¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

domingo, 15 de agosto de 2010

PROYECTO NOVELA. 6- ALTERNATIVAS A LA ESCRITURA CREATIVA

Odio el verano. Es la única época del año que no me gusta. No comprendo qué le ve de bueno la gente: hace calor, engordas, vayas donde vayas hay multitudes, la cartelera da pena, te socializas más, lo que te deja menos tiempo para escribir… Lo que no entiendo es que muchos se lo toman como el único momento que realmente disfrutan del año. ¿Por qué no disfrutar día a día los 365 que tiene el calendario?, digo yo.
Una acogedora playa
   Los días son largos, pero también lo son a partir de mayo y no te estás deshidratando a cada minuto. Del verano sólo me gusta lo que le toca a junio; luego estoy deseando que llegue el otoño. Con el calor me cuesta concentrarme y caigo en un estado de agotamiento perpetuo. Pero el maldito verano no ha impedido que siga escribiendo. Ya he alcanzado cien páginas y me siento muy satisfecho. A pesar de que muchos días, más de los que me atrevo a confesar, preferiría ponerme a hacer cualquier otra cosa antes que escribir, incluso ordenar mi cuarto, cada mañana me forzaba a avanzar 300 palabras, y al acabar, me sentía aliviado. Ya tenía el resto del día para sudar, engordar, y socializarme. Con mi rincón pasa lo mismo: pienso que lo que no escriba yo, no lo va a escribir nadie por mí. Eso me fuerza a ponerme a teclear.
   Me doy cuenta que escribir una novela es un gran esfuerzo continuado en el tiempo. Tu estado de ánimo va a cambiar, y vas a tener días muy inspirados en los que las palabras salen solas, y días en los que te desesperas por acabar una frase. El truco está en la perseverancia. A mí lo de las 300 palabras me funciona. No es que escriba 300 palabras; es que avanzo 300. Eso significa que escribo muchas más porque siempre corrijo lo del día anterior. La mayoría de las veces, de una sesión a otra, se me han ocurrido cosas para mejorar las escenas. Y cuando sé lo que quiero decir, pero no me sale, me voy a dar un paseo y regreso después. Siempre he encontrado una solución en el descanso. Cuando escribo ficción, escucho bandas sonoras para aislarme un poco del mundo.
   Así que si quieres escribir, búscate un sistema de trabajo y cúmplelo a rajatabla.
   Yo puedo escribir sin problemas por las mañanas y las tardes; por las noches estoy demasiado cansado y soy incapaz. Prueba a escribir a distintas horas, hasta que encuentres el momento en el que te sientas más cómodo. Prueba a obligarte a escribir un determinado número de palabras al día o a estar tantos minutos escribiendo. Prueba a escribir en distintos lugares. Yo escribo en mi habitación, pero puedo hacerlo en cualquier cuarto siempre que esté solo y nadie me interrumpa. Vete poco a poco, no te fuerces demasiado, pero hazlo. En cuanto tengas tu rutina, escribir será mucho más fácil. Ni siquiera el odioso verano te podrá parar.
   Ahora volvamos a la escritura creativa.

