presenta el caso de la Estación Zodiac como si fuera un misterio: ¿quién mató a Martin Hagger? Además, la estación está llena de gente que no se lleva bien y de secretos. Y cuando crees que el resto de libro será así, hay un giro y la historia continúa a través de otro personaje y ahora se centra en descubrir si Hagger estaba filtrando datos confidenciales a quien no debía. Hay otro nuevo personaje y otro giro, y entonces la historia destaca la situación estratégica del lugar donde se encuentra la estación y posibles radares y satélites rusos.
Y al final, con un testigo sorprendente (si existe ese personaje, alguno de los anteriores no puede ser quien dice ser), Harper va encajando todo y acaba con un giro de ciencia ficción, que supongo que desconcierte a más de uno. El recurso es muy original, y a mí me funciona, pero tal vez Harper debería haber dado más pistas de que algo fuera de lo normal pasaba en el Ártico. En ese final las acciones son un poquito precipitadas, y para mí lo más endeble de la novela es la explicación de la explosión que acabó con Zodiac.

sábado, 16 de julio de 2016

Terminator 2: el juicio final [8]

ARCHIVO: publicada originariamente el 1 de abril de 2013Poster original de Terminator 2: el juicio final 
CINEFILIA
Terminator 2: Judgment Day
(EE.UU., 1991, 137 min)
Dirección:
James Cameron
Guión:
James Cameron
William Wisher Jr.
Intérpretes:
Arnold Schwarzenegger
Linda Hamilton
Edward Furlong
Robert Patrick
Joe Morton
IMDb
Siempre me ha parecido que “Terminator 2” es una mezcla de remake y segunda parte. La historia coge elementos de la primera y la hace avanzar, pero realmente te cuenta lo mismo que “Terminator”: la huida de Sarah Connor de un asesino del futuro para evitar que mate a su hijo John, quien será el líder de la resistencia. Me da que James Cameron, cuando ya era muy poderoso en Hollywood y por fin tenía acceso a los estratosféricos presupuestos necesarios para financiar sus películas, decidió hacer “Terminator” como a él realmente le hubiera gustado, y le quedó una película bastante mejor que la original.
   “Terminator 2”, con una taquilla de más de 500 millones de dólares (una cantidad que sigue siendo excelente hoy en día), fue la película más vista de 1991; y logró la rara proeza, por ser una película de acción, de estar nominada 6 Oscars. El film acabó ganando 4 (Maquillaje, Sonido, Montaje de Sonido y Efectos Especiales) y perdió los de Fotografía y Montaje frente a “J.F.K”, de Oliver Stone. Ése fue el año de “El silencio de los corderos”, de Jonathan Demme.
   En el futuro, la empresa Skynet creará máquinas inteligentes que se rebelarán contra los humanos, provocando una sangrienta guerra sin un claro vencedor. Pero los humanos tienen una gran baza, John Connor, su líder. En 1984, las máquinas mandaron al pasado a un terminator (Arnold Schwarzenegger) para que matara a Sarah Connor (Linda Hamilton) antes de que pudiera gestar a John; pero Sarah venció al robot. A mediados de los 90, las máquinas, que son muy poco originales, vuelven a intentar la misma jugada: mandan al sofisticado T-1000 (Robert Patrick) a matar a John Connor cuando es un chaval (Edward Furlong). Pero los humanos mandan a un T-800 (Arnold Schwarzenegger) para que proteja a John. El futuro de la humanidad está en manos de esos dos robots.
   James Cameron es un gran director que sabe estructurar sus películas muy bien para que la tensión vaya siempre a más, logrando unos clímax larguísimos que te dejan clavado a la butaca y con la boca abierta. Y en “Terminator 2” todo esto se ve perfectamente: el Cameron director es tan bueno que te tragas sin problemas una historia que no tiene mucho sentido, y encima te lo pasas de maravilla.
   La película se basa en una paradoja temporal que no encaja: en 1984 Sarah Connor destruyó un terminator, y Skynet consiguió un chip del robot, y a partir de éste desarrollo una tecnología que crearía inteligencia artificial. A ver, eso no puede ser. ¿Cómo iba a crear Skynet inteligencia artificial la primera vez si no tenía el chip? Es decir, ¿quién creó la inteligencia artificial la primera vez?
   La primera parte tenía una paradoja parecida: Kyle Reese (Michael Biehn) viajaba al pasado para defender a Sarah Connor del terminator, y así asegurarse de que John Connor naciera. Pero la gracia estaba en que Kyle dejaba embarazada a Sarah de John, lo cual no tenía ningún sentido: ¿qué John Connor del futuro existía si Kyle todavía no había viajado al pasado?
Edward Furlong y Arnold Schwarzenegger en Terminator 2: el juicio final
Edward Furlong y Arnold Schwarzenegger
   En “Terminator 2” meten la idea de deshacerse del chip, que anula un poco la premisa del film: si las máquinas mandaban a un terminator al pasado para acabar con el líder de la resistencia, ¿por qué no hacían lo mismo los humanos y mandaban un asesino al pasado para matar a Miles Dyson (Joe Morton), que era quien creó la inteligencia artificial? (O si no querían una solución tan salvaje, volver al pasado y eliminar el clip.)
   Narrativamente el final (me refiero a lo que viene justo después del magnífico clímax) pierde fuerza: lo realmente positivo no es que John Connor siga vivo y la resistencia tenga una posibilidad, sino que el chip ya no existe y no habrá guerra; pero entonces falta que nos muestren cómo será ese futuro. (Existe un final alternativo, que iba a ser el original, con una anciana Sarah Connor en un pacífico parque. Lo rechazaron porque el maquillaje era terrible.) Y entonces te das cuenta de que simplemente has visto una película que es un “corre, corre, que te pillo”.
   Pero visualmente es tan maravillosa, y está tan bien construida para que te metas por completo en la historia sin darte tiempo a pensar en sus fallos, y desde el principio Cameron logra tanta inercia y tanta fuerza, que es una gran película. Las escenas de acción siguen siendo excelentes (más de veinte años después, es muy raro que encuentres una película de Hollywood con escenas tan buenas como las que aquí aparecen), a lo que Cameron añade toques humanos para lograr momentos muy cálidos (las lágrimas de John en el coche y al final; el aprendizaje del terminator, el cambio de Sarah Connor).
   No será lo mejor de James Cameron, pero es la película-montaña rusa por antonomasia.

