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martes, 29 de enero de 2013

Vale of Stars [3]

Portada de Vale of Stars, de Sean O'BrienNOVELA
Vale of Stars
(EE.UU., 2012, 362 páginas)
Sean O'Brien
 
“Vale of Stars” es la tercera obra de Sean O’Brien, un profesor de instituto en California, y está publicada por JournalStone, una editorial especializada en fantasía y ciencia ficción. Lo único que puedo decir de ella es que es una novela muy mala con ideas muy buenas (y que afortunadamente me tocó en Library Thing).
   La ambiciosísima “Vale of Stars” recorre cuatro generaciones de personajes desde que están a punto de llegar a un planeta para colonizarlo hasta que se han adaptado completamente al entorno. Entre medias pasan un montón de crisis políticas (muy mal preparadas) y aparecen un montón de personajes (muy  mal presentados).
   Lo que más rechina de “Vale of Stars” es lo poco sutil que es O’Brien para hablar de ideas o conceptos que le interesan, como la religión, el socialismo, o la xenofobia. Aunque algunas reflexiones están muy bien, O’Brien se ha esmerado muy poco para que la novela tenga una narración coherente: el autor te arroja a una crisis, y cuando la resuelve, pasan varios años (aunque por lo que cambia la situación, parece que han pasado varios siglos), y te arroja una nueva crisis que le permite explorar ideas que le interesan. Los principales problema son que los personajes tienen muy poca entidad, los momentos están poco preparados y los soluciona a toda pastilla, y el conjunto es increíble y pasan tantas cosas que bien desarrolladas daban para varias novelas. Además, de vez en cuando O’Brien detiene la narración por completo para explicar ciencia y a veces utiliza diálogos para explicar al lector cosas que ya saben los personajes; estos dos recursos son muy torpes.
   En la primera parte, la nave, que mantiene un régimen socialista, se está acercando al nuevo planeta tras varias generaciones en el espacio. Entonces surge la crisis cuando el comité que la dirige decide que se tienen que racionalizar los cuidados y las medicinas para que solo aquellos que tienen posibilidades de sobrevivir sobrevivan. Aquí se plantean cuestiones muy buenas, pero O’Brien no sabe desarrollar la historia: gracias a un mensaje oral, se fragua la revolución más rápida de la historia. Es como si alguien pone en Facebook “Acabemos con el capitalismo” y mañana se ha terminado. Además, esta parte finaliza con una ironía que anula todo lo anterior (el autor lo intenta justificar más adelante, pero sigue sin tener sentido).
   En la segunda parte, no hay ni rastro de socialismo o de las consecuencias que tuvieron que afrontar los que hicieron la revolución. Aquí, los que venían en la nave están compartiendo el nuevo planeta con humanos que se les adelantaron (es una idea muy buena: mientras estaban en el espacio, la Tierra logró hacer naves más rápidas y un grupo de colonizadores se les adelantó) y hay una clara diferencia de clases entre los que llevan más tiempo viviendo allí y los nuevos, a los que consideran inferiores. Aquí O’Brien se saca una mutación de la manga, que no tiene ningún sentido que exista, para que un grupo pueda vivir fuera de las cúpulas habitables; aquí también hay una crisis que se fragua y se resuelve a toda pastilla, y además tiene una resolución inverosímil: una familia voluntariamente entrega a su hija para evitar daños mayores.
   En la tercera parte ya no que queda ni rastro de los roces entre los que llevaban más tiempo en el planeta y los nuevos porque a O’Brien ahora le interesa hablar de los roces entre los que viven fuera de las cúpulas y los que viven dentro. De alguna sorprendente manera, los que viven fuera en muy pocos años han logrado forman una civilización y están al borde de la guerra con los de la cúpulas. Al mismo tiempo, descubren que hay fauna autóctona en el planeta: una especie de delfín hiperdesarrollado que puede comunicarse con los humanos. Sucede un incidente que hace que los de fuera ataquen las cúpulas, que sorprendentemente no estaban protegidas, a toda pastilla y sin nada de tensión porque no te pone el punto de vista de los habitantes de las cúpulas, y ganan con un farol.
   En la cuarta parte, han vuelto a pasar más años y no hay ni rastro de las crisis anteriores, y una sección ha creado una religión que adora la nave del principio como si allí habitaran dioses. Si hubieran pasado miles de años, y no hubiera documentos escritos, pues me lo podría creer, pero es que todavía hay gente viva que vino de esa nave. Y para complicar las cosas, los delfines de la parte tercera, ahora se vuelven malos. Pero por entonces yo sólo deseaba acabarla para leerme cualquier otra cosa.

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