¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

"El exorcista", de William Friedkin; "El exorcista" (novela), de William Peter Blatty; "Mis libros más baratos en Estados Unidos y México"; "La semilla del diablo" (novela), de Ira Levin; "La asertividad (III)" (Vida de escritor); "La lista de Schindler", de Steven Spielberg; "Taller de escritura creativa en el Espacio Joven de Santander"; "La luz fantástica" (novela), de Terry Pratchett; "¿Qué fue de Baby Jane?", de Robert Aldrich; "Cómo motivarse, y la asertividad (II)" (Vida de escritor); "Lee los primeros capítulos de mis libros gratis"; "La revisión (I)" (Proyecto novela); "Fahrenheit 451" (novela), de Ray Bradbury; "Soy leyenda" (novela), de Richard Matheson; "La asertividad (I)" (Vida de escritor).

sábado, 22 de abril de 2017

El exorcista [10]

Poster de El exorcistaArchivo: publicada originariamente el 28 de enero de 2012.
CINEFILIA
The Exorcist
(EE.UU., 1973, 132 min)
Dirección:
William Friedkin
Guión:
William Peter Blatty
Intérpretes:
Ellen Burstyn
Jason Miller
Linda Blair
Lee J. Cobb
Max von Sydow
Mercedes McCambridge
IMDb

