¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección Cómo escribir ficción, muchos consejos para escritores, críticas de novelas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho) y las críticas de películas que escribí entre finales de 2006 y principios de 2017. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

domingo, 20 de junio de 2010

PROYECTO NOVELA. 2- OLVIDANDO LO APRENDIDO

Portada de Guerra y paz, de León TolstoiEstoy contentísimo porque ya he logrado superar mi propio récord: con más de 15.000 palabras escritas, he batido las 9.500 palabras del relato más largo que había escrito en mi vida. En el proceso me he dado cuenta que necesito un mapa de lo ya escrito, que lo de escribir una novela es bastante más complejo que un cuento de 34 páginas. Tengo muy claro cómo va a acabar y las escenas claves que habrá a la mitad, pero teniendo una trama principal y tres secundarias, que se van influenciando mutuamente, necesito un croquis para que evolucionen bien. He sacado la escaleta de las escenas escritas, poniendo dónde se desarrollan, cuándo y quiénes aparecen y qué cosa fundamental ocurre, y las he subrayado con distintos colores, de acuerdo a qué trama pertenecen. Espero que me funcione para no perder el norte.
   Estoy pensado que voy a crearme fichas de los personajes. Los mamones se han reproducido como conejos, y aunque sé cómo son físicamente (no tengo problemas para visualizar escenarios y personajes. Supongo que sea consecuencia de mi cinefilia), se me olvidan nombres y apellidos. Si no lo controlo, esto va a parecer una novela rusa: cada personaje nombrado de varias formas. Podría decir que a veces utilizo el nombre propio, otras el apellido, otras el apelativo cariñoso, y otras el patronímico. Pero no, es que se me ha olvidado. Y ya que hago fichas, pondré detalles físicos, no vaya a ser que acaben siendo gemelos del monstruo de Frankenstein. Pero ojo, este es un detalle importante, las relleno después de haber escrito sobre el personaje en la novela, que no quiero ceñirme a la información fría de una ficha.
   Prometí que hablaría de las barreras que hay derribar para ponerse a escribir, y aquí va la primera.

OLVIDAR LO APRENDIDO

“No empecé a escribir novelas hasta que no hube olvidado todo lo que había aprendido en el colegio y el instituto”
JOHN GALSWORTHY