CARLOS ESCRIBE CREATIVAMENTE
Cuando terminé “El placer de escribir” a finales de 2008, había aprendido varias técnicas para que mi prosa fuera mejor, pero no sabía escribir un cuento que surgiera de mi imaginación. Lo intenté un par de veces, y el resultado fue espantoso. Quería seguir aprendiendo a escribir, así que recurrí a internet.
   Conocía la opinión de Stephen King sobre la escritura creativa, pero por mucho que busqué, eso era lo más parecido a iniciación. Había varias empresas. Estuve dudando por varias, y me decanté por una. Su página web parecía muy formal, te desglosaban el temario y había un pequeño perfil de los profesores. Además, te hacía un pequeño test para saber tu nivel (dejé bien claro que era licenciado en Periodismo y que llevaba dos años escribiendo críticas de cine regularmente). Me apunté para comenzar en enero de 2009. Iba a estar un año, y si no me gusta, dejaba de escribir ficción.
   Estaba tan emocionado que me hice con una carpeta de anillas para guardar las lecciones. Cada dos semanas te daban una y te ponían un ejercicio relacionado con lo que habías aprendido; leías los trabajos de tus compañeros y dabas tu opinión, ellos hacían o mismo, y al final, un profesor corregía los textos. Según la página web, iban a estimular mi imaginación y a enseñarme técnicas. Tuve miedo de que repitieran cosas que había aprendido en “El placer de escribir”. Ya me gustaría que hubieran repetido algo.
Greta Garbo
Greta Garbo
   Cuando me llegó la primera lección empecé a dudar. Estaba escrito en el lenguaje que Tom Wolfe llama beige, ese que no tiene ninguna personalidad. Es un lenguaje blando, lleno de vaguedades, que pretende ser educado, pero que por debajo está vacío. Así están escritos los periódicos. Me parecía increíble que en un cursillo en el que en teoría te enseñan al escribir, las lecciones estuvieran tan mal escritas. Además, no iban firmadas. Hubo una entrevista que me cabreó mucho. Era de un autor que en 2000 había logrado publicar una novela (utilizando Google, descubrías que ese hombre no había vuelto a publicar nada. No sé si es el mejor ejemplo para aspirantes a escritores). El escritor tenía una perra llamada Greta, y el entrevistador, que no sé quién es porque la entrevista tampoco venía firmada, quería acabar de forma jocosa con una aberración del estilo de: “La perrita se puso a llamar la atención, como aquella estrella del séptimo arte con la que compartía nombre y que se quitó el guante más sensual de la historia del cine.” Siendo cinéfilo, ¡me hirvió la sangre! Llevaban años endilgando esa entrevista y nadie se había dado cuenta de que Greta Garbo no era Rita Hayworth. Se lo indiqué. Dudo que lo hayan corregido.
   A las pocas semanas dejé de imprimir las lecciones, y las que ya estaban impresas, acabaron en la basura. Eran inútiles. No había nada específico y lo único que pedían era que buscaras en tu interior para que te besara la musa. En la primera lección metían un cuento de Antón Chéjov. Me alegré, porque nunca había entendido a ese escritor; me parecía que sus relatos no contaban nada. Supuse que analizarían el cuento. Pues no, ¿cómo destrozar una obra maestra que habla por sí sola, si al analizarla pierde su magia? El primer trabajo era empezar un cuento. No había ninguna indicación de cómo hacerlo. ¿Que estás comenzando a gatear? Pues hazte la San Silvestre.
   Yo modifiqué una anécdota, porque no se me ocurría nada, aunque sabía que eso no era ficción. Cuando llegaron los trabajos de mis compañeros, me di cuenta de que el test que me hicieron era una pantomima: había gente que tenía unas faltas de ortografía garrafales, que varios no sabían construir frases, y mucho menos enlazar una con otra. Entonces empecé a pensar seriamente en buscar alternativas a mi educación como escritor.
   Si aprendí algo fue gracias a mis compañeros. Nadie sabía cómo criticar el trabajo de los otros, porque tampoco había indicaciones (me refiero a cosas tan básicas como: critica el texto, no al autor; indica qué partes te gustan y cuales no, y por qué… Ya ves, no es muy complejo dar unas pautas), pero algunos sí te daban pistas de que algo fallaba en tus cuentos. También ayudó lo que decía Lawrence Block sobre leer trabajo inferior al tuyo, que tiene fallos muy grandes.
   De la que no aprendí nada fue de la profesora. Aparte de que se le pasó comentar un texto (yo fui el único que lo comentó de todo el grupo. La autora supongo que se dio de baja porque no volvió a escribir nada), era extremadamente poco concisa en las correcciones. Recuerdo que había un texto de un compañero sobre un hombre que cogía el metro. Durante los primeros párrafos parecía que era un estudiante joven, pero luego se desvelaba que tenía cerca de cincuenta. Varios de nosotros destacamos que nos gustaba esa idea. La profesora reconocía que no se había dado cuenta. Si tienes una vida muy ajetreada, y apenas tienes tiempo para corregir textos, ten la decencia de dejar el trabajo. Y si no lo dejas, al menos disimula.
Julio Cortázar
Julio Cortázar
   Durante tres meses estuve angustiado. Sufría porque no tenía ideas. En una lección publicaban una entrevista a Julio Cortázar. Pero era Julio Cortázar en la cima de su carrera, cuando era uno de los mejores cuentistas del mundo. Le preguntaban cómo encontraba ideas, y Cortázar decía (no es textual): “El otro día caminando por Londres pasé por un teatro donde ponían una obra con Glenda Jackson. Me encanta esa actriz, así que pensé, ‘todos amamos a Glenda Jackson’, y ya tenía la idea para un relato que se llama así”. Sinceramente, ¿esto a quién le inspira para conseguir ideas? Claro que cuando tienes práctica para encontrar ideas (hay técnicas que explicaré más adelante), te surgen así de fácil. Pero si estás en un taller de iniciación, te aseguro que no tienes la facilidad de Cortázar.
   Un día me quejé de que no nos enseñaban técnicas. La atareada profesora me contestó que lo hacían a conciencia, porque los talleres anglosajones se centraban en la técnica, y que si leía autores británicos medianos, todos escribían muy correctamente, pero sin personalidad. Entendí por qué sus correcciones estaban llenas de frases vagas. Me decía que no había una estructura correcta para escribir ficción (¿qué tal presentar a un protagonista y arrojarle un conflicto?). Ahí decidí que en cuanto expiraran los tres meses que había pagado, se acababa el cursillo.
   Pero hubo dos compañeros a los que sí les funcionó el taller. Destaponaron la creatividad y con fuerza. Escribían y escribían. La musa se había vuelto besucona con ellos. Tenían tanto que escribir, que ya no les quedaba tiempo para comentar los trabajos de los otros. Sus textos eran cada vez más incoherentes y difíciles de entender, pero la profesora no les corregía.
   Si estás pensado en apuntarte a un taller de escritura creativa, no tomes una decisión basándote sólo en este artículo. Si funcionan bien, un año en uno de ellos te ahorrará diez de dar palos de ciegos. Yo sólo hice uno, pero hay muchos por ahí. Asegúrate de que te enseñen técnica y elementos narrativos para que veas cómo los utilizan otros escritores, y de que sean muy específicos en las correcciones. Por supuesto que no hay fórmulas cerradas para escribir ficción, pero todos los principiantes cometemos errores que se pueden corregir. Lo ideal es que se forme un grupo de escritores con los que conectes, y os vayáis animando y retando. Pero para contactar con un grupo de escritores, ahora con internet, no hace falta pagar nada.