Hace 40 años el director joven que parecía que iba a comerse Hollywood no era Steven Spielberg, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, o George Lucas. No, era William Friedkin. Su quinta película, “The French Connection”, ganó los Oscar a Mejor Director y Mejor Película (y tres más) y su estilo realista influyó muchísimo en el cine de la época. Para su siguiente proyecto cambió totalmente de registro, y del thriller pasó al terror: llevó a la gran pantalla la novela que arrasaba entonces “El exorcista”, de William Peter Blatty.
   La película fue un impresionante éxito de taquilla (según Box Office Mojo, hoy en día, ajustando el precio de las entradas sería la 9ª película más taquillera de la historia en EE.UU.), y logró que la Academia se tomara en serio un film de terror, consiguiendo 10 nominaciones a los Oscars, incluidas Película y Director, de los que ganó 2, Guión Adaptado y Sonido. Y sin que él lo supiera, Friedkin había creado una de las películas de terror más influyentes de la historia: sin ella no se entendería el cine de terror moderno y aún es el modelo que siguen la inmensa mayoría de las películas de posesiones y terror realista.
   (Paradójicamente, si el “El exorcista” ha envejecido es porque ha generado tantas copias, secuelas, homenajes y parodias que muchas de sus escenas vistas hoy parecen poco originales. Pero es que ella fue la original).
   Y después de tocar el cielo con “The French Connection” y “El exorcista”, la carrera de Friedkin cayó en picado y no se recuperó jamás. Durante los últimos 40 años, la vez que más llamó la atención de la crítica y el público fue en 2000, cuando añadió a “El exorcista” 10 minutos de metraje nunca visto y una nueva mezcla de sonido en 5.1 que sustituía a la mono original. Su obra maestra volvió a los cines, y a pesar de haberse puesto por televisión mil veces y estar disponible en vídeo, el reestreno fue un éxito. Esta crítica es de esa versión extendida.
   “El exorcista” comienza en Irak, donde el padre Merrin (Max von Sydow) trabaja en una excavación arqueológica. Entre los objetos recuperados aparecen un medallón de un santo, que no pertenece a la época, y una figura de un demonio. El padre Merrin presiente que algo muy malo va a pasar.
   En Georgetown, en EE.UU., la actriz Chris MacNeil (Ellen Burstyn) rueda una película, y durante el rodaje vive en una casa alquilada. Con ella está su hija Regan (Linda Blair), de 12 años, quien un día le cuenta que juega con una Ouija. Al poco de que Regan le haga una demostración de cómo juega con el “Capitán Howdy” y el tablero, Chris nota que su hija se comporta de forma rara. Chris lleva a Regan a varios médicos, quienes no encuentran ninguna explicación racional, mientras la niña cada día empeora más.
   Cuando Chris no ve solución en la medicina tradicional recurre al padre Karras (Jason Miller), un cura que sufre una grave crisis de fe. Karras, que además de cura es psicólogo, le recomienda a Chris que siga llevando a Regan a psicólogos. Pero lo que Chris quiere para su hija es un exorcista.
   “Si las películas son, entre otras cosas, oportunidades de evasión, entonces ‘El exorcista’ es una de las más potentes jamás hechas.” Eso piensa el crítico Roger Ebert, y yo coincido con él al cien por cien. “El exorcista” es una experiencia tan visceral y tan emocional que logra que te creas sin problemas una historia muy difícil de creer; y además lo logra tratándola de forma realista.
Max von Sydow y Linda Blair en El exorcista
Max von Sydow y Linda Blair
   La columna vertebral de la película es la historia de Chris y la “enfermedad” de su hija. Friedkin se esmera en presentarla como una mujer independiente y moderna, que quiere mucho a su hija. También se esmera en dejar bien claro que su hija Regan es una niña normal. Y gracias a un gran trabajo de Ellen Burstyn, el espectador se identifica con ella. Su evolución hace que “El exorcista” sea creíble: de cómo al principio busca una explicación racional a lo que le está pasando a su hija a cómo poco a poco va perdiendo confianza en los médicos, porque se van cerrando opciones, hasta que no le queda duda de que Regan está poseída por un demonio. Y eso que ni ella ni su hija son creyentes.
   Otro punto fuerte es el padre Karras. Sabes que es la única esperanza de salvación que tiene Regan, pero también sabes que es un personaje que está en horas bajas tanto por cuestiones de fe como por no haber podido ayudar a su madre. Es un personaje muy imperfecto que tiene la oportunidad de redimirse con ese caso en el que no cree. Por eso, por lo que logra el padre Karras y lo que significa, el final es emocionalmente tan potente. Además, su investigación para verificar si Regan está poseída o no, es interesantísima.
   Y algo que me gusta muchísimo de “El exorcista” es la cantidad de elementos inquietantes que hay que en el momento de verlos no entiendes, pero que más tarde comprendes (o no). Comenzando por el principio en Irak, con esas figuritas rescatadas de la excavación, el reloj que se detiene, las personas turbadoras que se encuentra Merrin, y el plano que muestra al padre frente a una escultura del demonio. Da la sensación de que el mal se ha liberado y se está extendiendo, dándole pistas a Merrin.
   En Georgetown pasa con el mendigo que ve Karras en el metro o la pesadilla que tiene, donde aparece el medallón de Irak y la cara del demonio. Esa cara surge un instante en la cocina de Chris. Igual de misterioso es el crucifijo que aparece bajo la almohada de Regan, que nadie ha puesto allí; o la profanación de la capilla del barrio. La parte de Lee J. Cobb, que tiene un personaje muy bueno, el del investigador, añade el elemento “lo que faltaba”, sobre todo cuando caes en la cuenta de qué ha pasado.
   Siempre me ha encantado esta película, pero hasta hace poco no había entendido que lo que realmente cuenta es la venganza de un demonio contra el padre Merrin, que toda la película es una trama complejísima para tomarse la revancha (se ve en el medallón del principio y en lo que escucha el padre Karras en las grabaciones), y que el demonio desde el principio estaba colocando las piezas. Pero no entender eso nunca evitó que disfrutara muchísimo con “El exorcista”.

sábado, 15 de abril de 2017

El exorcista [7]

Portada de El exorcista, de William Peter Blatty
NOVELA
The Exorcist
(EE.UU., 1971, 400 páginas)
William Peter Blatty 

