¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

lunes, 5 de diciembre de 2011

PROYECTO NOVELA. 29- LAS ÉPOCAS Y LUGARES

Portada de Spd Rdng - The Speed Reading BibleHe leído un libro en Kindle muy interesante para escritores: "Lctra Rpda - La Biblia de la lectura rápida" (“Spd Rdng – The Speed Reading Bible”), de Susan Norman y Jan Cisek (aquí su página web). En él los autores explican varias técnicas de lectura rápida, esa que te permite asimilar la información importante a toda pastilla, además de analizar las formas correctas de leer y cómo aprendemos las personas.
   En seguida te das cuenta de que el sistema educativo está muy mal planteado y de que las explicaciones que te daban los profesores sobre cómo leer correctamente no tenían ni pies ni cabeza.
   Digo que me parece muy interesante para escritores porque te enseña a ser muy rápido documentándote. A poco que te tomes en serio la escritura, vas a descubrir que necesitas, para que la trama avance, saber cosas de las que no tienes ni idea. En esos casos la solución no es inventarte las cosas, o dar un rodeo para no meter datos que desconoces por miedo a meter la pata, o ponerte a empollar un tema hasta que te vuelvas un experto (si haces esto, corres el riesgo de no ponerte a escribir nunca). No, la solución es averiguar los datos que te interesan para que funcione la historia.
   Los autores proponen dos maneras de leer: por placer, y aquí lees todo lo lento que haga falta para disfrutar del texto (no es cuestión de leerse “Guerra y paz” en media hora); y para buscar información, que es donde entran en juego las distintas técnicas de lectura rápida.
   Una gran barrera psicológica que tenemos que eliminar (una barrera que levantaron los profesores, por cierto) es que los libros no tienen por qué leerse de pe a pa, memorizando todos los datos posibles y reverenciando cada palabra. Lo importante es saber qué información quieres conseguir de ese libro (o de una página web), y vas ojeando hasta que encuentras los datos que buscabas, y entonces lees asimilando la información.
   Si estás leyendo uno o varios libros para tener una noción general de un tema, lees relajado, prestando atención a las ideas generales y el punto de vista que quiere transmitir el autor, sin obsesionarte con saber de memoria todos los ejemplos que pone y sin agobiarte por haberte perdido algún detalle concreto. Lees sin volver atrás, porque a medida que avanzas tienes un mejor conocimiento del tema y eres capaz de llenar huecos.
   Yo poco a poco estaba llegando a estas conclusiones, y  “Spd Rdng – The Speed Reading Bible” me ha servido para confirmar que estaba haciendo lo correcto. Gracias a este libro, ahora leo mucho más rápido y disfruto bastante más de los libros de no ficción y soy mucho más hábil sacando información de internet.
   Pero además de para documentarme, las técnicas de este libro me han ayudado para escribir críticas de novelas. Antes iba tomando notas a medida que leía la novela, lo cual me sacaba un poco de la historia; ahora me leo la novela disfrutándola y después la “releo” de forma rápida, anotando lo que me gusta y no me gusta, que es lo que resalto en la crítica.

DONDE SUCEDEN LAS HISTORIAS
A menos que tengas muy claro que quieres escribir fantasía, ciencia ficción o ficción histórica (y lo tienes claro porque has leído muchísimo esos géneros), normalmente cuando empiezas a escribir ficción no le das mucha importancia a la época y el lugar donde se desarrollan las historias.
   Por una parte, ya estás sudando para que los personajes sean interesantes, para que la trama no se detenga nunca, y para que la resolución sea satisfactoria y dé sentido al conjunto. Y por otra, es normal que escribas sobre contextos que dominas; es decir, la época actual y la zona geográfica donde vives; y sin darte cuenta estás metiendo datos que retratan esa localización.
   Veamos unos casos muy obvios.
   Si estás escribiendo una novela histórica desarrollada en la Edad Media sabes que no puedes tener luz eléctrica, agua corriente o mujeres correteando en minifalda (y mucho menos a hombres correteando en minifalda), y que tienes que separar tu sociedad entre la nobleza, el clero y el pueblo llano; y sabes que los personajes actuarán de forma diferente dependiendo de a qué estamento pertenezcan.
   En una novela de fantasía tú te creas mundos y culturas enteras, y aunque no tienes que explicar en la novela cómo funciona todo (de verdad, no lo hagas, que el objetivo es entretener al lector, no torturarlo), sí tienes que saber cómo funcionan los elementos que aparecen en la trama y los que la pueden influir, para mantener la consistencia. Y dependiendo de la cultura en la que vivan los personajes, se van a comportar de una forma u otra.
   Con la ciencia ficción es muy parecido. Si escribes sobre otros planetas, esos planetas tienen culturas extraterrestres con una serie de normas que afectan al comportamiento de sus habitantes (y que puede dar lugar a un choque de culturas cuando llegan los terrícolas). Y si escribes sobre un posible futuro en la Tierra, tienes que saber cómo será ese futuro (¿post-apocalíptico?, ¿utópico? –si es utópico, tiene que esconder algo malo-, ¿con tecnología hiperdesarrollada?, ¿gobernado por las corporaciones o bajo el dominio de dictaduras?), porque cómo es influirá en cómo serán tus personajes.
   Todo esto parece de Perogrullo; lo que ya no es tan obvio es que esto pasa en todas las historias, aunque muchas veces no seas consciente. Las épocas y lugares de tus historias no sólo te indican el vestuario que llevan, la tecnología que utilizan, o en qué tipo de viviendas habitan los personajes; sino que la cultura donde viven te indica cómo se comportan y las creencias que tienen esos personajes.
   Con lo que tienes que quedarte es esto:
  
