¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección Cómo escribir ficción, muchos consejos para escritores, críticas de novelas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho) y las críticas de películas que escribí entre finales de 2006 y principios de 2017. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

domingo, 7 de noviembre de 2010

PROYECTO NOVELA. 12- VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LOS ESCRITORES DE FICCIÓN (VI): SOBRE QUÉ ESCRIBIR, LA HONRADEZ Y LA CORRECCIÓN POLÍTICA

¡Ya he llegado a las 50.000 palabras! Ni Fidel Castro soltaba tantas en sus famosos discursos. Y la trama sí que está más o menos a la mitad, lo cual me sorprende. Me alegro mucho de haber llegado hasta aquí; mucha gente que quiere escribir, ya sea por falta de seguridad o de guías, no llega a tanto. ¡Enhorabuena, Carlos!
   Puede que resulte pesado al comenzar muchos artículos felicitándome por lo que he logrado, pero es necesario. Os recomiendo que hagáis lo mismo. Sólo de esta manera, celebrando pequeños logros, encuentras la fuerza para seguir adelante.
   Bueno, ya sólo me queda la mitad.
   Estoy a punto de alcanzar una escena importantísima, una de las que me hizo ponerme a escribir, y que marcará el punto medio de la novela. Había pensado acabar esa escena dando una pista de que algo muy peligroso podía suceder, y luego pasar a una escena donde a uno de los personajes le empieza a suceder eso. Entonces lo dejaba en suspenso, y me metía en un flashback muy largo, para explicar el pasado de uno de los personajes.
   Eso se llama un cliffhanger, que se puede traducir como “colgado del precipicio”. El término viene de los seriales cinematográficos mudos, en los que el héroe quedaba al final del capítulo en una situación muy peligrosa (como colgando de un precipicio), y hasta el siguiente capítulo no se resolvía. Así la gente semana a semana iba al cine para ver cómo continuaban las aventuras. Pero esta técnica ya llevaba siglos utilizándose en literatura.
   No hace falta que dejes la trama en una situación de mucho peligro. El requisito es crear suspense por lo que pueda pasar, y cambiar de trama.
Kathy Bates en Misery
Kathy Bates como Annie Wilkes
   En “Misery”, de Stephen King, Annie Wilkes se quejaba de que en uno de los seriales que seguía de niña, al final de un capítulo el héroe se despeñaba con el coche por un barranco. La pobre (y desequilibrada) Annie se pasó toda la semana sufriendo. Cuando regresó al cine para ver la continuación, se sintió estafada. El capítulo retrocedía en el tiempo, y ahora se podía ver perfectamente que el héroe saltaba del coche un poco antes de que cayera al vacío.
   Ese es uno de los riesgos del cliffhanger, que hayas complicado tanto las cosas, que parar salir del aprieto no te quede más remedio que amañar los acontecimientos, engañando al lector. Y no te lo va a perdonar. (Creo que en toda la historia de la literatura, sólo Arthur Conan Doyle se salió con la suya engañando al lector cuando resucitó a Sherlock Holmes. Y le salió bien porque fueron los lectores los que le exigieron que lo hiciera. Así que hasta que no tengas millones de fans, no lo hagas. O mejor, no lo hagas nunca.)
   Otro de los riesgos es que se te pases utilizándolo. “El código Da Vinci” no es más que un cliffhanger tras otro; y vaya que si cansa. Además, muchas veces Dan Brown dejaba una trama en un cliffhanger y cuando la retomaba, la continuación era una estupidez que no justificaba que hubiera creado tanto suspense.
   En mi caso me pasaba algo parecido a Brown: iba a dejar la escena en un punto muy alto, y cuando regresara, el personaje se habría librado de una forma muy sencilla. Le estuve dando vueltas, y o mataba al personaje en ese momento, para demostrar que el peligro era muy grande, o me cargaba el cliffhanger y hacía avanzar la trama de otra manera. Esto último es lo que voy a hacer. No es una solución muy espectacular, pero es la más honrada que he encontrado. Y creo que al mismo tiempo, aún mantendré la tensión.