De joven, William Peter Blatty se había labrado una sólida carrera, tanto con guiones como con novelas, como escritor de humor. Pero cuanto entró en la cuarentena, su carrera languidecía, así que decidió escribir una novela de terror, sobre una posesión demoníaca, a la que llevaba dándole vueltas veinte años. “El exorcista” vio la luz tres años después, en 1971, convirtiéndose en un fenomenal bestseller que vendió más de 17 millones de ejemplares solo en Estados Unidos. Dos años después, William Friedkin la llevó al cine en una obra maestra, y Blatty ganó el Oscar por adaptar su propia novela.
Con motivo del 40º aniversario, Blatty la reescribió, realizando unos cambios muy sutiles, sobre todo retocando el estilo. El cambio más llamativo es un nuevo personaje, el padre Lucas, en una escena de seis páginas, pero la novela es prácticamente la misma.
            Chris MacNeil, una mujer moderna que no cree en Dios, es una estrella de cine que está rodando una película en Georgetown. Con ella viven su hija de doce años, Reagan, y sus ayudantes. Un día comienzan a oírse unos misteriosos ruidos en el ático, y su hija se queja de que su cama se mueve. Gradualmente la hija cae enferma, y después de un sinfín de pruebas médicas y psicológica, la atea MacNeil llega a la conclusión de que Reagan está poseída por un demonio y que necesita un sacerdote, necesita un exorcista.
            “El exorcista” es uno de esos casos en los que la película es mejor que la novela. No es tan extraño como parece. Lo de que la película es siempre mejor es una frase hecha para no pensar. Sucede, por ejemplo, tirando de memoria, con “Tiburón”, “Psicosis”, “El padrino”, “La semilla del diablo”, “El Señor de los Anillos”, “El paciente inglés”, “El resplandor” o “Legítima defensa”. En este caso, todo lo bueno que tiene la película aparecía en la novela, lo malo se eliminó (el film es muchísimo más tenso), y Friedkin añadió detalles geniales que no aparecían el libro.
            Los principales problemas de esta novela es lo que tarda en empezar, y que a Blatty le encantaba estirar las escenas, fueran interesantes o no, y o bien tienes páginas y páginas apasionantes, o páginas y páginas que no parecen llevar a ninguna parte. Esta característica de Blatty está incluso más marcada en “Legión”, la secuela a “El exorcista” que publicó en 1983, y que él mismo adaptó y dirigió al cine en “El exorcista III” (1990) (tanto la novela como la película me parecen interesantes, pero fallidas).
“El exorcista” comienza con la presentación (un pelín confusa) del padre Merrin en Irak, donde el sacerdote, al observar la figurita sacada de una excavación del demonio Pazuzu, prevé que algo muy malo se ha liberado en el mundo. Aquí no medallón anacrónico ni reloj de pared que se detenga.
            Luego la acción salta a Estados Unidos. Blatty va dando pistas de que suceden cosas extrañas en la casa donde se aloja Chris MacNeil, y con la niña (los ruidos, los muebles cambiados de sitio, la cama que se mueve, la ouija y el capitán Howdy); es con diferencia lo más interesante, porque el resto, que es lo que más páginas ocupa, es bastante aburrido. Aquí cuenta la vida profesional de Chris, su relación con el insoportable director de cine (si alguien no le mataba, sería yo quien lo hiciera saltando a la novela), y quiénes son sus ayudantes.
Mejor es la presentación del padre Karras, sobre todo la crisis de fe que sufre y lo culpable que se siente por la muerte de su madre, aunque la relación con otros jesuitas es poco interesante.
Hay una fiesta, que muestra lo mejor y lo peor de Blatty: páginas y páginas que no sabes muy bien a dónde van, con detalles muy inquietantes; la premonición de Reagan sobre la muerte del astronauta después de orinar en la alfombra, y las conclusiones de la médium.
Al tiempo que Blatty te cuenta unas excesivamente técnicas y excesivamente largas pruebas y explicaciones médicas, Reagan van empeorando, con ataques muy impactantes (¡bien por Blatty!); una iglesia aparece profanada, y hay un asesinato.
Entonces aparece un detective cinéfilo, que es muy pesado porque solo sale hablar dando rodeos (sus conversaciones duran una barbaridad), que imagina que ambos casos están relacionados. A medida que siguen las pruebas y el deterioro de Reagan, más se convence su madre de que es una posesión y más se desespera. Esto está bien porque el personaje era ateo.
Blatty se crea una subtrama, inexistente en la película, que no funciona en absoluto, en la que el detective cinéfilo sospecha que el criado de Chris MacNeil ha asesinado al director de cine. Dura bastantes páginas, pero no funciona porque desde el principio sospechas que ha sido Reagan poseída la asesina (blanco y en botella), y cada vez que la novela regresa a esa investigación, se desploma el interés. Lo importante es saber qué va a pasar con esa niña, no quién mató al director de cine, que además no tiene ningún misterio.
La novela gana enteros cuando Blatty se centra en la posesión, que es en la segunda mitad. Chris ya ha perdido toda esperanza en la medicina, y recurre a la religión. Aunque está convencida de que su hija está poseída, el padre Karras necesita pruebas concluyentes para que la Iglesia apruebe un exorcismo. Las conversaciones entre Karras y el demonio son geniales, muy inquietantes y desconcertantes, y Karras no hace más que darle vueltas al caso, incapaz de encontrar la prueba definitiva de la posesión, aunque es obvio que la niña está poseída. Si no hacen algo pronto, morirá.
En el último tramo, que es muy bueno (menos espectacular que la película), reaparece el padre Merrin, el exorcista.
Si esta novela me ha dejado un buen sabor es porque va mejorando mucho a medida que avanza.

