¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

domingo, 26 de septiembre de 2010

PROYECTO NOVELA. 9- VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LOS ESCRITORES DE FICCIÓN (III): LOS DETALLES Y VIVIR ANTES DE ESCRIBIR

Me ha costado cuatro meses, pero ya he encontrado la forma de escribir mi novela. Esto no tiene que ver con la rutina de la que hablo en otros artículos (eso es la parte mecánica de escribir, para que no te cueste ponerte a ello); es cómo te organizas para escribir la historia sin que te resulte muy difícil ni pierdas el norte.
Fotografía de Picadilly Circus, Londres   Cuando comencé a trabajar en Burbuja Films como montador cinematográfico, tras dos años en Londres en los que apenas monté nada, me di cuenta de que estaba muy cómodo montando cortometrajes. Era lo que me habían enseñado en la escuela de cine. Tenía un método para sacar el máximo provecho de las imágenes.
   Pero en cuanto me tocaba montar un vídeo promocional, no sabía cómo abordarlo, y perdía mucho tiempo averiguando cómo organizar el material, buscar una estructura y ponerme a montar. Con los documentales me pasaba lo mismo. Pero con la práctica, sin darme cuenta, encontré la solución. Y ahora, sabiendo el tipo de proyecto que es, lo afronto de manera distinta. Llegué a estos métodos probando y errando, hasta que di con sistemas de trabajo que para mí funcionan.
   Con la escritura pasa lo mismo. Cuando escribo cuentos, tengo una idea, y la voy desarrollando en la cabeza, hasta que llego a un final que me satisface. Entonces me pongo a escribir. Va a haber variaciones, pero al saber el final, no me pierdo por el camino.
   Una novela es una bestia de distinto pelaje: suele tener muchas más tramas y personajes, y sobre todo, mucho más desarrollo. Es bastante más compleja, y aunque tengas una idea general, es imposible tener en la mente todos los pormenores de la trama.
   Yo me estaba liando con las subtramas, hasta que en La Rioja di con la solución. Desde entonces, me he centrado en contar la trama principal: la relación entre los dos protagonistas. Esa fue la que me hizo ponerme a escribir la novela, es con la que mejor me lo paso y es la columna vertebral del libro.
   Lo que me pasaba es que al ir desarrollando la historia (a pesar de haber empezado simplemente con una escena en la cabeza, a los pocos días ya tenía pensada una estructura muy general), necesitaba más personajes y subtramas para hacer avanzar la trama principal. Así que me ponía a escribir una, y para no perder la pista de las otras, cuando acababa una escena, pasaba a otra trama. Gran error: no todas las tramas tienen el mismo peso, y escribiendo así es lo que estaba logrando. Esa no era la novela que yo quería escribir.
   Mi sistema de trabajo, al que he ido llegando de forma natural (de hecho, en otros artículos hablaba de este sistema sin ser consciente de que es el que a mí me funciona), es seguir con la trama principal, y cuando una subtrama se junta con ella, escribir la subtrama, guiándome por la escaleta, siguiendo la cronología de la principal. Así me es mucho más fácil escribir la novela, y le doy a las subtramas la importancia que se merecen.
   No hay dos escritores que tengan un mismo sistema de trabajo. Tú tienes que encontrar el tuyo a base de ensayo y error. Durante un tiempo estarás perdido, pero llegará un día en el que algo encaja allá arriba, en la sesera, y ya sabes cómo escribir las historias. Tal vez te ayude conocer los sistemas de otros escritores; pero la mejor manera de encontrar el tuyo es escribir, escribir y escribir.
   Sigamos con la corrección.

