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martes, 6 de diciembre de 2011

La máscara del demonio [4]

Cartel original de La máscara del demonioCINEFILIA
La maschera del demonio
(Italia, 1960, 87 min)
Dirección:
Mario Bava
Guión:
Ennio De Concini
Mario Serandrei
Marcello Coscia
Mario Bava (sin acreditar)
Intérpretes:
Barbara Steele
John Richardson
Andrea Checchi
Arturo Dominici
IMDb

Mario Bava es una figura fundamental en el cine de terror. Con “La muchacha que sabía demasiado” (1963) inauguró el giallo italiano, un subgénero de películas sangrientas muy pasadas de rosca con asesinatos muy imaginativos (Dario Argento es el rey del giallo), y su influencia ha llegado hasta nuestros días. Bava debutó en el largometraje con “La máscara del demonio” en 1960, aunque para entonces ya llevaba dos décadas trabajando en el cine como cámara, director de fotografía, técnico de efectos especiales, ayudante de dirección, o co-director de películas sin aparecer en los créditos.
   “La máscara del demonio” esta basada muy libremente en “Viyi”, un cuento de terror de Nikolái Gógol, y además de consolidar a Bava, convirtió a Barbara Steele en musa del terror. Vista hoy en día, el film recuerda muchísimo a las adaptaciones de Poe que hizo Roger Corman en esa época (en una utilizó a la propia Steele), aunque es más violento; y aunque ahora la violencia de “La máscara del demonio” no sorprende a nadie, en su día fue el colmo del gore y para su exhibición en Estados Unidos en 1961 recortaron 3 minutos y su estreno en el Reino Unido se retrasó hasta 1968.
   En la Moldavia del siglo XVII la princesa Asa Vajda (Barbara Steele) y su amante Javuto (Arturo Dominici) son condenados a muerte, acusados de ser una bruja y un vampiro. Antes de prender la hoguera donde morirá Asa, le colocan con una maza la máscara del demonio, una máscara con púas de hierro en su interior. Cuando están quemando a la bruja, comienza a llover, y el ritual se cancela. El cadáver de Asa acaba en la cripta familiar.
   Dos siglos más tarde, el doctor Kruvajan (Andrea Checchi) y su ayudante (John Richardson) viajan a una conferencia y cuando pasan por delante de la cripta, se les rompe una rueda del carruaje. Mientras el chófer la arregla, los doctores contemplan la tumba de Asa, y debido a un altercado con un murciélago, sin darse cuenta Kruvajan provoca que la bruja comience a resucitar, poniendo en peligro a sus descendientes, en especial a la joven Katia Vajda (Barbara Steele), que físicamente es clavadita a Asa.
   “La máscara del demonio” tiene un guión terrible. Además de ser muy confuso y enrevesado, varias cosas no tienen sentido y muchas veces las acciones están muy forzadas para que avance la trama. No tiene mucha lógica que a Asa la quieran quemar, y como se pone a llover, le montan toda la parafernalia de la tumba con el hueco y la cruz (el detalle es muy bueno, pero en la película no tiene sentido). Tampoco lo tienen todas las vueltas que da Asa para llevar a cabo su plan (¿para qué tantos vampiros y muertes si lo que tiene que hacer es conseguir a Katia?).
Barbara Steele en La máscara del demonio
Barbara Steele
   El accidente que inicia la resurrección es muy torpe (además de aparecer un murciélago que es como un teleñeco, te dan una información y a continuación sucede lo esperado, para que no se te olvide); también es un recurso torpe el tapiz que en un determinado momento se prende y sorprendentemente esconde un pasadizo secreto. A todo esto hay que añadir unas actuaciones acartonadas a más no poder (y Barbara Steele tiene un doblaje al italiano nefasto: si alguna vez sus labios y el sonido remotamente coinciden es porque existe la casualidad).
   Pero “La máscara del demonio” sí que tiene elementos muy interesantes. Da la sensación que lo que más le atraía a Bava era aprovechar la técnica al máximo (hay planos retocados con truca para lograr planos que eran imposible de hacer entonces; y unos cuantos efectos especiales ahora resultan muy toscos pero eran muy ingeniosos. Los que mejor han aguantado el tiempo han sido los efectos de maquillaje); crear atmósferas enrarecidas, y eso está muy logrado (los viajes en carruaje -que Coppola copió en “Drácula”-, las escenas en la cripta, los cuadros que parecen cobrar vida en ese palacio tan tenebroso), y escenas de terror muy imaginativas, y de esas hay unas cuantas: el prólogo, que es muy tenso; la entrada de Javurto al palacio, con una ráfaga de aire que derriba varios objetos; la resurrección del vampiro; o un final muy efectivo en el que Barbara Steele se enfrenta a sí misma.

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