Faust
(Rusia, 2011, 140 min)
Dirección:
Alexander Sukorov
Guión:
Alexander Sukorov
Marina Koreneva
Intérpretes:
Johannes Zeiler
Anton Adassinsky
Alexander Sukorov
Guión:
Alexander Sukorov
Marina Koreneva
Intérpretes:
Johannes Zeiler
Anton Adassinsky
Isolda Dychauk
IMDb
“Hay películas que te hacen llorar, hay películas que te hacen reír, hay películas que te cambian para siempre después de verlas; y ésta es una de ellas.”
“Hay películas que te hacen llorar, hay películas que te hacen reír, hay películas que te cambian para siempre después de verlas; y ésta es una de ellas.”
Esto es lo que dijo Darren Aronofsky en el pasado Festival de Venecia, del que él era presidente, en la ceremonia de clausura donde se le concedió a “Fausto” el máximo galardón, el prestigiosísimo León de Oro.
Siendo Aranosfky el autor de la excelente “El luchador” y de la impresionante obra maestra “Cisne negro”, ya me entraron ganas de ver “Fausto”. De su director, el ruso Alexander Sukorov, había visto “El arca rusa” (2002), que era una rareza interesante (que yo sepa, es el único largometraje de la historia rodado en un único plano), y este “Fausto” era la última parte de una tetralogía que giraba en torno al tema de la corrupción del poder (las otras son “Moloch”, sobre Hitler, “Taurus”, sobre Lenin, y “The Sun”, sobre Hirohito).
“Fausto” se inspira libremente en el “Fausto” de Goethe y el “Doctor Faustus” de Thomas Mann, y narra cómo un médico alemán del siglo XIX (Johannes Zeiler) va a buscar a un prestamista con el que hace un trato (Anton Adassinsky), que resulta ser el diablo, y se da unas vueltas por un pueblo. Más adelante el médico le vende su alma al diablo para poder pasar una noche con una chica de la que se ha enamorado (Isolda Dychauk).
“El arca rusa” era una película muy estilizada, con apenas trama, que tenía un planteamiento que hacía que funcionara: el guía de un museo te conducía a varias salas donde estaban ocurriendo sucesos significativos de los últimos siglos de la historia de Rusia. Aparte de apreciar la pericia técnica de rodar todo en un único plano (la steadycam se movía constantemente y la puesta en escena de los actores era muy buena), si conocías el suceso, esa parte de la película te gustaba porque entendías todas las referencias; pero cuando llegabas a una sala que no sabías interpretar, esos minutos eran incomprensibles y te aburrías.
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| Johannes Zeiler |
Lo único que se ve claro es la obsesión de Fausto por la muerte al principio, y la trama que hay con la chica y su hermano, y en ésta las cosas pasan porque pasan y Sukorov no aprovecha momentos de conflicto (como cuando ella se entera de que Fausto ha matado a su hermano, que es uno de los pocos momentos preparados que hay, pero que se resuelve en un abrir y cerrar de ojos y sin mucho sentido).
No sé qué vio Aronofsky en “Fausto”. Ni siquiera la crítica, que no destaca precisamente por reflexionar y sí por seguir modas, ha caído rendida a sus encantos y la ha recibido con bastante tibieza. Y yo, al contrario que Aronosfky diría: “Hay películas crípticas, hay películas pretenciosas, hay películas que te aburren hasta desear morir; y ésta es una de ellas.”




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