LOS DETALLES Y LA MENTE ABIERTA
   7- Un escritor de ficción debe prestar mucha atención a los detalles. VERDAD. Te darás cuenta enseguida. Querrás escribir una escena en una cafetería, y verás que “El ambiente era tranquilo” no sirve para transportar al lector a ese local. Y la siguiente vez que vayas a tomarte un café notarás que lo primero que oyes, al entrar, es el ruido de la tragaperras que está al lado de la puerta; que tienen puesto el aire acondicionado, y el intenso aroma a café y bollería.
   Que en la pantalla de plasma, en la esquina, aparece un programa de cotilleos y está demasiado alto; que al hombre de la tragaperras, que sostiene un botellín de cerveza en la mano, le ha tocado un premio y las monedas están cayendo en el cajetín. Verás que la camarera se rasca la cabeza con un bolígrafo, absorta en la televisión, y que su compañero bosteza con la mirada perdida. Tiene una mancha de café en el cuello de la camisa. Bajas el escalón y recorres las baldosas blancas hasta una mesa, justo en frente de la barra. Te sientas, y la silla cruje. El mármol de la mesa está frío. Aparte del hombre de la tragaperras y tú, tan sólo hay dos clientes más: una pareja de ancianas, muy delgadas y peripuestas. Están sentadas al lado de la ventana. Mantienen una conversación muy animada, se cortan la una a la otra y se ríen a grandes carcajadas. Parecen recién salidas de la peluquería, llevan collares de perlas y grandes sortijas; es como si fueran a la ópera.
Fotografía de una taza de café
   A la hora de describir lugares, tienes que utilizar detalles concretos, porque, de lo contrario, el lector será incapaz de visualizar ese sitio. (Si estás escribiendo sobre lugares reales, es lógico que retengas los detalles más importantes para ponerlos luego en el papel.) Y la mejor forma de lograr que los lugares que imaginas estén llenos de detalles, es que vayas viendo los sitios por los que te mueves con otros ojos. Y oyéndolos con otros oídos. Y sintiéndolos con otros sentidos.
   Fijarte en los detalles también de dará ideas para relatos. Son los detalles que más te llaman la atención. En nuestra cafetería, ¿qué hacen esas señoras emperifolladas tomando un café, si en la ciudad no hay ópera? ¿Y si hace años hubo una, y estas señoras, que viven en ciudades distintas, regresan cada año a ese café, al que iban antes de ir a la ópera? ¿Por qué lo hacen?, ¿cómo han sido sus vidas? ¿Y si la ópera es ahora un banco, y todos los años esas mujeres se meten para ver el vestíbulo? Los banqueros ya las conoces y las toman por viejas chochas; pero ¿quién está más chocho, dos ancianas que mantienen su amistad durante decenios y la ilusión por ir a la ópera como el primer día, o gente cuyo único objetivo en la vida es hacer más y más dinero? Mmmm, igual aquí tenemos una historia.
   El otro día vi a una señora con un andador en la calle, y a los pocos días, aparecía en mi novela una señora con un andador que se cruzaba con la protagonista e influía en la trama. El año pasado, una tarde que iba al trabajo pasé por un restaurante de comida rápida. Desde la calle vi que una mesa tenía migas únicamente en un sitio. Alguien había comido sólo. No le di mucha importancia, pero meses después escribí un cuento sobre un hombre que acababa de quedarse viudo; sin darme cuenta, esa mesa con migas había sido el origen. En otra ocasión fui al cine, y en la cola, un hombre le decía a un niño muy pequeño, de 3 o 4 años, que se iban a poner en el centro de la sala, pero que si sonaba muy alto y lo asustaba, se pondrían atrás. Semanas más tarde escribí un microrrelato sobre la primera vez que un niño iba al cine. Escuchar conversaciones, aparte de darte ideas, es muy útil para dialogar.
   Vete con los ojos y los oídos y el resto de los sentidos bien abiertos por la vida. Te propongo un par de ejercicios:
   - Ejercicio 1: Elige tres sitios que conozcas bien, que estén dentro de tu rutina. Ya son tan cotidianos para ti que no te fijas cuando te mueves en ellos. Intenta elegir sitios en los que tengas que hacer algo: el supermercado, la peluquería, o el autobús en el que vas a trabajar.
   Vete a uno de esos sitios y fíjate en todo lo que puedas; y no olvides que tienes cinco sentidos. El objetivo es que escribas lo que has visto, oído y sentido en ese lugar. Intenta meter el gusto también (si vas al supermercado, no vayas a la pescadería y te líes a lametadas con los besugos para saber cómo saben. Y si lo haces, por favor, que no salga mi nombre en tu conversación con los agentes de seguridad).
   Una vez que hayas asimilado todos esos detalles, ponte a escribir. Cuenta en primera persona lo que has hecho en ese lugar de forma cronológica. Expláyate en los detalles. Imagínate que el texto me lo tienes que dar a mí, que no conozco el sitio, y yo tengo que ser capaz de verlo y sentirlo.
   Deja descansar el texto unos días. Entonces recórtalo a la mitad. Te obligará a elegir los mejores detalles. Otra vez, guárdalo durante unos días y vuelve a él. Si es muy largo, asegúrate de que lo dejas en 300 palabras; si es más corto, que sean 150. En esta última versión, tienes que ser capaz de transmitir lo mismo que en la primera, pero con muchísimas menos palabras. Eso se consigue poniendo sólo los detalles imprescindibles. Cuando acabes, guarda el texto un día, y al siguiente te lees las tres versiones, ¿cuál te parece la mejor?
   Haz el mismo ejercicio con los otros dos lugares.
   Con este ejercicio comenzarás a prestar más atención al mundo que te rodea, y estarás cogiendo el tranquillo a la descripción, que es algo muy difícil. Y no olvides que tienes cinco sentidos. Si escribiste la descripción de tu barrio (artículo 6), recórtala hasta dejarla en 300 palabras.
   - Ejercicio 2: ¿Recuerdas las libretas de las que hablaba en el anterior artículo? Hazte con una, y cada vez que haya algo que te llame la atención, apúntalo. Puede que no sepas qué hacer con eso, pero anótalo de todas maneras. Igual es el origen de un cuento.

