¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

domingo, 19 de diciembre de 2010

PROYECTO NOVELA. 15- EL SUBCONSCIENTE

Bomba atómicaHe llegado al momento bomba atómica en mi novela. ¿Y qué demonios es el momento bomba atómica? Pues cuando no sabes muy bien por dónde seguir, cuando se te rebelan los personajes y hacen lo que les da la gana y nada parece tener sentido. Cuando llegas a esta situación lo único que quieres es arrojar una bomba atómica, que mueran todos menos el protagonista, que se escondió en un refugio nuclear y vivió feliz y comió perdiz.
   Pero como no quiero ser tan drástico, me he armado de paciencia y he mantenido una de esas conversaciones enfermas conmigo mismo, arrojando posibilidades sobre cómo continuar y hacer que todo encaje. Rechazo unas, acepto otras. Continúo con las que me gustan, y les voy dando vueltas y vueltas hasta que llego a algo con sentido. He sacado una escaleta de las siguientes escenas. Creo que cuando acabe de escribirlas, que me llevará meses, habré cubierto el 75 por ciento de la novela. No tengo muy claro cómo continuar después.
   A esta altura no me queda más remedio que ir contando dos tramas al tiempo, que se van a unir en el futuro, y dar pistas de otra, que tendrá importancia en la parte final. En la escaleta he puesto un orden más o menos coherente, pero me va a costar bastante ir equilibrando las dos tramas.
   Aunque bien pensado, ¿nadie tiene una bomba atómica a mano?

