¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

sábado, 2 de julio de 2011

Tropas del espacio [3]

Portada americana de Tropas del espacio, de Robert A. HeinleinNOVELA
Starship Troopers
(EE.UU., 1959, 263 páginas)
Robert A. Heinlein

“Al ‘Sargen’ Arthur George Smith –Soldado, Ciudadano, Científico –y a todos los sargentos de todas partes que se han esforzado por hacer hombres de chicos.”
   Esta frase, que tiene una dureza que ya quisiera Harry el sucio, es la dedicatoria de  “Tropas de espacio”, de Robert A. Heinlein. Heinlein, muerto en 1988, sigue estando considerado uno de los mejores escritores de ciencia ficción del siglo XX (durante mucho tiempo se le consideró uno de los tres más grandes, siendo los otros dos Isaac Asimov y Arthur C. Clarke), y con “Tropas del espacio” ganó el premio Hugo a Mejor Novela en 1960.
   “Tropas del espacio” se publicó por primera vez, en una versión abreviada, por entregas en la revista “The Magazine of Fantasy & Science Fiction” en 1959; y en su versión completa, como libro, en diciembre de ese mismo año. La novela siempre ha sido muy polémica (y no me extraña), y en 1997 fue la base para una película también polémica (y no lo entiendo) “Starship Troopers”, del gran Paul Verhoeven. Mientras la película, que es una adaptación muy libre (e infinitamente mejor) de la obra de Heinlein, está llena de ironía; la novela va muy en serio.
   En el futuro, la Tierra está gobernada por una federación en donde solo los militares pueden votar. La paz mundial y de las colonias terrestres en el universo se ve amenazada por el ataque de una especie extraterrestre: los arácnidos de Klendathu. En este contexto vive Johnnie Rico, un adolescente que al acabar el instituto no sabe si seguir la carrera de negocios que quieren sus padres, o hacerse militar y así convertirse en un ciudadano con derecho a voto. Johnnie, sin pensárselo mucho (lo hace porque su mejor amigo y una chica que le gusta lo hacen), se alista en el ejército, donde tras un entrenamiento muy duro y varias misiones a vida o muerte, se convertirá en un hombre.
   Los primeros capítulos no están nada mal. Empiezan en medio de una misión, y Heinlein muestra muy bien el miedo que siente Johnnie y llena la acción de detalles muy buenos: la forma que tienen para aterrizar en un planeta (todo el proceso desde meterse en una especie de vaina, hasta cómo ésta se va descomponiendo para despistar a los radares cuando van aterrizando), cómo funciona su traje y qué objetivos va destruyendo. El primer capítulo termina con Johnnie contradiciendo órdenes para salvar a un compañero.
   Luego hay un salto atrás en el tiempo, que muestra al Johnnie de antes de alistarse. Algo que tiene muy bueno toda la novela, no sólo esta parte, es que está narrada en primera persona desde el punto de vista de Johnnie; y Johnnie se expresa, piensa y se comporta como un chico de 18 años, y tiene mucha gracia. El mostrar al Johnnie estudiante le permite a Heinlein enseñar mucho mejor la evolución del personaje a lo largo de la novela.
   En cuanto Johnnie se alista, empiezan los problemas. La novela tiene sus pivotes en dos escenas de acción sobresalientes (el primer y desastroso ataque a Klendathu, que es muy angustioso, y la misión en el Planeta P), y lo que narra entre medias es el entrenamiento y ascenso de Johnnie dentro del ejército. Y hay páginas y más páginas de la rutina del ejército (siempre hay una evolución de los acontecimientos, y Heinlein describe los mejores detalles); de un campo de entrenamiento a una nave y a otra, con un montón de personajes.
   Por una parte, yo me preguntaba cuándo iban a salir a patear culos arácnidos, y por otra, como se cuentan tantísimas cosas, pierde intensidad y los personajes son meros monigotes. Parece que Heinlein quería abarcar lo más posible sobre las costumbres del ejercito, en vez de centrase en escenas emocionantes. La sensación que se tiene es la viajar en un coche que va muy deprisa, que de vez en cuanto reduce la velocidad, pero desde el que es difícil disfrutar del paisaje. A mí el resultado me parecía muy aburrido.
