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lunes, 11 de enero de 2010

Gladiator [8]

Cartel de GladiatorCINEFILIA                                                              
Gladiator
(Reino Unido, EE.UU., 2000, 155 min)
Dirección:
Ridley Scott
Guión:
David Franzoni
John Logan
William Nicholson
Intérpretes:
Russell Crowe
Joaquin Phoenix
Connie Nielsen
Oliver Reed
Richard Harris
Derek Jacobi
IMDb

En 1999 se habló mucho del rodaje de esta película: Russell Crowe, una estrella emergente, se metía en la piel de un gladiador en una superproducción de un director prestigioso pero, por aquel entonces, en decadencia. DreamWorks, la productora de Spielberg, preparaba el terreno para tener un taquillazo en el verano de 2000 y montó una campaña de publicidad en la que se destacaba la espectacularidad del producto y unos deslumbrantes efectos especiales (hablaban de cómo habían recreado la antigua Roma digitalmente; o resucitado a Oliver Reed, que murió sin acabar su papel, para algunos planos). Cuando “Gladiator” se estreno en mayo de 2000, superó con creces las expectativas: se convirtió en la segunda película más taquillera del año (detrás solo de “Misión: Imposible 2”); ganó cinco Oscar (película, actor, vestuario, sonido, y efectos especiales); confirmó el estrellato de su protagonista; relanzó la carrera de Ridley Scott; y para desgracia de los espectadores, resucitó los films históricos épicos (esta película tiene la culpa de que se hayan hecho castañas del calibre de “Alejandro Magno”, “Troya”, “El reino de los cielos”, o “300”).
   Aunque tuvo una buena acogida por parte de la crítica, a “Gladiator” se la criticó por ser demasiado básica, por parecerse a films clásicos, y por ser poco rigurosa históricamente, lo que no impidió que tuviera (y siga teniendo) una legión de fans. Puede que “Gladiator” no sea muy compleja, que sea la historia de “La caída del Imperio Romano” (1964), con la venganza de “Ben-Hur” (1959) y los gladiadores de “Espartaco” (1960), y que se hayan tomado demasiadas licencias con la historia (un historiador se salió del proyecto y otro pidió no ser nombrado en los créditos por los cambios históricos introducidos en la trama); pero de lo que no hay duda es que esta película es un gran espectáculo.
Russell Crowe en Gladiator
Russell Crowe
   La acción comienza en el año 180, en Germania, donde se desarrolla una batalla contra los bárbaros que pone fin a una guerra de varios años. El anciano emperador Marco Aurelio (Richard Harris) le pide a Máximo (Russell Crowe), el general responsable de la victoria, que le acompañe a Roma y le ayude a devolver al senado el poder que tenía en un origen, que haga que el Imperio vuelva a ser una república. Máximo lo único que ansía es volver a su casa en Hispania, donde lo esperan su mujer y su hijo, pero acepta la propuesta. Esa misma noche, cuando Marco Aurelio le dice a su hijo Cómodo (Joaquin Phoenix) que no será emperador, Cómodo asesina a su padre, se hace con el poder y manda matar a Máximo y su familia. El general logra salvarse del fusilamiento, pero cuando llega a su casa en Trujillo, encuentra los restos carbonizados de sus seres queridos. Máximo se convierte en esclavo, luego es vendido como gladiador, y gracias a su destreza podrá llegar al Coliseo y vengarse de Cómodo.
   Reconozcámoslo, la historia de la venganza, que un gladiador ponga en jaque al Imperio Romano, es increíble; pero “Gladiator” tiene tanta fuerza y está tan bien hecha, que es difícil no creerse la trama mientras se ve la película. Ayuda que la historia de Máximo esté bien contada y que se vea perfectamente el ascenso en popularidad del protagonista.
   El film es muy solemne, y en ocasiones (especialmente en las conversaciones en interiores, que son agobiantes), sensual y decadente. Sus torturados personajes sueltan frases altisonantes (del estilo de “lo que hacemos en vida, resuena en la eternidad”) y Ridley Scott hincha formalmente las escenas, y se las toma muy en serio, para darle peso a una historia que no tenía tanto. Y acierta. Lo volvió a intentar al año siguiente con “Hannibal” y la jugada no le salió tan bien (claro que el material de partida era mucho peor que éste). En ese sentido, son magníficas la muerte de Marco Aurelio o la escena, al final, en la que Cómodo le explica a su hermana que su sobrino le ha contado todo.
Joaquin Phoenix en Gladiator
Joaquin Phoenix
   Esta última escena también es un ejemplo de las muchas veces en que las cosas se cuentan con metáforas o se sugieren. Aquí Cómodo recurre a la historia de Marco Antonio y Cleopatra y al emperador Claudio para explicar lo ocurrido; un poco antes el senador Falco le habla de una serpiente marina para proponerle una estrategia contra sus enemigos. En una escena entre Cómodo y su hermana Lucila se deja entrever una relación incestuosa cuando él le pide que le de un beso, y ella acaba besándole la frente. Igual de sutil es la relación entre Máximo y Lucila, de la que se deduce que tuvieron un romance en el pasado, pero sin decirlo abiertamente. Y al acabar la película, no se sabe si Lucio es hijo de Máximo o no. A mí esto de sugerir y de decir cosas que significan algo distinto me gusta mucho.
   Algo que Ridley Scott hace muy bien es preparar momentos, y luego no decepcionar cuando llega el acontecimiento. Empezando con el principio, donde dedica unos minutos a preparar una batalla, y poco a poco va incrementando la tensión (el jinete sin cabeza, los cánticos de los bárbaros, cuando encienden las flechas), y al estallar la contienda, el resultado es impresionante. Scott logra meter al espectador en el fragor de la batalla con una escena muy dinámica y muy bien construida (empiezan con catapultas y fechas y acaban en combate cuerpo a cuerpo), en la que se sigue la acción sin problemas. El secreto es que está llena de pequeñas acciones (el perro que ayuda a Máximo, la muerte del bárbaro gigante, el casi “fuego amigo”) que se van desarrollando en el tiempo. Una buena estructura es la clave.