jueves, 13 de abril de 2017

MIS LIBROS MÁS BARATOS EN ESTADOS UNIDOS Y MÉXICO

He bajado el precio de las ediciones en papel de "Atrévete a ser escritor" y "Vivir soñando"en Estados Unidos y México. El motivo es que el dólar ha bajado mucho, y he ajustado los precios. He rebajado"Atrévete a ser escritor"  más de un 10%, y "Vivir soñando" casi un 20%.
    En Estados Unidos (que también incluye el Kindle), "Atrévete a ser escritor" pasa de costar 14,25$ a 12,75$, y "Vivir soñando" de 9,25$ a 7,50$.
    En México "Atrévete a ser escritor" pasa de 268,52 a 240,70 pesos, y "Vivir soñando" de 175 a 142 pesos.
   Muchas gracias por hacer que "Atrévete a ser escritor" se siga vendiendo bien más de dos años y medio después de su publicación. Ya lleva 2 años y 7 meses entre los 100 más vendidos del Amazon español.

lunes, 10 de abril de 2017

TALLER DE ESCRITURA CREATIVA EN SANTANDER

¡Hola amigos! 
Esta privamera voy a impartir un taller de escritura creativa en el Espacio Joven de Santander. Serán todos los miércoles, del 26 de abril al 31 de mayo, de 20:00 a 21:30 horas, para alumnos de entre 15 y 30 años (si tenéis hasta 35, pedid que os pongan en la lista de espera), y solo cuesta 15€. Para apuntaros os podéis pasar por la Cuesta del hospital 10, escribir un e-mail a juventud@santander.es, o llamar a los teléfonos 942 203 028 o 942 203 029. Daos prisa, que las plazas son limitadas. ¡Nos vemos en abril!

CURSO ONLINE
Y para los que no vivís cerca de Santander o no tenéis tiempo para acudir a clases presenciales, os adelanto que ya estoy trabajando en el curso online, que podrá hacer gente de todo el mundo y de todas las edades. ¡Por fin, por fin! Será con vídeos en streaming, en un plataforma donde podréis entrar todas las veces que necesitéis, para que vayáis a vuestro propio ritmo, haciendo los ejercicios que os proponga y asimilando la teoría. 
     Estoy adaptando la teoría y ejercicios de mi curso presencial de nueve meses para que lo podáis hacer por vuestra cuenta sin problemas, y estoy buscando la posibilidad de que podáis pagar o bien de una vez (con un pequeño descuento), o a cómodos plazos de unos 15€ mensuales. Siendo muy optimista, estará disponible a finales de año, pero antes tengo que acabar "Érase una vez...". O iré informando a medida que vaya avanzando.

sábado, 8 de abril de 2017

La semilla del diablo [8]

Portada de La semilla del diablo, de Ira Levin
NOVELA
Rosemary's Baby
(EE.UU., 1967, 256 páginas)
Ira Levin 

