¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Desde aquí escribo críticas de películas y novelas, cuénto como va la escritura de mis novelas y doy consejos para aprender a escribir ficción. Si te apetece ver una película o leer un libro que yo he puesto mal ¡vete a verla o léelo! Que a mí no me guste no significa que a ti te parezca lo mismo. Las críticas son una opinión personal y no tienes por qué coincidir conmigo.
Gracias por dejarte caer por aquí.

Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

"Tiburón", de Steven Spielberg; "Tiburón" (novela), de Peter Benchley; "Odd Hours" (novela), de Dean Koontz; "1356" (novela), de Bernard Cornwell; "1er congreso Objetivo Bienestar (III)" (Vida de escritor); "Del revés", de Pete Docter; "Sinuhé, el egipcio" (novela), de Mika Waltari; "¡Comienzo la reescritura de mi segunda novela!"; "El fruto del baobab" (novela), de Maite Carranza; "Terminator 2: el juicio final", de James Cameron; "250.000 gracias por 250.000 visitas"; "1er congreso Objetivo Bienestar (II)" (Vida de escritor); "The Howling" (novela), de Gary Brandner; "La Apisonadora" (Proyecto novela); "Parque Jurásico", de Steven Spielberg; "Gladiator", de Ridley Scott; "1er congreso Objetivo Bienestar (I)" (Vida de escritor).

sábado, 29 de agosto de 2015

Tiburón [8]

Poster original de TiburónJaws
(EE.UU., 1975, 124 min)
Dirección:
Steven Spielberg
Guión:
Peter Benchley
Carl Gottlieb
Intérpretes:
Roy Scheider
Robert Shaw
Richard Dreyfuss
Lorraine Gary
Murray Hamilton
Carl Gottlieb
Peter Benchley    
IMDb

