¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

sábado, 31 de julio de 2010

PROYECTO NOVELA. 5- ESCRITURA CREATIVA

Ya he alcanzado un cuarto de la novela y me siento bieeeeeen. En estos dos meses y medio he notado que me cuesta mucho menos escribir escenas largas y llenar páginas. Cuando empecé a escribir ficción sudaba para llegar al final de una página y las escenas eran muy escuetas; no sabía cómo estirarlas más, y los cuentos parecían más guiones que cuentos. Ahora meto flashbacks, reflexiones, sumarios, y abro escenas dentro de una escena principal, asegurándome de que la historia sigue siempre yendo hacia delante. Estas técnicas me sirven para caracterizar a los personajes, mostrar parte del pasado para entender el presente, plantar con mucho cuidado elementos que parecen que no tiene importancia, pero que serán fundamentales para la resolución de la novela, y retrasar la resolución de conflictos mientras retengo la atención del lector.
   Esa es la intención, igual cuando la revise me tiro de los pelos.
   Esta semana he estado reestructurando la novela. Llegué a un punto clave en la vida de la protagonista (hay una pequeña epifanía), y revisé, con ayuda de la escaleta, lo escrito y decidí mover elementos a otras escenas y plantar cosas que desarrollaré en el futuro. Cuando acabé con esos retoques, tuve una de esas conversaciones esquizofrénicas que tengo conmigo mismo en el diario. Ésta fue muy larga, y la tuve para saber qué acciones concretas necesitaba para seguir con la trama. Ahora conozco muy bien a los personajes, y sé sin problemas cuando están actuando de acuerdo a su personalidad, lo cual ayuda mucho cuando te metes en el nudo de la novela; pero tengo muchas tramas al mismo tiempo, lo que dificulta las cosas. Busqué otro punto clave en la historia, que estará a mitad de la novela, y fui desarrollando lo que pasará, cómo reaccionarán los personajes, y cómo se irán interrelacionando las tramas. Cuando lo tuve claro, cogí un folio y me hice un mapa de carreteras de las siguientes acciones, dejando claro que no tengo que abandonar ninguna de las tramas y marcando las escenas que tengo que escribir. Sé que tengo que pasar por allí para llegar a la mitad de la novela, pero no sé el camino que me llevará a esos puntos. Cuando alcance la mitad, volveré a hacer los mismo con los dos cuartos que me falten.
¿Mi habitación?
   Voy a contar algo obvio, pero que cuando empiezas no lo es tanto. ¿Recuerdas como dejó el huracán Katrina Nueva Orleans? Un juego de niños comparado con el desorden de mi cuarto. Además de los libros a los pies de la cama, en el escritorio, rodeando el portátil, está lleno de folios con anotaciones, cds, bolis y rotuladores, un joystick muerto de risa, y algún libro; y como ya no me caben más trastos, la basurilla literaria se está adueñando del suelo. Recorto artículos que me gustan, o tengo ideas y la apunto en lo primero que pillo, y todo acaba rondando por ahí. Después me desespero buscando cosas.
   Como sé que pedirme ser ordenado es como pedirle a un político que sea honrado, he cogido una carpeta de anillas y allí meto todo lo relacionado con mi novela: escaleta, fichas, mapa de carreteras, y todo lo que he utilizado para documentarme (un consejo, si no te imprimes documentos de internet, apunta las urls por si tienes que utilizarlas en el futuro). No te puedes imaginar la cantidad de papelajos que vas a acumular, y más te vale que sepas dónde están.
   Debería crearme otra carpeta para estos artículos... esperaré a que los políticos nos traten como adultos.

