¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

domingo, 4 de noviembre de 2012

PROYECTO NOVELA. 40- LOS DIÁLOGOS (II)

Pensé que iba a comenzar este artículo dándoos la noticia de que había vendido la novela. Pero no.
   El otro día vi que me llamaban de Madrid, y yo era: ¡Editorial! ¡Editorial! ¡Editorial!
   —¿Carlos del Río?
   —Sí. —El corazón se me salía por la boca.
   —Soy Tal y Tal, analista…
   Y yo: …de novelas de una editorial, de novelas de una editorial.
   ¡Resulta que era un analista de un maldito banco!
   (Poco analizaba si me quería a mí de cliente.)
Así que mientras mi novela espera respuesta de tres editoriales, os puedo ofrecer las reacciones de mis primeros lectores. Como veréis, son completamente independientes y objetivos:

cinco estrellas 
“¡Maravillosa! Siempre supe que mi hijo era un genio”.
Moncho del Río (que da la casualidad que es mi padre).

 cinco estrellas
“¡Genial! Siempre supe que mi hijo era un genio”.
Basi de Celis (que da la casualidad que es madre).

cinco estrellas
“¡Me encanta! Quiero los derechos cinematográficos”.
Nacho Solana, realizador audiovisual (y da la casualidad que es amigo mío).

media estrella
 “¡Terrible! La peor novela que he leído en mi vida”.
Un frustrado crítico literario.

   Bromas aparte, la reacción de los primeros lectores me ha ayudado mucho. Mi amigo Nacho Solana me dijo que el título, “El peso del pasado”, no pegaba nada con la novela, porque parecía una novela de Javier Marías y no transmitía el tono informal que tiene. Nos pusimos a buscar alternativas, y eran a cual peor. Le pregunté a mis padres, y las alternativas que se nos ocurrían sólo nos provocaban llanto y crujir de dientes.
   Estaba desesperado, así que le escribí un e-mail de emergencia a mi amigo Pedro Pablo Picazo, el autor de “Su majestad el rey de los niños zombis”, a ver si se le ocurría algo. Le expliqué de qué iba la trama y qué contaba temáticamente la novela, y le dije que el título perfecto era “La muerte nos sienta tan bien”, pero claro, ya estaba cogido; y que títulos muy buenos eran los de Charlaine Harris.
   Tardó muy poco en contestarme con un montón de alternativas, y dio en el clavo. Así que la novela se llama “La muerte es solo el principio”.
   Y mientras “La muerte es solo el principio” encuentra editorial, estoy acabando la colección de cuentos (y comentarios), que estará a la venta a principios de diciembre. Estoy terminado el último relato y dentro de poco me meteré a diseñar la portada y a averiguar qué formatos tengo que mandarle a Amazon para que venda Kindles y libros en papel. De está ya tengo título. Pensaba titularla “La cabeza en la nubes”, pero descubrí que Susanna Tamaro se me había adelantado, así que se titula “Vivir soñando”.

MÁS ROLLO GRAMATICAL
Chicos, ya queda poco. Por muchas vueltas que le he dado para que esto sea entretenido, no en encontrado ninguna manera de hacerlo un poquito ameno. Pero es como en el anterior artículo, que es pura mecánica y con la práctica sale sola. Ahora nos toca ver cómo se escriben los diálogos que van dentro de párrafos, los que se escriben entre comillas.

   Mirándola a los ojos, Romeo le dijo a Julieta: “Te amo”.
   Mirándola a los ojos, Romeo le dijo a Julieta, “Te amo”.
   Mirándola a los ojos, Romeo le dijo a Julieta “Te amo”.

   Entrecomillado van las palabras textuales, que comienzan con mayúscula, y que puedes anteceder con dos puntos, una coma, o nada; todo depende del ritmo con el que quieres que se lea. Con los dos puntos se produciría una pequeña pausa y separaría mucho el diálogo del resto, con la coma la pausa y la separación serían menores, y la pausa y la separación serían mínimas si no escribieras nada. Fíjate que el punto final va fuera de las comillas (pasa también con la coma y el punto y coma). 
   Vamos a ver qué pasa cuando hay exclamaciones, interrogaciones y puntos suspensivos dentro del diálogo. Pues lo escribes entre comillas, y fuera, después de la comilla de cierre, pones el punto que cierra la frase.