Antes de que la novela de Peter Benchley se publicara, los productores Richard D. Zanuck y David Brown compraron los derechos para llevarla al cine. Tras tantear a otros directores, decidieron darle al proyecto a un joven de 26 años que acababa de dirigir para ellos "Loca evasión" ("The Sugarland Express"): Steven Spielberg. La película tuvo tantísimo éxito que se convirtió en la más taquillera de la historia, y marcó el patrón de películas para el verano que 40 años después sigue utilizando Hollywood: espectaculares montañas rusas llenas de acción, diseñadas para reventar taquillas y que los espectadores se lo pasen en grande comiendo palomitas y bebiendo Coca-Cola. (Hay que añadir que generalmente no son tan buenas como "Tiburón", y es que "Tiburón es muy buena.)
   El film además ganó 3 Oscars (Mejor Sonido, Montaje y Banda Sonora) y estuvo nominado a Mejor Película (ganó "Alguien voló sobre el nido del cuco" —"One Flew Over the Cuckoo's Nest"—, de Milos Forman); también supuso la primera colaboración entre el director y John Williams, y catapultó al estrellado a Spielberg con solo 28 años. (Y dio lugar a tres secuelas en las que Spielberg no tuvo nada que ver, y a una infinidad de imitaciones.)
   En el tranquilo pueblo de Amity algo ataca brutalmente a una bañista por la noche. Al día siguiente el jefe de policía Martin Brody (Roy Scheider) descubre parte de un cuerpo mutilado, y el forense le dice que ha sido obra de un tiburón. Brody quiere cerrar las playas, pero ante la presión del alcalde (Murray Hamilton) y varios comerciantes, las playas permanecen abiertas. Poco después, el tiburón mata a un niño en una playa que vigilaba el policía, y tras estar a punto de matar a su hijo, Brody decide tomar cartas en el asunto y acabar con el tiburón.
   El caso de Spielberg no fue un éxito de la noche a la mañana. El director comenzó a dirigir cortos de niño, y lo hizo durante once años. Luego dirigió cortos en la universidad, y uno de ellos, "Ambling" (1968), le gustó tanto a un directivo de la Universal que le contrató para que dirigiera televisión. Para cuando se estrenó "Tiburón", Spielberg llevaba 7 años trabajando profesionalmente en el audiovisual, y su mejoría era notoria: "El diablo sobre ruedas" ("Duel") un telefilm de 1972 con el que llamó la atención y que tiene similitudes con "Tiburón", tiene una planificación mucho peor, y aunque apunta lo de crear momentos, uno de sus puntos fuertes, parece un Spielberg desafinado.
Roy Scheider en Tiburón
Roy Scheider
   Y es que con "Tiburón", que fue su segundo largometraje cinematográfico, Spielberg encontró su estilo personal: sobresalía preparando momentos, lograba una puesta en escena y una planificación clarísimas, deslumbrantes y muy elegantes, era muy bueno provocando emociones en el espectador, y conseguía grandes actuaciones de su reparto. Algo que no ha hecho más que perfeccionar a lo largo de su carrera, hasta convertirse en uno de los mejores directores de la historia del cine.
   "Tiburón" está dividida en dos partes. La primera, que es la que más me gusta, cuenta lo peligroso que es ese tiburón para los bañistas de Amity, sin que se vea al animal, en escenas tremendamente imaginativas.
   La película tiene un principio potentísimo, con el ataque a la chica. Spielberg lo logra con planos subjetivos del tiburón, una chica que grita y a la que algo mueve y agita con muchísima fuerza, y la música de Williams. Luego pasa a presentarte el pueblo, y por qué es importante mantener las playas abiertas (se acerca del 4 de julio, y Amity vive del turismo estival), y por qué el forense cambia de opinión y dice que lo que mató a la chica fue un barco.
   A continuación viene la escena de la muerte del niño. Spielberg sube la tensión jugando con las reacciones de Brody en planos cada vez más cercanos. Y cuando parece que todo va a ser una falsa alarma, muchos bañistas se meten al agua, y el tiburón mata a un niño, viéndose un géiser de sangre.
   Llega Quint (Robert Shaw, en una actuación excelente) y dice que eso es un tiburón y que solo el podrá pescarlo. Llega Matt Hooper (Richard Dreyfuss) y confirma que es tiburón. El pueblo se vuelve loco para matarlo, y Spielberg crea otro gran momento cuando dos hombres intentan cazarlo en el embarcadero de madera: el tiburón pica el anzuelo y destruye parte del embarcadero, arrastrándolo consigo; uno de los hombres cae al mar, y el espectador sabe que el tiburón vuelve a por él porque los maderos en el agua están yendo hacia él. Más la música de John Williams.
   Spielberg juega con que parece que han atrapado al tiburón, pero el aguafiestas de Hooper le confirma que ha pescado un tiburón, no al tiburón. Hay un susto cuando aparece la cabeza de un pescador en un barco, y entonces viene la escena que hace que Brody fuerce al alcalde para que pesquen al tiburón: durante el 4 de julio, con las playas abarrotadas, el escualo mata a un hombre, y casi al hijo de Brody. Es la primera vez que se ve un poco al animal.
   Y entre medias hay humor (como la escena en la que la mujer de Brody ordena a sus hijos que salgan del agua, o los dos niños que simulan ser un tiburón), un momento muy emocional cuando la madre del niño muerto abofetea a Brody, y un momento muy Spielberg: el hijo de Brody imitando los gestos de su padre.
   En la segunda parte tres hombres se embarcan y zarpan a alta mar para matar al tiburón; aquí Spielberg está muy limitado por espacio, y por la acciones que puede realizar, y la historia avanza muy poco. Aunque me parece que le saca el mejor partido que podía sacarle, a mí me gusta menos que la primera parte.
   Hay tensión por el tiburón, y por lo mal que se llevan los personajes (en especial Hooper, que es el chico rico de ciudad que sabe toda la teoría, y Quint, que es el pescador experimentado). Spielberg da un respiro al espectador con humor, y se detiene a dibujar más al personaje de Quint (es excelente la escena del campeonato de cicatrices). Pero los ataques, salvo cuando le clavan arpones con bidones, el de Hooper en la jaula, o el asalto final (precisamente en esos momentos apenas se ve al tiburón fuera del agua) son menos imaginativos.
   Por historia, tocaba ver al tiburón, y Spielberg que nunca ha tenido un pelo de tonto, sabía que ese tiburón bajo el agua estaba bien, pero que fuera, no podía mantenerlo mucho tiempo en plano para que no se notara que ese tiburón era de goma, por lo que el montaje es mucho más picado, y el director no puede hacer muchas virguerías. Afortunadamente hizo eso, porque si lo hubiera mostrado más, ahora nos reiríamos de los ataques del tiburón.
   Y aún con esas limitaciones, al final te estás mordiendo las uñas, y preguntándote qué hará Brody para acabar con el animal.

sábado, 22 de agosto de 2015

Tiburón [7]

Portada de Tiburón, de Peter BenchleyNOVELA
Jaws
(EE.UU., 1974, 332 páginas)
Peter Benchley 