   8- Un escritor de ficción debe vivir antes de escribir. MENTIRA. Además, ¿ese consejo significa que yo, que ya escribo, he dejado de vivir? Pues oye, no se está mal en el más allá.
   El que vayas a recorrer mundo, buscando experiencias, no significa que cuando te calmes, seas capaz de escribir ficción bien. Hay técnicas que tienes que dominar para contar una historia, técnicas que puedes aprender mientras vives (qué demonios, desde que sales del útero materno y das la primera bocanada, ya estás viviendo). Si eres aventurero y quieres escribir, lo mejor que puedes hacer es escribir, para ir aprendiendo el oficio, al tiempo que corres aventuras. Y, desde luego, asegúrate de seguir viviendo cuando te tomes la escritura en serio. Pero no es cierto que necesites haber recorrido mucho mundo para ser escritor.
   Entiendo qué lógica se esconde detrás este consejo: para escribir buena ficción, hay que tener la mente abierta, y cuantas más experiencias hayas acumulado, más abierta la tendrás (siempre que estés dispuesto a que se te abra, que hay gente que reniega de todo aquello a lo que no está acostumbrado, y con esos no hay nada que hacer).
   Personalmente, me vino muy bien salir de Cantabria con 18 años para ir a estudiar al País Vasco. Allí me di cuenta de que muchas cosas que daba por sentado en mi vida, eran extrañas para los vascos, y viceversa. Cuando, con 22 años fui a Madrid a estudiar cine, donde encontré a gente de toda España, me sucedió lo mismo; y cuando viví en Londres de 2005 a 2007, siendo Londres un conglomerado de todas las culturas del mundo, las ideas preconcebidas que tenía de lo que es la vida, desaparecieron por completo. (Aprender inglés también ayudó a abrirme la mente: te obliga a pensar de otra manera.)
   Estos viajes, aparte de hacerme un internacionalista convencido (lo siento periodistas y políticos del mundo: no me interesan las regiones, naciones o países; sino las personas. Jamás me veréis celebrando que un español haya ganado algo en el mundo, salvo que sea un amigo mío o su trabajo me parezca mejor el de que sus competidores) me sirvieron para llegar a dos conclusiones:
   1- Las personas están muy influidas por su entorno, hasta el extremo de hacer y pensar cosas incomprensibles para el resto de la gente que no pertenece a ese entorno.
   2- Todos, absolutamente todos los seres humanos, independientemente de nuestra edad, sexo, etnia, credo, orientación sexual, estatus social o nacionalidad, buscamos lo mismo: ser felices.
   Si hubiera salido de Cantabria convencido de que es la mejor provincia del mundo, y censurara a todo el que no pensara o actuara como yo, esos viajes no habrían servido de nada.
Portada de La inteligencia fracasada, de José Antonio Marina   Dicen que de lo último que se da cuenta un pez es que vive en el agua. Tú, como escritor, es de lo primero que tienes que ser consciente: de tu entorno. Viajar ayuda mucho, pero no es imprescindible; simplemente tienes que plantearte por qué, en el lugar donde vives, las cosas funcionan de esa manera. Tienes que desterrar de tu mente los prejuicios, las supersticiones, los fanatismos y los dogmatismos. En este mundo, a pesar de la visión simplista que recibimos de los medios de comunicación y los políticos, no existe lo negro y lo blanco; todo son matices de gris. En este mundo existen otras maneras de ver la vida; y a menos que hayas vivido en todas las partes del planeta, nunca sabrás si tu región y tu forma de vivir son las mejores, por mucho que los periodistas y políticos se empeñen en decirte lo contrario.
   No estoy abogando porque te conviertas en un ateo anarquista (aunque si te apetece, adelante); es simplemente que antes de llegar a una conclusión, sopeses las distintas versiones. Y que cambies eso de “mi ciudad/provicia/país/nación y forma de vida son las mejores del mundo” por “me gusta mucho mi ciudad/provincia/país/nación y cómo vivo”. Sólo así estarás diciendo la verdad.
   Hay un libro excelente, “La inteligencia fracasada”, de José Antonio Marina, que habla de cómo limitamos, sin darnos cuenta, nuestra inteligencia; ya sea por factores externos, como la educación que recibimos, o internos (yo comprobé, hace cuatro años, que era dubitativo y procrastinador). Te lo recomiendo. No sólo te ayudará a que actúes con más inteligencia; también es muy útil para caracterizar personajes.
   Con estos dos puntos, comenzarás a ver el mundo con otros ojos, que es fundamental para un escritor. Con el tiempo, esos ojos serán los tuyos. Nos vemos en el siguiente artículo.