Hace cincuenta años, Ira Levin publicó su segunda novela, "La semilla del diablo", donde siguió demostrando unas dotes para tramar portentosas. Habían pasado catorce años desde su debut, "Un beso antes de morir", pero la obra se convirtió en su libro más famoso, y con cuatro millones de ejemplares vendidos, en la novela de terror más vendida de los 60, poniendo de moda el género. Al año siguiente, Roman Polanski la adaptó en una grandísima película.
            A la joven Rosemary la vida le sonríe. Está felizmente casada y acaba de mudarse al Bramford, un antiguo y prestigioso edificio de Nueva York. A pesar de que un amigo le advierte del pasado tenebroso de su nueva casa, Rosemary no encuentra nada malo. Rosemary se queda embarazada, y descubre que a su marido, quien pasa cada vez más tiempo con los vecinos ancianos de al lado, de repente le está yendo muy bien en su carrera de actor. Rosemary empieza a sospechar que los vecinos y su marido le ocultan algo muy oscuro.
            Aunque nunca resulta aburrida, la novela empieza con muy poca tensión, y la parte central, la del embarazo de Rosemary, tampoco es excesivamente emocionante. Al releerla te das cuenta de que lo que estaba haciendo Levin era ir plantando elementos para sorprenderte al final.
            Al principio, ves a una pareja joven a la que todo parece irle de maravilla. La única nota discordante es el escritorio que movió la anterior inquilina para bloquear el armario de las escobas, unos misteriosos cantos provenientes del piso de al lado, y el pasado escabroso del edificio, historia que les cuenta un amigo escritor de la pareja; esto último es lo que más interés crea.
            Rosemary conoce a una joven, a la que cuidan los vecinos ancianos de al lado, y al poco se suicida. Entonces aparecen los vecinos, los Castavet, que son muy pesados. No hay tensión porque no acabas de ver qué importancia tienen esos acontecimientos en la vida de Rosemary, o por qué suponen un riesgo.
            Tras una noche de pesadilla, Rosemary se queda embarazada, y lo único que ves que es los Castavet son más pesados de lo que pensabas, porque se empeñan en que vaya a su médico y en que beba los zumos naturales elaborados con las plantas del herbolario de Minnie Castavet. Al marido cada vez le va mejor, y Rosemary sufre porque tiene unos dolores que la parten en dos, y ni el médico ni los zumitos hacen nada para evitarlos. Lo único que piensas es que el médico es un inútil y que los vecinos son unos plastas, pero no hay presión sobre Rosemary porque ella todavía no sospecha de nadie. Me parece que esta novela hubiera sido mejor si la protagonista comenzara a ver señales antes de que algo muy malo pasaba a su alrededor.
            Aumenta la tensión cuando Rosemary queda con su amigo escritor, porque este ha descubierto algo, y misteriosamente el hombre no acude a la cita. Pero tras descubrirse qué ha sucedido, la novela vuelve a una zona sin tensión.
            Pero si en "Un beso antes de morir", tras unos giros magníficos en una trama estupenda, el interés decaía en el último tramo, en "La semilla del diablo" pasa todo lo contrario, y es el último tercio, en donde se dispara la tensión y encajan todas las piezas con una precisión pasmosa, dando la vuelta a todo lo que habías pensando hasta entonces, el que la convierte en una gran novela.
            Aquí aparece un libro con un enigmático anagrama, Rosemary se vuelve paranoica y comienza a ver complots para hacer daño a su hijo por todas partes, y entonces llega el impresionante final.

domingo, 2 de abril de 2017

VIDA DE ESCRITOR: LA ASERTIVIDAD (III)

¡Ya tengo un el título definitivo de mi siguiente libro para escritores! Después de pasarles un cuestionario a mis alumnos, darle varias vueltas, darme cuenta de que “Érase una vez…” podría llevar a confusión —que pareciera que era para escribir cuentos infantiles—, y de que el libro trata realmente de la actitud que hay que tener para ser escritor, ya sé cómo lo voy a llamar.
            Por favor, redoble de tambor…

            La aventura de ser escritor

            Con el subtítulo:

Cómo motivarte y superar todos los obstáculos para tener una carrera literaria

Me gusta mucho porque recuerda a “Atrévete a ser escritor”, para los que ya me conocen, y suena atractivo, para los que no. Reconozcámoslo, ser escritor es una demencial aventura, aunque solo sea por cómo te las tienes que ingeniar para rascar dinero de aquí y allá para sobrevivir, pero es una aventura apasionante.
Lo he comentado en alguna otra ocasión, que las personas tenemos un GPS que nos va guiando a través de las emociones, una brújula emocional: si te sientes a gusto, es que estás en el buen camino, si algo chirría, es que debes hacer algún cambio. Para que esto funcione, te tienes que conocer muy bien, tanto tus gustos como tus opiniones y sentimientos.
Los dos títulos que había barajado antes no acababan de convencerme, aunque no sabía por qué, pero al avanzar en la escritura y ver de qué iba realmente el libro, una mañana le di vueltas. Cuando busco una solución creativa, y no me refiero solo a desarrollar una trama o a encontrar un título, sino a cualquier cuestión de la vida, no me obsesiono con el problema, estoy súper tranquilo, en plan calma chicha, y lo que hago es saber qué quiero lograr (si no sabes qué quieres, vas a estar dando palos de cielo, sin saber si te acercas o alejas de la solución) y pienso un poco, para luego olvidarme de ello. Me pongo con alguna actividad que no me exija pensar, y al rato me vienen ideas solas, y les voy unas vueltas, y otra vez lo mando al fondo de la mente. La solución se va fraguando por sí misma, y yo voy atisbando una dirección, hasta que todo encaja y doy con la solución. Pueden pasar días o unos pocos minutos, pero al final siempre funciona.
Vamos, justo lo contrario de lo que te enseñaban en el colegio. Se lo recomiendo a todo el mundo.
Ahora volvamos a la asertividad.