En 1971 Peter Benchley sufría para poder mantener a su familia como escritor. Su agente literario le consiguió entrevistas con editoriales, a las que les proponía ideas para libros de no ficción; finalmente Doubleday le contrató para que convirtiera una de esas ideas en novela: un gran tiburón blanco que mata a gente en una pequeña comunidad. La novela, la primera de su autor, se publicó en 1974, y a Benchley se le acabaron los problemas económicos: a pesar de no tener grandes críticas, el libro permaneció 44 semanas entre los más vendidos de "The New York Times". (Y bueno, basándose en ella, Steven Spielberg logró al año siguiente la primera gran película de su brillante carrera.)
   Martin Brody es el jefe de policía del tranquilo Amity, un pueblo costero de Nueva York que sobrevive los inviernos gracias a todo el dinero que hace durante el verano. Pero ese año algo pone el peligro la temporada estival: un gran tiburón blanco ha matado a una turista, y aunque Brody quiere cerrar las playas, el alcalde y más gente le presionan para dejarlas abiertas y mantener oculta la muerte. Brody no puede hacer nada, y aún a sabiendas de que el tiburón puede volver a matar, mantiene las playas abiertas y llenas de gente.
   "Tiburón" es una novela muy descompensada, que constantemente se mete en vericuetos menos interesantes que la amenaza del tiburón, y sin embargo funciona: en ningún momento es aburrida, tiene partes muy divertidas, y las escenas del tiburón y su caza son magníficas.
   Benchley comienza presentándote la gran amenaza del escualo, y en seguida se pierde en presentarte personajes poco importantes (los compañeros de Brody), lo frustrada que se siente su mujer, cómo es Amity, y que el alcalde parece estar metido en chanchullos. Lógicamente, lo más interesante es que un tiburón se está merendando a bañistas, y de todo lo demás, lo mejor es cómo es el pueblo y por qué es tan importante que no cierren las playas.
   La tensión sube cuando el tiburón mata una segunda (un niño) y una tercera (un anciano) y una cuarta vez (un pescador estando en su barco). Entonces Benchley vuelve a irse por las ramas, y se centra en la mujer de Brody y Matt Hooper, el ictiólogo que va a ayudarles a cazar el tiburón. Toda la mitad de la novela es cómo esa mujer se intenta ligar a Matt, para así volver a sentirse joven; las acciones son interesantes, y hay una cena muy larga y divertida, pero sabiendo que ahí afuera hay un tiburón asesino, te parece que todo pertenece a otra novela.
   Y luego Benchley pasa a descubrir los chanchullos del alcalde, a pesar de que el tiburón sigue estando allí.
   Para mí lo mejor de esa parte es la llegada de turistas y periodistas que quieren ver al tiburón asesino, como quien quiere ver a Mickey Mouse en Disneylandia. Es divertidísimo.
   La tercera parte es la mejor con diferencia: llega Quint, un pescador muy peculiar que es el último recurso de Brody para matar al tiburón. Me parece que Quint debería presentarse voluntario, y no ser Brody quien lo buscase, y que quedara claro desde el principio que era el único capacitado para cazar al pez (en la película pasa así, en la novela Brody duda mucho, por lo que cuesta creerse que le pague tanto dinero sin garantías).
   Brody, Quint y Matt Hooper se suben al barco de Quint para acabar con el tiburón. Benchley mantiene el interés porque todo lo que hacen para cazarlo es muy interesante (es lo mejor de toda la novela), y porque los tres personajes no se llevan nada bien: en esas páginas se palpa la tensión por lo que pueda hacer el animal y lo que pueda pasar entre ellos si no se controlan. Y a veces tiene diálogos con los que te partes de risa por lo sarcásticos que son.
   Y entre medias Benchley resuelve los chanchullos del alcalde, y lo de la mujer de Brody de forma demasiado sencilla.

sábado, 15 de agosto de 2015

Odd Hours [6]

Portada original de Odd Hours de Dean KoontzNOVELA
Odd Hours
(EE.UU., 2008, 352 páginas)
Dean Koontz   