Yo en clases de literatura me agobiaba bastante. Me encantaba leer y quería escribir, aunque no me atrevía a hacerlo, por lo que pensaba que igual estudiar a los clásicos me diera alguna pista de cómo hacerlo; pero lo único que me transmitían esas clases era que nadie sabía por qué los GRANDES GENIOS DE LA LITERATURA escribían tan bien. A lo máximo que llegaban eran a describir un poco el estilo del autor y a qué corriente pertenecía. Y kilómetros y kilómetros de su vida y milagros, como si el secreto de su GRANDEZA se escondiera en una vida interesante. ¿Para qué hablar de estructura, de caracterización, de dosificación de información, o de la creación de emoción? Con lo fácil que lo tenían los profesores para ganarse el sueldo: repetir como un papagayo lo que decía Lázaro Carreter en el libro de texto y exigir a los alumnos que lo repitieran tan bien como ellos.
Ernest Hemingway
Ernest Hemingway
   Supongo que estos profesores cuando querían comprarse una novela, en la librería apuntaban los autores de posibles compras e iban a una biblioteca a estudiarse su vida, no fuera a ser que un libro que les había llamado la atención estuviera escrito por alguien con una vida poco interesante. Con el cine pasaría lo mismo, a ver si se iban a meter a ver una peli de alguien con una vida normal. Me alegro por ellos, que ahora con Google y la Wikipedia, se ahorran el viaje a la biblioteca.
   Tras varios años machacándome con estas clases, llegué a la conclusión de que lo de escribir era cuestión de talento innato: o nacías escritor o no tenían nada que hacer. Conclusión errónea. Escribir ficción es un arte que se aprende, del mismo modo que aprendes un idioma o a tocar un instrumento: gradualmente, dedicándole mucho tiempo y trabajando en ello todos los días. Hemingway decía de la escritura: “Todos somos aprendices de un oficio donde nunca nadie se vuelve maestro”. Lanzo una pregunta, ¿Galsworthy y Hemingway ganaron el Premio Nobel de Literatura? ¿Y tus profesores de literatura? Tú decides los consejos de quién seguir.
    A pesar de lo dicho, las clases de literatura eran altamente efectivas. Gracias a su persistencia, han logrado que mucha gente se lea la última novela de su vida en el instituto. Con una exquisita selección de obras no adecuadas para la edad de los alumnos, que se tenían que leer a la fuerza, esas clases han conseguido transmitir que leer... es un coñazo. Creo que hay una edad crítica, alrededor de los trece años (digo esta edad porque antes es normal regalar cuentos a los niños, aunque los adultos que los dan no toquen un libro ni por el forro. Es una convención social: los niños leen cuentos, los adultos no leen novelas. Lo de predicar en el ejemplo no se estila mucho), que o te enganchas a la lectura o no lo harás nunca; y la manera de hacerlo es que te dejen elegir los libros que quieres leer, encontrando aquellos autores con los que realmente conectas, independientemente de su valor literario. En mi caso, aparte de tener unos padres muy lectores, me salvó Stephen King, un escritor al que tengo mucho cariño porque fue el primero que me enseñó que las novelas eran mágicas. Todavía sigo leyéndolo regularmente. A un amigo mío le pasó lo mismo con Agatha Christie. La cuestión es encontrar un libro del que te enamores, que te importe tanto qué va a pasar a continuación, qué les va a suceder a los personajes, que estés pensando cuándo podrás seguir leyéndolo. Es como una droga, si con esa edad das con un libro que te transmita eso, te pasarás el resto de la vida leyendo. Si te endilgan la jocosa “Rinconete y Cortadillo”, del genio Miguel de Cervantes Saavedra, ya te digo yo lo que vas a leer el resto de tu vida. Supongo que las dos últimas generaciones de adolescentes sean más lectoras que la mía gracias a J. K. Rowling y a Stephenie Meyer. Son muy bienvenidas estas autoras.
Stephen King
Stephen King
   Volviendo a lo que nos importa, lo que dice Galsworthy es fácil de hacer; dudo que nadie recuerde algo de esas clases soporíferas (si dieran en la educación obligatoria clases de sexualidad del mismo modo y con la misma asiduidad que las clases de literatura, la humanidad estaría en vías de extinción); en cuanto a lo de Hemingway, hay que ponerse manos a la obra.
   Dorothea Brande proponía un ejercicio muy bueno en “Becoming a Writer”, una guía de cómo escribir ficción publicada por primera vez en 1934 y que todavía se edita regularmente. Lo primero que tienes que hacer por la mañana, antes de hablar o de leer nada, es sentarte delante del ordenador (bueno, ella decía máquina de escribir) y ponerte a escribir lo que te venga a la cabeza, sin censurarte y sin preocuparte de lo que escribes, porque no se lo vas a enseñar a nadie. Así lo haces día a día, y además de practicar lo de teclear, estarás llamando al subconsciente, que es fundamental para escribir ficción. Te forzarás a tener una rutina y te irán surgiendo ideas para cuentos. Y te aseguro que siempre tendrás cosas que contar.
   Yo ya no escribo justo después de levantarme, pero lo hago antes de ponerme con la novela. Escribo lo que me da la gana, y no me preocupo por faltas de ortografía o errores gramaticales. Escribo y punto. Así me sirve de calentamiento para teclear y para despertar mi parte creativa. Comienzo contando lo que me ha pasado el día anterior y después le voy dando vueltas a la novela. Como en la anterior jornada he dejado de escribir antes de agotarme, sabiendo qué va suceder a continuación, sin darme cuenta, mi subconsciente ha estado trabajando en cómo continuar más allá de lo que sé o mejorar lo escrito (suena esquizofrénico. Prometo hablar de los dos hemisferios del cerebro en alguno de estos artículos), y en el diario me pongo a hablar conmigo mismo sobre lo que podría pasar. Es una técnica que he copiado de David Morrell, el padre de Rambo, que tiene un libro excelente lleno de reflexiones sobre la escritura: “Lessons From a Lifetime of Writing”, o la edición actualizada, “The Succesful Novelist”. Y vaya si funciona.
   Te recomiendo que te pongas a escribir un diario hoy mismo. Antes de que me pusiera a ello, me decías “diario” y yo pensaba en una niña a punto de entrar en la pubertad que se enamoraba de un chico que no le hacía caso... Pero es una gran herramienta. Piensa que allí empezarás a afinar tu prosa. Estarás escribiendo todos los días, no te costará mucho, te surgirán ideas, y algo importantísimo, estarás haciendo que salga tu propia voz. Y te puedes poner los ejercicios que te dé la gana, como describir emociones o un lugar físico. Y sin agobiarte, porque nadie lo va a ver, y no hay forma de equivocarse.
   Y luego, aquí tienes una página con ideas: http://www.creativewritingprompts.com// Si no puedes hacer una al día porque tienes una vida muy ajetreada, haz una cuando puedas, fines de semana o vacaciones. La imaginación es un músculo que se atrofia, y con estos ejercicios estás volviendo a ponerla a punto.
Curva de aprendizaje
Curva de aprendizaje
   Antes de despedirme, quiero recomendaros un par de libros que no tienen que ver con la escritura. El primero es “Mastery”, de George Leonard. En él habla de cómo aprenden las personas nuevas habilidades, y cuál es el camino correcto para dominarlas. En el gráfico se ve bien: hay una llanura, y de repente, una pequeña colina, y luego otra llanura. Para dominar algo tenemos que pasar largos periodos en los que parece que no avanzamos (la llanura), y sin darnos cuenta, damos un salto enorme (la colina), para entrar en otra llanura. El truco es disfrutar de la llanura. En este caso, escribes porque te gusta mucho, no porque a los seis meses vas a escribir un best-seller que te dará riquezas más allá de la avaricia, y sabes que el objetivo es disfrutar del proceso de aprendizaje, que nunca acaba. Cómprate este libro y aplícalo a todas la facetas de la vida. Se acabarán las frustraciones.
Portada de La ciencia de la felicidad, de Sonja Lyubomirsky   El otro es “La ciencia de la felicidad” (“The How of Happiness”) de Sonja Lyubomirsky. Esta mujer es profesora de psicología de la Universidad de California, y decidió estudiar qué factores conducían a la felicidad. Aquí hay un vídeo de una entrevista que le hicimos Burbuja Films cuando se celebró el II Congreso de Inteligencia Emocional, en el que habla de la felicidad. En el libro ofrece doce estrategias para ser más feliz, con conclusiones sacadas de estudios científicos. Hay un test para saber cuáles son las cuatro que más te convienen (yo saqué la máxima puntuación en “Comprometerte con tus objetivos”, y nota negativa en “Practicar la religión y la espiritualidad”). La que nos importa es la de “Comprometerte con tus objetivos”. Además de la necesidad de buscarte objetivos que sean importantes para ti, Lyubomirsky explica que es fundamental dividirlos en pasos que vas a ir dando poco a poco. Así que nada de metas a corto plazo, a disfrutar del camino. Esa cámara llena de dinero en la que zambullirte debe esperar... para siempre. En el libro Lyubomirsky cuenta que la gente feliz vive más, y es más creativa, ahí tienes otros motivos para leerlo. Yo puedo asegurar que funciona.
   Todavía quedan más barreras que derribar. ¿Cuáles? Tendrás que esperar hasta el siguiente artículo.