   Mirándola a los ojos, Romeo le dijo a Julieta “¡Te amo!”.
   Mirándola a los ojos, Romeo le dijo a Julieta “¿Te amo?”.
   Mirándola a los ojos, Romeo le dijo a Julieta “Te amo…”.

   ¿Y cuando la atribución va al final?

   “Te amo”, le dijo Romeo a Julieta mirándola a los ojos.

   ¿Y cuando la atribución va en medio? Pues rayas al canto.

   “Te amo tanto —le dijo Romeo a Julieta mirándola a los ojos— que cada vez que me separo de ti mi corazón llora”.

   Es más raro, pero también se pueden abrir y cerrar comillas para meter la atribución:

   “Te amo tanto”, le dijo Romeo a Julieta mirándola a los ojos, “que cada vez que me separo de ti mi corazón llora”. 
               
   Cuando hay una atribución entre dos frases se escribe así:

   “Te amo profundamente”, le dijo Romeo a Julieta mirándola a los ojos. “Cada vez que me separo de ti mi corazón llora”.

NO SE VAYAN TODAVÍA, QUE AÚN HAY MÁS (ROLLO GRAMATICAL)        
Las comillas también sirven para indicar las palabras textuales de un personaje, pero sin poner la frase completa, y en cuyo caso el comienzo iría en minúscula. 

    Recordé que Julián me había dicho que tuviera “mucho cuidado con el perro sarnoso”.

   En este caso hay tener en cuenta la concordancia entre lo que aparece dentro y fuera de las comillas; es decir, no se puede escribir:

   Recordé que Julián me había dicho que “tengas mucho cuidado con el perro sarnoso”. (No puede ser que Julián textualmente le dijera “tengas”, y no existe concordancia).
   Recordé que Julián me había dicho que “ten mucho cuidado con el perro sarnoso”. (Ese “me había dicho que ‘ten mucho cuidado’” no tiene concordancia).     
   Recordé que Julián me había dicho que “tuviera mucho cuidado con el perro sarnoso”. (No puede ser que Julián textualmente le dijera “tuviera”).

   Para estos casos puedes utilizar estas alternativas:

   Recordé que Julián me había dicho: “Ten mucho cuidado con el perro sarnoso”.
   Recordé que Julián me había dicho que tuviera mucho cuidado con el perro sarnoso.

   De acuerdo, lo que acabo de escribir es ser muy quisquilloso, y me parece que si te lo saltas no pasa nada (mira más abajo, en el apartado para saltarse la gramática). Yo no me lo salto, porque me parece que las alternativas son mejores que romper la norma.
   ¿Y qué pasa cuando un personaje suelta una gran parrafada, como por ejemplo, cuando está contando una historia?
Tomás de Torquemada
Tomás de Torquemada
   Pues existen tres alternativas. La primera es la que yo llamo la “alternativa Torquemada”, porque es un suplicio para el lector: abres el diálogo con una raya o unas comillas y después sueltas la parrafada de varias hojas, y que el lector se las apañe como buenamente pueda.
   La segunda es crear pausas. Puedes hacer que otro personaje interrumpa para hacer preguntas o comentarios, o indicas pausas que hace el personaje, lo que te permite crear nuevos párrafos:
       
   —En mi juventud bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla.
   Tomás se detuvo para beber un poco de agua. Luego continuó.
   —Bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla…

   Y la tercera, si quieres que toda la atención esté en lo que cuenta el personaje (porque las pausas pueden quitar un poco de intensidad a la historia), es abriendo el diálogo normalmente, y después, cada vez que comienzas un nuevo párrafo, lo haces con estás comillas » (para los culturetas, esas comillas se llaman latinas o españolas), y no las cierras. Parece marciano, pero es cómo se hace en español.

   —En mi juventud bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla.
   »Bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla.
   »Bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla.

   Lógicamente, puedes ir mezclando la segunda y tercera alternativa, y diálogo indirecto para abreviar e ir al grano.

