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miércoles, 11 de julio de 2012

Adiós a mi concubina [7]

Portada china de Adiós a mi concubina, de Lilian LeeNOVELA
Bàwáng Bié Jī
(China, 1992, 238 páginas)
Lilian Lee

Puede que a la escritora china Lilian Lee en Occidente solo se la conozca por “Adiós a mi concubina” y “La última emperatriz de Manchuria”, pero la autora es muy prolífica: Lee ha escrito un centenar de libros de ficción, varios guiones televisivos y cinematográficos, y ha colaborado como columnista con tres diarios chinos. “Adiós a mi concubina” es la novela en la que se basa la película de Chen Kaige, de la que Lee fue uno de los guionistas, y gracias al éxito internacional de la cinta, las dos novelas arriba citadas fueron traducidas y distribuidas fuera de Asia. Tanto la película como la novela son obras muy interesantes, y curiosamente, sus puntos débiles y fuertes difieren.
   “Adiós a mi concubina” sigue la tumultuosa relación de dos cantantes de ópera, Cheng Dieyi y Duan Xiaolou, el uno enamorado del otro, pero el otro enamorado de una prostituta, durante cincuenta años muy tormentosos en la vida política de China -la mitad del siglo XX- en los que los cambios de régimen afectará a los personajes profundamente.
   Durante los dos primeros tercios de la novela, la historia es  muy similar a lo que cuenta la película, pero lo que gana en claridad (sobre todo cuando hay saltos en el tiempo, que era uno de los puntos débiles de la película), lo pierde en emoción. La educación de los niños muestra muy bien la disciplina que había en la escuela, pero no es ni la mitad de dura que esa misma parte en la película (es porque tiene muchísimo más poder emocional ver esa educación que leerla), y sucede lo mismo con el triángulo amoroso, la relación de amor-odio entre los protagonistas, y lo mal que lo pasan por los cambios políticos: aparte de perder el aspecto visual, las situaciones no están ni tan bien preparadas ni tan bien explotadas como en la película.
   Dos casos en los que se ve perfectamente que las situaciones no están tan explotadas son cuando el niño se confunde con la letra de una canción, donde tiene que decir que es una dulce doncella, que en la novela parece que simplemente se le olvida, mientras que en la película está clarísima la confusión sexual del personaje; y cuando los chinos detienen a Cheng Dieyi por haber cantado para los japoneses, que aunque su vida esté en juego, no tiene gran emoción y la situación está resuelta de un plumazo. Estos dos primeros tercios me parecían que estaban muy elegantemente escritos, pero eran fríos y los personajes no acababan de importarte del todo.
   Pero llega el último tercio, y “Adiós a mi concubina” se vuelve excelente. Aquí cuenta los años comunistas, y además de funcionar mucho mejor las relaciones entre los personajes, es muy inquietante observar cómo los protagonistas sufren muchísimo profesionalmente cuando el Gobierno, aleatoriamente, decide que la ópera de Pekín es buena o mala; y es terriblemente angustioso ver que niños tenían el poder de detener a gente (y por motivos demenciales), cómo se reeducaba a la sociedad, y el funcionamiento de los campos de trabajo.
   El último capítulo, ya en los años 80, es mucho más amable. Cheng Dieyi, que es una vieja gloria, y Duan Xiaolou, hace tiempo retirado, viven en un mundo que ni ellos acaban de comprender ni él les comprende a ellos.

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