LA IMPORTANCIA DEL SUBCONSCIENTE
Hoy vamos a ver lo importante que es utilizar la parte racional del cerebro y la no racional, el subconsciente, a la hora de escribir. O si lo prefieres, el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho.
   Si eres de los que piensa que no puedes escribir ficción porque no tienes imaginación, que era mi caso, tengo buenas noticias: sí que tienes imaginación, lo que pasa es que la tienes atrofiada (o la sociedad te la atrofiado, con esa filosofía tan pragmática y aburrida que tiene).
   Si no me crees, piensa en cuando sueñas, o cuando lees una novela y eres capaz de ver y sentir lo que estás leyendo. O cuando un amigo te cuenta sus últimas vacaciones y puedes visualizar el lugar donde ha estado sin tú conocerlo. En los siguientes artículos veremos cómo volver a poner en forma tu imaginación.
   Jerry Cleaver, en “Immediate Fiction”, explica muy bien el proceso creativo: “Hay dos procesos que debes dominar para crear cualquier cosa. El primero es el proceso de flujo. El proceso de flujo es lo que sucede cuando te abres y dejas que sea lo que sea que tengas en tu interior fluya a la página. Es lo que debes hacer para obtener algo sobre lo que trabajar. Esta parte del proceso es rápida, fluida, desordenada, emocional, y sobre todo no es crítica. Si tienes suerte, este flujo durará varias páginas; si tienes mucha suerte, durará todo una primera versión.
   Pero hay más que dejarte llevar y verter algo en la página. Al final la inercia (flujo) se detiene, y tienes que volver atrás y mirar lo que tienes y decidir qué hacer con ello –decidir qué se queda, qué se va, y qué hay que rehacer. Ese volver atrás y ese evaluar son el proceso de edición. El proceso de edición es lento, deliberado, organizado, intelectual, y, sobre todo, crítico.”
   Yo cuando me planteo escribir algo, tengo claro por qué voy a escribir cada escena: tienen que tener una función en la historia para estar allí. Y siempre tengo presente que la novela tiene una estructura concreta (presentación, nudo y desenlace) y que los personajes siguen un determinado arco narrativo. Teniendo estas coordenadas, cuando escribo me dejo llevar y muchas veces me encuentro con sorpresas que enriquecen la historia. Otras veces aparecen cosas que sobran y las quito cuando reviso.
   Entro en el “estado de flujo” y simplemente escribo lo que me muestra mi imaginación, sin ser muy consciente del acto físico de escribir. Se parece mucho a soñar despierto. Y si no estoy inspirado y no hay manera de entrar en ese estado, me fuerzo a imaginar qué está pasando en mi novela, y entonces escribo.
Ayn  Rand
Ayn Rand
   Ayn Rand, en “The Act of Fiction”, habla de lo que realmente es la inspiración: “Lo que coloquialmente se llama ‘inspiración’ –es decir, que escribes sin saber por completo por qué escribes lo que escribes, y queda bien- es en verdad el subconsciente resumiendo la premisas y las intenciones que te has impuesto. Todos los escritores tienen que confiar en la inspiración. Pero tienes que saber de dónde viene, por qué ocurre, y cómo hacer que te ocurra a ti.
   Todos los escritores confían en su subconsciente. Pero tienes que saber cómo trabajar con tu subconsciente.”
   Rand dice que hay escritores que no saben explicar por qué escriben como escriben, a lo que replica: “Si no quieres verte reducido a esa condición, tienes que ser consciente de sus premisas en general, y de tus premisas literarias en particular. Tienes que entrenarte para entender tus premisas claramente, no como reglas generales, sino con un suficiente número de concretos para que el significado completo de las premisas sea automático para ti. Cada premisa que almacenas en tu subconsciente de esta forma –es decir, completamente entendida, completamente integrada en los concretos que representan- se vuelve parte de tu capital de escritura. Cuando te sientas a escribir, no necesitas calcular todo de forma lenta y consciente. Tu inspiración viene de la extensión exacta del conocimiento que has almacenado.
   Para describir un amanecer, debes haber almacenado en tu mente ideas claras de lo que quieres decir con ‘amanecer’, qué elementos lo componen, cuáles has visto, qué estado de ánimo quieres proyectar y por qué, y qué tipos de palabras lo proyectarán. Si tienes claros todos estos elementos, te vendrán fácilmente. Si tienes claro algunos pero no otros, será más difícil de escribir. Si no tienes nada claro –si no tienes más que ‘abstracciones flotantes’ en tu subconsciente (con eso quiero decir abstracciones que no conectas con concretos)- te sentarás y mirarás a una página en blanco. Nada saldrá de tu mente porque no le has metido nada.”
   Más adelante, Rand asegura que si dominas el subconsciente, es decir, si sabes de dónde viene y cómo la inspiración, nunca te quedarás sin ideas para escribir. Y tiene razón. Un punto clave es saber que todo lo que asimilas, queda almacenado en el subconsciente, que te dará la información que estás buscando en el momento que lo necesitas. Por eso Rand dice que es importante que racionalices la información que absorbes, que lo que ella llama premisas estén unidas a conceptos concretos.
   A partir de ahora presta atención a la información que asimilas. Si hiciste los ejercicios de descripción (artículo 9), ya estarás asimilando el mundo que te rodea de otra manera. Y si lees de todo, como recomendaba en el artículo 10, estarás dándole más alimento al subconsciente. Presta atención a tus sentimientos y estados de ánimo y a los de la gente de tu entorno e intenta expresarlos con palabras.
   En el siguiente artículo veremos cómo sacar del subconsciente los temas que realmente te importan, que serán sobre los que escribas, y cómo no quedarte sin ideas.
   El oficio del escritor se puede resumir en una frase: consiste en utilizar partes del cerebro que nadie pensaba que fueran necesarias. (Lógicamente, la gente que piensa así no son escritores. No les hagas caso.)
   Pero antes, vamos a ver lo que más me gusta del subconsciente; algo que te permite hacer el vago sin que lo parezca.

