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domingo, 24 de febrero de 2008

Sweeny Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet [4]

Cartel orginal de Sweeny Todd: El barbero diabólico de la calle FleetSweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street
(EE.UU., Reino Unido, 2007, 116 min)
Dirección:
Tim Burton
Guión:
John Logan
Intérpretes:
Johnny Depp
Helena Bonham Carter
Alan Rickman
Timothy Spall
Sacha Baron Cohen
IMDb

Tim Burton, el excelente y personalísimo director de cine, el año pasado se atrevió con el musical adaptando a la gran pantalla “Sweeney Todd, el barbero diabólico de Fleet Street”, de Stephen Sondheim. Para quien no conozca al célebre letrista y compositor de Broadway, basta con ver su palmarés para comprender su estatus de “intocable”: un Oscar, sietes premios Tony, varios Grammys y un premio Pulitzer. Con un autor tan prestigioso y una obra tan famosa a los responsables de la película parece que les ha dado miedo cambiar cosas, lo que va en detrimento del film.
   Durante toda la película hay recursos teatrales que por algo son teatrales: pueden funcionar en escena pero no en la pantalla. ¿Cómo quieren hacernos creer que los dos jóvenes se enamoran profundamente si sólo han intercambiado unas miradas a través de la ventana? ¿Por qué Alan Rickman abre la puerta de su casa al joven si éste no ha llamado? ¿Por qué el joven se mete a la casa sin mediar palabra? ¿Por qué cuando Johnny Depp se encuentra por primera vez a Helena Bonham-Carter no se dicen ni un mísero “hola” y ésta se pone a cantar como una posesa? ¿Por qué hay tan pocos escenarios?
   Sin embargo, si uno hace un esfuerzo puede pasar por alto estas cosas. Lo que nadie puede pasar por alto son las canciones: ¿Por qué dedican varios minutos a explicar cosas cantando que YA SE HAN EXPLICADO o que se pueden explicar con dos frases? Esto provoca que el film se mueva a trompicones: se mueve un poco y parón, se muevo otro poco y parón…así hasta el final. ¿Por qué las canciones no hacen avanzar la historia? ¿Por qué tiene que ser un musical si eso juega en su contra? Ganas dan de saltar a la pantalla y taparles la boca a los actores.
Johnny Depp y Helena Bonham Carter en Sweeny Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet
Johnny Depp y Helena Bonham Carter
   Se nota que el Sr. Burton no es muy ducho en esto de rodar números musicales. Así vemos uno supuestamente divertido (que no tiene nada de gracia) con Bonham Carter cantando durante una eternidad que sus pastelillos de carne son espantosos; uno estático y largísimo de la joven en la ventana o uno bastante kitsch de las fantasías de futuro de Helena. La sensación general es que son demasiado largos y poco graciosos (algunos tenían la intención de serlo): todos los de Sacha Baron Cohen o aquel donde planean deshacerse del cadáver. Algo mejor están el montaje paralelo de Sweeny rebanando pescuezos y el joven enamorado errando por Londres, el primer afeitado de Rickman, o Sweeney deambulando por la ciudad clamando venganza.
   Sin salirnos del terreno musical, cuando uno ve una película de Tim Burton esperar oír de vez en cuando los coros de Danny Elfman o en su defecto, el theremin de Howard Shore. Músicas bastante más divertidas y juguetonas que esta demasiado clásica de Sonhheim. Si es que casi se puede ver a la orquesta en su foso dándole a los instrumentos.
   En el terreno interpretativo destacan un excelente Alan Rickman (¡qué bueno es este actor!) y un caricaturesco Timothy Spall. Se les echa de menos cuando abandonan la pantalla. Bonham-Carter está correcta y Johnny Depp mal. ¿Por qué le nominan al Oscar por sus peores interpretaciones? La primera por hacer de la reina del Caribe, la segunda por un hierático J.M. Barrie y la tercera por un eternamente enfurruñado Sweeny Todd: no cambia de expresión durante dos horas. Cierto es que los dos protagonistas poco pueden hacer por unos personajes tan mal explicados (¿por qué decide Sweeny cargarse a todo barbudo que se le cruce? ¿por qué Mrs Lovett está enamorada de él?).
   Para rematar, la película tiene un final ridículo y apresurado que no cierra una de las líneas (nos imaginamos lo que pasa), con un encuentro entre dos de los personajes principales que tal como está, no tiene ningún sentido que exista.
   Film muy aburrido que se hace visible tan solo por el talento de su director (números musicales aparte). Visualmente la película es muy burtoniana: el estrafalario look de los protagonistas, los decorados casi expresionistas, el tenebrismo del conjunto y –esto es nuevo- la rojísima sangre que haría las delicias de Dario Argento. Habiendo visto todos sus largometrajes, creo que éste es de sus peores. Una decepción.

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