   Entre entrenamiento y entrenamiento Johnnie recuerda las clases de Historia y Filosofía Moral del profesor Dubois, y más adelante las del profesor Reid. Y aquí es donde aprovecha Heinlein para meter todas sus polémicas ideas, aunque no todas son malas.
   El profesor Dubois asegura que la violencia ha arreglado muchas disputas en el pasado (lo cual es cierto, pero eso no es motivo para ensalzarla, o para dejar de lado que la violencia debería ser siempre el último recurso); también habla del valor relativo de las cosas (depende del uso que uno les vaya a dar, y de lo que le haya costado conseguirlas. Pone de ejemplo las democracias del siglo XX, en las que las personas votaban y daban por sentado que podían conseguir una serie de cosas sin ningún esfuerzo, y por tanto reducían su valor. Dice que el dicho ese de “Las mejores cosas de la vida son gratis” en verdad debería ser “Las mejores cosas de la vida están más allá del dinero”. Con este planteamiento coincido plenamente, y me parece que es lo que pasa ahora mismo en occidente).
   Desarrollando la idea anterior, un poco más adelante el profesor Dubois explica como en el siglo XX se protegían muchísimo los derechos pero se abandonaban los deberes que hacen funcionar al grupo (aquí también estoy de acuerdo. Vivimos en una sociedad muy egoísta, donde todo el mundo reclama derechos pero pocos se esfuerzan por cumplir con sus deberes). Lo malo de esta idea es que viene junto con otra en la que Dubois justifica el castigo físico para educar a los delincuentes juveniles, y para demostrarlo, los compara con cachorros. Lógicamente, con este razonamiento, que es terriblemente simplista, no estoy de acuerdo.
   El profesor Reid por su parte expone por qué el sistema político de “Tropas del espacio” es el ideal: al haber sufrido mucho por ser soldados, incluso llegando a veces a jugarse la vida por su planeta, cuando se reintegran en la vida civil, siempre votarán pensando en el bien general del sistema. Y como sólo votan los soldados, las revoluciones son imposibles porque ningún ejército las apoyaría. Por una parte le reconozco que el sistema actual de voto, cuya única limitación es la edad, tiene muchos fallos (incluso con ellos, me parece el mejor sistema); pero es muy básico pensar que el voto exclusivo de los militares traería el bien general. Traería un régimen militarista.
   Ese mismo profesor Reid hace reflexionar a Johnnie sobre el origen de las guerras. Johnnie llega la conclusión de que éstas son inevitables porque el hombre (y otras razas como los arácnidos) siempre buscan expandirse, y por lo tanto siempre hay que estar preparado para ellas.
   ¿Y por qué digo que Heinlein aprovecha esas partes para meter sus propias ideas, si en ficción muchas veces lo que dicen los personajes no coincide con lo que piensa su autor? Pues porque la evolución de Johnnie Rico refrenda esas ideas, al igual que el increíble cambio de su padre; o todas las escenas donde se ensalza al ejército, con un final en el que Johnnie asegura contentísimo que su casa es el ejército.

2 comentarios:

  1. Realmente es un libro interesante de leer por lo detallado en cuanto al funcionamiento del ámbito militar y tu artículo es uno de los mejores que he leído sobre esta obra literaria.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias. De esta novela sí que está bien cómo muestra la vida de los militares, pero todo lo que esconde por debajo es terrible.

    ResponderEliminar

Mi rincón tiene un filtro. Opina libremente, pero si no sabes cumplir unas normas mínimas de educación, no superarás el filtro. Si no te gusta lo que escribo, la solución es muy sencilla: deja de leerme, porque no tengo intención de dejar de escribir.

© 2006 - 2017. Textos de Carlos del Río. Todos los derechos reservados.
Los derechos de autor de los pósters y fotogramas de películas corresponden a sus correspodientes productoras o distribuidoras.
Los derechos de autor de las portadas y citas textuales de libros corresponden a sus correspodientes editoriales o autores.