¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección Cómo escribir ficción, muchos consejos para escritores, reseñas de novelas (desde 2015 sólo reseño las obras que me han gustado mucho) y las críticas de películas que escribí entre finales de 2006 y principios de 2017. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

domingo, 1 de abril de 2012

PROYECTO NOVELA. 33- EL PUNTO DE VISTA (I): PRIMERA PERSONA

EL PUNTO DE VISTA
El punto de vista es desde qué personaje estás contando la historia, lo que te va a permitir meterte en su piel para mostrar pensamientos, sentimientos y percepciones. Sólo puedes tener un único punto de vista en cada momento (es imposible que haya dos simultáneos), pero lo puedes ir cambiando a lo largo de la historia.
   El punto de vista puede ser único, como es el caso de “Matar a un ruiseñor”, de Harper Lee, que está contada en primera persona desde el punto de vista de su protagonista, o puedes mezclar varios. “La mano izquierda de la oscuridad”, de Ursula K. Le Guin,  alterna dos narraciones en primera persona con leyendas escritas en tercera persona. “El terror”, de Dan Simmons, está narrada en tercera persona, pero cada capítulo tiene el punto de vista de un personaje distinto. Y puede suceder que dentro de una misma escena, cambies de punto de vista (no de primera persona a tercera, que eso chirría, pero sí de la cabeza de un personaje a otro). Mientras sepas cómo hacer las transiciones y por qué lo haces, no hay ningún problema.
   Reconozco que el punto de vista fue una de las cosas que más me costó asimilar de la ficción. Ahora me doy cuenta que el problema era que me había aprendido definiciones de los varios puntos de vista, y pensaba que no se podían mezclar, y eso me paralizaba. Pero el punto de vista es como todo en ficción: mientras lo que hagas funcione, y tú sepas por qué lo estás haciendo, puedes hacer lo que te dé la gana con el punto de vista.
   Vamos a ver los puntos de vista más comunes (no voy a hablar de las marcianadas de la segunda persona o tercera persona del plural), y hoy comenzamos con la primera persona.
   En la primera persona el narrador es un personaje de la historia, y cuenta su versión de los acontecimientos. Sólo puedes estar en su cabeza, es decir, sólo puedes mostrar los pensamientos, sensaciones y sentimientos internos del narrador. Si quieres mostrar los de otros personajes, esos personajes tienen que contárselo al narrador, o el narrador tiene que hacer suposiciones de que lo piensan esos otros personajes.
   Sucede lo mismo con los acontecimientos de la historia. Normalmente él tiene que ser un testigo de lo que pasa, y si no, alguien se lo tiene que contar. Si el narrador sabe algo que no vio o que nadie le contó, el autor está engañando al lector.
   Un caso muy famoso de narrador testigo es el doctor Watson. Las novelas de Sherlock Holmes están narradas en primera persona desde su punto de vista, y así Conan Doyle muy astutamente mostraba que Holmes iba haciendo progresos en los casos, aunque Watson (y el lector) no sabía cómo, porque no tenía acceso a los pensamientos del detective. Hasta que llegaba la resolución, y elemental querido Watson, todo tenía una explicación racional.
   Que conste que Holmes siempre me ha parecido que tenía mucha potra.
   Cuando el narrador en primera persona piensa, tienes que ser muy honrado. No puedes hacer, por ejemplo, que tu protagonista, que ha estado aterrorizado por un asesino, al final sea el asesino. Eso también es engañar al lector. Con este tipo de narrador no te puedes guardar información fundamental que él sepa para sorprender al lector al final, porque no es creíble que no le haya estado dando vueltas.

NO ME FÍO DEL NARRADOR
Lo que sí puedes crear es un narrador que no sea de fiar. No me refiero a que sea un mentiroso (si es mentiroso, el lector lo tiene que saber en seguida, para que no quede como una trampa, y sepa que lo que cuenta puede ser o no verdad), me refiero a un narrador que tiene una visión tan distorsionada de la realidad que interpreta los acontecimientos de forma muy personal, y aunque él se piensa que está contando la verdad, el lector sabe que no es así.
   “El corazón delator”, de Edgar Allan Poe, tiene un narrador que es poco de fiar. Veamos el comienzo:

¡Cierto! Nervioso, muy, muy nervioso he sido y soy; ¿pero por qué diríais que estoy loco? La enfermedad ha agudizado mis sentidos, no los ha destrozado, no los ha embotado. Por encima de todo estaba el sentido de escuchar fino. He escuchado todas las cosas del cielo y de la tierra. He escuchado muchas cosas del infierno. ¿Cómo, entonces, es que estoy loco? ¡Escuchad! Y observad qué sanamente, con qué calma les puedo contar toda la historia.