   -Las épocas y lugares no son un elemento decorativo que pones al fondo, donde se desarrolla la historia. Las épocas y lugares son un elemento activo de la historia.
  
   -Las épocas y lugares influyen en el comportamiento de los personajes y en lo que pueden hacer, y por tanto, en la trama.
  
   -Si has escrito una historia que se puede llevar a otro sitio o a otra época sin problemas, es que algo falla en tu historia.

METIENDO LA PATA HASTA EL FONDO
Todo esto lo aprendí pegándomela. Fue doloroso, pero ya sé la lección.
   Cuando comencé a escribir mi novela, sabía que la acción se desarrollaba en la actualidad, pero no me planteé dónde exactamente, lo único que sabía es que necesitaba una gran ciudad.
   A los pocos días, estaba claro que eso era España (al nombrar a los personajes ya tenía un lugar geográfico), pero seguía sin saber qué ciudad era ésa. Iba creando elementos de esa ciudad sobre la marcha, de acuerdo a las necesidades de la historia, y decidí que ya vería si trasladaba la acción a una ciudad auténtica. El resultado era una mezcla de Londres, Madrid (muy modificadas) y sitios completamente inventados.
   Cuando me puse a revisarla, pensé que sería mejor que la acción se desarrollara en un lugar real, para dar más verosimilitud a la historia; que si me inventaba una ciudad, todo quedaría demasiado irreal.
   Londres me gusta más que Madrid, pero pensé que si llevaba mi historia allí, para hacerla creíble mis personajes deberían ser ingleses, y a mí me quedarían ingleses que se comportarían como españoles. Así que me decanté por Madrid.
   Empecé a darle vueltas a cómo trasladar la trama a Madrid. Había partes muy sencillas. Una persecución por medio de mi ciudad ahora sería una persecución por la Castellana. Donde había una escena en un rascacielos, ahora serían las Torres KIO. Todo parecía muy fácil. Pero las piezas no acababan de encajar.
Charles de Lint
Charles de Lint
   El final de mi novela está plantado muy al principio, y cambiarlo me supondría cambiar toda la novela. Se me ocurrió que para darle espectacularidad, en mi versión madrileña la novela acabaría en el parque de El Capricho. Me estaba frotando las manos. Mis personajes se perderían por el laberinto, luego irían al palacio de cristal, y acabarían chapoteando en el estanque… Pero tenía un pequeño problema: no sabía cómo hacer para que los personajes acabasen allí. Lo único que se me ocurría era que iban corriendo de noche por la calle, y se colaban de un brinco. No me acababa de convencer esa solución.
   Luego me di cuenta de que para que funcionara la historia, debería inventarme muchos edificios y barrios. Necesitaba, por ejemplo, un barrio residencial (ése era fácil), un hospital, un orfanato y un cementerio, y algunos deberían estar en sitios concretos. Pensé que también para darle verosimilitud, el cementerio y el hospital deberían ser auténticos. El cementerio sería La Almudena y el hospital La Paz. El cementerio me complicaba mucho las cosas por su situación geográfica, y con La Paz debería cambiar muchas escenas.
   Al poner un hospital auténtico, debería saber dónde están ingresados determinados pacientes y dependencias, para que no pareciera que me lo inventaba todo. También debería saber cómo es el vestíbulo, y si existe un área de información. Era un incordio, pero podía, y debía, conseguir todos esos datos. Ya estaba buscando formas de ponerme en contacto con La Paz sin dar mucho la tabarra cuando me di cuenta de que mi hospital no podía ser uno de verdad.
   En mi novela, por lo que pasa, se da a entender que el hospital está llevado por unos chapuzas que no cuidan demasiado bien a los pacientes ni vigilan los medicamentos. Y encima, la enfermera que está en la recepción es una borde. Entonces caí en la cuenta de que si lograba todos los datos auténticos de La Paz, estaría diciendo que los chapuzas y la borde son los trabajadores de La Paz. Estaba claro que tendría que cambiar la trama.
   Llegó un momento que tenía que hacer tantos cambios, y tenía tanto miedo de meter detalles erróneos de Madrid, que casi me paralicé (nunca hay que detenerse. Si tienes un obstáculo, vete más lento, pero no te detengas nunca). No sabía cómo continuar. Revisaba libros y artículos de escritura, y aunque alguno me ayudó, no encontraba la solución.
   Buceé en Writing-World.com y encontré este artículo sobre cómo tratar los lugares en la fantasía contemporánea, que es el subgénero de mi novela. El artículo estaba bien, pero lo que me hizo ver la luz al final del túnel fue un enlace a la página oficial del escritor Charles de Lint.
   De Lint, que escribe fantasía contemporánea, es famoso por desarrollar varios de sus libros en Newford, una ciudad imaginaria. En la sección de FAQ de su página web de Lint explica que no le gusta escribir sobre lugares en los que no haya estado, y que cuando comenzó a escribir, no se podía permitir viajar a otras ciudades para documentarse, así que sus historias se desarrollaban en su Ottawa natal.
   Con el tiempo se dio cuenta de que por mucho que le gustara Ottawa, había historias desarrolladas en grandes centros urbanos que no cabían en Ottawa, pero de Lint no se atrevía a escribir historias del Bronx, Los Ángeles o Londres, por miedo a meter datos equivocados.
   Cuando le pidieron que colaborara en 1989 en la antología “Post Mortem”, escribió un relato desarrollado en una gran ciudad sin nombre, a la que dotó de personalidad propia tras haber visitado grandes ciudades auténticas. Más tarde, después de haber escrito unas cuantas colaboraciones, se percató de que había escrito varios cuentos en esa misma ciudad y decidió darle un nombre y comenzó a dibujar mapas. De Lint sigue escribiendo historias de Newford.
   Me quedé con la boca abierta cuando leí esto. Era lo que buscaba sin darme cuenta. Entonces vi claro que era un error intentar pasar mi novela, que ya estaba anclada en una ciudad concreta, a otra, pensando ilusamente que no iba a cambiar nada. Si hacía el cambio de localización, debería escribir otra novela.
   Me planteé la siguiente pregunta: ¿Desarrollar la historia en Madrid aumentaría la calidad de la novela? La respuesta fue que no, que el cambio lo quería hacer porque no estaba seguro de que una novela para un público adulto funcionase con una ciudad inventada.
   ¡Qué tonto puedo llegar a ser!
   Castle Rock no existe. Ni Macondo. Tampoco Zenith o el condado de Yoknapatawpha. Y Stephen King, Gabriel García Márquez, Sinclair Lewis y William Faulkner escribieron novelas que se desarrollaban en esos sitios. Y bien que escribían para un público adulto.
   Ahora veo claro que pasarla a Madrid empeoraría la novela. Y modestia aparte, ¡cómo mola la ciudad que he creado!

