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domingo, 12 de junio de 2011

El castor [3]

Cartel original de El castor The Beaver
(EE.UU., 2011, 91 min)
Dirección:
Jodie Foster
Guión:
Kyle Killen
Intérpretes:
Mel Gibson
Jodie Foster
Anton Yelchin
Jennifer Lawrence
Cherry Jones
Riley Thomas Stewart
IMDb

A principios de los 90 Jodie Foster, cuando con menos de 30 años ganaba su segundo Oscar, parecía que se iba a comer Hollywood. Veinte años más tarde, Foster sigue siendo una actriz extraordinaria, pero su estrella se ha apagado bastante y lo que prometía entonces no se ha cumplido. “El castor” es su tercera película como directora y en ella aparece otra estrella en horas bajas: Mel Gibson. Si bien la carrera de Foster desfallece por una serie de malas elecciones (menudo ojo tiene su agente; o ella misma); la de Gibson lo hace porque es un bocazas. “El castor” podía relanzar sus carreras, pero tras sufrir retrasos en su estreno (estaba previsto para finales de 2010), ha pinchado en taquilla. Y no me extraña: “El castor” es un desastre.
   Walter Black (Mel Gibson) es el dueño de una empresa de juguetes que sufre una gran depresión. Su mujer (Jodie Foster) se desespera porque no puede hacer nada por ayudarlo, su hijo pequeño (Riley Thomas Stewart) es acosado en el colegio, y su hijo mayor (Anton Yelchin) lo odia profundamente y quiere hacer todo lo posible por no parecerse a él. Un día su mujer lo echa de casa, y cuando está tocando fondo en un motel, Walter encuentra en la basura una marioneta de castor que lo ayudará a superar la depresión.
   “El castor” tiene un problema gravísimo de tono. No porque mezcle comedia con drama, que eso bien hecho funciona, sino porque junta partes muy realistas con otras que se separan mucho de la realidad, y el resultado es como mezclar aceite y agua. Empieza con una secuencia de montaje que parece indicar que vamos a ver una comedia no realista, que va a tirar por el camino de  “Amelie” (aunque formalmente no sea tan radical), y de repente se vuelve un dramón que se toma muy en serio a sí mismo. Los tonos se van alternando a lo largo del metraje.
   En sí, ninguno de los tonos son una mala elección, pero juntarlos sí. O haces “Amelie”, o haces un dramón realista que estudie lo que es una depresión. Cogiendo la primera opción, sería creíble que Mel Gibson confiara en el castor. Y se entendería que aunque para todos (incluso el espectador) la marioneta es algo ridículo, para Gibson no. Con esa opción, el espectador también se creería que su hijo mayor, a base de darse cabezazos contra la pared, hiciera un hueco y viera una salida. Pero al meter partes serias, esos elementos son increíbles, y no digamos lo que pasa al final con el castor. Y si tiras por el tono realista, el castor debería estar mucho más justificado: que un psicólogo le dijera a Gibson que usara la marioneta como terapia.
Jodie Foster y Mel Gibson en El castor
Jodie Foster y Mel Gibson
   Además de ese problema, “El castor” cuenta demasiadas cosas y da la sensación de que son dos películas en una, que no acaban de encajar, y ninguna funciona. La historia de Mel Gibson y Jodie Foster tiene altibajos cuando les da la gana (de repente la marioneta es buena, y luego es mala); y la historia de Anton Yelchin y Jennifer Lawrence es muy difícil de creérsela, por cómo empieza y el desarrollo zafio que tiene (lo del hermano muerto está muy mal llevado). Entre medias aparece la historia de la fábrica de juguetes, la del hijo pequeño (que por algún extraño motivo deja de sufrir en el colegio), y la del chico que hizo trampas en el instituto. La parte final acaba con una serie de catarsis que no hay quien se las crea.
   Y lo peor es que es aburridísima.
   Desde luego, Jodie Foster no tiene el mismo talento delante que detrás de la cámara.

2 comentarios:

  1. Hace unos dias que la he visto y todavia me arrepiento de alquilarla. No sabía qué coger y me decidí por Jodie Foster que recuerdo que era buena actriz, como tu bien dices, y por Mel Gibson que tambien suele trabajar bien. Pero me equivoqué. Aburrida, sosa, triste, sin sentido, ....

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