PASOS PARA DOMINAR LA ESCRITURA DE FICCIÓN:
George Leonard, en ese gran librito que es “Mastery”, divide en cinco etapas el logro de la maestría de cualquier disciplina. Ojalá hubiera leído este libro cuando me empeñé en aprender inglés; la de frustraciones que me hubiera ahorrado. Verás que no tiene nada que ver con el taller de escritura creativa:
Portada de Mastery, de George Leonard   1- Instrucción: Es fundamental tener un buen profesor. En nuestro caso es alguien que te señale los errores que comentes y te explique por qué son errores; que te indique qué aspectos están bien de tus relatos, siendo muy específico; y que te anime a seguir escribiendo. Y te enseñe técnica y elementos narrativos, que por sí solos nunca vienen.
   2- Práctica: Ya sabes lo básico, pues a practicar. Fíjate cómo utilizan la técnica y los elementos narrativos otros autores, y haz pruebas y más pruebas.
   3- Rendirse: A tu profesor y a tu disciplina. A veces tendrás que hacer cosas que no te parecen que tengan mucho sentido, pero a la larga comprenderás por qué te pidieron hacerlo. Ejemplos: escribir un diario, o recorrer tu barrio como si nunca lo hubieras visto, fijándote en detalles que te llaman la atención (hazlo. Utiliza los cinco sentidos. Después descríbelo).
   4- Intencionalidad: Es imaginarte que vas a lograrlo. Algún día serás un autor publicado. Esa imagen te da fuerzas para a seguir adelante.
   5- El borde: Una vez que dominas algo, te retas a ti mismo para ir más allá de los límites seguros. Por eso autores establecidos experimentan con otros géneros o formas. Leonard dice que esta etapa se alcanza tras muchos años en las cuatro primeras.

