¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
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viernes, 24 de junio de 2011

Hanna [1]

Cartel original de Hanna Hanna
(EE.UU., Reino Unido, Alemania, 2011, 111 min)
Dirección:
Joe Wright
Guión:
Seth Lochhead
David Farr
Intérpretes:
Saoirse Ronan
Eric Bana
Cate Blanchett
Tom Hollander
Olivia Williams
IMDb

Joe Wright se está haciendo un hueco entre los directores de cine de qualité (que normalmente no significa “calidad”, sino “aburrido y pretencioso”) actuales. Wright debutó en 2005 con “Orgullo y prejuicio”, que era una adaptación de Jane Austen que mantenía la época original y que incompresiblemente estaba llena de zooms; y consiguió su mayor éxito en 2007 con “Expiación”, una adaptación lograda a medias de la novela de Ian McEwan. Hace dos años siguió con las adaptaciones literarias con “El solista”, un film que no vio nadie y que no convenció a la crítica; pero ahora cambia de tercio, y partiendo de un guión original se adentra en el terreno del thriller.
   Con lo mal que le ha quedado, uno desea que vuelva a centrarse en novelas, que serán mejores o peores, pero al menos tienen cierta coherencia. No habría estado de más que antes de ponerse a dirigir un thriller, Wright se hubiera visto unos cuantos.
   Hanna (Saoirse Ronan) vive con su padre (Eric Bana) en una cabaña en el círculo polar ártico. Su padre la entrena para matar animales y la educa de una forma un tanto extraña. Un día el padre le enseña una alarma y le dice que si la acciona, Marissa Wiegler (Cate Blanchett) sabrá donde está, y que a partir de entonces comenzará una caza que sólo acabará si Hanna mata a Marissa o Marissa mata a Hanna. Una tarde el padre sale de la cabaña y Hanna acciona la alarma. La caza ha comenzado.
   Esa premisa podía estar muy bien, porque sí que pica la curiosidad del espectador, si la película explicara por qué Hanna debería accionar la alarma. Pero como no lo hace, porque Wright se guarda la explicación de lo que ocurre para el final (una explicación que no tiene nada de original, por cierto, y que sigue sin justificar lo de la alarma), la película no tiene ni pies ni cabeza. Desde el minuto diez, dejé de creerme todo lo que pasaba en pantalla.
   Por una parte, es increíble que un padre ponga en peligro a su hija para consumar una venganza. ¿No sería mucho más sencillo que padre e hija se escondieran, y sin que Marissa lo supiera, intentaran matarla? Sin dar ningún motivo para accionar la alarma (no me creo que Hanna le diera al botón rojo tan felizmente sin que su padre le hubiera explicado por qué esa era la única forma de alcanzar a Marissa), ese recurso pasa de ser un MacGuffin para que arranque la trama a convertirse en una tomadura de pelo. Además, ¿si era algo tal peligroso, cómo es que el padre no preparaba mucho más el momento con su hija, para asegurarse de que todo saliese bien? Viendo la coherencia que tiene la película, creo que eso era pedir demasiado.
   Tras una terrible y psicodélica escena con música de The Chemical Brothers, Hanna acaba en una instalación ultrasecreta y ultramoderna, llena de tecnología. Interrogan a Hanna (hay un plano con una puesta en escena muy torpe: cuando entra la falsa Marissa, con una actriz que muy forzadamente está durante un ratito de espaldas, para ocultar su identidad), y la chica, que ha sido entrenada en Finlandia, en tierra virgen, y con muy poca tecnología moderna, logra escapar de un edificio que no conoce (también en una horrible escena psicodélica al ritmo de The Chemical Brothers).
Cate Blanchett en Hanna
Cate Blanchett
   Y no solo eso, cuando alcanza la superficie a través de una especie de alcantarilla, porque la instalación era subterránea, descubre que está en un desierto (a saber qué pintaba allí una alcantarilla). Por pura casualidad, pasan por encima de ella unos jeeps, y en un abrir y cerrar de ojos, Hanna se pega a los bajos de unos de los coches.
