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lunes, 21 de mayo de 2012

Adiós a mi concubina [7]

Poster original de Adiós a mi concubinaCINEFILIA
Bàwáng Bié Jī
(China, Hong Kong, 1993, 171 min)
Dirección:
Chen Kaige
Guión:
Lilian Lee
Lei Bik-Wa
Lu Wei
Intérpretes:
Leslie Cheung
Zhang Fengyi
Gong Li
IMDb

“Adiós a mi concubina” fue una de las películas más prestigiosas de 1993. Por aquel entonces en los festivales de cine estaba llamando mucho la atención la Quinta Generación del cine chino, que eran una serie de cineastas jóvenes que estaban revolucionando el cine de su país, logrando que sus películas salieran de China. El directo más famoso de ese movimiento es Zhang Yimou (ahora está un poco perdido, pero cuando Yimou es bueno es uno de los mejores directores del mundo), y el segundo es Chen Kaige. “Adiós a mi concubina” supuso la consagración de Kaige en el mercado internacional: la cinta ganó la Palma de Oro en Cannes junto a “El piano”, tuvo unas críticas excelentes (Robert Ebert le dio un 4 sobre 4 y la nombró una de las mejores películas del año), arrasó con un montón de premios a mejor film extranjero, y cuando Kaige ya había hecho un hueco en sus estanterías para el Oscar, Fernando Trueba y su “Belle epoque” se pusieron por medio.
   “Adiós a mi concubina” es un larguísimo film épico que abarca cinco décadas de la historia de China en el siglo XX y muestra los cambios políticos que sufrió el país en ese periodo y cómo evolucionó la historia de amistad, amor y odio de tres personas: Douzi (Leslie Cheung), un cantante de ópera que interpretaba papeles femeninos y que estaba enamorado de su compañero, Shitou (Zhang Fengyi), quien interpretaba a reyes en las óperas y que estaba enamorado de una prostituta, Juxian (Gong Li).
Zhang Fengyi y Leslie Cheung en Adiós a mi concubina
Zhang Fengyi y Leslie Cheung
   Hay un momento en “Doce monos”, de Terry Gilliam, que me encanta, en donde Bruce Willis y Madeleine Stowe están viendo “Vértigo” y Willis se da cuenta que no son las películas las que cambian, sino nosotros, y por tanto nuestra percepción de ellas. A mí me ha pasado eso con “Adiós a mi concubina”. De adolescente solía pensar que era una obra maestra, y en el cine me dejó noqueado. Y cada vez que la veía, me metía por completo en la historia y no hacía más que sufrir y sufrir durante 3 horas (de lo que deduzco que yo de adolescente era algo masoca). Pero ahora, para mí, ha perdido muchísimo poder emocional y lo que me hace sentir es algo muy parecido a las películas épicas de Bernardo Bertolucci: es un film técnicamente impecable, con unas actuaciones sobresalientes, pero que veo desde la distancia, y por eso me parece demasiado largo y aburrido a ratos; y sólo de vez en cuando me toca emocionalmente, pero cuando lo hace, es muy potente. Además “Adiós a mi concubina” tiene la pega, que no tienen “Novecento” o “El último emperador”, de ser muy melodramática.
   Vista ahora, me parece que sigue funcionando muy bien (demasiado bien, porque es durísima) toda la parte de la educación de los niños; el principio del triángulo amoroso, porque está muy bien mostrado qué sabe y qué piensa cada personaje; y cómo la política los afecta (en ese sentido destacan las acusaciones demenciales que tienen que soportar cada vez que hay un cambio político, y cómo acciones que hicieron en el pasado ahora les ponen en peligro. Y está muy bien su decadencia tras la Revolución Cultural de 1966).
   Pero me cuesta creer la relación entre Gong Li y Leslie Cheung; y como abarca tanto tiempo, la relación de amor-odio entre Cheung y Zhang Fengyi me parece muy caprichosa, y a veces tengo problemas para situarme en el tiempo. Y lo que ya me parece increíble es todo lo del expósito; no es que me cueste creerme que les pase todo eso, lo que no me creo es que el mismo y pérfido personaje esté siempre detrás haciendo daño.

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