   Bueno, este narrador me puede jurar que está sano, pero yo lo arrojaría a una celda con las paredes acolchadas. Poe en ese párrafo me indica que el narrador está convencido de que actúa y piensa de forma racional, aunque está claro que está como un cencerro. Una de las claves por las que “El corazón delator”, que es una obra maestra, funciona tan bien es por su narrador, porque se produce una separación entre cómo interpreta los acontecimientos el protagonista y cómo lo hace el lector.
   Esto es muy personal, pero yo diría que de Poe tienes que leerte todo lo que puedas y más. Me hacen gracia los miles de críticos sesudos, intelectuales y académicos que desprecian el género de terror simplemente por ser terror, pero se les llena la boca hablando de Edgar Allan Poe.
   ¿Pero qué pensáis que escribía Poe, crítica social?
   Flores para Algernon”, de Daniel Keyes, tiene un narrador que no sabe interpretar la realidad. La novela trata de un hombre retrasado al que le aumentan la inteligencia hasta convertirlo en un genio; y a medida que se hace más inteligente, la voz del protagonista cambia (se hace mucho más sofisticada) y el personaje tiene más recuerdos de su pasado. En varias escenas, de forma muy inocente, Charlie va descubriendo que la gente que lo rodea no le trata bien, y aunque él no sabe qué significa el comportamiento de las otras personas, el lector lo entiende perfectamente. Con sus recuerdos de infancia sucede lo mismo.
Donald Trump
Donald Trump y su mopa
   “Flores para Algernon” mezcla la primera persona con la tercera, y la mezcla está muy bien hecha. El Charlie inteligente se siente tan distinto del Charlie retrasado que llega un momento que narra los acontecimientos del pasado en tercera persona, como si sus recuerdos fueran de otra persona.
   Generalmente, si eliges escribir en primera persona, la voz del narrador, es decir, cómo cuenta las cosas y la dicción, tiene que tener personalidad. Piensa en las novelas hard-boiled, con esos detectives que tienen una voz muy identificable. O en “Matar a un ruiseñor”, que es muy cálida por cómo la protagonista cuenta las cosas.
   Un problema que tienen muchísimas personas que comienzan a escribir es que cuando escriben en primera persona… el narrador suena exactamente igual al escritor. Que escriben desde el punto de vista de un magnate ricachón entrado en años (piensa en Donald Trump, el hombre que un día se puso una mopa en la cabeza y nunca se la quitó), y suena exactamente igual al escritor. Que escriben desde el punto de vista de un ama de casa de mediana edad frustrada con su vida, y suena exactamente igual al escritor. Que escriben desde el punto de vista de un adolescente gay que está asumiendo su orientación sexual, y suena exactamente igual al escritor. En los casos más graves, es obvio que el narrador es una versión muy poco velada del escritor.
   La solución es muy sencilla: escribe hasta que puedas escribir con la voz de un personaje que no seas tú. Vamos a hacer un pequeño test.

    Si te dijera que para lograrlo tienes que escribir 10 cuentos en primera persona, ¿qué harías?:

    a) Lloriquear y desesperarte porque 10 cuentos son muchos; y encima hay una crisis económica del copón y el cambio climático y me ha salido un juanete y la Madre Teresa de Calcuta murió hace 15 años…

   b) Ponerte a escribir el primero, sabiendo que cuando lo acabes, ya sólo te quedarán 9.

   ¿Pues a qué esperas?

Recomendaciones:
   -The Power of Point of View”, de Alicia Rasley. La Biblia del punto de vista. Rasley no deja ningún aspecto del punto de vista sin analizar, y te da muchas ideas para utilizarlos. El único problema que puedes tener con este libro es que te pongas a aprender las definiciones de memoria, y cuando escribas pienses que estás en tercera objetiva, u omnisciente clásico, o tercera múltiple, y estés dándole vueltas a qué cualidades tenía cada una en vez de escribir una historia. Un gran libro. Asimila la información, y no aprendas nada de memoria.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com

   -“Characters & Viewpoint”, de Orson Scott Card. El autor de “El juego de Ender” analiza cómo crear personajes y desarrollar historias, y explica los distintos puntos de vista que puedes tener en ficción. Tiene un apartado, llamado “Levels of Penetration”, que es la mejor explicación que he leído nunca sobre la distancia psicológica que puede tener un narrador en tercera persona. Éste fue uno de los libros que más me ayudó cuando comencé a escribir ficción.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com

   Consígue "El círculo desnudo", de Nacho García, en Amazon.es

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