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Últimas críticas y artículos sobre cómo escribir ficción

jueves, 14 de marzo de 2013

El don del lobo [6]

Portada original de El don del lobo, de Anne RiceNOVELA
The Wolf Gift
(EE.UU., 2012, 416 páginas)
Anne Rice
 
En 2002 Anne Rice, tras una conversión de fe y adoptar el cristianismo en 1998, decidió consagrar su literatura a Cristo con unos libros que yo diría que atrajeron a nuevos lectores, pero que espantaron a sus fans tradicionales (“El  Mesías. El niño judío”, “El Mesías. Camino a Caná”, y sus memorias “Called Out of Darkness: A Spiritual Confession”). En 2009 Rice volvió al terrero paranormal con un par de novelas donde aparecían un serafín y un asesino que buscaba redención divina; pero en 2010 la autora renegó de la Iglesia Católica, aunque no de Cristo, haciéndolo público en su perfil de Facebook: “En el nombre de Cristo, rechazo ser anti-gay. Rechazo ser anti-feminista. Rechazo ser anti-control artificial del nacimiento. Rechazo ser anti-demócrata. Rechazo ser anti-humanismo secular. Rechazo ser anti-ciencia. Rechazo ser anti-vida. En el nombre de Cristo, abandono la cristiandad y dejo de ser cristiana. Amén”.
   Y eso que la buena señora no conocía la Iglesia Católica española.
   Así que el año pasado Anne Rice volvió al terror con “El don del lobo”, una novela que comienza una saga de hombres lobos. “El don del lobo” debutó en el número 3 en la lista de éxitos de “The New York Times” de tapa dura y en el número 6 del conjunto de ventas de libros en papel y digitales. Estaba claro qué querían sus fans. A mí la novela me parece muy frustrante: Anne Rice tan pronto te da páginas y páginas geniales como páginas y páginas terribles.
   Reuben es un joven periodista que va a visitar una mansión en California para ver si con un artículo sobre su historia puede atraer a posibles compradores. Para enseñársela le espera Marchent Nedick, una mujer de treinta y ocho años que oficialmente la ha heredado porque su tío Felix, que era el dueño, hace veinte años que desapareció sin dejar rastro. Marchent, al tiempo que le muestra la casa, le cuenta la misteriosa historia de Felix y sus amigos arqueólogos, y mientras recorren las diversas estancias, la mujer y el chico se enamoran. Tras una noche de pasión, Reuben oye disturbios en el piso de abajo; cuando llega para averiguar qué pasa, un animal lo ataca dejándolo medio muerto. Reuben se recupera en un hospital, y nota que tiene los sentidos, en especial el del olfato y el oído, más desarrollados que nunca. Hasta que una noche se transforma por completo en un poderoso hombre lobo.
   La novela empieza bien y mal al mismo tiempo: a Rice se le va la mano, y se le va muchísimo, con la descripción de la casa; aunque está muy bien cómo presenta al protagonista, que no está nada contento con su novia y su familia, y cómo te planta el misterio de Felix y sus amigos. Esa parte acaba de forma inverosímil con el enamoramiento entre Reuben y Marchent, que son dos personas que se acaban de conocer. Esto lo vuelve a hacer Rice más adelante cuando aparece Laura, que para más inri se enamora de Reuben cuando está transformado en hombre lobo. En estas ocasiones Rice utiliza lo que yo llamo “la técnica del porno”: “Fontanero, gracias por haber venido, porque tengo los conductos atascados”; “Yo te desatranco los conductos que hagan falta”, y se ponen a follar como locos. Así de preparados y justificados están esos momentos en la novela.
   Toda la parte de la transformación, y los recorridos de Reuben por la ciudad, son geniales: Anne Rice le da la vuelta al mito del hombre lobo, y lo vuelve un superhéroe bestial. Y hasta la mitad, la novela está muy bien por cómo se va sintiendo Reuben, por el misterio de Felix, y por la presión de la madre y los medios de comunicación. Los únicos fallos son otra vez alguna descripción demasiado extensa, cómo Laura se enamora de él, que no hay quien se lo crea, y alguna reflexión teológica aburridísima.
   Pero la segunda parte tiene un problema gravísimo: hay un misterio, pero apenas tiene tensión, y eso que la autora tenía un montón de posibilidades para crearlo. Rice deja de lado la presión de los medios de comunicación, que podían sospechar que Reuben se había vuelto hombre lobo; o Reuben podría temer por su vida, o que temiera que fuera a convertirse en hombre lobo para siempre (para eso Rice crea lo del chico gay, que tiene mucha menos fuerza que si el que estuviera en peligro fuera el protagonista); o que los médicos rusos estuvieran acosando a Reuben; o que Reuben pensara que Felix era peligroso (el peligro se diluye en seguida, en cuanto Felix decide contactar con Reuben a través de un abogado, lo cual deja clarísimo que no es peligroso). Entonces aparece una escena sin apenas preparar, que cierra todo a toda pastilla con una sorpresa, y te das cuenta de que lo más interesante de la novela te lo ha dejado fuera.
   La parte final remonta cuando la autora te cuenta el origen de los hombres lobos, que es algo muy imaginativo y fascinante. Pero a continuación mete unas reflexiones teológicas, que seguro que a Rice le encantan, pero que a mí me parecen insufribles y me las leí por encima.

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