viernes, 15 de julio de 2016

CARLITIS: Dícese de la compulsión por comprar más y más libros

Montón de libros de Carlos del Río
La felicidad
No, eso que veis no es una librería, es mi cama con algunos de los libros que tengo por leer (todos no me cabían en la foto). Mis últimas adquisiciones, de hoy mismo: “El mapa del cielo”, de Félix J. Palma, “La hipótesis del mal”, de Donato Carrisi, “El rey de los espinos”, de Marcelo Figueras, y “Expediente de desaparición”, de Dror Mishani. ¡Qué feliz soy!
            A veces pienso que las editoriales tendrían que ponerme un monumento…

sábado, 9 de julio de 2016

Silencio [9]

Silencio, de Shusaku EndoNOVELA
沈黙 Chinmoku
(Japón, 1966, 252 páginas)
Shūsaku Endō  

Shūsaku Endō (1923-1996) fue un escritor japonés cristiano que exploró en sus obras el sentido de su espiritualidad. Endō vivió a menudo el rechazo, primero por ser cristiano en un país donde esa religión es muy minoritaria, y luego, después de la Segunda Guerra Mundial, en Francia, donde pensaba que iba a encontrar su refugio espiritual, por ser japonés. Tras una crisis de fe, viajó a Palestina para investigar la vida de Jesús y llegó a la conclusión de que Cristo también había sido rechazado, lo que cambió su percepción del cristianismo (fuente: edición británica de “Silencio”, “Silence”, Picador Classic, 2015). “Silencio”, publicada en 1966, es su novela más famosa y prestigiosa, y en ella se ve muy bien la idea que tenía Endō del cristianismo. Martin Scorsese, que es un entusiasta de la obra, la está adaptando este año a la gran pantalla con Andrew Garfield y Liam Neeson de protagonistas.
             En 1640, el padre Sebastião Rodrigues se embarca hacia Japón con una doble misión: ayudar a los cristianos japoneses, que son masacrados por sus ideas religiosas, y encontrar a su antiguo mentor, el padre Ferreira, de quien dicen que ha apostatado y que ahora reniega del cristianismo. Rodrigues no concibe que alguien de la entereza de Ferreira haya rechazado su religión, pero al llegar a Japón, una serie de acontecimientos le harán plantearse su propia fe.
            Algo que me atraía de esta novela, aparte de la película de Scorsese y del prestigio que tiene, era que es la historia de una crisis de fe escrita por un cristiano convencido, y quería saber cómo Endō justificaba las acciones, porque si el autor hubiera sido ateo, la conclusión habría sido muy sencilla: Dios no existe.
El núcleo de la novela, y lo que le da el título, es el incomprensible silencio que recibe el protagonista cuando le pide alguna señal a Dios para que le explique por qué él y los cristianos sufren tanto en Japón, cuando precisamente están predicando su palabra y viviendo su enseñanzas; al escuchar solo silencio, hace que se plantee si Dios no existe, algo que lo aterra porque eso significaría que su vida entregada al cristianismo no tendría ningún sentido, y que todos los martirios de cristianos habrían sido en vano.
Es fascinante cómo Endō va creando y profundizando en la crisis de fe del protagonista, e igual de fascinante es cómo Rodrigues, más adelante, intenta encontrar similitudes entre su sufrimiento y la Pasión de Cristo para soportar su calvario.