EL SUBCONSCIENTE NUNCA DEJA DE TRABAJAR
En mi rutina diaria, siempre dejo de escribir sin agotar una escena, para que al día siguiente no tenga que hacer frente a un posible bloqueo. Pero también lo hago para darle tiempo al subconsciente a desarrollar la trama y que me dé ideas para mejorar lo ya escrito o corregir errores.
   Cuando termino las 400 palabras, me olvido por completo de la novela. Sigo con mi vida, y a la mañana siguiente, me pongo a escuchar bandas sonoras con los auriculares, escribo en mi diario, y tras haber escrito lo que me ha sucedido el día anterior (o las primeras reflexiones que me vengan a la cabeza), empiezo a darle vueltas a la novela.
   Al seguir este proceso, le estoy diciendo al cerebro que me voy a poner en el “modo imaginar”. Primero la música; luego escribir sin censurarme, y por último sacarle al subconsciente lo que me tiene que ofrecer con una de mis conversaciones conmigo mismo. Y funciona.
   De algún modo, el subconsciente ha encontrado soluciones, que voy sacando haciéndole preguntas. Empiezo con preguntas muy generales, de por donde podría ir la trama, y las voy limitando a acciones concretas, y por qué unas acciones pueden funcionar y otras no.
   Te recomiendo que intentes conectar con el subconsciente antes de ponerte a escribir. Dorothea Brandle, en “Becoming a Writer”, proponía que te pusieras a escribir un diario nada más levantarte de la cama, sin haber articulado palabra, leído el periódico o el libro que estés leyendo. Claramente era una forma de forzar que la parte racional de tu cerebro, la que procesa el lenguaje, aún no dominara a la parte imaginativa, la que había estado gobernando durante la noche.
   Escucha música, haz meditación, haz algo rutinario que no te haga pensar, y entonces ponte a escribir. Si te gusta, escribe escuchando música. Con el tiempo, el cerebro sabrá que tiene que entrar en el “modo imaginar” cuando sigues esos pasos. Así no sufrirás bloqueos ni el miedo a la página en blanco.
   Cuando estoy atascado y no hay manera de continuar, dejo el ordenador y me voy a dar un paseo. O hago cualquier cosa que me evite pensar en la novela. De hecho, intento pensar poco. Cuando vuelvo, le doy unas vueltas, y ya tengo la solución.
   El subconsciente también me indica cuando algo no va bien. Lo noto cuando me cuesta mucho escribir. Tengo ideas en la cabeza, pero plasmarlas en el papel me supone un esfuerzo tremendo. Entonces no me obsesiono con el problema, sigo como si tal cosa, y sé que dentro de unos días seré capaz de identificar el problema. Me pasó al principio de la novela, cuando le estaba dando demasiado peso a las subtramas, y tras varios días sufriendo al escribir, una tarde, cuando me estaba durmiendo para echar la siesta, di con la solución (mira el principio del artículo 7, y también el del artículo 10).
   Esta técnica, la de dejar reposar las cosas, la utilizo para todo. Con estos artículos, por ejemplo, tengo una idea de los temas que quiero tratar, y tras varios días de maceración en el subconsciente, me pongo a escribir. Muchas cosas salen solas. Cuando tengo una parte escrita, la dejo descansar unos días, y vuelvo para corregir y darle la forma definitiva.
   Con las críticas hago lo mismo. Veo una película o leo una novela, asimilando todo lo que puedo (como con novelas tengo poco práctica, voy apuntando en una libreta todo lo que me gusta o disgusta al tiempo que la leo), lo dejo descansar al menos un día, y entonces de forma consciente decido qué puntos tratar de la obra. Y si comienzo a escribir pero no me sale, dejo de escribir y continúo al día siguiente. Entonces sale casi solo.
   Pero no lo utilizo sólo para escribir. También lo uso cuando monto vídeos o enseño cursillos de cine. La estructura de los vídeos va saliendo poco a poco, lo mismo que las clases de cine. De esta forma se me ocurren ideas que no hubiera tenido de forma consciente.
   Esto, que parecen las promesas de un charlatán de feria, de esos que vendían crecepelos y demás ungüentos milagrosos, es verdad. Betty Edwards, en “Nuevo aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro”, llama a esta forma de encontrar soluciones “la respuesta ¡Ajá!”: “En la manera de procesar información del hemisferio derecho, utilizamos la intuición y de repente entendemos mejor las cosas –momentos cuando ‘todo parece que encaja’ sin descifrar las cosas en un orden lógico. Cuando esto sucede, la gente a menudo exclama espontáneamente, ‘Lo tengo’ o ‘Ah, sí, ahora veo el conjunto.’” Edwards pone el ejemplo de Arquímedes, quien tomando un baño tuvo un golpe de inspiración y se dio cuenta que utilizando el peso del agua desplazada podría determinar si una corona era de oro puro o una aleación con plata.
   Ayn Rand, otra vez en “The Art of Fiction”, dice: “Esta experiencia [la de encontrar soluciones que parecen que vienen solas] no está limitada a los escritores. Con cualquier problema, puede que estés pensando durante días, y de repente, al parecer por accidente, encuentras la solución.” Rand pone el ejemplo de Newton: se le cayó una manzana en la cabeza y eso le dio la idea para formular la ley de la gravedad.
Jacqueline Wilson
Jacqueline Wilson
   Jacqueline Wilson, una escritora de literatura infantil, en una entrevista en el número de octubre de 2010 de “Writing Magazine”, explicaba su rutina diaria: “Al final del día intento nadar durante un buen rato. Nadar, creo, es algo maravilloso para los escritores porque no pienso conscientemente que voy a conseguir una buena idea pero de alguna manera, simplemente desplazándome hacia delante y hacia atrás en la piscina hace que se mueva algo en mi cabeza y otra idea empezará a aparecer.”
   En el mismo sentido, el escritor Sy Rosen, en el número de enero de 2011 de “The Writer”, da una serie de consejos para escribir ficción basándote en recuerdos embarazosos. Explica que tienes que ir formando una idea, y cuando tienes algo: “Deja que tus pensamientos se asienten un par de días y al final vendrán cosas buenas. Puedes soñar despierto sobre la experiencia embarazosa, o, no pensar sobre ella en absoluto. Una parte de tu mente sigue trabajando en tu historia; algo parecido a cuando tu vídeo digital está grabando al tiempo que tú ves otro canal.”
   Ya ves, esto va en contra de todo lo que te han dicho desde que naciste (¿dejar reposar los problemas en esta sociedad que tiene una prisa tremenda por hacer todo? ¿Utilizar la imaginación para resolver problemas? ¡Inaudito!).
   Pero ya sabes que para que se mantenga el sistema, hay que fomentar que la gente piense igual, que siga a la masa sin reflexionar demasiado, diciéndoles qué es lo verdaderamente importante en la vida y cómo pensar. Lograr que la gente diga que así son las cosas, o que hagan las cosas porque toca, o porque las hace todo el mundo, no porque les apetezca; y sobre todo, pensar en una seguridad económica y en hacer todo lo posible por no arriesgarse en la vida. A esto lo llaman educación.
   Si quieres escribir ficción, tienes que empezar a pensar de otra manera. Serás más feliz porque serás tú mismo, no lo que te impongan que seas.
   Utiliza los dos hemisferios de cerebro, que para algo los tienes.

