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sábado, 29 de septiembre de 2012

Thirst [6]

Poster original de ThirstCINEFILIA
Bakjwi
(Corea del Sur, 2009, 133 min)
Dirección:
Park Chan-wook
Guión:
Park Chan-wook
Jeong Seo-Gyeong
Intérpretes:
Song Kang-ho
Kim Ok-bin
Shin Ha-kyun
Kim Hae-sook
IMDb

Park Chan-wook es un personalísimo director de Corea del Sur que presta muchísima atención al aspecto visual de sus películas, y que está a punto de saltar a Hollywood de la mano de Ridley y Tony Scott con “Stoker” (2013). El anterior film de Chan-wook fue “Thirst”, una sumamente peculiar película de vampiros inspirada en “Teresa Raquin”, de Émile Zola, y que aunque ganó el Premio del Jurado del Festival de Cannes 2009 y estuvo a concurso en el Festival de Sitges, nunca se estrenó en las salas comerciales españolas.
   Sang-hyun (Song Kang-ho) es un sacerdote católico en plena crisis de fe que se ofrece voluntario para un experimento científico que intenta erradicar un virus. De los 500 voluntarios, tan solo Sang sobrevive, y sus seguidores lo acogen como a un hombre que puede obrar milagros curando a enfermos. Pero lo que no saben es que Sang-hyun realmente se ha convertido en vampiro. Un antiguo amigo de Sang contacta con él, y Sang comenzará una relación con su mujer que implicará muerte, sexo y sangre.
   “Thirst” es un conjunto muy caótico, que visualmente es excelente (Park Chan-wook cuida muchísimo la planificación y la puesta en escena, y todos los planos son sobresalientes; si hablásemos de calidades de papel, esta película sería papel satinado), y que está lleno de partes muy preparadas que no van a ningún sitio, de elementos muy importantes sin preparar, de tiempos muertos, y de genialidades.
Kim Ok-bin y Song Kang-ho en Thirst
Kim Ok-bin y Song Kang-ho
   Viendo la película, está claro que la columna vertebral es la relación entre el sacerdote y la chica, y lo que traman para hacer con el marido, pero la narración no hace más que dar giros y giros, y muchas veces no sabes a dónde va, y cuando llegan a un sitio, te das cuenta de que podían haberse ahorrado muchos rodeos.
   La transformación del sacerdote en vampiro es muy original, y cómo se las ingenia para alimentarse; la muerte del sacerdote ciego que quiere hacerse vampiro para volver a ver es excelente; y toda la parte final, que dura unos cuantos minutos y es retorcidísima y tiene un humor negrísimo, es genial.
   Pero no sé por qué le dan tanta importancia a lo de los milagros, si solo sirve para que el antiguo amigo de Sang se ponga en contacto con él; hasta que la relación entre el sacerdote y la chica echa a andar, hay minutos y minutos vacíos (y varias veces confusos), y el punto álgido no está preparado; y después de echar andar, vuelven a haber minutos vacíos. Lo peor es el cambio de parecer de la chica, que no está nada preparado, por lo que la transición a la última parte queda muy forzada.

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