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viernes, 23 de noviembre de 2012

Relentless [3]

Portada original de Relentless, de Dean KoontzNOVELA
Relentless
(EE.UU., 2009, 356 páginas)
Dean Koontz
 
Existe una entrevista muy famosa del “USA Weekend” de 2009, en la que Stephen King no se corta un pelo y dice lo que piensa de otros autores de best-sellers. A King le encanta J.K. Rowling, pero desprecia a Stephenie Meyer (“La verdadera diferencia es que Jo Rowling es una gran escritora y Stephenie Meyer no tiene ni idea de escribir. No es muy buena”) y a James Patterson (“Un escritor terrible” que “tiene muchísimo éxito”). Y de Dean Koontz, con el que tiene varios puntos en común, piensa: “A veces… simplemente terrible”.
   Cuando King dijo esa palabras, “Relentless” todavía no se había publicado, pero supongo que se refería a otros libros de Koontz como éste. El problema de esta novela no está en cuestiones técnicas ni de creación de personajes, que eso lo domina Koontz, sino en una trama que no tiene ningún sentido y que a medida que avanza exige que el lector se trague cosas cada vez más inverosímiles.
   Cubby Greenwich es un escritor de best-sellers que vive feliz en California con su familia: su mujer Penny, que escribe novelas infantiles, su hijo superdotado de seis años, Milo, y su perra Lassie. Pero un día todo se tuerce cuando el crítico más importante de Estados Unidos, Shearman Waxx, destroza su última novela. Lo primero que sale dañado es el ego de Greenwich, no sólo por los comentarios hirientes del crítico, sino porque tiene pruebas de que Waxx no se ha leído el libro. Pero pronto los Greenwich descubrirán que Waxx es mucho peor que un frustrado crítico literario: Shearman Waxx es un psicópata que comienza a acosarlos, y que no parará hasta matarlos.
   Me parece que Koontz aquí, consciente de que dos de sus puntos fuertes son conseguir un ritmo muy rápido y hacérselo pasar muy mal a sus protagonistas con una subida de tensión excelente, decidió jugárselo todo en esas dos cartas, y dejar la verosimilitud y la coherencia para otra ocasión. Es como si se hubiera dicho: “Voy a complicar tanto las cosas, y va a ser una montaña rusa tan frenética, que el lector se va tragar todo”. Bueno, si eres muy poco exigente, igual “Relentless” te parece una buena novela…
   En la parte positiva está el ritmo de la novela, que los protagonistas resultan humanos y te caen muy bien, y varias escenas muy imaginativas (van desde las muertes, que son horribles y te ponen los pelos de punta, hasta las divertidas, donde destaca la escena en la que aparece la familia de Penny, que tiene muchísima gracia).
   Y personalmente, me encanta con qué poca sutileza Koontz dice lo que piensa de los críticos y de los intelectuales (si alguien no lo sabe, esa gente me cae como una patada en los mismísimos, al igual que a Koontz). Es genial la anécdota de J. G. Ballard, que cuando era crítico sólo escribía críticas positivas de los libros que no se había leído, y Koontz deja clarísimo el esnobismo galopante que sufren esas personas. Por eso el clímax, que es muy precipitado, no me pareció terrible del todo. Koontz también aprovecha para tirar pullas, con mucha gracia, a los agentes literarios.
   Pero la trama no hay por dónde cogerla. El pistoletazo de salida es como “El cabo del miedo”, pero sin toda la preparación que tiene esa película; es decir, aquí llegaría Max Cady y de buenas a primeras atormentaría a la familia. Más tarde eso, más o menos, está justificado, pero es imposible de creer que un renombrado crítico (será un capullo, pero no es una persona anónima) haga eso. Y cuando llegas al final y descubres todo, te das cuenta de que no tiene ningún sentido que vaya matando a la gente sin previo aviso, porque ellos no saben qué están haciendo mal, y por lo tanto los asesinatos no servirán como elemento disuasorio para nuevos artistas. Koontz se guarda información para el final, pero esa información anula todo lo anterior.
   Y luego está el comportamiento de los Greenich, que es estúpido. Primero por su obsesión por no llamar a la policía, que no hay quien se lo crea, y eso que Koontz lo tenía muy fácil: al primer ataque, llamaban a la policía, pero descubrían que ésta estaba compinchada con Waxx. Y luego por las vueltas y vueltas que se dan todos juntos para ir directos a la boca del lobo, cuando podían refugiarse sin problemas a mitad de la novela (que curiosamente es lo que acaban haciendo al final). Y lo poco que tiene “Relentless” de ciencia ficción, es ridículo y muy malo.

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