Recomendaciones:
   -“Setting”, de Jack M. Bickham. Bickham no sólo explica lo mucho que influye en las historias dónde las desarrolles, sino que también analiza cómo se puede falsear la realidad, cómo documentarse sin ser un pelmazo con los expertos (ahora con internet se ha simplificado mucho el proceso, pero se pueden seguir aplicando los consejos que daba en 1994), o qué detalles observar cuando visites lugares que utilizarás más tarde en tus novelas. Además, tiene un capítulo sobresaliente sobre el punto de vista y otro sobre el estilo, para que no se te vaya la mano en las descripciones.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com
  
   -“Holly Lisle’s Create a Culture Clinic”, de Holly Lisle. Es un libro digital disponible en Amazon y Barnes & Noble. Lisle repasa qué elementos componen una sociedad, y cómo influyen en los individuos. Es ideal para los que quieran escribir fantasía o ciencia ficción, porque da ideas muy buenas de cómo crear culturas; y muy útil para el resto de escritores, para saber qué tienen que buscar cuando desarrollen sus historias en épocas y lugares que desconocen.
   Consíguelo en Amazon.es

   Consigue "Lctra Rpda - La Biblia de la lectura rápida" en Amazon.es


Siguiente artículo: 30- Cómo falsear la realidad (I)
Anterior artículo: 28- El subtexto (II)

0 comentarios:

Publicar un comentario

Mi rincón tiene un filtro. Opina libremente, pero si no sabes cumplir unas normas mínimas de educación, no superarás el filtro. Si no te gusta lo que escribo, la solución es muy sencilla: deja de leerme, porque no tengo intención de dejar de escribir.

© 2006 - 2017. Textos de Carlos del Río. Todos los derechos reservados.
Los derechos de autor de los pósters y fotogramas de películas corresponden a sus correspodientes productoras o distribuidoras.
Los derechos de autor de las portadas y citas textuales de libros corresponden a sus correspodientes editoriales o autores.