   Con los combates entre gladiadores pasa lo mismo. Scott los prepara, y luego deslumbra. Presenta a los espectadores y a los gladiadores esperando, y entonces crea una escena de acción deslumbrante. Aquí también hay una buena estructura. El montaje está muy picado, pero se ve lo que está pasando (y Pietro Scalia, el montador, mete planos de reacción muy buenos). Los combates tienen mucha importancia narrativamente, ya que tienen que mostrar cómo Máximo se convierte en un famoso gladiador que puede retar al césar. Por ello, todos son distintos y van creciendo en espectacularidad. Si en el primero Máximo era uno más que se defendía como podía para sobrevivir, en seguida se ve que esos anfiteatros de provincias se le quedan pequeños y sólo el Coliseo es digno de él. Cuando llega a Roma, el primer combate (tras haber presentado el anfiteatro con un famoso travelling circular), en el que intervienen cuadrigas, es extraordinario y Máximo muestra sus dotes de mando; en el segundo, el gladiador ya es una estrella y además de luchar contra un hombre enorme, tiene que lidiar con tigres. El último combate no es tan espectacular como los anteriores, pero gana en intensidad: se enfrenta a Cómodo. La variación y un aumento de la intensidad es la clave.
   Creo que incluso los detractores de esta película reconocen que las escenas de acción son fuera de serie: te dejan clavado a la butaca y no descansas hasta que acaban.
Richard Harris en Gladiator
Richard Harris
   Parte del éxito de “Gladiator” se debe a su reparto, sobre todo sus secundarios. Sin ellos, ni siquiera la dirección de Ridley Scott evitaría que el film fracasara. Connie Nielsen y Derek Jacobi están correctos como Lucila y el senador Graco, pero los que destacan con interpretaciones magistrales son Richard Harris, Oliver Reed y Joaquin Phoenix. Harris, en apenas diez minutos, da vida a un cansando emperador Marco Aurelio; Reed a un brusco entrenador de gladiadores que lleva a Máximo a Roma; y Phoenix al odioso e inseguro Cómodo (estuvo nominado al Oscar a mejor actor secundario. Lo ganó Benicio del Toro por “Traffic”). Son interpretaciones tan buenas y llenas de matices que hacen algo de sombra a la estrella de la película.
   Russell Crowe es un actor excelente, pero su encarnación de Máximo no me parece de sus mejores actuaciones. Crowe tiene el físico perfecto para hacer de general romano y de gladiador, su presencia llena la pantalla, en ocasiones es muy intenso (en especial, cuando se muestra a Cómodo en el Coliseo) y transmite muy bien que es un hombre de honor; pero está demasiado contenido y hay muy poca variación entre los distintos estados de ánimo por los que pasa durante la película: casi da lo mismo que haya ganado una batalla, que esté deprimido o que se acuerde de su familia. No es una mala actuación, pero tampoco es brillante.
   Los efectos especiales son irregulares. Recuerdo que cuando la vi en el cine ya había planos que se notaban mucho que eran digitales, como la llegada de Cómodo a Roma o algunos planos generales (el que cierra la película, por ejemplo). Pero hay otros que estaban muy bien entonces y siguen funcionando ahora, como las granda ampliadas del Coliseo o los tigres, que están perfectamente integrados. La suplantación digital de Oliver Reed es más un hábil trabajo de planificación y montaje que de efectos especiales (quitando el plano en donde se despide de Máximo, que es la cara de Reed puesta encima de otro actor, en el resto de planos aparece de espaldas o desenfocado –es otro actor- y sus primeros planos son descartes de otras secuencias).
Oliver Reed en Gladiator
Oliver Reed
   De los fallos que tiene la película, destacaría el viaje de Máximo de Germania a Hispania, que tal como aparece en el film, da la sensación de que están a un tiro de piedra; y el presentimiento que tiene el protagonista cuando matan a su familia no parece un presentimiento, sino que está oyendo sus gritos.
   Cómodo aparece al principio entrenándose con un grupo de centuriones. Es la única vez que lo vemos utilizar una espada, y esa escena está allí para justificar que pueda enfrentarse a Máximo al final. El problema que le veo es que Cómodo, quitando en esa escena, está retratado como un cobarde, así que cuando llega el enfrentamiento, es un poco increíble que Cómodo se atreva a enfrentarse a Máximo y no hay duda de quien va a ganar. Tal vez si Cómodo hubiera luchado algo más a lo largo del metraje, el combate final funcionaría mejor.
   La parte que menos me gusta es la conspiración para derrocar a Cómodo. Al contrario de caída y ascenso de Máximo, ésta me parece que está mal contada. En el tramo final, reaparece Lucila y le dice a Máximo que está sufriendo muchísimo (algo que no hemos visto), y se saca de la manga que está tramando con un senador, algo que tampoco se ha mostrado. Luego aparece un antiguo criado de Máximo y le dice que su ejército le sigue siendo fiel. Todo es muy precipitado y no se ha preparado nada: dejando aparte el descontento de los senadores, no se han dado pistas al espectador de que se estaba gestando un golpe de Estado. Y la resolución es facilona y todavía va más deprisa.
   Puede que “Gladiator” no tenga la calidad de las obras maestras de Ridley Scott (“Alien” y “Blade Runner”), pero merece mucho la pena verla. Es difícil aburrirse con esta película, es difícil no empatizar con Máximo el Hispano, es difícil no sentirse transportado al pasado. Tiene una fuerza visual y un poder hipnótico fuera de lo común. Si ésta no es una película notable, no sé cual puede serlo.