Dean Koontz siguió con la serie de Raro Thomas en 2008 con la publicación de la cuarta parte, "Odd Hours", y aunque es uno de los libros más flojos (para mí, de los cinco que me he leído, es el peor junto con el segundo, "Forever Odd"), no deja de ser una lectura entretenidísima, y de tener grandes momentos.
   Raro Thomas ha encontrado trabajo en Magic Beach como cocinero para una antigua estrella de cine, pero como su vida no puede ser normal, lleva un tiempo soñando que un monstruo enorme surgirá del mar. Un día que camina por el paseo marítimo conoce a una misteriosa chica, Annamaria, a la que ya había visto en sueños, y poco después tiene que huir de tres matones que lo acosan sin motivo aparente. Raro, con la ayuda de sus poderes psíquicos, investiga qué está pasando, y deduce que en pocas horas ocurrirá una desgracia, que solo él puede evitar.
   "Odd Hours" tiene los maravillosos y muy peculiares personajes secundarios de Dean Koontz, a los que el autor trata con mucha ternura (el anciano actor, la mujer desfigurada, la mujer que ronda con su coche, y Annamaria), un humor tontorrón muy divertido, y muchísima acción con algún momento paranormal espléndido; pero también tiene una trama que le exige al lector que pase demasiado por alto para que se la crea.
   La novela empieza con una escena larguísima de una huida. De buenas a primeras unos matones persiguen a Raro por el paseo marítimo, y aunque Koontz es muy bueno estirando el momento, yo no hacía más que preguntarme por qué le perseguían, lo que me sacaba de la historia. La respuesta viene a mitad, cuando el "malo" le interroga, y de forma muy forzada le cuenta qué va a pasar, y por qué le persiguen (algo también muy forzado).
   Otro punto débil es que en esta ocasión Koontz utiliza demasiado el magnetismo psíquico de Thomas y otros personajes. El chico cuando quiere encontrar algo, se deja llevar, sabiendo que su instinto le va a conducir a alguna pista, aunque también le puede llevar a un peligro. En esta novela una densísima niebla cubre el pueblo, y Thomas para averiguar qué pasa utiliza su instinto, el instinto de un perro (un cobrador dorado, la raza favorita del autor), y el instinto de una mujer que se pasea con su coche cuando presiente que alguien necesita ayuda (Birdie, quien además le regala una pistola que le vendrá muy a mano a Thomas), y todas las veces le llevan a pistas.
   En dos ocasiones Koontz utiliza recursos muy parecidos a otros de novelas anteriores: como en "Mi nombre es Raro Thomas", el protagonista encuentra asesinado en el baño a un sospechoso que iba a investigar; y como en "Forever Odd", el chico utiliza el poltergeist que crea un fantasma cabreado para escapar de sus perseguidores. Aunque hay que reconocer que lo que pasa en el baño aquí es muy espectacular e inquietante, y que el poltergeist tiene mucha gracia porque el fantasma enfadado es... Frank Sinatra.
   Si no le das muchas vueltas a la trama, y te dejas llevar por la historia, que es muy entretenida, el principio y la mitad casi te los puedes creer. Entonces te queda un misterio que lees de un tirón, con un final muy dialogado, que es tan demencial como divertido.

sábado, 8 de agosto de 2015

1356 [8]

Portada de 1356 de Bernard CornwellNOVELA
1356
(Reino Unido, 2012, 400 páginas)
Bernard Cornwell   

Bernard Cornwell es uno de los autores británicos más populares de novela histórica. Entre 2000 y 2003 Cornwell escribió una trilogía, "Los arqueros del rey", que seguía al arquero inglés Thomas de Hookton en la Francia del XIV, durante la Guerra de los Cien Años. En 2012, retomó al protagonista unos años después de lo que pasaba en la trilogía en una novela que se puede leer de forma independiente: "1356". Éste es el primer libro de Cornwell que me leo, ¡y cómo he disfrutado!
   El arquero y mercenario inglés Thomas de Hookton sigue luchando con sus hombres en Francia, ayudando al mejor postor. Pero un día Hookton recibe una carta de su señor feudal, el conde de Northampton, quien le encomienda dos misiones: juntarse con el ejército de Eduardo, el príncipe de Gales, para luchar contra el rey francés; y encontrar la Malice, una mítica espada que perteneció a san Pedro, y que según la leyenda, hará invencible a aquel que la posea.
   Dice George R. R. Martin que Bernard Cornwell hace las mejores escenas de batallas que ha leído en su vida, y la verdad es que las batallas, y todas las escenas de acción, son geniales. Cornwell te presenta muy bien a los contrincantes (en literatura es fundamental el factor humano para lograr emoción), y alternando acciones momento a momento, poniendo mucho cuidado con los detalles que muestra, con grandes panorámicas de lo que está pasando, lograr que te inmersas de lleno en el fragor de la batalla. Aquí sucede en la batalla de Poitiers, que cierra la novela, y en todos los altercados que hay entre medias.
   Aparte de eso, que es por lo que más se le conoce, a mí me encanta el humor que tiene, lo bien que presenta a los personajes para que te caigan bien o mal inmediatamente y no se te olviden (el autor es muy bueno caracterizando), lo bien que te mete detalles auténticos en medio de la historia (un problema que tengo con la novela histórica es que a veces los autores convierten secciones de la novela en libros de texto, para mostrar todo lo que se han documentado, y a mí esas partes se me hacen insufribles), y cómo va retorciendo la trama para ir subiendo la tensión: aquí ves cómo los franceses se alían con los escoceses para intentar secuestrar al príncipe de Gales y así poder intercambiarlo con el rey de Escocia, que está prisionero en Inglaterra; y hay varias escaramuzas que afectan directamente al protagonista antes de la batalla final.
   De las dos tramas que tiene la novela, me parece que la mejor construida es la de juntarse con el príncipe de Gales y ver cómo se van formando alianzas, porque la de la Malice, a pesar de los momentos tan divertidos que tiene, está cogida con pinazas: Cornwell sabía que Hookton tenía que acabar en Poitiers, y juntarse allí con el príncipe de Gales y encontrar la espada; pero los pasos que da para encontrar la espada son demasiado forzados.
   La primera pista, cuando va a Aviñón, Thomas la descubre cuando un pintor va a pintar un fresco (que es la pista) y un cardenal se escandaliza porque no está cubierto, justo en el momento en el que Thomas está presente, lo cual le hace sospechar.
   La segunda, cuando descubre quién es el santo que tiene la Malice en Montpellier, también la información le llega de muchísima casualidad (aunque cómo lo consigue tiene muchísima gracia): una anciana resulta que tiene un libro con santos, y allí aparece el que Thomas está buscando.
   Y también está muy pillado cuando por fin descubren la Malice. Sin develar mucho, diré que por algún motivo, los enemigos de Thomas suponen que vaya a ir allí, y también sus aliados (Cornwell juega con la sorpresa, y a mí me parece que a pesar de lo apasionante que es, porque lo lees sin parar, todo está demasiado poco justificado).
   Es la primera novela de Bernard Cornwell que me leo, pero no será la última.

