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miércoles, 6 de junio de 2012

Thin Air [5]

Portada de Thin Air, de George E. Simpson y Neal R. BurgerNOVELA
Thin Air
(EE.UU., 1978, 309 páginas)
George E. Simpson
Neal R. Burger

George E. Simpson y Neal R. Burger, que siempre escribían juntos, fueron unos escritores de thrillers y novelas de aventuras que gozaron de su mayor popularidad en los 70. (Posiblemente su novela más famosa sea “El sumergible fantasma” –“Ghostboat”-, que si no me equivoco es la única novela que tienen traducida al español y de la que hicieron un telefilm en 2006.)
   Pero poco a poco sus novelas dejaron de editarse y Simpson y Burger cayeron en el olvido. Ahora la editorial E-Reads, de Richard Curtis, que da la casualidad que es también el agente literario de Dan Simmons, las ha rescatado. E-Reads es una editorial que me encanta, especializada en volver a editar rarezas que llevaban años destacalogadas; se centra sobre todo en el libro digital, pero puedes adquirir todo su catálogo en papel (utiliza el print-on-demand, que es muy útil porque te permite imprimir un solo ejemplar, pero es un poco caro).
   Si algún editor se está llevando las manos a la cabeza con la revolución del libro digital porque no sabe cómo adaptarse al nuevo mercado, no estaría mal que le echara un vistazo a E-Reads, para que viera cómo Curtis promociona a sus autores.
   “Thin Air” es un thriller con unas gotas de ciencia ficción. Nick Hammond, que trabaja en el Pentágono, un día recibe un telegrama de una antigua novia, Jan, para que se vuelvan a ver. Hammond se hace ilusiones y piensa que Jan quiere volver a salir con él, pero para su sorpresa y su desilusión, lo que Jan quiere es que ayude a su marido, Harold. El marido de Jan estuvo en la Marina en los años 50 y ahora tiene una pesadilla recurrente que no le deja vivir en paz: se ve en un barco con otros compañeros y de repente el suelo desaparece y sus compañeros comienzan a hacerse invisibles. Hammond investiga los registros que tiene la Marina de Harold y encuentra una serie de incongruencias, y parece que alguien está haciendo todo lo posible por ocultar un secreto del pasado.
    A “Thin Air” le pasa lo que les pasa a muchos thrillers, ya sean novelas o películas: parte de una premisa muy buena, y tiene un principio que te agarra y no te suelta, pero poco a poco se va desinflando y la trama se llena de incongruencias para mantener la tensión.
   Del comienzo de “Thin Air” está muy bien lo raro del caso, de ese barco que desaparece en el aire, y cómo el protagonista va descubriendo pistas paso a paso, pistas que huelen muy mal y algunas de las cuales son imposibles de encajar. Y tiene la caracterización justa para que los personajes te importen y no detenga la trama.
   Pero en seguida comienzan a suceder cosas inverosímiles: un tipo se cuela en el Pentágono (sí, ese Pentágono) y le pincha el teléfono al protagonista; en un hospital militar ultravigilado (incluso tienen espejos que dejan ver los cuartos para comprobar qué hacen los pacientes), un hombre, que se hace pasar por psiquiatra, lleva lustros colándose por la puerta de atrás y mantiene sesiones con un paciente y nadie se da cuenta.
   A mitad hay alguna escena buena (la sesión de hipnosis con Yablonski, por lo peculiar que es lo que revela el personaje), y cuando llega el gran momento de descubrir el secreto, que es el encuentro con un científico, está bien por cómo van desvelando poco a poco la información, pero resulta decepcionante porque confirma lo que ya sospechabas, que esa novela iba a tener un poco de ciencia ficción.
   Luego hay algún otro giro más (es muy tonto cómo intentan confundir al protagonista los malos, dándole un dato que él no tendrá ningún problema en comprobar; y está muy pillado por los pelos cómo descubren el barco en el que Yablonski hacía prácticas), al final te das cuenta que no tiene ningún sentido que los malos se tomaran todas las molestias durante años para evitar que se filtrara el secreto (no tiene sentido porque podían haber matado a unos cuantos, que es lo que acaban haciendo), y termina con un clímax que en cine funcionaría, pero que en literatura es confusísimo por la cantidad de acciones que hay y los cambios del punto de vista.

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