¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

domingo, 16 de mayo de 2010

Agony Hill [3]

Portada de Agony Hill, de Roger Saltsman
NOVELA
Agony Hill
(EE.UU., 2009, 288 páginas)
Roger Saltsman

“Agony Hill” es una novela sobre un chico adolescente, corredor de fondo, que tras una experiencia traumática, hace que se plantee su vida e intente remediar el daño que hizo en el pasado. Es el debut de su autor, Roger Saltsman, quien de joven también fue corredor de fondo para la Universidad de Brevard, que aparece en la novela, y que según lo que dice en la dedicatoria, también corrió por los caminos descritos en el libro.
   La primera pregunta que viene a la mente es ¿qué demonios hace Carlos leyendo una novela de deportes, él no sabe ni las reglas del fútbol? Podría decir que en ficción lo importante no son los temas, sino cómo están tratados y que por eso me he leído “Agony Hill”. Pero estaría mintiendo: la novela me tocó en Library Thing, una especie de IMDb para libros (y que recomiendo a todos los amantes de la lectura). La única condición que me pedían para leerla gratis era que escribiera una crítica. He tardado seis meses. Más se tardó en construir El Escorial.
   La novela se desarrolla en Brevard, un pueblecito de Carolina del Norte a finales de los 70 y principios de los 80. El libro tiene dos partes bien diferenciadas. El primer tercio muestra a Eric, un joven presuntuoso, que corre muy bien y que quiere conseguir una beca para ir a la universidad. Un día provoca un accidente en el que se tuerce el tobillo, lo que pone en riesgo su carrera de deportista, y muere un chico. En los dos tercios restantes, Eric ha cambiado. Tras dos años viviendo con un tío en una ciudad y trabajando en la construcción, decide volver a Brevard para retomar su sueños de atleta. Allí se reencontrará con un antiguo amor, y descubrirá a un entrenador retirado que le ayudará a lograr su meta.
   La primera parte es terrible, por eso he tardado tanto en leérmela. Leía un capítulo y me decía “esto es superior a mis fuerzas”. Y la dejaba. La retomaba, y tras unas páginas saltaba “prefiero el B.O.E.”. A Saltsman, queriendo mostrar el pueblo, su ambiente, y sus habitantes, se le va de la mano. Hay demasiada biografía de personajes, demasiada historia del pueblo, y muy poco sentido de hacia donde va la historia. Y el narrador omnisciente está muy mal manejado.
   Saltsman va pasando de cabeza a cabeza para mostrar los pensamientos, y le da igual que sea un personaje importante o que no vuelva a aparecer; y que lo que piense tenga importancia o no. Lo hace simplemente porque se puede hacer. Es lo que muy gráficamente el novelista Dan Simmons llama “el saltamontes en la sartén”. Pero no solo hace eso, más de una vez, cuando ha saltado a un personaje, mete una pequeña biografía de él, y tampoco sigue ningún criterio. Y a veces, cuando los protagonistas llegan a algún sitio, se detiene durante párrafos para contar la historia del lugar (hay una parte especialmente enervante en la que Mary, la chica enamorada de Eric, llega a un restaurante de comida rápida, y Saltsman lo describe con tanto detalle que acaba contando cómo era la hamburguesa especial. La hamburguesa no pinta nada en la trama, y el local muy poco). Cada vez que entrenan es aburridísimo, y no sabe sacarle todo el jugo a la parte de la casa abandonada.
   En varias ocasiones Saltsman repite información en los diálogos y los pensamientos. De un párrafo a otro. Y hay tantísimos datos, y la trama avanza tan poco, que no se sabe qué quiere contar.
   Después del accidente, el libro gana enteros. Eric tiene una meta, y Saltsman se centra. Sigue teniendo los mismos errores del salto de cabeza, las biografías innecesarias, la repetición de información, y las parrafadas de historia, pero se siente empatía por el protagonista. Y aparecen bastante menos personajes y lugares. Eric es mucho más humilde, y su historia de redención y superación tiene buenos momentos. A mí me gusta mucho el empeño que pone Eric por luchar por sus sueños. La relación con Miklos, el entrenador húngaro, es tierna (lo mejor es la parte en la que Miklos enferma), y estás deseando que Mary y Eric acaben juntos. Hay momentos muy forzados (sobre todo los concernientes a Trey, el enemigo de Eric), y la carrera final podía ser mucho más emocionante. Pero el cambio de Eric  y las relaciones con sus seres queridos están bien.
   “Agony Hill” no estaría mal si tuviera la mitad de páginas.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Mi rincón tiene un filtro. Opina libremente, pero si no sabes cumplir unas normas mínimas de educación, no superarás el filtro. Si no te gusta lo que escribo, la solución es muy sencilla: deja de leerme, porque no tengo intención de dejar de escribir.

© 2006 - 2017. Textos de Carlos del Río. Todos los derechos reservados.
Los derechos de autor de los pósters y fotogramas de películas corresponden a sus correspodientes productoras o distribuidoras.
Los derechos de autor de las portadas y citas textuales de libros corresponden a sus correspodientes editoriales o autores.