domingo, 2 de agosto de 2015

VIDA DE ESCRITOR: 1er CONGRESO OBJETIVO BIENESTAR (III)

Hoy acabamos con el resumen del 1er congreso Objetivo Bienestar, celebrado en Barcelona del 8 al 10 de mayo de 2015.

Fotografía de Mónica Esgueva
Mónica Esgueva
El día 10 de mayo lo abrió la coach Mónica Esgueva, quien nos animaba a buscar el sentido de la vida, o mejor dicho, el sentido de la vida de cada uno. Para ello hay que reconocer que no se pueden evitar las tormentas de la vida, por lo que hay que elevarse por encima de ellas, como hacen las águilas; que las dificultades nos hacen crecer y que no podemos aspirar a no tener retos; que tenemos que ser nosotros mismos (como el hombre autorrealizado de Maslow), que tenemos que buscar un propósito para vivir (como hizo Viktor Frankl para sobrevivir durante tres años en varios campos de concentración nazis: quería reencontrarse con su mujer, y eso le salvó); que tenemos que salir de automatismos y hacernos responsables de nuestra vida; en definitiva, que debemos tomar las riendas de nuestra existencia.
   Para encontrar ese sentido, debemos tener un espacio para nosotros mismos, donde poder encontrar tranquilidad y reflexionar, ya que la plenitud no viene de las cosas externas, sino de nuestro interior. Ayuda escribir nuestro propio epitafio, para saber qué queremos lograr, y luego comprometernos con nuestra misión en la vida.
   Esgueva nos contó cuáles eran las lamentaciones más comunes de la gente que estaba a punto de morir (recopiladas por la enfermera australiana Bronnie Ware, quien ha trabajado gran parte de su vida con enfermos terminales):
           
            1— Debería haber tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí.
            2— Ojalá no hubiera trabajado tanto.
            3— Habría deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía.
            4— Ojalá hubiera mantenido el contacto con mis amigos.
            5— Ojalá me hubiera permitido ser más feliz.

   Mónica Esgueva nos dijo que ojalá no tuviéramos que esperar a estar en nuestro lecho de muerte para pensar esas cosas, y así hacer lo que realmente queremos mientras aún tenemos tiempo. Os animo a que volváis a leer esa lista, y a reflexionar sobre vuestra vida.
   Una cita muy buena de Esgueva, para saber cómo lograr tus objetivos: "Primero, reconocer que te apasiona y segundo, ¡adelante! Lo que haga falta".
   Mónica Esgueva me firmó el libro "Cuando sea feliz". En él la autora, inspirándose en filosofías orientales, muestra cómo desechar hábitos tóxicos de nuestra vida y cómo adquirir otros positivos. Esgueva me dijo que ése era su hijo predilecto, así que haceos con él, que está muy bien. 

