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martes, 1 de diciembre de 2009

Celda 211 [5]

Cartel de Celda 211Celda 211
(España, Francia, 2009, 110 min)
Dirección:
Daniel Monzón
Guión:Jorge Guerricaechevarría
Daniel Monzón
Intérpretes:
Luis Tosar
Alberto Ammann
Marta Etura
Carlos Bardem
Antonio Resines
IMDb

Daniel Monzón ha contado con la colaboración de Jorge Guerricaechevarría para adaptar una novela del periodista Francisco Pérez Gandul sobre un motín carcelario. Guerricaechevarría es el guionista de Álex de la Iglesia, y sus guiones suelen tener premisas muy buenas que aguantan hasta mitad de película, pero que pierden el norte al final, y la única solución que encuentran para acabar son fuegos artificiales (ese es el motivo por el que de la Iglesia, con el talento que tiene, no haya hecho todavía ninguna gran película). “Celda 211” tiene el mismo problema.
   El film comienza presentando al protagonista y el entorno donde se va a desarrollar la acción: Juan (Alberto Ammann) es un funcionario de prisiones que el día antes de incorporarse a su nuevo lugar de trabajo, decide darse una vuelta por la cárcel para ponerse al día. El hombre tiene tan mala suerte que se le cae un pedazo de techo en la cabeza, y los carceleros que le están enseñando el edificio, en vez de llevarlo a la enfermería, deciden meterlo en la celda 211 y llamar al médico. Para empeorar las cosas, justo en ese momento estalla un motín, y los carceleros abandonan a Juan, quien tiene que hacerse pasar por preso si quiere seguir con vida.
   Este punto de partida, que aunque un poco forzado, es muy efectivo, le da pie a Monzón para crear una primera hora excelente. Al tiempo que va presentando el ambiente carcelario (Luis Tosar, por cierto, está impresionante como cabecilla de los presos), muestra la angustia de los carceleros y los planes que fraguan para acabar con el motín y liberar a los rehenes. El ritmo es modélico, mezclando momentos de tensión con otros más distendidos, y el guión no hace más que dar giros cada poco tiempo para que la acción se vaya renovando.
   Monzón consigue algo dificilísimo en esta parte: “Celda 211” es completamente creíble. Era una apuesta arriesgada; la película está hecha muy en serio, y si no lograba la verosimilitud, el film hubiera sido ridículo. El director ha sabido elegir un reparto ejemplar (¿de dónde ha sacado a esos extras?), y funciona a la perfección la contraposición de la dureza de Tosar con la dulzura de Ammann.
Luis Tosar en Celda 211
Luis Tosar
   En esa primera hora Monzón atrapa al espectador y juega con él como quiere. Su estilo tiene muchísima fuerza, la planificación y la puesta en escena son envidiables, y si la película hubiera mantenido este nivel, estaríamos hablando de un thriller muy sólido.
   Desgraciadamente, la segunda parte no está a la altura de la primera, y a Monzón se le va de las manos. Los guionistas se empeñan en que el film tenga mensaje, que quede bien claro que los carceleros son peores que los presos, y para lograrlo, se saltan a la torera la lógica interna del relato.
   A lo largo del metraje van apareciendo insertos de Marta Etura y Ammann en su vida familiar, y lo que sufre Etura por el secuestro de su marido. Al principio, los insertos funcionan como funcionaban en “World Trade Center”, de Oliver Stone: caracterizaban a los personajes que estaban encerrados, dándoles un pasado y mostrando que había personas que se preocupaban por ellos (y por extensión, el espectador), y eran una vía de escape a la claustrofobia general. Aquí, sin embargo, deciden a mitad que la mujer tome parte activa en el relato en un giro rocambolesco. Hay que ser muy cándido para creerse que un cámara de televisión estuviera donde estaba (¿de cuándo acá los cámaras se meten en medio de disturbios?); hay que ser muy cándido para creerse que Antonio Resines se quite el casco, para que su cara se vea bien en plano; hay que ser muy cándido para creerse que un preso, sin apenas conocer a Etura, se haya bajado un vídeo de unos fotogramas donde aparece ella. Y hay que ser muy torpe para meter esto en una película que hasta ese momento era seria.
   A partir de entonces da igual lo que pase. Se acabó la suspensión de la incredulidad. Los personajes actúan como les da la gana y toda la tensión que se había logrado hasta entonces, se esfuma. La película termina con una escena de acción, que hacían falta fuegos artificiales. Eso sí, nos deja clarísimo lo perversos que son los carceleros.
   Es una pena, porque ese mensaje de los maltratos a los presos y el cambio de percepción del protagonista ya aparecía en la primera parte de forma mucho más sutil. Deberían haberse centrado en seguir jugando con el espectador y dejarse de moralina.
   Una oportunidad perdida para hacer una gran película.

3 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo. Me parece un triste desperdicio de lo que podía haber sido una excelente película, el camino de despiste que elige el director después de la primera parte.

    Timothy49

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  2. Una película que suele gustar mucho y sin embargo yo la encuentro bastante simplona.
    Lo que sí me gusta es el actor Luis Tosar. L

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