Recomendaciones:
   -“La inteligencia fracasada”, de José Antonio Marina. Se lo recomiendo a todo el mundo, incluso a aquellos que no quieran escribir ficción.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
  
   -El programa de la radio BBC World Book Club (en ese enlace puedes escuchar programas antiguos). Cada mes, Harriett Gilbert, una escritora, entrevista a un autor sobre una de sus obras. La entrevista se lleva a cabo delante de una audiencia que hace preguntas sobre esa novela. Lleva desde 2002, y han pasado gente como Günter Grass (“El tambor de hojalata”), Carlos Fuentes (“La muerte de Artemio Cruz”), Isabel Allende (“La casa de los espíritus”), Patricia Cornwell (“Post mortem”), o Carlos Ruiz Zafrón (“La sombra del viento”). Verás que los escritores son personas normales y que, sobre todo, se esfuerzan por contar una buena historia. En la entrevista a Nawall El Saadawi (“Woman at Point Zero) hay un momento muy gracioso: una estudiante universitaria le expone una teoría muy compleja sobre el simbolismo de las puertas en esa novela, y la autora contesta “¿Qué puertas?” Acabarás con una lista demasiado larga de novelas por leer. La única pega es que está en inglés.

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1 comentario:

  1. Carlos muy interesantes tus reflexiones.

    Yo tambien quiero ser ciudadana del mundo, lo que me interesa son las personas con todas sus diferencias .

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