CANTABRIA Y LOS GAYS
   10- Un escritor de ficción debe escribir sobre lo que conoce. MENTIRA. Éste es uno de los peores consejos que te pueden dar cuanto estás empezando a escribir.
   Si siguiera ese consejo, no podría escribir desde el punto de vista de una mujer, o un anciano, o crearme mundos y seres irreales, o viajar al pasado o a otros sitios de la Tierra. Si siguiera ese consejo, mi ficción sería una autobiografía encubierta. De hecho, toda la literatura serían autobiografías encubiertas. Y adiós a la fantasía, al terror y a la ciencia ficción.
   Si siguiera ese consejo la acción de mi ficción debería desarrollarse en Cantabria, que es donde nací y he pasado la mayor parte de mi vida. Ahí va un intento:

“Mi tierruca”, por Carlos del Río

Laro estaba sentado en una terraza tomando orujo de Potes mientras esperaba a su novia Valvanuz. Para matar el tiempo, leía un apasionante capítulo de “Sotileza”, de José María de Pereda. Valvanuz apareció risueña bajando una pindia pendiente de la bella Santander, la novia del mar. Su bamboleante bolso de piel tenía impresa una estela de Barros.
   -¿Por qué llegas tarde? Pensé que te había pillado un argayo –dijo Laro dejando la apasionante “Sotileza”, de José María de Pereda, en la mesa.
   -No. Que me encontré con mi amiga Jana.
   -¿Quieres comer algo? ¿Qué tal unos sobaos pasiegos?
   -Prefiero unas anchoas de Santoña. También quiero queso picón. Que sea de Tresviso, que es mejor que el de Cabrales. ¿No tienes frío en manguca corta?
   -Soy chicarrón del norte –Laro se golpeó el pecho-, desciendo de Corocota.

Vamos a dejarlo antes de que tenga que salir corriendo a vomitar. Esta atrocidad, que posiblemente me hiciera ganar algún premio financiado por algún organismo oficial cántabro, es el resultado de escribir sobre algo que no me interesa en absoluto. (Nota para la gente que no conoce esta provincia: la gente que vive aquí, a pesar del empeño de ciertos políticos y periodistas, NO es así. Haría tiempo que hubiera puesto pies en Polvorosa…)
   Pero no sigo este consejo. La protagonista de mi novela es una chica de 14 años. Una vez tuve esa edad, pero puedo asegurar que nunca he sido chica. Y no es humana. Casi pondría la mano en el fuego para afirmar que yo lo soy. Casi.
   Un escritor tiene que escribir sobre temas que le interesan mucho, ya sea porque los ama o los odia, pero no sobre temas que le dejan indiferente, que es mi caso con Cantabria: ni amor ni odio, aunque sí que hay gente que vive aquí a la que quiero mucho.
   Pero entiendo por qué se da este consejo: si escribes sobre lo que conoces, no cometerás errores y el resultado sonará auténtico. La cuestión es que si tratas de temas que te interesan, es muy probable que ya sepas bastante, y si no, te gustará documentarte sobre ellos.
   Cuando digo a que tienes que escribir sobre lo que te interesa, me refiero a que tu ficción debe centrarse en esos temas, porque lógicamente, vas a tener que escribir de cosas que no te interesan mucho, pero que son necesarias para que los relatos tengan coherencia.
   Y si quieres escribir sobre el lugar donde vives, adelante. Pero recuerda que estarás escribiendo para gente que no lo conoce. No hagas la basura de “Mi tierruca”; tienes que lograr plasmar la esencia de ese lugar en el papel.