Fotografía de Risto Mejide
Risto Mejide
A continuación vino el polémico Risto Mejide, en la que debió de ser una de sus últimas intervenciones con gafas oscuras. Aunque comenzó marcando distancias siendo muy borde (y todo para decir algo muy bonito: que no iba a haber ronda de preguntas ni firma de libros porque ese domingo le tocaba la custodia de su hijo, y mientras él estaba con nosotros, el niño estaba en un hotel de Barcelona, por lo que en cuanto acabase la charla saldría corriendo), sí que dijo cosas muy interesantes sobre cómo crearte tu marca personal. 
   Mejide comparó la construcción de una ciudad con la creación de tu marca personal. Nos contó cómo se creó su propia imagen (de no dejar huella en su primera intervención en "Operación Triunfo" en 2006, a crearse el personaje público que es hoy), y cómo lo fundamental es lograr una respuesta emocional, no necesariamente positiva, en la gente. 
   Según Mejide hacen falta tres cosas para construirte tu marca: 

            1— Autoridad. Hay que basarse en algo de tu forma de ser.
            2— Diferenciación.

            3— Notoriedad. 

   Nos contó que la siguiente frase de Michael Crichton, de cuando promocionaba en 2006 "Estado de miedo" ("State of Fear"), le cambió la vida: "Si dices algo, molestas a alguien y si nadie se queja, es que no has dicho nada". Al parecer Risto se la tomó como justificación para ser agresivo, yo me la tomo como que no puedes ser políticamente correcto, y que tienes que dar tu opinión, guste o no guste.
   También nos dio 9 puntos a tener en cuenta para crear tu marca personal:    

            1— Localización. Es donde colocas el producto en la mente del cliente. Triunfar es llenar vacíos. No hay que fijarse en lo que hay, sino en lo que falta. 
            2— Toponimia. Hay que ponerle un nombre bueno a nuestra marca.
            3— Topografía. Es llamar la atención. "Si no hay cosas de ti que molesten, no sacarás nada". Según Mejide, hay que defender lo que nos hace raros, molestos. "La educación comete el error de limar nuestras rarezas". Yo creo que más que ser molesto, lo que hay que ser es consecuente con uno mismo, pese a quien pese.
            4— Frontera. Definir los enemigos, quien no está contigo, está contra ti. Según él, los famosos crean reacciones encontradas, y hay que polarizar a la audiencia. Yo digo que no necesariamente deber ser así; lo que NO hay que hacer es intentar gustar a todo el mundo. Esa es una receta infalible para el fracaso.
            5— Demografía. Es a quién metemos en nuestra marca. Según Jeff Bezos, fundador de Amazon, "Tu marca es lo que los demás dicen de ti cuando tú no estás delante". 
            6— Arquitectura. ¿Qué es lo que la gente recuerda? Según Mejide, para triunfar solo hay tres caminos: ser el mejor, algo que solo consigue uno; ser el primero, que también solo lo consigue uno; y ser único, que es más accesible. Para ello hay que juntar lo que te gusta con lo que está remunerado. 
            7— Alumbrado. Tu marca tiene zonas oscuras que hay que alumbrar con ingenio. 
            8— Orientación. Es hacia dónde queremos orientar nuestra marca. 
            9— Ocio y cultura. Es la capacidad, utilizando el talento, de provocar una reacción en los demás, que según Mejide no necesariamente tiene que ser positiva.

Fotografía de Javier Iriondo
Javier Iriondo
El congreso lo cerró el coach y escritor Javier Iriondo, quien nos hizo salir del auditorio flotando, animándonos a luchar por nuestros sueños. Según Iriondo, todos buscamos mejorar de alguna manera (tener más seguridad, más fortaleza interior, menos preocupaciones, menos miedos...), y para ello tenemos que comprender lo que nos frena, porque al encontrar el problema, un 50% ya está solucionado. Pero solo nosotros mismos nos podemos rescatar, sin quejarnos, buscar excusas, justificarnos o buscar culpables. 
   Según Iriondo, hemos sido educados de una manera —buscando la seguridad absoluta— que no está acorde con los tiempos. Se nos educa para ser empleados, pero tenemos que ser emprendedores y tener iniciativa, o como dice Iriondo, debemos ser reinventadores de nuestras vidas. Ahora vivimos en la época del cambio, y a éste hay que verlo no como una amenaza, sino como una oportunidad. Tenemos que amar el cambio y vivir bien con la incertidumbre. 
   Tenemos que recorrer un viaje interior para ver en lo que podemos convertirnos, no ver lo que somos actualmente. Fortaleza mental, para Iriondo, significa tener la capacidad de seguir luchando por lo que queremos, por lo que es fundamental encontrar nuestro "porqué", y estar dispuestos a recibir todos los noes que hagan falta. Además, si no nos enfrentamos a nuestros miedos, cada día nos haremos más débiles, y debemos pasar de pensar en problemas a encontrar soluciones, ya que el progreso (ir superando problemas para crecer personalmente) nos da la felicidad. 
   Iriondo también recomendaba un ayuno de medios de comunicación, porque solo crean preocupación, incertidumbre y miedos; y controlar nuestro entorno, porque nos pueden robar sueños (qué esperan de ti tus familiares y amigos influye mucho, para lo bueno y lo malo). Por lo tanto, hay que crear un entorno más positivo, a través de lo que escuchas y de lo que lees en libros, cursos, conferencias y congresos. 
   Y es que según Iriondo un mejor entorno lleva a un mejor interior, y luego a una fortaleza mental, a mejores expectativas, a una mejor actitud, a acciones y resultados, a crecimiento personal, y finalmente al éxito. 
   Iriondo me firmó el libro "Donde tus sueños te lleven", una mezcla de novela y libro de autoayuda que trata de todos esos temas, y que te hace sentir de maravilla.

