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viernes, 12 de octubre de 2007

Guardianes del día [3]

Cartel americano de Guardianes del díaDnevnoy dozor
(Rusia, 2006, 132 min)
Dirección y guión:
Timur Bekmambetov
Intérpretes:
Konstantin Khabenskyi
Mariya Poroshina
Vladimir Mensho
IMDb

Hace tres años hubo en Rusia un fenómeno cinematográfico que hizo reventar las taquillas en su país origen. Se trataba de “Guardianes de la noche”, un film fantástico (por el género, no por la calidad) que costando tan sólo 4,2 millones de dólares consiguió recaudar más 16 en la antigua Unión Soviética y casi 18 en el resto del mundo. Llama la atención si tenemos en cuenta que “El retorno del rey” consiguió una taquilla de 13 en el país estepario y que en España tan sólo Almodóvar y Amenábar consiguen superar los 30 millones a nivel mundial.
   Dos años después el mismo equipo estrenó la segunda parte de lo que será una trilogía. “Guardianes del día” se rodó al mismo tiempo que la primera parte y compartió el mismo presupuesto. Estrenándose en enero del año pasado en Rusia, consiguió doblar la recaudación de la primera parte, lo que la convierte la película más taquillera en la historia de ese país, humillando a las superproducciones americanas.
   Sin embargo, si bien la primera parte funcionó más que decentemente en el mercado internacional, esta segunda parte parece que no va a acercarse ni de cerca a lo que consiguió la primera. Hasta el momento lleva recaudados 32 millones en Rusia y unos paupérrimos 5 en el resto del planeta.
   Supongo que mucha gente picó el anzuelo de “Guardianes de la noche” gracias al brillante trailer que tenía. Luego saldría decepcionada del cine tras haber visto una peli histérica y marciana y dijo que “Guardianes” nunca más. Los rusos la verán como algo cercano y entenderán todo lo que se nos escapa al resto del mundo. De ahí el taquillazo ruso y el fracaso internacional.
   Partiendo de una idea buena, las películas cuentan como entre las personas normales hay viviendo seres con poderes sobrenaturales que se dividen entre los señores de la Oscuridad y los de la Luz. Hace mil años, después de cientos guerreando, hubo una tregua entre ambos bandos y para mantenerla los señores de la Luz vigilan las noches (de ahí lo de guardianes de la noche) y los de la Oscuridad el día, para que ninguno de los bandos rompa la tregua.
   Normalmente las fuerzas están niveladas, aunque de vez en cuando aparece un Gran Otro que puede hace decantar la balaza a uno de los lados. La primera película terminaba con la aparición de dos Grandes Otros, uno de cada bando, que podía desencadenar una ruptura de la tregua, provocando una guerra que acabaría con el mundo.
   Todo esto así explicado parece muy sencillo y atractivo; pero las películas están tan mal contadas que cuesta seguir la acción. Esta segunda parte es igual que la primera: confusa, espectacular a ratos, crispada y crispante, llena de movimientos de cámara y efectos especiales gratuitos y con el único aliciente de ser una película de fantasía desarrollada en el Moscú actual.
Mariya Poroshina en Guardianes del día
Mariya Poroshina
   Por lo general, las acciones están muy mal explicadas y el espectador no entiende lo que está sucediendo hasta que se ha acabado. Otras muchas veces las cosas quedan a medio explicar, dejando vía libre a la interpretación personal. La presentación de los personajes es mediocre y más de una vez es imposible saber quién es quién hasta que no han pasado varios minutos. Todo ello aderezado con un trillado humor de parvulario.
   Luego su director, Timur Bekmambetov, parece empeñado en que no decaiga el ritmo en ningún momento, haciendo innecesarios movimientos de grúa incluso en las escenas más tranquilas y plagando el metraje de efectos especiales que no vienen a cuento.
   Otra de sus lacras es lo ridículas que quedan algunas de las soluciones de la trama. Después de darle tanta importancia a la Tiza del Destino (¿A quién se le ocurrió este nombre?), cuando la encuentran es increíble y decepcionante; lo mismo sucede con el despegue del avión a Samarcanda, que provoca carcajadas involuntarias. En el aspecto formal, hay momentos que caen en el kitsch más embarazoso, como esa sonrojante escena bajo la cascada.
   En su favor hay que decir que algunas escenas de acción están bien, como la del coche subiendo por un edificio (por mucho que la resolución de la escena sea otra decepción) y la destrucción de Moscú al final.
  En definitiva, este es un film para curiosos no muy exigentes que les apetezca ver una película de acción que no venga de EE.UU. Eso sí, que nadie espere entender toda la trama.

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