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lunes, 6 de septiembre de 2010

Un destello en el cielo [8]

Portada original de Un destello en el cielo, de Kay Kenyon
NOVELA
Bright of the Sky
(EE.UU., 2007, 453 páginas)
Kay Kenyon

Tras trabajar como redactora de anuncios para radio y televisión, actriz publicitaria, y promocionar alternativas para el transporte urbano, Kay Kenyon decidió ponerse a escribir ficción. En 1997, con 41 años, publicó su primera novela: “The Seeds of Time”, y desde entonces se ha ido haciendo un nombre en la ciencia ficción. Después de seis novelas, en 2007 publicó la primera parte de su obra más ambiciosa: la serie “El Omniverso y la Rosa”; cuatro novelas que mezclan ciencia ficción con fantasía; logrando unas críticas excelentes. En España, la editorial La Factoría de Ideas ya ha publicado las dos primeras partes: “Un destello en el cielo” y “Un mundo demasiado próximo”. Me he leído la novela en inglés, así que habrá nombres de razas y lugares que no coincidan con la traducción.
   Titus Quinn fue un brillante astronauta que trabajaba para la empresa Minerva. Un día, la nave en la que viajaba con su mujer y su hija sufrió un accidente; y seis meses después, Quinn apareció en el planeta Lyra, asegurando que había pasado diez años en el Omniverso, un universo paralelo, y que su familia aún permanecía allí. Minerva lo toma por loco, y Quinn se recluye en su casa.
   Dos años más tarde, una nave de Minerva sufre un accidente que parece confirmar la existencia del Omniverso. Minerva se dedica a hacer viajes espaciales por un agujero negro, al que llaman túnel Kardashev, pero que debido a lo inestables que es, tiene una gran tasa de accidentes mortales. Al ver que Quinn recorrió grandes distancias estelares atravesando el Omniverso, lo sacan de su reclusión para que regrese a él y encuentre rutas para Minerva, antes de que la empresa se vaya a pique.
   Quinn vuelve al Omniverso con otro objetivo: rescatar a su mujer e hija y llevarlas de vuelta a la Tierra.
   Kenyon, muy hábilmente, junta elementos de ciencia ficción con fantasía: el mundo de la Tierra pertenece al primer género, pero en cuanto Quinn pasa al Omniverso, la novela se adentra en la fantasía; siempre alternando los dos espacios y géneros, sin que chirríe en ningún momento.
   El ir saltando de universo en universo lo utiliza Kenyon para ir complicando las tramas y subir la tensión, y funciona de maravilla: Quinn tiene que viajar grandes distancias y sortear una burocracia hipertrofiada antes de llegar al poblado donde vive su hija, quien está preparando una revolución contra los tarig, dueños del Omniverso; mientras que en la Tierra, Minerva ha amenazado a Quinn con apañar los resultados del test que decidirá el futuro de su sobrino Mateo si no regresa, al tiempo que una malvada Helice Maki intenta hacerse con el poder de la empresa.
   Kenyon añade que Quinn no recuerda lo que hizo en el Omniverso y que no lo pueden descubrir porque atacó a uno de los señores que gobiernan allí, por lo que se guarda varias sorpresas a medida que Quinn recupera la memoria y logra una atmósfera muy agobiante. Además, consigue que te importe y te caiga bien un personaje que, a priori, es antipático y hace cosas horribles. En el viaje, Quinn encuentra a la chica Anzi, y aunque el Omniverso es muy hostil, se da cuenta de que hay personas que se preocupan por él y vuelve a tener sentimientos humanos.
   Uno de los grandes retos de la ciencia ficción y la fantasía es crear mundos originales. Mientras que la Tierra no lo es mucho (un puñado de empresas enormes gobiernan el planeta en una sociedad estructurada según la inteligencia de sus habitantes), el Omniverso es muy imaginativo. Kenyon ha logrado un mundo muy real, poblado de seres fantásticos y lugares insólitos; y sin agotar al lector con descripciones minuciosas que detienen la trama, consigue que vea y sienta cómo es el Omniverso.
   El Omniverso está lleno de ideas geniales: los tarig, similares a mantis gigantes y dueños del Omniverso, lo crearon tomando como modelo la cultura china; los gond, que huelen a azufre y viajan a la Tierra asiduamente, y que tienen la forma del demonio, demuestran que lo que piensan en la Tierra que es el diablo, es realmente un gond; el mar de mercurio (¿homenaje a “Solaris”?); el cielo de fuego; todos los medios de transporte; o la vuelta que le da a la religión, en donde todo el mundo evita que Dios se fije en ellos.
   “Un destello en el cielo” está narrada en tercera persona múltiple, pasando en una misma escena a la mente de varios personajes. Con este recurso hay que tener mucho cuidado, para que el lector sepa en cada momento desde qué personaje ve la acción. Kenyon lo utiliza bien, ya que siempre que lo hace, lo hace por algún motivo que ayuda a avanzar la trama; pero puede resultar confuso: al tener los habitantes del Omniverso unos nombres tan extraños, es fácil perderse cuando cambia de punto de vista. La solución está en leerse esas escenas más despacio.
   Para mí, lo más débil de la novela es la parte de la Ascendancy. La burocracia es complicadísima, y por los nombres de los personajes, cuesta aún más seguir la trama. Kenyon da saltos en el tiempo, como en la presentación de Min Fe, en la que no sabemos quién es y pasa a continuación a un sumario que es un flashback que cuenta cómo Quinn ha llegado allí. Con el siguiente nivel de la burocracia pasa lo mismo; en vez de estar mostrado en una escena, está narrado en un sumario, lo cual hace mucho más difícil seguir la evolución de Quinn por el laberinto burocrático. Y tiene recursos un poco cogidos con alfileres, como cuando Quinn se cuela en el despacho de Shi Zu o la carpa que le conduce a Lord Oventroe.
   Incluso con esos fallos, que supongo que fuera por necesidad de comprimir varias páginas en pocos párrafos, “Un destello en el cielo” es una novela excelente. Espero que el resto de la serie mantenga el nivel de ésta.

2 comentarios:

  1. Carlos ¿Has leído la novela "Never let me go" de Kazuo Ishiguro que acaban de adaptar al cine http://origin.foxsearchlight.com/neverletmego ? Tiene muy buena pinta, la verdad (libro y película).

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  2. Pues no, no me la he leído. De Ishiguro leí, hace mil años, "Los restos del día", de la que no recuerdo nada (la película me encanta). Ahora mismo estoy perdiendo el tiempo con otro libro que me ha tocado en Library Thing: una basurilla autopublicada.

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