Recomendaciones:
   -“Immediate Fiction”, de Jerry Cleaver. En la parte de atrás aseguran que éste será el único libro de escritura que necesitarás. Me parece un poco exagerado, porque, aunque cubre muchos aspectos, hay elementos técnicos poco desarrollados. Pero sí me parece muy ameno y fácil de comprender, y estoy convencido de que cuando acabes, te será sencillo escribir sobre los temas que a ti te gustan, y tendrás un sinfín de historias por contar. Muy bueno.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com

   -“Illuminating Fiction”, de Sherry Ellis. Son 19 entrevistas a escritores de hoy en día. La autora repasa cómo consiguen las ideas, el estilo, su rutina, el punto de vista, o cómo se plantean contar las historias. Es interesantísimo porque las respuestas las dan los autores, no críticos interpretando lo que haya querido decir un novelista. Un caso muy interesante es el de Arthur Golden, el de “Memorias de una geisha”, que le cuenta a Ellis que llegó a la voz de su protagonista para resolver una cuestión de credibilidad: la protagonista, ya mayor, está contando su vida a un estadounidense que no conoce la cultura japonesa; y así Golden pudo meter todas las explicaciones que hay en la novela sobre esa cultura. Si no llega a ser así, nadie se creería que una novela, narrada en primera persona por una japonesa, se detuviera tantas veces para meter información de la cultura. Acabarás con la noción de que en ficción lo más importante es la historia.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com

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2 comentarios:

  1. anamaria rego mendizabal16 de enero de 2011, 11:46

    Ay Carlos, buenos días y gracias por hacerme particípe de tus comentarios e ilusiones, al es-tar decidido a escribir una novela de ficción.
    (El comentario anterior que te había escrito "ha volado".)
    Por lo que no quiero extenderme más, pero pienso
    que como tú dices, n o utilizamos todo nuestro
    cerebro, nos hemos vuelto comodones, y por ello
    lo que hacemos es leer, lo que a otros les ha
    costado, un gran esfuerzo.Suerte, ya me tendrás
    al tanto.

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  2. Gracias, Ana María. Comentarios como el tuyo son los que me animan a seguir con esta locura.

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