La novela comienza con un prólogo fundamental para entender el contexto histórico (hasta hacía poco el cristianismo florecía en Japón, pero ahora es perseguido) y la figura de Ferreiras, quien de ser un misionero modélico ha pasado a renegar de esa religión, y cómo el joven Rodrigues quiere conocer la verdad sobre su antiguo mentor y ayudar a cristianos japoneses. Eso crea muchísima curiosidad en el lector, lo que hace que lea para saber qué pasa a continuación.
  La primera parte, narrada en primera persona a través de cartas escritas por Rodrigues, muestra el cambio del protagonista: comienza siendo ser un jesuita muy seguro de su fe y de sí, pero acaba planteándose sus creencias y si él mismo sería capaz se apostatar para evitar el sufrimiento de inocentes. Un punto de inflexión (y una de las escenas más duras de la novela) es cuando martirizan a dos cristianos en una playa, mientras que un apóstata se ha librado sin sufrir ningún rasguño. Los martirios cristianos que él tenía glamourizados resultan ser horrorosos tormentos, y él pasa de ser considerado un héroe a ser repudiado, por miedo a las represalias.
Aquí Endō, por cuestiones narrativas y para lograr más emoción, se salta una limitación que impone la primera persona, y resulta que Rodrigues sabe sin que nadie se lo cuente, y sin que él estuviera presente, qué pasó con los tres cristianos detenidos antes de volver a su pueblo.
El personaje del apóstata Kichijiro es lo que menos me gusta de la novela. Entiendo para qué lo utiliza Endō, pero me resulta repetitivo y poco creíble que siempre sea el mismo personaje quien represente a un cristiano débil, a un judas, y que haya seguido durante tanto tiempo a Rodrigues.
Los dos últimos tercios están narrados en tercera persona. Rodrigues es detenido (está muy bien presentado su archienemigo, el magistrado Inoue, señor de Chikugo) y durante un tiempo está tranquilo porque le tratan bien, pero comienza a sospechar que lo están acostumbrando para que más tarde, cuando lo torturen, apostate rápidamente.
Rodrigues reflexiona mucho sobre la figura de Jesús y de Judas, y ve similitudes entre él y Cristo. Las cosas cambian, y aparecen las situaciones más angustiosas de la novela. Y Dios sigue en silencio. Continuando con sus dudas espirituales, Rodrigues reconoce que ser cristiano es muy fácil cuando las cosas van bien o se ven de lejos, pero que la verdadera prueba de fe se realiza en los peores momentos (este, por cierto, es el tema principal de la novela).
En esta parte hay otro momento en el que Endō se salta la lógica para lograr más emoción: cuando Rodrigues descubre qué son realmente los ronquidos que oía desde su celda (no tiene sentido que sus captores no se lo hayan dicho antes, para que él comience a romperse, y Endō prefiere jugar con un golpe de efecto).
Si la vas a leer, deja de lees esta crítica aquí, que desvelo demasiado del final.
Al final hay un giro que encaja todo y muestra la visión que tenía Endō del cristianismo, y que da tres informaciones. La primera, te sorprende porque te cambia la percepción de la historia y ves quién era realmente el modelo de Rodrigues; la segunda hace que te plantees lo importante que es ser fiel a uno mismo y mantener tus principios, lo cual está muy bien; y la tercera, y con la que no estoy de acuerdo (vaya por delante que yo no soy cristiano), es que cuando sufras tanto que dudes de tus creencia, resígnate a sufrir porque Dios va a estar a tu lado sufriendo contigo.