ESCRITURA CREATIVA
Los talleres de escritura creativa llevan varias décadas en los planes de estudios de las universidades anglosajonas, y hoy día, fuera de las facultades, hay un montón de cursillos online y presenciales que ofrecen lo mismo (en España todavía no se han colado en la universidad, pero sí hay varias empresas privadas que los ofertan). Su objetivo es lograr que el alumno encuentre su propia creatividad y acabe escribiendo ficción o poesía. Básicamente, su funcionamiento es juntar a un grupo reducido de aspirantes a escritor, darles para realizar ejercicios de escritura que más tarde leen entre todos, y recibir comentarios de sus compañeros y de un profesor, que generalmente es un autor publicado. Existe otra variante, en la que el grupo se reúne, y sin la guía de un profesor, van comentando los trabajos de sus compañeros.
   Veamos un poco de historia y algunas opiniones divergentes.
   Dan Simmons, autor de “Hyperion”, cuenta en su página web que tras la Primera Guerra Mundial y buena parte de los años 20, hubo una disputa en Estados Unidos sobre cómo enseñar a los niños retórica y escritura. Por una parte, Walter Rollo Brown defendía que los niños deberían aprender imitando a los grandes maestros, tanto de ficción como de no ficción, mostrándoles claramente cual era su estilo, y pidiéndoles que escribieran textos replicando esos estilos. Y una vez que dominaran esta técnica, serían capaces de crear su propio estilo. Así es como enseñaba Dan Simmons a sus alumnos durante sus 18 años de profesor de literatura y redacción.
   Por otra parte, el psicólogo y filósofo John Dewey propugnaba que la escritura tenía que salir de la propia experiencia del niño y de su creatividad innata, sin que se le mostraran reglas o un estilo ajeno a él, asegurando que el estilo salía de cada niño, ya que lo contrario provocaría que su voz se contaminara con elementos externos al alumno. Dewey ganó y desde entonces se ha enseñado así en Estados Unidos, y los cursos de escritura creativa siguen este patrón.
   Dan Simmons cree que la escritura creativa es inútil al hacer hincapié simplemente en soltar la creatividad del individuo, como si la técnica no importara. Simmons explica que el hueco que hay entre un escritor amateur bueno y uno con calidad suficiente para publicar es enorme, y que sólo se cierra dominando una serie de técnicas a base de mucho trabajo. Su receta para lograrlo es: “Disciplina. Leer para absorber las técnicas de la escritura. Estudiar. Esfuerzo. Sudor. Aprendizaje. Maduración. Más disciplina. Más estudio. Más lectura. Más aprendizaje. Más maduración. Más disciplina. Y entonces puedes empezar”.
Sylverter Stallone como Rambo
Sylverter Stallone como Rambo
   En “Lessons From a Lifetime of Writing”, David Morrell, el padre de Rambo (sí, primero fue una novela), cuenta que tras la Segunda Guerra Mundial, muchos soldados que habían luchado en la contienda se apuntaron a la universidad, que gracias a una ley, era gratis para ellos. Tenían ganas de contar sus experiencias en la guerra, por lo que los talleres de escritura florecieron. El problema vino cuando estos veteranos se graduaron y los cursillos siguieron ofreciendo lo mismo. Los nuevos aspirantes a escritor basaban sus experiencias en la literatura, en vez de en la vida, y como consecuencia la ficción de estos autores era y sigue siendo de dos tipos: “auto-referencial, muy consciente de que eso es ficción, constantemente llamando la atención a que es así, y frecuentemente haciendo referencia a la ficción de otros autores; o por el contrario orientada hacia adentro, centrándose en los detalles interiores, emocionales de un protagonista que normalmente es una versión del autor”.
   Cuando le preguntan si los recomendaría, Morrell contesta sí y no. Defiende que en estos talleres se junta gente con ganas de escribir y que se crea un ambiente donde se te anima a hacerlo, pero que la inmensa mayoría se centra en "ficción literaria" (los Premios Nobel escriben "ficción literaria", por ejemplo; esa que demasiadas veces da más importancia a la forma que al fondo), y que si escribes ficción de género, por bien que lo hagas, no vas a encajar y te van a mirar por encima del hombro. También critica que salvo excepciones, en estos talleres no se explica técnica por los mismos motivos que daba John Dewey. Morrell dice que hay una diferencia entre señalar los errores técnicos comunes y animar a un aprendiz de escritor a usar un determinado método. Añade que “no veo qué daño puede haber en tener unas cuantas clases formales sobre la naturaleza del punto de vista, sobre lo que es la estructura, y sobre la función de las etiquetas en los diálogos”. Reconoce que en muchos de estos talleres se espera que el alumno lo averigüe por su cuenta, probablemente perdiendo tiempo.
   Stephen King los odia. En “Mientras escribo” cuenta que una de las pocas ocasiones en las que ha sufrido el bloqueo del escritor (¡Stephen King bloqueado!) fue cuando en la Universidad de Maine se apuntó a dos cursos de escritura creativa. Dice que no fue una pérdida de tiempo absoluta porque en uno de ellos conoció a su mujer Tabitha. En su opinión, las críticas en estos talleres son muy vagas, y al no ser específicas de cuestiones técnicas (incluso las de los profesores), no sirven para nada; y que si no sabes explicar con palabras por qué eso funciona o no, tal vez te hayas equivocado de taller. También critica que la necesidad de explicar constantemente tus escritos a un grupo, hace que pierdas energía creativa que debería estar centrada en escribir y escribir.