COMPORTAMIENTOS 
A la hora de dar la opinión, existen varios comportamientos; y aquí sí que solo hay una respuesta correcta: el comportamiento asertivo es el bueno. Veamos cuáles son:

Agresivo: Es prepotente y va apabullando a la gente, para evitar que se le pueda
Fotografía de Donald Trump
Donald Trump
contradecir, y utiliza el ridículo, el sarcasmo y las malas contestaciones para lograr sus objetivos. Suele decir cosas como “Estás equivocado”, “Deberías hacer tal y tal cosa”, “No tienes ni idea”. ¿A alguien le viene a la cabeza Donald Trump? Las personas agresivas han llegado a este estilo por tener un modelo así mientras crecían; por enmascarar una baja autoestima (como son bordes, nadie les puede contradecir); por ver las ventajas que obtienen (soy borde, y como nadie me contradice, logro lo que quiero); o por ser tan zoquetes que no ven las consecuencias negativas de su comportamiento (a sus espaldas, los evitan y temen tratar con ellos).
En ciertos asuntos, yo actuaba así (no hay más que leerse mis primeras críticas), y lo hacía, de forma inconsciente, por todos los motivos que he señalado arriba. Una influencia terrible fue mi paso por la universidad, por estudiar —es un decir— Periodismo, donde te inculcaban que fueras agresivo a la hora de dar tu opinión en los artículos. No te lo decían, pero me parece que querían enmascarar la ignorancia con la agresividad. Durante cuatro eternos años no aprendí nada, o aprendí a no parecerme a mis profesores
            Desgraciadamente, más de un periodista, columnista o tertuliano, y no digamos blogueros y los que muerden desde las redes sociales (que no tendrían el valor de decir las barbaridades que escriben a la cara), aún mantienen este estilo. Cuando veo que echan las muelas criticando a otros o sentando cátedra, inevitablemente pienso, “Si eres tan listo que estás en posesión de la verdad y no has cometido ni un error en tu vida, ¿por qué no dejas de escribir o de hablar y te pones a arreglar el mundo?”.
 
Pasivo: Es justo lo contrario. Tiene miedo de dar su opinión o de contradecir a los demás, y evita los conflictos a toda costa, dando el control de su vida a otras personas. Si a alguien le viene a la cabeza Donald Trump, es que tiene un serio problema para leer a las personas. Se puede formar por crecer en familias excesivamente educadas, que no saben decir no; por haberles exigido demasiada obediencia siendo niños y los padres no aceptaban un no por respuesta; porque sus padres no respetaron sus límites y necesidades y los ignoraban cuando pedían ayuda; o porque en su casa solo existía el estilo agresivo y el pasivo.
Yo, en otros asuntos, era pasivo. Hasta que no descubrí la inteligencia emocional con 30 años, no sabía que tenía derecho a mis gustos y opiniones, a emplear mi tiempo libre como me placiera, a buscar las compañías que yo quisiera. Me aterrorizaba que la gente me pudiera rechazar, y me sentía culpable si decía no, así que o bien recurría al estilo agresivo, y mordía, o no decía nada y me quedaba cabreadísimo. 

            —Pasivo-agresivo: Es parecido al pasivo, en el sentido de que no se atreve a contradecir a nadie, pero se muestra agresivo de forma indirecta, y cuando alguien le pide algo que no le gusta, en vez de decirlo, acepta y lo hace mal, “vengándose” de esa persona. Llegan tarde, critican por la espalda, echan la culpa a otros… lo que sea para enmascarar que se están vengando y que no quieren que les pillen. Es un infierno trabajar con ellos.
Yo, en mis peores épocas, también fui pasivo-agresivo. Como estaba harto de mis jefes o de mi trabajo, no hacía bien lo que me mandaban, pero intentaba evitar que me pillaran, y en vez de tener el valor de irme al ver que no funcionaba nuestra relación laboral, andaba jodiendo la marrana. No estoy nada orgulloso de ese pasado.