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1er congreso Objetivo Bienestar (II)

miércoles, 29 de julio de 2015

Del revés [8]

Póster original de Del revés
Inside Out
(EE.UU., 2015, 94 min)
Dirección:
Pete Docter
Ronaldo del Carmen (co-director)
Guión:
Meg LeFauvre
Josh Cooley
Pete Docter
Intérpretes (v.o.):
Amy Poehler
Phyllis Smith
Kaitlyn Dias
Richard Kind
Diane Lane
Kyle MacLachlan
Bill Hader
Lewis Black
Mindy Kailing
John Ratzenberg
Frank Oz
Rashida Jones 
IMDb

Después de unos años en los que la calidad de los films de Pixar había mermado, la productora ha vuelto ha ganarse el beneplácito de la crítica con "Del revés" (el del público nunca lo perdió: lleva 20 años seguidos de taquillazos, sin ningún fracaso). La película, dirigida por el director de "Up", Pete Docter, se presentó en Cannes fuera de concurso y deslumbró a los críticos, y desde que se estrenó en Estados Unidos a finales de junio, ha ido arrasando por medio mundo.
   Docter ya puede hacer hueco en sus estanterías para otro Oscar el año que viene. (Pete Docter tiene una frase que me encanta: "¡Trabaja duro! Al final la pasión y el trabajo duro superan al talento natural". Y es verdad.)
   Riley es una niña de once años que acaba de mudarse con su familia desde Minnesota a San Francisco. Aunque quiere mantener una actitud positiva, en su interior todo está patas arriba: la emoción Tristeza está cambiando los recuerdos de Riley a tristes, y Alegría no sabe cómo evitarlo. Para empeorar las cosas, Alegría y Tristeza se pierden por la mente de Riley, y si no regresan a la sala de control, Riley no podrá volver a ser feliz.
Fotograma de Del revés   "Del revés" va alternando dos tramas: por una parte está de la Riley, que no se ha adaptado en absoluto a San Francisco, y por otra la de sus emociones en su mente, quienes van influyendo en los sentimientos y comportamientos de Riley. El principio, donde te presentan las dos historias, tiene una claridad expositiva pasmosa, y así logran que sientas empatía por la protagonista, al tiempo que ves cómo sus emociones la influyen y lo que éstas tienen que hacer para que Riley vuelva a ser feliz.
   Toda la parte del mundo de la mente es visualmente muy imaginativa, y hay grandes momentos cuando se juntan las dos tramas. Mi favorito es la cena familiar, cuando Riley estalla (la idea de pasar de una mente a otra es tan divertida que lo vuelven a hacer en los créditos finales). Y está muy bien que el espectador se percate de por qué están cambiando los recuerdos y desmoronándose las islas, sin que las emociones lo sepan: Riley está dejando ser niña.
   A pesar de lo buena que es, y de momentos muy bien preparados (uno de los mejores es el del cohete que vuela con cantolina), me parece que a la trama le falta una reescritura de guión, ya que a veces las soluciones son demasiado sencillas.
   Alegría y Tristeza encuentran a Bing Bong, el amigo invisible de Riley, de casualidad vagando por la mente, y éste les ayuda varias veces (bien es cierto que también les mete en varios líos). Cuando tienen que despertar a Riley para que siga el tren de pensamiento, de casualidad un recuerdo terrorífico de un payaso está encerrado en su subconsciente; es decir, no es que Alegría haya buscado específicamente llegar al subsconciente para encontrar a un payaso, es que de potra la solución está ahí. Además, en esa escena, piden silencio porque el payaso está durmiendo, cuando momentos antes Bing Bong ha estado llorando haciendo mucho ruido.
   También me parece que necesitaríamos ver un poco más a la familia de Riley para que la parte final fuera más tensa: en el último tercio te importa más que Alegría vuelva a la sala de control porque es Alegría, que la fuga de Riley. La fuga se la mete en la cabeza Ira, y después es la misma emoción quien decide que es una mala idea...
   Aún con eso, es una de las mejores películas que he visto este año, y la mejor de Pixar desde "Toy Story 3" (2010).

