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jueves, 1 de noviembre de 2012

El gran Gatsby [5]

Portada original de El gran Gatsby, de F. Scott FitzgeraldNOVELA
The Great Gatsby
(EE.UU., 1925, 218 páginas)
F. Scott Fitzgerald
 
Cuando “El gran Gatsby” se publicó en 1925, Fitzgerald vivía una vida de ensueño con su mujer Zelda gracias a la literatura (lo más correcto sería decir que los Fitzgerald parecían personajes de una de sus novelas), y aunque “El gran Gatsby” no se vendió tan bien como sus anteriores novelas, la obra fue muy bien recibida por la crítica. (T. S. Eliot dijo, “Es el primer paso que la literatura norteamericana ha dado desde Henry James”.) A los pocos años, cuando la carrera de Fitzgerald se hundía, “El gran Gatsby” cayó en el olvido, del que se recuperó tras la muerte del autor, cuando se volvió a reimprimir en 1945 y 1953. En la actualidad la novela es uno de los clásicos indiscutibles del siglo XX.
   El párrafo de arriba es muy bonito, pero tiene un pequeño fallo: “El gran Gatsby” es una novela terriblemente sobrevalorada. Personalmente, junto a “El guardián entre el centeno”, de J. D. Salinger, y “Desayuno en Tiffany’s”, de Truman Capote, “El gran Gatsby” es la novela más sobrevalorada que me he leído jamás. (Las insufribles “El Quijote”, “Ulises” y “Moby-Dick”, si hago un gran esfuerzo puedo entender por qué están tan bien valoradas. Diría lo mismo de “En busca del tiempo perdido”, pero Marcel Proust me dejó K.O. cuando iba poco más de cien páginas, y no me la he acabado —ni pienso hacerlo—.)
   Durante los felices años 20, Nick Carraway se muda a Nueva York, donde alquila una casa al lado de una mansión que parece que en fiesta perpetua. Indagando un poco, Nick descubre que el dueño es el misterioso Jay Gatsby, un joven que arrastra un pasado lleno de sombras. En Nueva York también viven Daisy, una prima lejana de Nick, y su marido Tom. Y sin que Nick lo sospeche, descubrirá que Daisy ya conocía a Gatsby y que su matrimonio no es lo que parece.
   De F. Scott Fitzgerald me había leído “Suave es la noche” (las dos ediciones que existen), y me parece que es un escritor muy irregular: excelente mostrando el ambiente de la gente rica durante los años 20, y ocasionalmente muy bueno logrando emoción; pero terrible terrible terrible estructurando las historias.
   “Suave es la noche”, que a mí me gusta más que “El gran Gatsby”, son claramente dos novelas independientes malamente pegadas, en un conjunto que no funciona en absoluto. Las dos novelas tienen el potencial de ser grandes obras, pero para ello habría que reescribir “Suave es la noche” de principio a fin.
   Con “El gran Gatsby” lo que sucede es que a Fitzgerald le cuesta muchísimo encontrar la historia que quiere contar, y cuando la encuentra, vuelve a desviarse para después volver a encontrarla. De este modo, la historia de Gatsby y Daisy tiene grandes momentos y mucha emoción (aunque incluso ahí hay cosas muy malas), pero el conjunto no puede ser más caótico. Digan lo que digan sus defensores, a esta novela le falta una reescritura.
    “El gran Gatsby” es una sucesión de escenas elegantes y muy bien escritas, de las que no sabes muy bien adónde van. Entonces encuentras un hilo argumental, y cuando lo vas siguiendo, Fitzgerald se va por las ramas. Después ocurren cosas inverosímiles (como que Tom, cuando sospecha algo, deje tan felizmente que Daisy se vaya con Gatsby en su coche. Lógicamente es una forma muy torpe de plantar algo para que funcione todo el final); y Fitzgerald no sabe preparar los momentos (la gran declaración de amor viene como una sorpresa; si todavía Fitzgerald hubiera dejado claro que Gatsby iba a contarle a Tom lo que sentía por Daisy un determinado día, el último tercio tendría mucha tensión… pero Fitzgerald le daba más importancia al calor que hacía y a los julepes de meta que a la historia).
   Lo de mejor de la novela, aparte de la descripción de los ambientes y la historia de amor desesperado, es el personaje de Gatsby, quien resulta fascinante de principio a fin, y quien te deja con un sabor muy amargo al final, cuando descubres su verdadera vida.

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