domingo, 3 de julio de 2016

VIDA DE ESCRITOR: HACIENDO CONTACTOS (NETWORKING)

Contactos (Networking)
Haciendo contactos (networking)
Networking es una palabra que está de moda y suena muy moderna, pero que simplemente significa el clásico hacer contactos. Yo tardé más de lo que me atrevo a confesar en darme cuenta de su importancia. Creo en el trabajo duro y en el esfuerzo personal, porque a la larga te van a dar frutos, pero también creo que solo no llegas muy lejos.
            Mucha gente confunde tener contactos con los enchufes, y los desprecian ("Yo no quiero ser un enchufado"; "Ese seguro que ha llegado hasta donde ha llegado gracias a los enchufes que tiene"; yo era de estos), o fardar de conocidos (son esos a los que comentas que vas a hacer algo, como comprar el pan, y de inmediato te abruman para que llames a Fulanito y Menganito, aunque tú realmente no los necesites). No, tener contactos es reconocer que no sabes todo, ni puedes hacer todo, y que vas a pedir ayuda a conocidos, o a conocidos de conocidos.
            Solía pensar que en esta vida si estudiabas y trabajabas muchísimo, acabarías siendo muy bueno en lo que hacías, y la gente acudiría a ti. Lo de trabajar y formarte es verdad, lo de que la gente acuda a ti, no. Durante muchos años de mi carrera en el audiovisual, sobre todo cuando estaba en la escuela de cine, viví con esa noción: si trabajaba y trabajaba, y veía y estudiaba muchísimo cine, llegaría a ser un gran montador y se me abrirían las puertas del cine por sí solas. Me llamaría Almodóvar; me llamaría Spielberg. No haría falta ser amable, porque sería tan bueno que cualquiera me contrataría. Eso me creaba una enorme presión para no cometer errores, y era incapaz de reconocer que había metido la pata. Y me rechinaban los dientes cuando compañeros míos, con una inteligencia emocional bastante mejor que la mía, conseguían muchísimo más que yo: trabajaban menos, tenían más amigos, disfrutaban más, y les iba mejor que a mí.
            Vivía encerrado en el mito del genio: eres un genio y puedes despreciar a la gente. Algo así como Kubrick (claro que Kubrick de genio tenía poco, más bien fue genial vendiéndose como genio).
            Del mismo modo que es inútil tener muchísimos contactos si no sabes hacer la "O" con un canuto, que seas muy bueno y no cuentes con la gente no sirve de nada. Trabaja para ser bueno en lo que haces, y queda bien con la gente, demostrando que eres amable y de fiar.

