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lunes, 21 de marzo de 2011

The Siege [6]

Portada de The Siege, de Helen Dunmore
NOVELA
The Siege
(Reino Unido, 2001, 296 páginas)
Helen Dunmore

Helen Dunmore es una escritora británica que ha publicado poesía, cuentos, libros infantiles, novelas juveniles y para adultos; y en ficción ha tocado la fantasía, el thriller psicológico o la novela histórica. “The Siege” fue su séptima novela, publicada en 2001 con una críticas excelentes, y narraba los primeros meses del sitio de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial. Dunmore publicó en 2010 la secuela, “The Betrayal, que seguía la vida de sus protagonistas en 1952.
   Anna es una joven profesora de guardería que vive en Leningrado en 1941 con su padre, Mikhail, un escritor censurado por el régimen soviético, y su hermano de cinco años, Kolya. En septiembre de ese año, los nazis deciden sitiar la ciudad, con la intención de destruirla por completo con ataques de artillería y bombardeos aéreos, despreciando qué le pueda pasar a la población. En cuanto comienza el sitio, Marina, una antigua amante de Mikhail y actriz caída en desgracia, va a vivir con Anna y su familia. En el transcurso del invierno, Andrei, un joven médico se une a la familia, y Anna y Andrei acabarán enamorándose.
   La ejecución técnica de “The Siege” es impecable. Dunmore es muy elegante (se nota que también escribe poesía), y la novela, con narrador omnisciente, va pasando de una visión general de Leningrado a personajes concretos. Las acciones de esos personajes provocan recuerdos, y dentro de las escenas, de forma muy fluida, Dunmore introduce pequeños flashbacks que profundizan en los personajes.
   Excepto los flashbacks, que lógicamente están en pasado, la novela está narrada en presente, y Dunmore mezcla la tercera persona con, en ocasiones, la segunda e incluso la primera personal del plural. La segunda persona es una opción rarísima en ficción porque si está mal manejada, puede romper muy fácilmente la ilusión de realidad que quiere crear la novela. Dunmore la utiliza cuando el narrador omnisciente se refiere a lo que piensa o siente la población de Leningrado en general, y de vez en cuando para mostrar lo que piensan los protagonistas. Todos los cambios de persona, y los saltos del presente al pasado están muy bien manejados por Dunmore, demostrando que domina a la perfección la técnica de la escritura.
   Pero “The Siege” es una novela excesivamente fría. La primera parte está dedicada a presentar el miedo que tenía la gente a las delaciones en el régimen soviético y los preparativos que hacían para hacer frente a la guerra. Sobre todo en esta parte, Dunmore muestra el sentir general y la vida de la protagonista, Anna, que está demasiado fragmentada como para crear empatía. Además, en esa primera parte, aún no se sabe si el protagonista es ella o su padre, que también aparece de forma muy fragmentada. Lentamente vas encajando las piezas, pero la fortuna de los personajes no te importa mucho.
   Cuando comienza el sitio, la novela mejora. Anna va cogiendo protagonismo, y al aparecer Andrei, ya se sabe por dónde va a ir la trama: las dificultades de la guerra y la historia de amor. Pero incluso aquí, Dunmore se distancia varias veces para mostrar panorámicas de Leningrado, y el efecto en vez de tocar emocionalmente al lector, lo que provoca es que se distancie. Los lectores se emocionan cuando se meten en la piel de los personajes, no cuando Leningrado aparece como un ente difuso. Además, Dunmore muchas veces da grandes saltos en el tiempo: parece que ha planteado una nueva línea argumental y al regresar a ella, se ha resuelto.
   Pero cuando Dunmore se centra en un personaje (especialmente Anna), “The Siege” logra momentos magistrales. Un poco antes de comenzar el sitio hay una escena muy buena que recuerda mucho a la retirada de Dunkirk en “Expiación” (2001), de Ian McEwan, cuando Andrei regresa a Leningrado en un camión lleno de enfermos, aunque no es tan potente como la de McEwan.
   La parte del sitio es muy angustiosa, mostrando cómo van adelgazando más y más y la comida merma por momentos, con un frío, que incluso en el interior de las casas, congela hasta la entrañas. Es genial la rutina para ir a buscar el pan, y cómo la gente cada vez está más acostumbrada a que haya cadáveres abarrotando las aceras. La historia de amor es sutil y muy bonita, y la relación de Anna con sus vecinos y Evgenia tiene escenas sobresalientes (toda la parte del bebé de la vecina es muy impactante, y Evgenia logra que haya un poco de esperanza, aunque ella también las esté pasando crudas).

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