   En sus cursillos, sus compañeros escribían poemas sobre jóvenes con ansias sexuales o historias en la que jóvenes malhumorados tenían padres que no entendían que se fueran a Vietnam. Una de sus compañeras escribía poemas sobre la luna y su ciclo menstrual, y “the moon” siempre aparecía como “th m’n”. La chica no sabía por qué, simplemente lo sentía.
   King llevaba poemas igual de malos que sus compañeros, mientras que en su cuarto escribía un thriller mucho más honesto que esa poesía, pero del que nunca se atrevió a leer nada en sus cursillos. El resultado fue que se pasó cuatro meses en los que casi no pudo escribir.
   Para King, si tienen algún beneficio es que ayudan a subsistir a muchos escritores con talento que no ganan suficiente con la venta de ejemplares; y como David Morrell, que son un lugar donde escribir se toma en serio y se anima a la gente a hacerlo. Sin embargo, asegura no es necesario hacer un taller de escritura para ser escritor, ya que “aprendes mejor leyendo un montón y escribiendo un montón, y las lecciones más valiosas son las que te enseñas tú mismo. Estas lecciones casi siempre ocurren con la puerta del estudio cerrada. Las discusiones de las clases de escritura a menudo pueden estimularte intelectualmente y ser divertidas, pero también a menudo se extravían mucho de los aspectos prácticos del oficio de la escritura”.
   La prestigiosa Ursula K. Le Guin también habla de técnica y de los talleres en “Steering the Craft”, un librito de ejercicios que surgió porque había encontrado a "muchos escritores de cursillos que tenían miedo del punto y coma y que no diferenciaban el Punto de Vista de una Vista Escénica"; en otras palabras, que no tenían ni idea de técnica. Le Guin piensa que los grupos de escritores, si funcionan, son maravillosos porque animan a escribir, pero que no son imprescindibles, ya que hasta hace poco, los escritores aprendían por sí solos. Dice que el objetivo de esos ejercicios es reconocer aspectos técnicos de la escritura, y practicarlos hasta que te salgan solos, porque así te liberarás de la técnica y podrás escribir lo que quieras; la técnica permite que salga arte.
   “No voy a discutir la escritura como auto-expresión, como terapia, o como una aventura espiritual. Puede ser estas cosas; pero lo primero de todo –y lo último también- es que es un arte, una habilidad, algo construido. Hacer algo bien es entregarte a ello, buscar la integridad, seguir el espíritu. Aprender a hacer algo bien puede llevarte toda la vida. Merece la pena”.
Portada de Telling Lies for Fun and Profit   Por el contrario, Ralph Keyes, autor de “The Courage to Write”, es un acérrimo defensor de los talleres que no explican técnica: “Lo mejor que pueden hacer los cursos de escritura es ayudar a los participantes a desarrollar su voluntad de escribir. Proporcionan un lugar donde aspirantes a escritor pueden mirar en el interior de sus corazones y encontrar el valor para decirnos qué ven. Esa lección es infinitamente más valiosa que cualquiera sobre estructura, uso del diálogo, o técnicas para cambiar de tiempo”. Como prueba de su efectividad, pone los ejemplos de Amy Tan y Toni Morrison, que gracias a estos talleres comenzaron sus carreras literarias.
   El novelista Lawrence Block, en “Telling Lies for Fun and Profit”, los defiende por otros motivos. Dice que lo que no tiene sentido es que los textos se lean en alto, ya que la prosa no se escribe para ser leía así, y el efecto que consigue es muy distinto si se lee en bajo. Quitando eso, Block está encantado porque puedes aprender mucho leyendo trabajo amateur que es muy inferior al tuyo. Es más fácil descubrir un fallo que desentrañar por qué una obra maestra lo es. “Nada ayudó a mi escritura como los meses que trabajé en una agencia literaria leyendo originales no solicitados. Cada día me abría camino entre montañas de bazofia; por la noche me sentaba en casa a escribir, y sabía qué errores evitar en mi trabajo”. También ve beneficios en las críticas que puedas recibir de tus compañeros, porque el no tomártelas muy en serio te ayudará a ignorar los comentarios de los editores en el futuro.
   Opiniones para todos los gustos. Sé que prometí dar la mía en este artículo, pero ya se ha alargado demasiado. En la siguiente entrega, de verdad, contaré largo y tendido mi experiencia en un taller online.

Recomendaciones:
   -Vuelve a leer el consejo de Dan Simmons y apréndetelo de memoria. Comienza a ponerlo en práctica hoy mismo.
  
   -“Steering the Craft”, de Ursula K. Le Guin. Es un libro muy corto en el que explica nociones básicas de narración y estilo, con unos ejercicios que te van a hacer sudar a mares, pero que son excelentes para que seas consciente de cómo se cuentan las historias.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
  
   -“Telling Lies for Fun and Profit”, de Lawrence Block. Block tuvo una columna en el “Writer’s Digest” en los 70, y este libro las recopila. En ellas repasa muchísimos aspectos de la escritura de una forma amena y llena de sentido. Sigue siendo muy actual.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com

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