HACIENDO CONTACTOS
Hay muchísima información sobre cómo hacer y gestionar tus contactos, pero realmente lo básico se limita a tres puntos.

            1— Sé tú mismo. Cuando te relaciones con otras personas muéstrate tal como eres. Sí, hay que socializarse un poquito, aparte de en internet, en persona: sal con tus amigos, apúntate a un club, comienza un hobby, estudia un curso presencial... lo que sea que te haga estar en contacto con otros seres humanos. (Por cierto, he descubierto que siendo profesor haces contactos muy fácilmente). No vas a caer bien a todo el mundo, asúmelo. No pasa nada. No tengas miedo a expresar tu opinión, aunque sea la contraría de la mayoría. Expresar tu opinión no significa imponérsela a los demás, no. Es decir que no estás de acuerdo y explicar lo que realmente piensas. Que te miran mal, pues que te miren. Tú no has sido ofensivo. (Aclaración: al contrario de lo que se piensan muchos, la libertad de expresión no es gritar la primera barbaridad ofensiva que te venga a la mente; la libertad de expresión es decir lo que piensas, razonando por qué lo piensas, y respetando la opinión de los demás).

            2—Sé amable. Interésate por las personas con las que charlas, aunque jamás las vuelvas a ver. Hay gente que sólo se interesa por las personas que piensa que le van a ayudar a medrar. Graso error; no lo cometas. Sé amable con todo el mundo. Da igual en qué parte del mundo vivas, y que estés rodeado de gente desconfiaba y cerrada. Que lo sean. Tú sigue siendo amable. Presta atención a lo que te cuentan. Llámalas por su nombre y míralas a los ojos. Que se sientan cómodas contigo. Si por algún motivo te parecen interesantes, quédate con su contacto.
            Una advertencia, por mucho que pongas de tu parte, y quieras ver a los desconocidos de la mejor forma posible (un gran consejo es que trates a las personas no como son, sino como lo mejor que pueden llegar a ser), de vez en cuando te va a tocar gente imposible: listillos sabelotodo, chismosos, mandones que te organizan la vida nada más conocerte, prepotentes que te miran por encima del hombro, agoreros que deprimirían al dalái lama, pesimistas que te tratan como a un idiota por ser tú optimista, desequilibrados psíquicos... En cuanto los tengas calados, no pierdas el tiempo discutiendo o justificando tu punto de vista; no seas de esos que prefieren tener razón a ser felices. Pones alguna excusa del estilo "Disculpa, pero me tengo que ir a peinar" mientras te pasas la mano por la calva, y haces mutis por el foro.

