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domingo, 10 de febrero de 2013

Himno [6]

Portada original de Himno, de Ayn RandNOVELA CORTA
Anthem 
(Reino Unido, 1938, 104 páginas)
Ayn Rand

Hacía tiempo que tenía ganas de leerme alguna novela de Ayn Rand, pero sabiendo que esta autora era muy poco sutil para transmitir sus ideas políticas, y que posiblemente no coincidiera con ella, decidí que antes de meterme con “La rebelión de Atlas”, que es un ladrillo de 1.200 páginas, o “El manantial”, probaría algo más breve; así que me he leído “Himno”, una novela corta futurista que se publicó por primera vez en el Reino Unido, en 1938, porque no encontraba editorial en Estados Unidos (la editorial que había publicado su primera novela, “Los que vivimos” —1936—, la rechazó diciendo que la autora no entendía el socialismo, y allí se publicó en 1946, tras el éxito de “El manantial”. Las primeras ediciones en español se llamaban “¡Vivir!”). Después de habérmela leído, “Himno” me parece como su objetivismo, que tiene cosas muy buenas y cosas muy malas.
   Igualdad 7-2521 vive en un futuro donde reina la colectividad y el individualismo ha desaparecido por completo. El Estado decide cómo será la vida de cada uno teniendo en cuenta el bienestar general. Pero Igualdad 7-2521 no se siente a gusto en ese sistema: el Estado lo nombró barrendero pero él siempre se sintió atraído por la ciencia. Un día, de casualidad, encuentra con un amigo un pasadizo que le lleva al subsuelo, donde descubre un túnel y objetos que le harán plantearse que puede lograr un porvenir mejor para él y todo el mundo.
   “Himno” está muy bien hasta que llega a los dos últimos capítulos, donde deja de ser una novela para convertirse en un descarado planfleto político-filosófico. De la novela es genial cómo Rand te dibuja esa sociedad, que es la URSS de entonces un poquito exagerada y tecnológicamente atrasada, descubriéndote poco a poco detalles cada vez más inquietantes; y es genial lo bien que muestra lo frustrado que se siente el protagonista, aunque no se atreva a decirlo abiertamente o no sepa hacerlo porque el Estado lo ha anulado completamente.
   Todo está contado con un tono muy frío, porque el protagonista no ha conocido otra cosa, y te relata barbaridades como si fueran lo más normal del mundo (no solo lo de los comités, sino cómo se reproducen, o que la gente no puede cantar o sonreír, y que todos los días están planificados hasta el más mínimo detalle) lo que hace que aumente la sensación de agobio. Además, Rand logra mucha emoción con los descubrimientos del protagonista y con la historia de amor porque ves que está abriendo los ojos, pero al mismo tiempo hace que te inquietes porque te preguntas cómo va a poder salir de esa.
   Lo más endeble de la novela es cómo el protagonista se escapa de la sala de torturas (si era tan fácil, ¿por qué estuvo un mes, si podía ir y venir como Pedro por su casa?) y cómo un personaje lo encuentra al final en el bosque (si era tan fácil encontrarlo, ¿por qué no lo detuvieron?).
   Y entonces, para acabar la novela con una nota positiva, Ayn Rand da rienda suelta a su objetivismo, donde el individuo está por encima de todo. El protagonista descubre la libertad y todo lo que vale y se propone crear una nueva sociedad… soltando una arenga político-filosófica. A parte de lo muy inverosímil de su proposición (lo que irónicamente anula el mensaje de Rand), esa parte es como asistir a un mitin electoral, donde si vas a ver a tu partido te encanta, pero si no, te chirrían los dientes.
   Aquí va un párrafo del anteúltimo capítulo (los dos últimos son de esta calaña):
 
   “Elegiré amigos entre los hombres, pero ni esclavos ni maestros. Y elegiré sólo cuando me plazca, y entonces amaré y respetaré, pero no daré órdenes ni obedeceré. Y uniremos nuestras manos cuando lo deseemos, o caminaremos solos cuando así lo queramos. Porque en el templo de su espíritu, cada hombre está solo. Dejad que cada hombre tenga su templo intacto y puro. Entonces dejad que una sus manos con otros si lo desea, pero sólo más allá de su portal sagrado”.
      
   Puedo entender que Rand, que huyó de la URSS y que le fue muy bien en Estados Unidos, pensara que el individuo podía valerse por sí solo. Con Rand estoy de acuerdo en que cada uno debería pensar y actuar de forma independiente para vivir su vida de la forma que a él le placiera sin dañar a nadie; y que sólo uno mismo sabe cómo es y cómo quiere vivir la vida (si no lo sabe, tiene que plantearse su vida y buscar en su interior —ese templo del que habla Rand— hasta que encuentre su núcleo, y entonces vivir de acuerdo a lo que realmente es su esencia).
   Pero para que una sociedad funcionara así, deberían darse una serie de circunstancias que son imposibles de encontrar en la realidad:
   Primero, todo el mundo debería tener una autoestima a prueba de bombas, que le permitiría vivir su vida sin perjudicar a nadie y sin que nadie le manipulara.
   Segundo, todo el mundo debería ser excelente en inteligencia emocional, para saber que vivimos en sociedad, y que cuando más bien hagamos, más bien recibiremos.
   Y tercero, todo el mundo debería ser espiritual, que no tiene nada que ver con ser religioso. Así la gente buscaría su núcleo y encontraría el sentido de su vida, lo que provocaría que nadie estaría frustrado y todos lucharían por alcanzar sus sueños; y la gente tendría en cuenta que aunque somos individuos, compartimos un mismo planeta y todos estamos interrelacionados, por lo que, como pasa con la inteligencia emocional, cuando más bien hiciéramos, más bien recibiríamos.
   Me parece que el mayor fallo del objetivismo es que presupone que todos serían capaces de pararse a reflexionar sobre su vida y de asumir las consecuencias de sus actos, por lo que no habría una masa y no se crearían líderes o manipuladores, y las personas, pensado siempre en sí mismas, lograrían el bien general. Bueno, pues no me creo que no se formasen masas, con lo fácil que es no pensar y quejarse de todo sin hacer nada por cambiar y echarle la culpa de tus frustraciones a otro o decir que es que lo hacía todo el mundo o que te dijeron que eso era la solución. Sinceramente, no me lo creo.
   Una sociedad así degeneraría rápidamente en una sociedad egoísta, donde prosperarían los manipuladores y la gente honrada no tendría ni media oportunidad.
   Posiblemente siga leyendo a Rand.

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