Calidad del blu-ray:
He visto la edición especial de dos discos británica (es la misma que la española, incluso tiene doblaje y subtítulos en castellano. Si alguien quiere una copia, recomiendo que la compre por internet en un comercio británico, que los blu-ray son mucho más baratos en ese país). Poco antes de que “Gladiator” se editara en blu-ray, se colaron en internet unos fotogramas de la batalla del principio en los que, debido a filtros digitales, las fechas desaparecían; lo que provocó que mucha gente criticara la calidad de la copia incluso antes de haberla visto. El blu-ray de “Gladiator” es muy bueno, dando la textura cinematográfica que tiene el formato, con unos colores brillantes, más profundidad de campo que cualquier dvd, con grano y unos detalles bien definidos. Y la copia para el transfer está impoluta. Mi única pega es que han utilizado un filtro para resaltar los bordes y en algunas ocasiones, especialmente en los planos generales, hay objetos y personajes que parecen delineados, lo que rompe con la apariencia cinematográfica que tiene el resto. Y en la batalla del principio, puedo asegurar que a tiempo real las fechas no desaparecen (supongo que si vas fotograma a fotograma, en alguno no aparezcan, pero así no se ven las películas).

4 comentarios:

  1. Una buena película. La primera vez que la vi no me pareció tan buena, pero cada vez que la veo me parece mejor y me gusta más.

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  2. Acabo de leer en faceb que trabajaba sven ole thorsen, la verdad que me pasó totalmente desapercibido, estoy deseando verla de nuevo para localizarle. Guardo especial cariño a los personajes de Conan (la primera). L

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  3. Es el gladiador que lleva una máscara de tigre.

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