Prueba de bomba atómica

La bomba de relojería: Son los que van alternando un estilo con otro. Puede en unas situaciones actúen de forma agresiva, otras sean pasivos, y en otras pasivos-agresivos. Y son bombas de relojería porque un estilo pasivo o pasivo-agresivo, con el tiempo, puede derivar en una explosión de agresividad: no se atreven a hacer que respeten sus derechos, pero al final acaban estallando.
Sí amigos, yo también era una bomba de relojería, sobre todo con gente que veía que no respetaba mis límites vitales, cuando necesitaba estar solo (soy muy introvertido, necesito bastante tiempo para mí). ¿Cómo lo iban a saber si yo no se lo decía, o solo se lo decía una vez, y de forma insegura? Al cabo de unos meses, estallaba. O con gente que expresaba opiniones con las que yo estaba muy en contra; no me atrevía a decir que no estaba de acuerdo, hasta que un día, tras meses de no dar ninguna señal, me convertía en el huracán Carlos. Y luego volvía a mi estilo habitual, cargando las baterías para volver a estallar. 

       —Asertivo: El bueno. Expresas tus opiniones respetando la de los demás. Sabes decir sí y no, sin sentirte mal. Y no manipulas a nadie para lograr lo que quieres.

Una vez que has identificado tu forma de actuar, hay que ver qué tienes que cambiar para lograr ser asertivo. Cuando intentamos algo por primera vez, o nos damos cuenta de errores por solventar, solemos ir dando bandazos, como si fuéramos un péndulo, y si por ejemplo descubrimos que éramos pasivos, nos volvemos agresivos, hasta que con la práctica, vamos afinando las respuestas y acabamos siendo asertivos.
En el siguiente y último artículo veremos técnicas para practicar la asertividad.

Las fotografías son de dominio público y no hace falta atribuir el autor. La brújula (Mysticartdesign), Donald Trump (Wikipedia), bomba atómica (WikiImages).

 Siguiente artículo: Domingo 7 de mayo. 

sábado, 25 de marzo de 2017

La lista de Schindler [10]

Poster original de La lista de Schindler
Archivo: Publicada originariamente el 15 de agosto de 2013
CINEFILIA
Schindler's List
(EE.UU., 1993, 195 min)
Dirección:
Steven Spielberg
Guión:
Steven Zaillian
Intérpretes:
Liam Neeson
Ben Kingsley
Ralph Fiennes
Caroline Goodall
Embeth Davidtz 
IMDb

