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domingo, 2 de mayo de 2010

La mano izquierda de la oscuridad [8]

Portada británica de La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin
NOVELA
The Left Hand of Darkness
(EE.UU., 1969, 248 páginas)
Ursula K. Le Guin

De los escritores que escriben ciencia ficción y fantasía en la actualidad, Ursula K. Le Guin debe de ser la más prestigiosa de todos. Aunque comenzó a escribir de niña, fue en 1969, con cuarenta años, con la publicación de “La mano izquierda de la oscuridad, cuando logró la fama y el reconocimiento que aún mantiene. La novela ganó el Hugo y el Nebula, los dos premios más importantes para libros de ciencia ficción; y más de cuarenta años después, se sigue publicando regularmente y está considerada una obra maestra del género.
   La acción se desarrolla en Invierno, un planeta que vive una era glacial. A él llega Genly Ai, un enviado del Ekumen, una alianza de planetas con fines comerciales y de desarrollo, para intentar que Invierno se una a ellos. La novela comienza con Genly en Karhide, una monarquía regida por un rey loco, pero una serie de avatares lo llevarán a Orgoreyn, un país vecino muy similar a un Estado comunista. A lo largo de la narración se van alternando voces: en primera persona la de Genly Ai; en primera persona la de Estraven, un primer ministro caído en desgracia; leyendas de Invierno y estudios de antecesores de Genly sobre los habitantes de ese planeta.
   Gran parte del prestigio que tiene la novela se debe a su compleja estructura y a los temas que toca. Al ir cambiando de narrador, Le Guin consigue que los acontecimientos se vean desde dos puntos de vista distintos que se van complementando, al tiempo que avanza la trama (no es que todo se narre dos veces): el del alienígena y el del autóctono. Y aunque muestra los pensamientos de Estraven, hasta el final no quedan claras sus intenciones, por lo que el interés se mantiene. Las leyendas y los estudios sobre Invierno van desvelando poco a poco información sobre el ciclo sexual de los habitantes, sus religiones, y sus costumbres. Algunas son indispensables para entender el desarrollo de acontecimientos posteriores (el primer exilio de Estraven nunca se explica, pero la clave está en la primera leyenda).
   Los habitantes de Invierno no tienen sexo definido, y cuando entran en celo una vez al mes, se transforman en hombre o mujer para copular, por lo que Genly, que es un hombre, está considerado un pervertido. Partiendo de aquí, Le Guin habla de qué es lo normal y qué no lo es, de la importancia del género en la percepción de las personas, y de las diferencias que hay entre hombres y mujeres. A lo largo de la novela, también habla del patriotismo (hay una conversación que me encanta en la que Estraven dice que no entiende que una frontera haga que se ame a una tierra y se odie a otra, que el conoce a gentes y lugares sin que tengan que ver delimitaciones geográficas), del uso del terror para dominar a la población, de las artimañas que utilizan los políticos para su propio beneficio, de religión (una con un ser omnisciente, la otra centrada en el equilibro del conjunto), de amistad (la que se desarrolla entre Genly y Estraven mientras cruzan el hielo), y de la vida (Faxe, un ser con el don de ver el futuro, le explica a Genly que “la única cosa que hace que la vida sea posible es una incertidumbre permanente, intolerable: no saber lo que viene a continuación”. Y tiene razón).
   Todo esto está muy bien, y varias veces detienes la lectura para reflexionar sobre lo que acabas de leer. Por eso está tan bien considerada “La mano izquierda de la oscuridad”. Pero siempre he pensado, al contrario de los críticos y los profesores de literatura, que una novela (y una película), tiene que funcionar en principio como una historia con acontecimientos bien enlazados en la que te inmersas, con una narración que tenga coherencia y buenos personajes. Primero viene una historia sólida, y luego hablas de todos los temas que quieras. Si no fuera así, en literatura (y en cine) bastaría enlazar una serie de reflexiones profundas para hacer algo de calidad, y el mejor escritor sería aquel con pensamientos más reveladores.
   Afortunadamente “La mano izquierda de la oscuridad” tiene las dos cosas. Además de todos esos temas, Le Guin consigue que nos importe la suerte de sus personajes, haciendo que leas para saber qué va a pasar a continuación. El final tiene muchísima emoción, y gracias a la creación de un mundo muy detallado (el padre de Le Guin era antropólogo y debió de transmitirle el gusto por esa ciencia), pero sin abrumar al lector, da la sensación de haber vivido en Invierno una temporada.
   Tan sólo le veo dos fallos a esta gran novela. Los primeros capítulos son muy confusos porque hay referencias a la cultura y personajes que se explican a posteriori; y la parte en la que Estraven y Genly cruzan los glaciares es terriblemente aburrida cuando no interactúan entre sí, a pesar de una creación del mundo excelente.

4 comentarios:

  1. excelente analisis yo tambien tengo el don de poder escribir y me gustaria unirme a este rincon; aun cuando me ha falyado tiempo l omaginacion no cesa nunca en alguien creativo. felicidads.

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  2. Gracias. Encantado de que te unas de mi rincón.

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  3. Excelente crítica. He descubierto el Rincón esta mañana y ya me he leído unas docenas de ellas. Se me abren los poros de gusto con tu constancia en defender el eje narrativo como la esencia de novelas y películas, y el celo con que diseccionas la coherencia de cada relato.
    Ahora bien... el imprevisible factor emocional subjetivo nunca deja de contar. Por ejemplo, me he precipitado a leer tu revisión de 'La Mano Izquierda de la Oscuridad', una de mis novelas favoritas, cuyo nudo emocional, para mi, es la desesperada fuga a través del enorme corazón de hielo del planeta Invierno, ese viaje al frío forma parte de mi equipaje en la vida... vamos, esa parte que tanto te ha aburrido a ti.
    Si la narración fuera una ciencia no nos gustaría tanto.
    ¡Un abrazo y dale duro!

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  4. ¡Muchas gracias!

    Me encanta cómo describes mis críticas, porque son exactamente eso. Yo digo que por muy objetivo que quiera ser, siempre me va a influir mi gusto personal, lo que tu llamas el factor emocional subjetivo, y eso es inevitable. Y también digo que soy humano, y por lo tanto, de vez en cuando cometo errores.

    Pero eso no es excusa para hacer el vago (que es lo que hace el 99% de los críticos) y limitarme a dar mi opinión personal, sin analizar nada de las obras, sin tener en cuenta unas nociones básicas de narrativa de las historias.

    Las películas y las novelas son ante todo narraciones, y si no funcionan a un nivel básico, me da igual que se enmascaren de obra de arte (normalmente sucede eso cuando te aburren lo indecible... porque están mal contadas, y a los críticos les encanta porque se creen que es una prueba de inteligencia), esa obras no son buenas.

    Una vez cubierto lo básico, es el gusto personal el que te dice si esa obra es muy buena, o una obra maestra.

    Por cierto, tu comentario me ha recordado que tengo que leerme más novelas de Ursula.

    Muchas gracias de nuevo, y espero verte por aquí a menudo.

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