LAS ALTERNATIVAS
El tipo de taller que hice provoca tres respuestas:
   1- Los que se frustran. Han intentado escribir, y no logran llamar a la musa por mucho que se empeñen; y saben que siguen escribiendo curros, aún con la ayuda de un profesor. Son los peor parados porque abandonan sin saber si podían escribir o no.
   2- Los que se creen autores. Nadie les ha censurado, así que escribir es lo más fácil del mundo. Teclean en la pantalla lo primero que les viene a la cabeza, y a algún sitio llegan. Rompen las reglas como lo hicieron James Joyce o Marcel Proust (el monólogo interior y las frases kilométricas son muy peligrosos); con la pequeña diferencia de que no saben qué están haciendo. Para ellos, escribir es una afición. Un día cambiarán de hobby.
   3-Los que buscan una alternativa. Mi caso. Ese taller me parecía una completa pérdida de tiempo, y como quería seguir escribiendo, a las pocas lecciones busqué más recursos en internet. Seguiría escribiendo en 2009 por mi cuenta, y si al final del año no había logrado algún progreso, lo dejaba.
   Primero encontré los libros del “Writer’s Digest”. Están escritos por autores publicados, y van desde reflexiones sobre la vida de un escritor hasta aspectos muy específicos de técnica, como diálogo, descripción, o caracterización. El primero que me leí fue “Dynamic Characters”, de Nancy Kress, y ya supe cómo contar historias. Navegando por la red he ido encontrando otros y páginas web que me ha ayudado mucho. Irán apareciendo en estos artículos. He de decir que en español hay muy poco.
   Estoy suscrito a tres revistas: “Writer’s Digest”, “The Writer”, y “Writing Magazine”. Las dos primeras son estadounidenses; la otra, británica. A veces pienso que me he pasado y que no me dejan tiempo para leer ficción, pero me dan ánimos para seguir escribiendo. Están llenas de buenos consejos, de entrevistas a autores que cuentan cómo escriben ellos, y de noveles que han logrado publicar. Siempre aprendo cosas nuevas que pruebo cuando escribo, y puedo soñar que yo algún día, después de muchísimo trabajo, también seré un autor publicado.
   Al poco de dejar el taller encontré por casualidad la página web de Holly Lisle (http://www.hollylisle.com/). En su cursillo “How to Think Sideways”, aseguraba que te enseñaría a escribir novelas de cualquier género, y a generar ideas en un instante. Me apunté y mi vida cambió. Lisle explica absolutamente todo lo que sabe sobre escritura, contando los errores que cometió ella, y cómo afrontar una novela, desde que tienes una idea hasta que la vendes a un agente o una editorial. Es infinitamente más barato que los cursos españoles; hay foros; si escribes en inglés, puedes apuntarte a grupos de escritores; y le puedes mandar preguntas a Holly. Si sabes inglés y quieres escribir una novela, pero no saber por dónde empezar, apúntate ya.
   A principios de este año creó otro curso para corregir novelas que también estoy haciendo: “How to Revise Your Novel". Es excelente. Eso sí, ten en cuenta que te van a llevar años acabarlos (tú los pagas una vez, y son tuyos para siempre).
   A todos estos escritores, muchas gracias.

Recomendaciones:
   -“Mugging the Muse: Writing Fiction for Love AND Money”, de Holly Lisle.. Reflexiones sobre la vida de una escritora. Destacan la importancia de ser honrado y empeñarse en seguir adelante, aunque sólo encuentres obstáculos.
   Consíguelo en Amazon.es

   -Las revistas “Writer’s Digest”, “The Writer”, y “Writing Magazine”. Muy buenas las tres. No sabría decir cuál es mejor. Mucho texto y muy pocas fotos.

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