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viernes, 25 de enero de 2013

Breathless [3]

Portada original de Breathless, de Dean KoontzNOVELA
Breathless
(EE.UU., 2009, 352 páginas)
Dean Koontz

Cuando me acabé esta novela, me dije que Dean Koontz o me encantaba o me parecía muy malo. Echando un vistazo a los comentarios de fans en Amazon y Library Thing, me he dado cuenta de que no solo me pasaba a mí, que Koontz o da en la diana o le sale el tiro por la culata.
   Supongo que parte de la culpa la tiene lo muy prolífico que es (que lo será por contrato: publica al menos dos novelas al año) y la forma tan peculiar que tiene de escribir: escribe una página y pule la prosa una y otra vez, las veces que falta, y entonces continua; luego le quedará poco tiempo para reescribir. Y al llevar tanto tiempo escribiendo, y tanto tiempo vendiendo tan bien, tendrá una excesiva confianza en sus dotes de narrador. Porque vamos, varias de las cosas que hace en “Breathless” para contar la historia son terriblemente malas.
   En las montañas de Colorado, Grady Adams, un joven con un pasado traumático, pasea con su perro Merlin cuando algo extraño sucede: una peculiar luz ilumina el bosque y dos animales, que Grady es incapaz de identificar, comienzan a corretear por los alrededores. Ese mismo día, la veterinaria Cammy Rivers, amiga de Grady, observa un comportamiento inusual en dos grupos de animales: una jauría de perros se tranquiliza y se vuelve sociable tras haberse puesto todos a mirar a un mismo sitio; y un grupo de caballos parece quedarse en trance mirando a un punto del horizonte para después regresar a su estado natural.
   Esa noche Grady descubre qué pasó en el bosque, y se queda tan maravillado que invita a su amiga Cammy para que lo vea con sus propios ojos. La veterinaria también se queda asombrada con el descubrimiento, pero cuando intenta buscar respuestas de lo que ve mandando fotos a dos colegas por e-mail, hará que Seguridad Nacional ponga en cuarentena la casa de Grady para evitar una posible amenaza.
   “Breathless” comienza muy bien. Koontz te presenta situaciones muy raras, y durante unas cuantas páginas mantiene el interés. Además de las tramas de Grady y Cammy, que son la columna vertebral de la novela, por aquí aparece Henry Rouvroy, un hombre de treinta y tantos años que ha abandonado Washington para reencontrarse con hermano gemelo Jim, con el que dejó de tener contacto regular a los 12; y Lamar Woolsey, un hombre que parece tener demasiada suerte en los casinos de Las Vegas.
   De la trama de Henry el principio es genial: Koontz te muestra una situación y te va mostrando detalles que parecen presagiar algo muy malo para Henry (los cuchillos en la cocina, los aguiluchos, el hacha), y de repente, le da la vuelta a todo. Y un poco más adelante, Koontz vuelve a dar un gran giro escondiendo algo. Pero esta trama en seguida pierde fuelle: es repetitiva y nunca se ve a Henry realmente amenazado, y la única gracia son los planes de futuro que tiene Henry y su forma de razonar porque es un intelectual (a Koontz no le caen especialmente bien los intelectuales, como a mí, y cada vez que se mete con ellos, tiene mucha gracia).
   La trama de Lamar funciona durante unas escenas por lo peculiar que es y porque está alternada con otras, pero apenas tiene evolución: el hombre gana muchísimo dinero que acaba regalando a gente que lo necesita más, y la clave de su fortuna es que es un experto de la teoría del caos y sabe encontrar patrones incluso de las situaciones más caóticas.
   La novela comienza a tener problemas cuando te vas acercando a la mitad, y lo único que ha hecho Koontz es prepararte situaciones. Para estirar las cosas, se saca de la manga un par de tramas más (la de un vagabundo desfigurado y la de un abogado que quiere matar a su mujer y su hijo; ambas tienen escenas muy buenas en las que Koontz prepara las tramas), pero todo es preparación y preparación.
   Entonces en la segunda mitad, Koontz se centra en la trama de Grady y Cammy, y es terrible cómo va juntando el resto para que encajen en el conjunto: Lamar más o menos encaja, pero lo que hace no justifica una presentación tan larga; la trama de Henry es una grandísima tomadura de pelo por cómo explica lo sucedido y cómo la cierra (¿tantas páginas para eso?), y la del vagabundo y el abogado las podía haber quitado sin problemas, porque no pintan nada en la trama principal (igual era que a Koontz le estaba quedando corta la novela y así llenaba páginas). Y paradójicamente, la trama principal está poco desarrollada y tiene un final muy precipitado.

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