¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

viernes, 16 de diciembre de 2011

La conspiración [6]

Cartel original de La conspiraciónThe Conspirator
(EE.UU., 2010, 122 min)
Dirección:
Robert Redford
Guión:
James D. Solomon
Intérpretes:
James McAvoy
Robin Wright
Kevin Kline
Tom Wilkinson
Evan Rachel Wood
Justin Long
Danny Huston
Colm Meaney
Alexis Bledel
IMDb

Para su novena película como director, Robert Redford se basa en un hecho real acontecido a mediados del siglo XIX: el juicio a Mary Surratt, la dueña de una casa de huéspedes a la que acusaron de haber conspirado para matar a Abraham Lincoln. La película, que ha pinchado en taquilla, tiene un reparto muy sólido y una factura técnica excelente, pero le falta emoción.
   14 de abril de 1865: el presidente Lincoln es asesinado en un teatro por John Wilkes Booth, pero Booth no ha actuado solo. En seguida comienzan las detenciones, y las pistas conducen a la casa de huéspedes de Mary Surratt (Robin Wright), donde los conspiradores se reunieron para tramar el asesinato del Presidente, el Vicepresidente y el Secretario de Estado. Mary Surratt es detenida y en la cárcel espera un juicio militar que si pierde, la mandará a la horca. Reverdy Johnson (Tom Wilkinson), convencido de que toda persona se merece un juicio justo, asume la defensa de Surratt, pero al percatarse de que si la defiende él, Mary no tiene ninguna posibilidad ante ese tribunal, le pasa el cargo a su protegido Frederick Aiken (James McAvoy), un joven abogado que tendrá que luchar contra sus propios prejuicios y contra un jurado que ya piensa que Mary Surratt es culpable antes de emitirse un veredicto.
   “La conspiración” tiene una historia tan buena (con toda seguridad el nombre de Mary Surratt se me olvidará, pero no su historia), que la película se ve con interés en todo momento, aunque no esté bien estructurada del todo, de vez en cuando sea confusa, y Robert Redford constantemente desaproveche momentos para subir la emoción.
Robin Wright y James McAvoy en La conspiración
Robin Wright y James McAvoy
   La última media hora de “La conspiración” es magnífica. Ya conozco bien a los personajes, sé qué se juegan cada uno, y cómo está manipulado el juicio; y por lo tanto sufro con ellos cuando puede haber reveses. La hora y media anterior debería ser cómo estos últimos minutos. Pero no lo es.
   La película tiene un comienzo muy confuso (yo sabía quién era Lincoln –su muerte es bastante cutre-, pero no tenía ni idea de quién era el hombre que reposaba en la cama), que no se aclara hasta que no se centran en el juicio de Surratt. Y entonces se abren varias tramas: la evolución del juicio, la relación entre Aiken y Surratt, y la oposición popular que tiene Aiken; y las tres van avanzado al tiempo.
   Me parece que sería mucho más efectivo si al principio se centraran en la relación entre el abogado y la defendida, hasta que Aiken creyera a su cliente, para crear empatía (y aquí debería quedar claro por qué Surratt hace lo que está haciendo, que en la película se sabe a mitad), y a partir de entonces pasar al juicio. En el juicio, deberían indicar antes quién está tirando de los hilos en la sombra, para que subiera la tensión; y preparar mucho más los testigos y las pruebas, que muchas veces en el juicio juegan a las sorpresas, en vez de exprimir emocionalmente los momentos al máximo.

1 comentario:

Mi rincón tiene un filtro. Opina libremente, pero si no sabes cumplir unas normas mínimas de educación, no superarás el filtro. Si no te gusta lo que escribo, la solución es muy sencilla: deja de leerme, porque no tengo intención de dejar de escribir.

© 2006 - 2017. Textos de Carlos del Río. Todos los derechos reservados.
Los derechos de autor de los pósters y fotogramas de películas corresponden a sus correspodientes productoras o distribuidoras.
Los derechos de autor de las portadas y citas textuales de libros corresponden a sus correspodientes editoriales o autores.