sábado, 25 de julio de 2015

Sinuhé, el egipcio [8]

ARCHIVO: publicada originariamente el 23 de octubre de 2012 
Portada original de Sinuhé, el egipcio, de Mika WaltariNOVELA
Sinuhe egyptiläinen
(Finlandia, 1945, 785 páginas)
Mika Waltari

Mika Waltari es posiblemente el escritor finlandés más famoso de la historia, y lo es gracias a “Sinuhé, el egipcio”, una novela histórica desarrollada en el Antiguo Egipto que fue un best-seller internacional tras la Segunda Guerra Mundial, y que aún hoy se sigue vendiendo. La novela, que se publicó por primera vez en Finlandia en 1945, al parecer le llevó a Waltari diez intensos años de estudio y documentación históricos, lo que ha provocado que incluso egiptólogos alaben la fidelidad histórica de la obra.
   Todo eso está muy bien, ¿pero es buena?
   Pues sí, es una gran novela, aunque tiene una trama que a veces es completamente inverosímil y tiene un narrador en primera persona que en muchísimas ocasiones se vuelve narrador omnisciente.
   “Sinuhé, el egipcio” se desarrolla durante los turbulentos años del reinado del faraón Akenatón, quien acabó con el politeísmo e impuso un único dios, Atón, lo que no sentó muy bien ni al pueblo ni a los sacerdotes que vivían acomodados en el anterior modelo. La novela está dividida en quince libros distintos, escritos en primera persona, en los que el protagonista, Sinuhé, repasa su vida: su infancia y adolescencia en Tebas, su ascensión a médico real, sus viajes por el mundo antiguo, y cómo fue testigo de varias revueltas, guerras e intrigas palaciegas.
   Con un estilo sencillísimo (yo agradezco mucho que en mi edición —Plaza & Janés de 1991, traducida por Manuel Bosch Barret— no haya nada de usted, y en todos los diálogos los personajes se tuteen, lo que hace que todo resulte mucho más cercano), Waltari consigue grandes logros. Por un lado, te transporta al Antiguo Egipto y al mundo antiguo como si estuvieras allí, donde además te muestra cómo era la vida cotidiana. También logra que sientas muchísima empatía por Sinuhé y sus amigos (la relación con sus padres es muy bonita, así como las dos historias de amor; y la relación de amistad con su esclavo Kaptah es genial, y es que Kaptah es un gran personaje). Pero lo que más me gusta es que a medida que Sinuhé creece y ve mundo, se va dando cuenta de cómo manipulan las religiones, de lo manipulable que es el pueblo, de cómo corrompe el poder, y de que todos los hombres somos semejantes.
   Pero aunque me ha gustado mucho, tengo varios problemas con “Sinuhé, el egipcio”. El primero es que a veces a Waltari se le va la mano describiéndote lugares y costumbres, y la novela parece más una guía turística que una obra de ficción, y eso es consecuencia de la documentación exhaustiva que llevó a cabo el autor. Otro es que cuando hay batallas, en la parte final, están contadas desde la distancia porque Sinuhé no está físicamente en ellas, y quedan poco emocionantes y aburridas.
   Y esto me lleva a lo que creo que es el gran fallo de la novela: su punto de vista. Como idea, es excelente que esté narrada en primera persona, porque la novela tiene la apariencia de las memorias de un testigo de esos años; pero viendo todo lo que Waltari cuenta, ese punto de vista era demasiado limitado para la escala de la novela.
   En varias ocasiones, la solución de Waltari fue saltarse descaradamente el punto de vista y travestir la primera persona en narrador omnisciente (un caso muy claro son las revueltas en Tebas, en donde para mostrar el caos reinante Sinuhé relata acontecimientos que es imposible que conociera), pero al mismo tiempo, el autor quiso mantener la coherencia narrativa y colocaba a su protagonista donde sucedían los incidentes. Esto último exigía que Waltari forzara la trama muchísimo en demasiadas ocasiones para que Sinuhé fuera a determinados lugares o hiciera ciertas cosas para que después las pudiera contar en sus memorias; y con ello la verosimilitud se resintió enormemente (los casos más graves son dos ocasiones en las que Sinuhé cambia el curso de la historia).
   A mí me parece que con un narrador omnisciente, manteniendo a Sinuhé de protagonista y dejando que otros personajes hicieran cosas que hace Sinuhé, se hubiera perdido un poco la cercanía que te transmite la obra, pero que en su conjunto hubiera sido una novela incluso mejor de lo que es ahora.
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