   11- Un escritor de ficción debe ser honrado. VERDAD. Sin honradez no hay calidad. Eso no quiere decir que sólo siendo honrado consigas calidad. George Lucas es muy honrado porque hace el cine que le gusta, pero sus películas no son especialmente buenas. No escribas sobre temas que no te gustan simplemente porque crees que te van a dar dinero o prestigio. Y ten presente que escribas lo que escribas, siempre habrá gente a la que no le guste. No intentes complacer a todo el mundo.
Toni Morrison
Toni Morrison
   Pongamos que un día ves por la tele el desfile del Orgullo Gay en Madrid. Te frotas las manos y te dices: “¡Qué cantidad de sarasas! Y encima son sensibles, leen mucho y tienen pasta.” Entonces se te ocurre que si escribes una novela gay, te vas a forrar y vas a ganar un montón de premios. Pero al único gay que conoces es a Boris Izaguirre.
   Mi recomendación es que ni lo intentes. Posiblemente te aburras en seguida, porque es un tema que normalmente no te interesa; pero si perseveras y la acabas, va a ser infumable, llena de tópicos y más falsa que las promesas de un político. Y se notará que vas a lo que vas.
   La honradez también se aplica a la forma. No te pierdas en reflexiones simplemente para dártelas de inteligente; o escribas frases kilométricas; o utilices un lenguaje poético, si no sale de ti. Y por descontado, nunca engañes al lector; recuerda que no eres Arthur Conan Doyle.
   Toni Morrison tiene dos frases excelentes que resumen este punto:
      “Escribí mi primera novela porque quería leerla.”
      “Si hay un libro que tienes muchas ganas de leer pero todavía no se ha escrito, entonces debes escribirlo.”
      Ser honrado es no mentirte a ti mismo. En la vida real puedes dársela a tu mujer con la vecina de quinto o engañar al fisco; pero no cuando escribes. Que la honradez sea tu emblema (yo diría que para todo en la vida). Escribir será mucho más divertido y satisfactorio.

   12- Un escritor de ficción debe ser políticamente correcto. MENTIRA. Este es un punto un poco controvertido porque mucha gente lo malinterpreta. Veamos unos ejemplos.
   Volvamos a la novela gay. Tú sigues erre que erre, que esa novela te va a sacar de la ruina. Te pones a documentarte, y de repente te das cuenta de que los gays son personas iguales que tú. Te cabrea que estén discriminados y te pones a luchar por su causa. Incluso te haces con una bandera multicolor y tu novia te mira raro y te pregunta si no tienes algo que contarle.
   Los milagros existen y se te ha ocurrido una trama para llenar una novela que no te interesa. Es la relación entre un padre homófobo y su hijo adolescente, el cual sospecha que es gay. Ambos están viendo el telediario cuando aparece la noticia sobre el desfile del Orgullo Gay en Madrid. El padre, que es un cabestro, bebe de una lata de cerveza, suelta un eructo, pone cara de asco y llama de forma despectiva a los gays.
   Llega este momento, y sabes que el padre debería llamarlos con esa palabra que empieza con “m”, y no me refiero a “mameluco”. Pero, ah, te has sensibilizado, y para no herir la sensibilidad de nadie, escribes:

  -¡Malditos miembros del colectivo de gays y lesbianas, idos a practicar sexo anal a otra parte!

