¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección Cómo escribir ficción, muchos consejos para escritores, críticas de novelas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho) y las críticas de películas que escribí entre finales de 2006 y principios de 2017. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

jueves, 29 de septiembre de 2011

La piel que habito [4]

Cartel de La piel que habitoLa piel que habito
(España, 2011, 117 min)
Dirección y guión:
Pedro Almodóvar
Intérpretes:
Antonio Banderas
Elena Anaya
Jan Cornet
Blanca Suárez
Marisa Paredes
José Luis Gómez
Eduard Fernández
IMDb

Pese a quien pese, Pedro Almodóvar es el director español más importante de los últimos 30 años; y viendo la proyección internacional que tiene su cine yo diría que ya ha superado a Luis Buñuel como el director español con mayores logros fuera de España. Haciendo un cine personalísimo, Almodóvar se ha creado una base de fans muy fiel y logrado que sus películas tengan mucho prestigio. (Tienen mejor crítica fuera de España. Creo que aquí interviene el factor envidia, que en cuanto alguien tiene mucho éxito, se lo machaca simplemente por eso. Mirad el caso de Penélope Cruz.)
   Lo de la crítica extranjera supongo que venga porque tiene un estilo muy reconocible y las historias que cuenta suelen ser muy rocambolescas. Por algún extraño motivo, para la crítica lo raro y lo personal da puntos. Yo creo que si haces una mierda rara y personal, sigue siendo una mierda. El cine de Almodóvar no me parece malo, me parece muy caprichoso y lleno de altibajos; y cuando los subidones, que son geniales, superan a los bajones, que son bochornosos, entonces le queda una buena película. Eso se aplica a toda su carrera, que es muy irregular; pero cuando una película le sale bien, ha hecho una gran película. En el cine, y en cualquier arte, si no das calidad, aunque sea de vez en cuando, no vas a tener una carrera muy larga.
   Dicho esto, “La piel que habito” me parece una película… muy irregular.
   Robert Ledgard (Antonio Banderas) es un cirujano experto en transplantes faciales que investiga la creación de una piel artificial que sea resistente a las quemaduras. En su casa de Toledo tiene encerrada a una misteriosa paciente (Elena Anaya) con la que está obsesionado. Un día Marilia (Marisa Paredes), la criada, se da cuenta de que Ledgard le ha puesto a la paciente la cara de su difunta esposa; y a través de flashbacks el espectador descubrirá qué secretos se ocultan en esa casa.
   El principal problema de esta película, el que hace que no funcione por muchas partes buenas que tenga, es el tono. “La piel que habito” está hecha muy en serio, y su historia está tan pasada de rosca que es imposible que te la creas. Almodóvar no se caracteriza por la mesura y por las historias realistas precisamente, pero otras veces sí que consigue que te creas cosas muy difíciles de creer.
   Por ejemplo en “Volver”, que a mí me parece de sus mejores trabajos, la parte central es absolutamente genial: dos hermanas se ocultan un secreto cada una; la una que se ha cargado a su marido, la otra que tiene al fantasma de su madre viviendo con ella. En “Volver” eso te lo crees y te lo pasas muy bien; y es porque tiene un tono mucho más ligero que “La piel que habito”. Pero Almodóvar quiere vender esta película como un dramón y a menos que seas un fan acérrimo, no te la vas a creer.
   Ese tono y la historia demencial también crean escenas que en teoría son muy dramáticas, pero que resultan ridículas. En el cine donde la vi la gente soltaba risitas cuando la hija de Banderas se mete en el armario y en la escena final; momentos que deberían ponerte un nudo en la garganta pero en los que en verdad no te ríes a carcajadas porque te controlas.
Antonio Banderas y Elena Anaya en La piel que habito
Antonio Banderas y Elena Anaya
   El film también tiene momentos de un gusto dudoso que te hacen preguntarte por qué te metiste a ver esa película y cada vez que levantas la mirada para ver la pantalla, sientes vergüenza. El primero es cuando aparece un tipo disfrazado de tigre. Aparte de ser muy torpe dando la información (el recurso de las cámaras de seguridad parece escrito por un amateur), recuerda muchísimo a un momento, también muy malo, de “Kika”. Más adelante hay una boda en Galicia, que dura una eternidad, en la que pasan ciertas cosas en el jardín (digamos que parece una fiesta organizada por Silvio Berlusconi), y Almodóvar tiene una elegancia para mostrártelas…
   A mitad hay una persecución terrible (el cuentakilómetros se pone a 120 y tu ves perfectamente que van a 40. Todo aderezado con la peor pieza musical que ha compuesto Alberto Iglesias en su vida. ¿Cómo le torturaría Almodóvar para que hiciera eso?) y la resolución es muy mala.
   Los personajes de Banderas y Anaya nunca te caen bien, y por tanto, nunca estás con ellos. Y cuando acaba la película, compruebas que todo lo que ha hecho Banderas es algo complejísimo y que supone mucho trabajo, y está muy poco justificado.
   Pero hay que reconocer que Almodóvar sí que tiene talento para crear imágenes con mucha fuerza y momentos muy intensos. El principio es muy bueno por lo misterioso que es; cuando Marisa Paredes le cuenta a Anaya el pasado de Banderas se crea un pico de interés; y la mitad, después de haber pasado un bache enorme (cuando conoces a los personajes, hay un flashback y aparecen nuevos personajes y tienes que volver a situarte, lo que te lleva un buen rato), es genial por lo retorcida que es.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Mi rincón tiene un filtro. Opina libremente, pero si no sabes cumplir unas normas mínimas de educación, no superarás el filtro. Si no te gusta lo que escribo, la solución es muy sencilla: deja de leerme, porque no tengo intención de dejar de escribir.

© 2006 - 2017. Textos de Carlos del Río. Todos los derechos reservados.
Los derechos de autor de los pósters y fotogramas de películas corresponden a sus correspodientes productoras o distribuidoras.
Los derechos de autor de las portadas y citas textuales de libros corresponden a sus correspodientes editoriales o autores.