            3—Sé humilde y reconoce que necesitas ayuda. Aquí es cuando tiras de contactos. Tienes que conseguir algo, y por ti mismo no puedes, o te llevaría mucho trabajo y esfuerzo, pero conoces a gente (o esa gente conoce a gente) que te puede ayudar. Pues no seas tonto y pídeles ayuda. En esta vida el ego hay que dejárselo en casa (es la autoestima la que nunca has de dejar en casa).
            Una cosa muy importante: nunca des por sentado que alguien debe hacerte un favor. Por mucha confianza que tengas, pide a ver si te puede ayudar, y al acabar, le das las gracias sinceras, tanto si te ayuda como si no. Quedar bien y quedar mal cuesta lo mismo, pero las repercusiones son diametralmente opuestas.
            Una vez que tienes contactos, ten en cuenta que tú también tienes que hacer favores. Conócete bien, y reconoce qué puedes hacer y qué no, y sé consciente del tiempo del que dispones. Si puedes echar una mano a alguien, hazlo, pero tampoco tengas miedo a decir no. Yo, por ejemplo, he decidido no leerme nada que no sean los cuentos que mando en clase a mis alumnos; de lo contrario me vería inundado de textos de aspirantes a escritor y no sacaría tiempo para leerme las novelas que me interesan.
            No lleves la cuenta de a quién le debes un favor, y de quién te lo debe. No funciona así. Haz favores sin esperar nada a cambio. Piensa que es como la ley del karma: lo que das al mundo de alguna manera te volverá, no necesariamente a través de la misma persona. O si prefieres: haz el bien y no mires a quién. O quien da, recibe. Lógicamente, si alguien te ayuda, te acordarás de él cuando tú puedas echarle un cable.
Nudo infinito del karma
Nudo infinito del karma
            La clave está en "cuando tú puedas", no es que se lo debas.
            Esta actitud evita que estés buscando contactos solo por interés, lo cual te cierra la puerta a muchísimas personas que te pueden ayudar sin que tú lo esperes; que te frustres y enfades cuando no te devuelvan un favor, porque la gente no va a pensar que te deba nada; y que te conviertas en un chantajista emocional.
            Los chantajistas emocionales suelen soltar perlas así: "Eres un miserable. Te invité a un café en 2003, sin pedirte nada a cambio, y ahora que te pido que te quedes con mi abuela demenciada, que necesita 24 horas de atención al día, durante el mes de vacaciones que me voy al Caribe, me dices que no. Eres un miserable".
            Yo solía ceder al chantaje emocional, pasándolo fatal, o era un borde para que ni lo intentaran, hasta que descubrí la maravillosa asertividad. Ahora contestaría: "Dime cuánto te costó el café de 2003 y estamos en paz".
            Los peores son los que te hacen favores sin que tú se los pidas, y luego te vienen con las cuentas. No quieras tener a un chantajista emocional cerca.

TODO ES MÁS FÁCIL
Como decía al principio de este artículo, hasta no hace mucho yo era un negado para hacer contactos. Pensaba que pedir ayudar era signo de debilidad y que debía hacerlo yo todo; tenía miedo de que la gente me hiciera daño y no me mostraba tal y como era ni me atrevía a dar mi opinión; y sufría fobia social, con lo que me costaba un triunfo mantener una conversación con desconocidos (si es que alguna vez la mantenía).
            He cambiado, y puedo asegurar que con la ayuda de mucha gente, la vida es bastante más sencilla. Le pregunté a un amigo dónde podía dar un curso de escritura en Santander y así logré meterme en el Enclave Pronillo (les mandé un proyecto y mi currículum, y me cedieron un aula); una amiga, mientras tomábamos unas cervezas, sin yo pedírselo, me organizó una charla en Eureka Santander, una asociación cultural donde colaboraba, y al dueño le gustó tanto que me salió un taller (recuerda: esmérate en tu trabajo). Un chico que asistió a esa charla, meses más tarde me pasó un contacto para organizar un cursillo en la UIMP (Universidad Internacional Menéndez Pelayo) sin que yo se lo pidiera. Les mandé mi currículum y un proyecto, y les gustó.
            Es obvio que a medida que mejoras en tu trabajo (tienes mejor currículum), más puertas vas a ser capaz de abrir. Trabaja para ser muy bueno en lo que haces y pide ayuda para ir ampliando tu radio de acción.
            Mantengo este blog, que ayuda a gente que no conozco de nada; me suelo volcar en alumnos muy interesados en escribir pero inseguros (yo estuve allí, y recuerdo lo mal que se pasa); soy espectador de prueba de cortos de amigos y me leo algún guión. Hasta ahora no lo había hecho, pero voy a tirar de contactos para documentarme para mi siguiente novela, y ya estoy buscando entre mis contactos a lectores de prueba para la novela que estoy acabando.
            Ábrete al mundo, sé amable y queda bien, y todo será mucho más fácil.

Todas las imágenes están libres de derechos y no hace falta atribuir su autoría. Networking (autor: Geralt), manos (SCY), nudo infinito (Rickjpelleg).

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