Posiblemente 1993 fue el mejor año de la carrera de Steven Spielberg. Gracias a "Parque Jurásico" logró la película más taquillera de la historia, y con "La lista de Schindler", tras veinte años de una carrera excepcional, consiguió que los críticos por fin se dieran cuenta de lo grande que es. Durante años Spielberg rechazó el proyecto porque no se veía con la suficiente madurez para afrontarlo, y se lo ofreció a Roman Polanski, Sydney Pollack y Martin Scorsese. Afortunadamente Spielberg esperó, y cuando llegó el momento de rodarla, no es que hiciera "La lista de Schindler" pensando en los críticos para taparles la boca de una vez, es que tenía puesto todo su corazón en el proyecto y le quedó una obra maestra.
   La película, basada en la novela de Thomas Keneally, arrasó en los Oscars (7 estatuillas, incluidas las de Mejor Película y Mejor Director), y recaudó más de 300 millones de dólares en todo el mundo. Y es tanta su calidad, que desde el día del estreno se convirtió en un clásico.
   Oskar Schindler (Liam Neeson) es un nazi vividor y mujeriego que ha tenido un golpe de suerte: ha estallado la Segunda Guerra Mundial. Los judíos progresivamente van perdiendo derechos, algo que aprovecha Schindler para enriquecerse. Pensando que en tiempos de guerra lo que más dinero dará serán cosas materiales que se puedan intercambiar, monta una fábrica de sartenes y cazuelas y contrata a judíos, que son una mano de obra baratísima. Para ayudarle en las finanzas, Schindler se hace con el contable judío Itzhak Stern (Ben Kingsley), quien no soporta lo cínico que es Schindler. Pero a medida que avanza la guerra, Schindler descubrirá qué está pasando realmente con los judíos, lo que provocará que utilice su fábrica como tapadera para salvarlos.
   "La lista de Schindler" es la película más emocionante que he visto en mi vida. Estructuralmente funciona a dos niveles: el cambio de Oskar Schindler, que pasa de ser un cínico sólo interesado en el dinero, a arriesgarlo todo por salvar vidas humanas; y la degradación de los judíos, que cuando parece que nada puede ir a peor, todo empeora mucho. De este modo, estas dos tramas que se van entrelazando hacen que cuanto más sufres por los judíos, más te emocione lo que está haciendo Schindler.
   Pero solo una buena estructura no hace que una película sea una obra maestra. Lo que hace que "La lista de Schindler" sea emocionalmente tan potente es la dirección de Spielberg y lo bien que están presentados los personajes y preparados los momentos.
Liam Neeson y Ben Kingsley en La lista de Schindler
Liam Neeson y Ben Kingsley
   Siendo muy sutil, Spielberg te presenta a un puñado de judíos que tienes perfectamente identificados, y los sigues a través de tres angustiosas horas. No sabrías nombrarlos, pero los reconoces en cuanto aparecen en pantalla; ya no son secundarios, son personas de carne y hueso. Y es que la película está construida con pequeños arcos narrativos: el rabino que hizo pocas bisagras en la fábrica de Amon Goeth, la chica que se maquilló para que Schindler contratara a sus padres; la niña de gafitas y su madre; el hombre manco que fue a darle las gracias a Schindler; la criada de la que se enamoró el monstruo de Goeth...
   Por eso, y porque Spielberg de vez en cuando utiliza un estilo de documental muy efectivo y todos los actores son extraordinarios, se te ponen los pelos de punta cuando ves con qué frialdad tratan los nazis a los judíos, y los matan como si fueran moscas. Tiemblas cada vez que Amon Goeth (Ralph Fiennes) aparece en pantalla, y deseas que Oskar Schindler se salga con la suya.
   Así logra Spielberg llenar la película de puntos álgidos sin saturar al espectador: el montaje en paralelo de los judíos abandonando su casa y descubriendo la nueva en el gueto, mientras Schindler se queda con su antiguo hogar; el impresionante exterminio del gueto; el montaje triple entre la boda judía, Schindler en una fiesta, y Goeth machacando a su criada; Schindler rescatando a su contable de los trenes; Schindler dando agua a los judíos en los trenes; cualquiera de las acciones de Goeth...
   Un momento muy bien preparado es cuando Goeth tiene que hace hueco en su campo de concentración para nuevos prisioneros. Por los altavoces suena la música de un tocadiscos y los judíos corren desnudos delante de los nazis, quienes deciden de un vistazo quién vivirá y quién morirá. En esa parte es impactante cuando las mujeres se pinchan los dedos para sangrar y mancharse con sangre la cara, para así simular que tienen buena salud. Sabes que por mucho que el campo de Goeth sea un infierno, salir de ahí significa una muerte segura. Entonces ves que cambian el disco y comienza a sonar una canción infantil. El siguiente plano son las guardianas nazis llevando a los niños a los camiones, cantando la canción del tocadiscos. Ahí se te hiela la sangre.
   Y luego hay momentos especialmente emocionantes porque se mezclan las dos tramas: con la muerte del hombre manco, Schindler muestra los primeros síntomas del cambio al quejarse de la muerte de un trabajador "cualificado"; la famosísima niña de abrigo rojo le toca especialmente (y al espectador también); la mujer maquillada que logra que sus padres trabajen para Schindler, y con la ayuda de Stern, hace que Schindler comience a sobornar al guarda del campo de concentración.
   La gran prueba de fuego, la que demuestra que Schindler ha cambiado por completo, es cuando arriesga todo por salvar a sus mujeres de Auschwitz (el momento de las duchas  funciona tan bien por cómo está preparado a media película; porque cuando parece que todo iba a ir bien, surge ese problema, que es el mayor de toda la película; y por lo bien hecho que está, que te mete de lleno en la piel de esas mujeres).
   Hay gente que aún duda del talento de Steven Spielberg; también hay gente que aún se piensa que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra.
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