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miércoles, 4 de febrero de 2009

Revolutionary Road [1]

Cartel de Revolutionary RoadRevolutionary Road
(EE.UU., Reino Unido, 2008, 119 min)
Dirección:
Sam Mendes
Guión:
Justin Haythe
Intérpretes:
Leonardo DiCaprio
Kate Winslet
Michael Shannon
Kathy Bates
IMDb

He de confesar que nunca he sido fan de Sam Mendes. Jamás he entendido el prestigio de “American Beauty”, que técnicamente es muy buena y el reparto está genial, pero donde los personajes me dan igual. Me pasa lo mismo con “Camino a la perdición”, un film perfecto en el terreno formal, pero sin alma. O “Jarhead”, que tiene elementos visuales potentes (las pisadas en la arena llena de hollín), pero carece de personajes con la misma potencia. Así que me acerqué a “Revolutionary Road” esperando un film técnicamente brillante, con excelentes actuaciones, aunque muy frío. Me equivoqué: poco tiene de bueno este desastre.
   La película muestra la vida de un matrimonio joven en los años cincuenta en un barrio residencial idílico: sus crisis, sus frustraciones y lo que ocultan tras su apariencia de pareja perfecta. A priori, algo parecido a “Lejos del cielo”, una de las mejores películas de la década. Pero ahí acaban las similitudes.
Leonardo DiCaprio y  Kate Winslet en Revolutionary Road
Leonardo DiCaprio y  Kate Winslet
   El film empieza muy mal. DiCaprio y Winslet se conocen en una secuencia muy breve y acto seguido hay un salto adelante de varios años, con ellos tirándose los trastos a la cabeza. No funciona porque no conocemos a los personajes y porque DiCaprio resulta ridículo enfadado (esa cara de niño que tiene se le descompone de una forma muy graciosa). Desgraciadamente, el resto del metraje va a ser así.
   Durante dos horas (que parecen veinte) tenemos a Winslet y DiCaprio hablando por los codos. Es una película muy poco visual y para mostrar los sentimientos de los personajes, recurren siempre a la palabra (“¡me siento frustrada!”, “¡ya no te quiero!”, “¡estoy feliz!”). Y lo peor, es que repiten las cosas una y otra vez. Y otra vez. Y otra. Toman una decisión, cambian de escena y se la cuentan a unos amigos, cambian de escena y se la cuentan a otros amigos… Y este peñazo no avanza un milímetro.
   En relación a lo anterior está la puesta en escena, que es muy teatral: personajes deambulando por el escenario soltando palabras a borbotones. El momento en el que Kathy Bates y Michael Shannon están en cada extremo del salón, cada uno diciendo su frase en el momento justo para no pisar al otro, me hizo mirar la parte de abajo del plano. No, no había ningún apuntador en una concha. Por cierto, el personaje de Shannon es muy manido: sólo un loco se atreve a decir las verdades (verdades que el espectador está harto de oír).
   Es tremendamente previsible y básica y nada más empezar sabes lo que va a pasar. Cada vez que hay un giro en la trama, se ve el final a la legua. Y la estructura es repetitiva a más no poder: Winslet y DiCaprio se odian, Winslet y DiCaprio hacen las pacen, otra vez se odian, otra vez hacen las paces. ¿Cómo vas a mantener la atención del espectador con estos elementos?
   Ni siquiera un sólido reparto, uno de los puntos fuertes de Mendes, luce aquí: DiCaprio es una mala elección de casting (se pasa media película cabreado y no hay manera de creérselo) y Winslet hace lo que puede con su muy simple personaje.
   Terrible.

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