   Todos estos elementos rocambolescos me los podría creer si Wright me hubiera mostrado desde el principio que esta película no era muy realista, pero el principio es todo lo contrario. Lo primero que me pregunto es cómo es posible que Hanna, que ha sido entrenada para matar renos, sea capaz de escaparse de una instalación que no conoce. Es como si quieres que tu hijo gane un concurso de poesías y para que se prepare le pones a hacer ecuaciones de segundo grado. Y curiosamente gana el concurso. La cosa empeora cuando un poco más adelante, Hanna tiene una crisis en el hotel marroquí porque hay luz artificial y una televisión. O sea, que ahora la agobia la tecnología, pero cuando estaba en juego su vida, no dudó un instante. ¿Esto quién se lo cree?
   Y lo de pegarse a los bajos del coche me parece una broma (supongo que Wright estaba dando pistas de lo ocultaba Hanna, pero vaya, que se puede hacer de formas mucho mejores). Cuando Martin Scorsese se lo hacía hacer a Robert De Niro en el tramo final de “El cabo del miedo” (1991), yo no me lo creía; y eso que esa película mostraba muy bien lo peligroso que era ese personaje, y que era capaz de hacer cosas muy extremas. Si acabo de venir de unos minutos realistas, ese recurso lo único que me provoca es que me saque de la película.
   El film entonces se divide entre la investigación de Marissa por encontrar a Hanna y a su padre, y las aventura de Hanna con una familia de turistas británicos por Maruecos y España. La parte de Marissa tiene muy poca fuerza porque no se sabe muy bien qué está pasando, qué significa exactamente Marissa y qué el padre de Hanna. Además, Wright mete en el ajo a un asesino teñido y fondón, salido de los bajos fondos, que supongo que debería resultar turbio e inquietante, pero que es ridículo y risible.
   La parte de Hanna y su nueva amiga debería ser divertida y tierna. A mí me parece enervante, y gran parte de la culpa lo tienen unos personajes odiosos (y que Wright se enamore del flamenco en una escena eterna).
   El final es muy precipitado e increíble (a esas altura, a mí ya me daba igual qué le pudiera pasar a Hanna y a su padre), y Wright tiene tanta prisa por acabar cerrando el círculo que deja vacía de contenido la película: sería de esperar que tras todo lo pasado, Hanna decidiera llevar una vida normal y rechazara la violencia, pero, ay, el crédito final llega tan pronto que no se atisba un cambio de personaje. ¿Y si no hay cambio en el personaje, qué sentido tiene toda la parte con la familia de turistas?, ¿entonces, qué sentido tiene esta película?
   Ninguno.
   (Supongo que el final quiera decir que el comportamiento de Hanna venía condicionado desde su nacimiento, y no hay manera de cambiarlo. Pero tal como está en la película, bien podría ser que lo aprendió de las enseñanzas de su padre. Y además, ¿quién no intentaría hacer lo mismo que Hanna en esa tesitura? Dudo que Wright se planteara todas estas cuestiones.)
   Lo único que puedo decir en su favor es que los actores están muy bien (Cate Blanchett podría pestañear algo más), los planos son bonitos y están muy bien compuestos, y hay alguna escena, como el plano secuencia en el que Eric Bana mata a sus perseguidores, que están muy bien.

3 comentarios:

  1. Hannah es, probablemente, la peor película que haya visto en mucho tiempo. Bueno, tal vez sólo sea una de las peores.
    El derroche de medios (Cate Blanchet y Eric Bana completamente infrautilizados), una protagonista (Hanna) totalmente anodina, unos secundarios arquetípicos (los turistas francesese hippies, los malotes neonazis, el rubio pijo y tonto), hacen de ella un auténtico sufrimiento (por no hablar de las escenas de acción).
    Y es una pena, porque la explicación final de todo es interesante y con muchas posibilidades... lamentablemente desaprovechadas.

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  2. Sí, viendo el final te das cuenta que podía haber estado bien. Pero por las cosas que hacen Blanchet y Bana, parece que ellos son igual que Hanna, y en teoría son seres humanos normales.
    Esta película, además de increíble, es aburridísima.

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  3. Estoy de acuerdo con los comentarios, es una pelicula lineal, sin ritmo y mucho menos interesante de lo que "parecia" en el trailler y que me llevo a verla. Una perdida de tiempo para el espectador se podria decir...

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