Nesnesitelná lehkost bytí
(Francia, 1984, 320 páginas)
Milan Kundera
Milan Kundera tuvo que exiliarse a Francia en 1970,
tras el fracaso de la Primavera de Praga, porque fue perdiendo todos sus cargos
en su país. Durante la Primavera de Praga (1968), Checoslovaquia intentó un
cambio hacia un comunismo más abierto y democrático, pero la Unión Soviética lo
cercenó por la fuerza, invadiendo el país para que volviera al redil soviético.
En Francia, en 1982, Kundera escribió “La insoportable levedad del ser”, una
novela filosófica que bajo ese contexto histórico repasaba la vida de cuatro personajes
y Kundera reflexionaba sobre la condición humana.
La novela
no se publicó hasta 1984, y lo hizo en Francia y traducida al francés como “L'Insoutenable
légèreté de l'être”; en checo, su idioma original, se publicó por primera vez
al año siguiente, en Canadá, y hasta 2006 no se publicó en la República Checa.
La novela fue un éxito en los 80, aún se sigue vendiendo y es la obra más
famosa de Kundera.
Me parece
que la clave de su popularidad, de que siga conectando con tanta gente, es que
funciona a la perfección en varios niveles, y si alguno se te escapa, puedes
disfrutar de los otros: las historias de amor (a mí la de Tomás y Teresa me
parece preciosa), las reflexionas filosóficas, y las críticas, muy
elegantemente hechas, al régimen soviético y a los intelectuales de izquierdas.
Todos los niveles están muy bien integrados entre sí, lo que le permite a
Kundera meter opiniones muy personales y hacer digresiones filosóficas sin que
el lector se aburra o se sienta adoctrinado.
“La
insoportable levedad del ser” está dividida en siete partes, que dan saltos en
el tiempo y cambian de punto de vista, en las que Kundera sigue la evolución de
la vida de Tomás, un médico mujeriego que cae en desgracia tras la ocupación
soviética; su mujer, Teresa, una camarera muy enamorada de su marido que no
soporta que le sea infiel; Sabina, la amante de Tomás, una pintora muy liberal
que odia todo lo que le recuerde a su patria; y Franz, otro amante de Sabina,
que quiere dejarlo todo para vivir con ella.
La primera
parte, “La levedad y el peso”, narra cómo Tomás se enamoró de Teresa, cómo con
ella fue cambiando la rutina que tenía con otras amantes hasta que acabó
casándose con ella. El título (el de esta parte y el de la novela) hace
referencia a que si estuviéramos condenados al eterno retorno, cada decisión
que tomásemos en la vida tendría un peso enorme, porque si erráramos estaríamos
condenados a vivir ese fallo una y otra vez; sin embargo, al no existir el
eterno retorno, las decisiones que tomamos pueden ser más ligeras, pero al no
haberlas ensayado antes, en otra vida, no sabemos qué consecuencias van a
tener, de ahí la insoportable levedad del ser. Éste es un tema que recorre toda
la novela. (Yo creo que en cuanto te encuentras en una disyuntiva, lo mejor que
puede hacer es sopesar un poco las opciones y después lanzarte de cabeza a una.
Si te has equivocado, te darás cuenta y rectificarás. Así se acaba la
insoportable levedad del ser.)
La segunda
parte, “El cuerpo y el alma”, narra los acontecimientos de la primera parte
desde el punto de vista de Teresa. Kundera retrocede a la juventud de la madre
para explicar cómo se siente Teresa, y así el lector entiende mucho mejor
elementos que aparecían en la primera parte: cómo es Teresa, las pesadillas que
tiene, o que fuera a casa de Tomás con “Ana Karenina” (cuando Tomás no le había
dado importancia al libro). Aquí Kundera critica la actitud de los periodistas
suizos, que ya no están interesando en la ocupación soviética aunque en
Checoslovaquia nada haya cambiado, y profundiza en la humillación al jefe de
Estado Alexander Dubcek, que estaba apuntada en la primera parte, y que supuso
la derrota moral de Checoslovaquia. Al final explica la decisión de Teresa de
regresar a Praga, y cómo sus sentimientos son opuestos a los de Tomás.