LA GRAMÁTICA ESTÁ PARA ROMPERLA
Dudo que vuelva a hablar de la gramática en estos artículos, así que he decidido poner aquí lo único que me quedaba en el tintero con respecto a este tema.
   Si quieres ser escritor, tienes que dominar la gramática, y una vez que lo haces, puedes saltarte normas; pero siempre tienes que saber por qué lo haces. Es decir, la ignorancia es no una excusa para romper reglas.
   Voy a poner casos en los que yo conscientemente me salto las reglas gramaticales, porque me parece que mi uso es bastante más expresivo que lo que me permiten las normas.
   Vamos a comenzar con los diálogos.
   Como vimos en el anterior artículo, cuando haces una pausa en medio de un diálogo, si esa pausa indica algo que no sea decir o un sinónimo, se escriben puntos antes y después de la pausa:

   —Estos artículos son peores que tener que resolver el cubo de Rubik. —Carlos estiró los brazos y soltó un sonoro bostezo—. Pero es un rollo que hay que saber.

   Vale, yo muchas veces, por cuestión de ritmo, rompo esta regla:

   —Te quería decir… —el chico tragó saliva— que últimamente pienso mucho en ti.

   Ese diálogo, correctísimamente, debería ser:

   —Te quería decir… —El chico tragó saliva—. Que últimamente pienso mucho en ti.

   Ya me puede perseguir el espíritu de Lázaro Carreter y acosarme por toda la eternidad, que yo seguiré escribiendo la primera versión.

Otros ejemplos:

   —¡Estás tan, tan cerca —juntó el índice y el pulgar— de conseguirlo!
   —Disculpe —la voz le temblaba—, pero creo que yo era el siguiente en la cola.
   —Uff, hace tanto calor —se tapó el sol con la mano— que me voy a derretir.

   Otra regla que me salto de vez en cuando tiene que ver las interrogaciones y las exclamaciones. Normalmente, cuando abres una, lo que va dentro comienza por mayúscula.
    
   ¡Te lo dije!
       
   Y si quieres que comience con minúscula tienes que poner delante una coma o un punto y coma o puntos suspensivos (con los puntos suspensivos va en minúscula si pertenece a una misma frase):

   A ver, ¿no te lo dije? ¡Claro que te lo dije!
   A ver, ¿no te lo dije?, ¡claro que te lo dije!
   A ver… ¿no te lo dije? ¡Claro que te lo dije!

   La excepción es el “pero”, que no hace falta que vaya seguido de nada para que lo que va en la pregunta comience por minúscula:

   Pero ¿no te lo dije? ¡Claro que te lo dije!
       
Portada de La gran novela latinoamericana, de Carlos Fuentes   Pues yo, también por ritmo, no pongo coma y comienzo lo que va dentro de las exclamaciones con minúsculas, porque considero que es una misma frase y mi uso es mucho más expresivo:

   Me has comprado zapatos rojos ¡y sabes que odio el rojo!

   Igual eres de los que se han tragado una gramática, y ese ejemplo te hace chirriar los dientes porque no sigo las normas, pues tengo otro, pero éste es de otro Carlos:
      
   Y que si abundan los mexicanos es porque los conozco mejor, los he leído más y ¡qué chingados!, como México no hay dos.

   Eso lo escribió Carlos Fuentes en “La gran novela latinoamericana”.
   Sáltate las normas gramaticales, pero siempre sabiendo por qué lo haces.
   Ahora sí; chicos, hemos acabado con la gramática. En el siguiente artículo veremos la parte artística de los diálogos, que es algo bastante más divertido que todo esto.


Recomendaciones:

   -“Wired for Story”, de Lisa Cron. Cron ha trabajado durante muchos años analizando novelas y guiones para editoriales y productoras, y aquí expone las guías básicas que deben seguir las historias para que enganchen al lector. Tengo un pequeño problema cuando habla sobre cómo se muestran los pensamientos (ella dice que no hace falta atribuirlos, yo digo que existen varias maneras —artículo 36—) y con el punto de vista, porque sí se pueden mezclar terceras personas en una misma escena (artículo 34). Pero Cron es muy amena y explica claramente los puntos que quiere destacar, y me gusta mucho cómo se pone a desarrollar historias, porque me recuerda a cuando me pongo a hablar con mi diario.
  Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com 

   -“Create a Character Clinic”, de Holly Lisle. A través de una serie de ejercicios, la autora te ayuda a descubrir tus personajes y a averiguar qué conflictos tienen. Ya solo por la explicación de la jerarquía de Abraham Maslow merece la pena comprárselo. Acaba con una serie de ejemplos muy divertidos en los que el diálogo y las acciones están mal utilizados. Otro libro excelente de Lisle para escritores.
  Consíguelo en Amazon.es

S
iguiente artículo: 41- Los diálogos (III) 
Anterior artículo: 39- Los diálogos (I)

5 comentarios:

  1. Amigo:

    Sin ánimo de criticar, (yo estoy en la misma, con una novela escrita y en búsqueda de editorial), te sugiero que vuelvas a pensar el título de tu novela.