Recomendaciones:
   -Libros de texto de literatura. Si todavía tienes alguno, échalos al contenedor de reciclaje. Ayudarás a que la selva amazónica... se destruya algo más tarde. ¿Ves cómo al final valían para algo?
  
   -“Becoming a Writer”, de Dorothea Brande. Un librito lleno de consejos con mucho sentido común.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
  
   -“Lessons From a Lifetime of Writing”, o la edición actualizada, “The Succesful Novelist”, de David Morrell. Una mezcla de memorias y consejos para escritores de ficción por el padre de Rambo. Tiene un capítulo muy interesante (todos los son) sobre el funcionamiento de Hollywood. Que salgan películas buenas de allí es cuestión de suerte.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
  
   -“Mastery”, de George Leonard.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
  
   -“La ciencia de la felicidad” (“The How of Happiness”) de Sonja Lyubomirsky.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
  
   - http://www.creativewritingprompts.com/ ¿No escribes porque no se te ocurre nada? Ya no tienes excusas.

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Anterior artículo: 1- Cómo escribir una novela

4 comentarios:

  1. Como decia Leon Toltoi "Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo"

    Me ha gustado mucho tu apisonadora...



    Lisa

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  2. No puedo estar más de acuerdo contigo: Es importante que se den a conocer los clásicos, pero hay que acercar la lectura a los adolescentes de otra manera, y la mayoría de nuestros profesores y temarios dejaban mucho que desear al respecto. La edad crítica que mencionas para mí también marcó un antes y un después: Siempre me había gustado leer de niña, pero mis 13 años constituyeron ese "quiebro" que me hizo seguir leyendo -y acabar estudiando Filología inglesa, lo que supone más y más literatura-. En mi caso (casi me da vergüenza hasta decirlo) me enganché con la saga Dollanganger de V.C. Andrews: "Flores en el ático", "Pétalos al viento", etc. Estar leyendo en la cama mordiéndome las uñas hasta las 3 am y que mi madre al ver mi luz encendida me echara la bronca... No tiene precio.

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    1. Gracias por comentar, Laura.

      Claro, no parar de leer, por lo enganchados que estamos a la historia, es lo que nos hace aficionados a la lectura de por vida, no que nos torturen con textos que no entendemos. Los milagros existen: después de lo mal que se enseña literatura en España, solo puede ser uno que haya lectores adultos que disfruten leyendo. Supongo que inconscientemente sabíamos que leer novelas no tenía nada que ver con lo que nos enseñaban en clase.

      Es importante enseñar los clásicos, para que no caigan en el olvido, pero tendrían que explicarles a los clavales que esas obras fueron importantes por unos determinados motivos, pero que ellos no son sus lectores objetivos (esos murieron hace tiempo), ni siquiera de pasajes breves que tienen un lenguaje momificado. Que lean las novelas que les apetezca, independientemente de si son buenas o malas, y si más adelante se enamoran de la literatura, ya se leerán los clásicos por su cuenta.

      Hace poco me compré "Flores en el ático", tengo curiosidad por ver cómo es. Así que nada de vengüenza.

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