En la
tercera parte, “Palabras incomprendidas”, Kundera narra de forma originalísima
la historia de amor entre Sabina y Franz, un profesor universitario que vive en
Ginebra. Kundera se detiene a explicar lo básico de la relación, y entrelaza un
diccionario de palabras incomprendidas en el que explica qué significa, y por
qué, para cada uno una serie de palabras, y así caracteriza a los personajes y
avanza en la trama. Una constante de la novela es que las personas somos como
los cuadros de Sabina, que de cara al exterior mostramos una cosa, pero que
debajo de la fachada hay otra cosa que sólo nosotros conocemos, y a veces
actuamos de una determinada manera que es incomprensible para el resto; y en
esta parte todo esto se ve muy bien. Me encanta la ironía con que acaba la
historia de Franz, lo miserable que es la mujer de Franz con Sabina (lo es
porque tiene poder sobre ella), y el momento en el que Sabina va a una
asociación de compatriotas exiliados que no hacen más que quejarse de que se
tenía que haber luchado más contra los rusos, a lo que Sabina responde:
“Entonces vuelvan y luchen”.
La cuarta
parte, “El alma y el cuerpo”, muestra lo terrible que es la opresión soviética
en Checoslovaquia. Kundera apunta que Tomás ya no trabaja de médico, y Teresa,
que sigue con celos, se angustia muchísimo por lo que le puede suponer un
desliz. Aquí es muy inquietante que emitan por radio las conversaciones
privadas de un escritor, Jan Prochazka; que un antiguo embajador acabe en la
recepción de un hotel; y cómo el Estado va extendiendo sus tentáculos por las
vidas privadas de las personas.
La quinta
parte, “La levedad y el peso”, es el reverso de la cuarta. Aquella estaba
narrada desde el punto de vista de Teresa y ésta desde el de Tomás. Aquí
Kundera narra en qué situación tan angustiosa se mete Tomás por una carta al
director, que además fue recortada y desvirtuada, y cómo decide dejar su
carrera profesional para que el Estado no pueda presionarlo. Kundera también
profundiza en los sentimientos que siente Tomás por Teresa, y cómo la diferencian
del resto de sus amantes. Al final Tomás acaba tomando la misma decisión que
Teresa, sin que ninguno de los dos dé los motivos: dejar Praga e irse al campo.
La sexta
parte, “La Gran Marcha”, tiene muchísima gracia. Aquí Kundera reflexiona sobre
cómo a veces hacemos cosas pensando en otras personas, pensando que actuando de
cierto modo nos lo reconocerán. Franz, el antiguo amante de Sabina, se embarca
en una marcha para intelectuales de izquierdas a la Camboya ocupada por
Vietnam, para que dejen entrar a médicos; y Franz lo hace pensando en Sabina.
La marcha resulta ser una farsa en la que los intelectuales están más
interesados en salir en las fotos de los periodistas que en ayudar a nadie.
Kundera muestra ironías muy interesantes: cuando una actriz americana alaba a
Carter (no puedo dejar de pensar en Jane Fonda), los intelectuales europeos se
le echan al cuello porque para ellos Carter representa el imperialismo
americano, o sea, nada de izquierdas; los intelectuales europeos se ven en la
tesitura de criticar el comunismo que hacía nada defendían, aún sabiendo que es
un régimen de izquierdas; y el Vietnam que defendían frente a Estados Unidos
ahora resulta ser el enemigo. En esta parte Kundera también habla del kitsch
de cada régimen y país, que es la fachada de bondad que ofrece al mundo, aunque
lo que haya debajo no se corresponda con lo que muestra (otra vez el tema de
los cuadros de Sabina).
La última
parte, “La sonrisa de Karenin”, probablemente tiene la muerte canina más
emotiva de la historia de la literatura, y muestra a Tomás y Teresa en el
campo. Las últimas páginas están llenas de emoción porque Teresa descubre cómo
es realmente Tomás, y porque el lector sabe que el destino de esos personajes
no eran carreras profesionales, sino estar juntos el uno al otro.
“La
insoportable levedad del ser” es una de mis novelas favoritas. Ya me la he
leído tres veces y sé que volveré a ella en el futuro. Una y otra vez.



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
Carlos se ha hartado de listillos y maleducados anónimos, así que Carlos ha puesto un filtro. Opina libremente, pero hazlo sin pasarte de listo, y superarás el filtro.