    Creo que los buenos títulos dejan siempre lugar a más de una lectura. Producen cierta resonancia, dejan pensando, tienen algún poder evocativo.

    "La muerte es solo el principio" no parece tener más de una lectura. Es demasiado literal (no literario). Dice lo que es, y no abre muchos campos de posibilidades. Podría ser perfectamente el título de un libro New Age, que proponga la vida en el cielo, o la reencarnación.

    Pensá en algo que pueda tener varias lecturas.
    Por ejemplo, doy un rápido vistazo a la biblioteca, y veo:

    "Abierto toda la noche": Bien, toma una frase que a todos nos suena, pero la novela no se trata de como es la vida en un bar que está "abierto toda la noche", (aunque bien podría serlo) sino de otra cosa. Utiliza esa frase común y la aplica en otro sentido. A esto me refiero con que el título debe abrir más de una posibilidad. Para decirlo fácil: debe generar interés.

    Otra:

    "Tokio Blues" (Es bonito conciso, y llama la atención. Mezcla dos cosas en apariencia disímiles: el blues (norteamerica, negros, missisipi), con Tokio (asia, modernidad, neón). A demás, deja resonando algo triste (blues), es decir, podría interpretarse como "tristeza de Tokio".

    Bueno, no sé si es de ayuda. Una cosa es criticar el trabajo de los demás y otra, como bien sabrás, enfrentarse con las dificultades del propio.

    Saludos,
    Pablo






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  2. Mmmm, interesante, pero es que mi novela estará en la sección de terror/paranormal y no va de rollo New Age o reencarnación, y el cielo no aparece por ninguna parte.

    Vamos, que no voy a estar al lado de Paolo Cohelo.

    Y es título un poco irónico, porque realmente no están muertos, y pega muy bien con la escena que abre la novela, y con todo lo que pasa a continuación.

    Reconozco que "El peso del pasado" era más poético y mejor título, pero es que no pegaba nada con el tono de la novela (temáticamente era perfecto).

    Gracias por las recomendaciones. He decidido que de momento se queda así, y si a los de la editorial se les ocurre algo mejor, pues lo cambio.

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  3. Por cierto, ¿cómo se titula tu novela?
    Humíllame y dime un título infinítamente mejor que el mío.
    Muchas suerte por Buenos Aires. Y avísame cuando la logres vender.

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  4. Carlos! ojalá tuviese un título brillante, que dejase a los editores boquiabiertos, peleándose por leer mi trabajo. Desgraciadamente sufro los mismos problemas que vos para encontrar algo que me satisfaga y, como te dije, me resulta más fácil ver las flaquezas en el trabajo ajeno, que en el mío. Y por supuesto, me encanta dar consejos que nadie me pidió.

    Mi novela se llama "David", a secas. También intenté con "Cìrculo de sombras", porque, como la tuya, tiene elementos "sobrenaturales", y ese nombre da una idea aproximada de la trama.

    Como ves, nada asombroso.

    Te deseo la mejor de las suertes con la novela. A mí me está costando un Perú por más que creo sinceramente, que es un buen trabajo, y he tenido muy buenas devoluciones. Pero de ahí a editar...en fin. Trato de currar con la escritura de guiones y no hacerme mayores ilusiones. Más con la crisis actual.

    Un abrazo grande,
    Pablo.

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  5. Yo pensé llamarla "Paula", pero me daba que Isabel Allende me iba a hacer sombra.

    Pablo, ya sabes cual es el truco: escribir más novelas mientras esperas respuesta. Yo en cuanto acabe los cuentos, me pondré con la siguiente, y la siguiente. Mi amigo Pedro Pablo Picazo, que se gana la vida de guionista, escribe novelas cuando no está liado con algún otro proyecto.

    Abrazos,
    Carlos

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