Esto, aparte de ser ridículo y una cursilada, rompería con el personaje del padre.
   El único caso justificable para no escribir palabras malsonantes en ese diálogo sería porque no las has utilizado antes en el relato, y rompería con el tono general. Entonces escribirías en diálogo de forma indirecta: “El padre comenzó a dar gritos a la televisión, insultando a la gente que veía; los insultaba como si pudieran oírlo”, o algo por el estilo.
   Un caso extremo de corrección política sería tratar a los miembros de una minoría como bondadosos, y al resto de la humanidad como malvados y perversos.
   En el dvd de “Instinto básico” contaban lo mal que lo pasó el equipo de rodaje. El film se rodó en San Francisco, y sabiendo la gran comunidad homosexual que hay en esa ciudad, decidieron dar el guión a asociaciones de gays y lesbianas para que opinaran.
Cartel original de Instinto básico   Lo tacharon de homófobo. Pidieron que el asesino fuera el personaje de Michael Douglas, que era heterosexual, y no la asesina bisexual. Como lógicamente no hubo cambios se dedicaron a boicotear el rodaje. Paul Verhoeven, el director, se desesperaba e intentaba razonar con ellos, diciéndoles que él para nada era homófobo, y que por favor vieran sus películas europeas para comprobarlo. No consiguió nada.
   La estupidez no conoce de orientación sexual.
   La sabiduría tampoco.
   Trata a tus personajes como personas individuales, no como miembros de un colectivo para ahorrarte caracterizarlos. Si lees “Las uvas de la ira”, “De ratones y hombres”, o “La perla”, de John Steinbeck, verás que los protagonistas son pobres; pero no por ello todos son gente buena maltratada por un sistema perverso.
   Así tiene que ser tu ficción.
   Los puntos sobre la honradez y lo políticamente correcto los resumía muy bien Ernest Hemingway en esta cita:
   “El don más importante para un buen escritor es un detector de mierda a prueba de choques incorporado. Éste es el radar del escritor y todos los grandes escritores lo han tenido.”
   Lo malo es que hay escritores que enarbolando la bandera de la libertad de expresión (o de la estupidez), escriben lo primero que se les ocurre, sin pensar en las consecuencias. Luego resulta que son unos cobardes, y cuando se ven atrapados, recurren al “donde dije digo, digo Diego”. Que hagas hablar y actuar a tus personajes de acuerdo a su personalidad, no significa que puedas soltar las mayores barbaridades que te vengan a la cabeza, especialmente cuando das una opinión personal. O que tu ficción incite al odio o sea denigrante. Ten dos dedos de frente.
   Sé honrado, asegúrate de que tus personajes actúan cómo deben para ser creíbles, por odiosos que te resulten, y utiliza el sentido común.
  
Se acabó la corrección. ¿Qué tal ha ido? Seguro que pensaste que esto no se iba a terminar nunca. He de reconocer que yo también. ¿Alguien sabe qué tengo que hacer para entrar en el Guinness como el tipo que más tiempo tardó en corregir un test?
   Espero que estos artículos hayan sido útiles. Durante muchos años estuve sin atreverme a escribir (y cuando lo hacía, avanzaba muy poco), porque tenía muchas ideas equivocadas sobre lo que debe hacer y saber un escritor.
   Durante los siguientes artículos veremos cómo generar ideas, pero no cualquier idea; serán ideas que te gustarán tanto que no te quedará más remedio que ponerte a escribir.

Recomendaciones:
   -“El arte de la ficción” (“The Art of Fiction”), de David Lodge. Uno de los pocos libros sobre escritura traducido al español. Lodge es un novelista británico que en 1991 publicó una serie de artículos en el periódico “The Independent” sobre literatura. El libro los recopila y los expande. Son 50 capítulos en los que Lodge analiza varios aspectos técnicos. Cada capítulo comienza con un fragmento de una novela o cuento (aparecen obras de Milan Kundera, Edgar Allan Poe, J. D. Salinger, o Paul Auster), y Lodge lo utiliza como modelo para explicar un determinado aspecto de la literatura. Es muy ameno. Sirve como recetario de los ingredientes que puedes añadir a tu ficción, y si no te interesa escribir, pero te gusta leer, este libro también sirve como guía de lectura.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
  
   -“The Art of Fiction”, de Ayn Rand. Sí, no me he confundido, se llama exactamente igual que el libro anterior. En los años 50, Ayn Rand, autora de “El manantial” y “La rebelión de Atlas”, dio unas charlas a un grupo de amigos sobre lo que era para ella la ficción. Este libro son las transcripciones. Es muy divertido cómo masacra a Gertrude Stein y a James Joyce, y muy interesante la importancia de evitar las vaguedades.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com

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4 comentarios:

  1. Cuando acabas la novela? No veas las ganas que tengo de leerla.

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  2. No tengo ni idea. Calculo que llegue al final para mayo de 2011, pero entonces me queda la revisión, que no sé cuánto me llevará.
    Lo que no voy a hacer es ponerme a correr para acabarla antes.

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  3. Carlos: me ha encantado tu opinión sobre "la libertad de expresión"..¡Cuanto sentido comun nos falta!.Yo tambien ardo en deseos de leer tu novela .

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  4. Carlos: con tu curso sobre escritura, lo que estoy aprendiendo en mi caso (ya que mis inquietudes no son escribir) es a disfrutar mas de las novelas que leo, lo hago con un sentido más crítico

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