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miércoles, 12 de enero de 2011

Matar a un ruiseñor [9]

Portada americana de Matar a un ruiseñor, de Harper Lee

NOVELA
To Kill a Mockingbird
(EE.UU., 1960, 376 páginas)
Harper Lee

El caso de Harper Lee es rarísimo. Con su debut, “Matar a un ruiseñor” (1960), logró un best-seller inmediato, unas críticas excelentes y el Pulizter. Y entonces dejó de publicar. Salinger a su lado parece prolífico. “Matar a un ruiseñor” es una novela semiautobiográfica desarrollada en un pueblo ficticio de Alabama en los años 30, donde una niña, Scout, recuerda su infancia. Después del éxito de la novela, lo más destacable en la carrera de Lee fue ayudar a su amigo Truman Capote a documentarse para “A sangre fría” (1966). (El personaje de Dill está basado en Capote.)
   En 1962 “Matar a un ruiseñor” se convirtió en un clásico del cine con la película de Robert Mulligan con Gregory Peck (a quien la haya visto le será imposible no pensar en Peck cuando Atticus Finch aparece en la novela); y 50 años después de su publicación, la novela está considerada una de las más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX.
   Durante los años de la Gran Depresión, Scout vive con su hermano Jem y su padre, Atticus, en Maycomb, un pueblo de Alabama. Mientras crece, Scout se hace amiga de Dill, el niño que va a visitar a su tía durante los veranos, descubre lo horrible que es la escuela, y ve como Jem, cuatro años mayor que ella, deja de comportarse como un niño porque se está haciendo adolescente. La percepción de la vida que tiene Scout cambia por completo cuando su padre, que es abogado, tiene que defender a Tom Robinson, un negro acusado de violación.
   “Matar a un ruiseñor” tiene dos partes muy bien diferenciadas: la primera se centra en presentar a Scout y su mundo; y la segunda, que empieza cuando Scout se entera de que Atticus está defendiendo a Tom, habla de racismo y de esperanza por un futuro mejor. La primera parte son una serie de acontecimientos, muy poco relacionados entre sí (son las vivencias de Scout en el pueblo), mientras que la segunda tiene una estructura mucho más clara; y elementos que no tenían un objetivo muy definido en la primera parte, adquieren aquí significado.
   Si “Matar a un ruiseñor” es una obra unitaria y aguanta la primera parte, en la que es difícil ver un hilo narrativo (¿trata de la relación de los niños con Boo? ¿O lo que le traumatiza a Scout la escuela? ¿O es la relación de Atticus con sus hijos? No se sabe bien porque no hay una trama que tire de las demás, y por eso, aunque encantadora, me parece demasiado larga) es gracias a la voz de su protagonista.
   La novela está narrada en primera persona desde el punto de vista de una mujer adulta que recuerda su infancia. Así, al mismo tiempo Scout es capaz de darse cuenta de lo que significaron los acontecimientos que ocurren en la novela, muestra la lógica infantil del personaje. El resultado es genial: “Matar a un ruiseñor”, a pesar de ser en ocasiones muy oscura, es divertidísima, muy cálida y tierna.
    Los personajes están muy bien caracterizados, en especial los niños. Lee retrata de maravilla la psicología infantil, a veces con resultados hilarantes, y las relaciones de Scout con la gente que la rodea (su padre, su hermano, y Dill), son encantadoras.
    El primer día de escuela es divertidísimo, traumatizando a Scout por el sin sentido de la educación. Más tarde, Scout intenta pillar cualquier enfermad para no ir a clase; o se pone a decir tacos, a ver si su padre relaciona ese lenguaje con la escuela y la saca de allí. En otra ocasión, Scout corre a decirle a Atticus que el mundo se acaba cuando comienza a nevar, asustada porque nunca antes había visto nieve.
   La obsesión de los niños con Boo, el vecino de al lado que nunca sale, también es muy divertida: hacen obras de teatro representando a los vecinos raros e intentan establecer contacto con Boo y hacer que salga de casa (a Dill se le ocurre que si deja un rastro con gotas de limón, Boo lo seguirá como una hormiga).
   A mitad de novela, Scout se da cuenta de que su padre es mucho más de lo que parece. Scout se preocupa porque Atticus, de 50 años, no es como el resto de los padres. Pero cuando éste da caza a un perro loco, descubre que no es lo que parece. Y al final de la novela verá que su padre es mucho mejor que el resto.
   Poco a poco, en la novela se va introduciendo una nota discordante: Scout comienza a oír que la gente llama amante de los negros a Atticus. Toda la extensa primera parte, además de para presentar el mundo de Scout, ha servido para crear mucha empatía por los personajes. Ahora es cuando se complican las cosas y cuando Lee da opiniones sobre lo que realmente le interesa.
   Es un gran acierto el punto de vista infantil; Scout no entiende el odio a los negros, o algo tan descabellado como que su profesora diga que Hitler trata mal a los judíos, pero ella misma desprecia a los negros. Al ser una niña, Atticus y otros adultos (un hombre condenado al ostracismo por tener hijos mulatos, pero que es más lúcido que la mayoría del pueblo, o Miss Maudie) se lo tienen que explicar: que la masa, que no piensa, es muy peligrosa, y que los cambios se producen poco a poco, y que lo que cuenta son muestras que indican un posible cambio a mejor. Es una forma muy elegante de meter mensajes en la ficción, sin aleccionar al lector.
   Pero la segunda parte no sólo destaca por sus mensajes. El juicio a Tom es muy intenso y está lleno de emoción, llegando el lector a las mismas conclusiones que Scout sobre lo injusto del sistema. O lo impactantes que son los acontecimientos que vienen a continuación. Y Scout sigue con sus divertidas vivencias infantiles.
    El tramo final, me parece más endeble, por poco verosímil. Está un poco forzado: Atticus sabe que Bob Ewell es peligroso, y no acompaña a sus hijos a una obra de teatro que les fuerza a caminar de noche por las calles; al igual que la excusa de la tía Alexandra de no ir a la representación por estar cansada.
   “Matar un ruiseñor”, sin ser perfecta, es una novela genial.

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