¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

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domingo, 3 de marzo de 2013

PROYECTO NOVELA. 44- LA REVISIÓN (II)

Hablemos de obsesiones y de elección de temas y de géneros.
Portada original de El umbral de la noche, de Stephen King   En la introducción de su primera colección de cuentos, “El umbral de la noche” (“Night Shift”, 1978), Stephen King contaba que le solían preguntar que por qué elegía escribir sobre temas tan espantosos, a lo que él respondía con otra pregunta: ¿Por qué asumes que tengo elección?
   “Escribir es una ocupación en la que cada cual manotea lo que puede. Parece que todos nacemos equipados con un filtro en la base del cerebro, y todos los filtros son de distintas dimensiones y calibres. Es posible que lo que se atasca en mi filtro pase de largo por el tuyo. Y no te preocupes, es posible que lo que se atasca en el tuyo pase de largo por el mío. Por lo visto todos tenemos la obligación innata de tamizar el sedimento que se atasca en nuestros respectivos filtros mentales, y por lo general lo que encontramos se transforma en algún tipo de actividad subsidiaria”.
   (…)
   “El sedimento que se atasca en la rejilla de mi sumidero es a menudo el del miedo. Me obsesiona lo macabro”.
   Holly Lisle, en un vídeo de “"How to Think Sideways”, recordaba que cuando estaba pasando por un infierno personal, le salían novelas con mucho humor, pero que en cuanto se calmó su vida, el humor pasó a un segundo plano. Sin darse cuenta, el humor le valía como válvula de escape.
   En una entrevista de “The Writer” a Terry McMillan, la autora contaba que escribió a toda pastilla “De cómo Stella recobró la marcha” (“How Stella Got Her Groove Back”, 1996), para saber qué hacía. Estando de vacaciones en Jamaica, McMillan, que tenía cuarenta y tantos años, se enamoró de un chico de veintipocos; y la novela trata precisamente de eso. Cuando la acabó, ya tenía las ideas claras y decidió comenzar una relación con el chico. (Luego el chico, después de varios años de matrimonio, le salió rana, o mejor dicho, le salió del armario, pero esa es otra historia.)
   Me llama la atención una constante que aparece en mi ficción, en especial en mis novelas. Ya he escrito una entera, estoy preparando la segunda, y tengo una idea para la tercera; y las tres coinciden en que tienen protagonistas adolescentes que están buscando su lugar en el mundo, y para encontrarlo, tienen que plantearse todo lo que pensaban que era la vida hasta entonces, y sólo así logran ser ellos mismos y ser felices.
   Supongo que este tema me venga de lo anulado y frustrado que me sentía de adolescente.
   Los sagaces periodistas parecen que lo acaban de descubrir y lo llaman “bullying”, pero el acoso escolar ha existido siempre. En mi caso fue psicológico, y lo sufrí durante ocho interminables años en el colegio, donde me trataban a patadas y estaba en constante tensión para no cometer errores o llamar mucho la atención. Hace poco me di cuenta de que el que más daño me hizo fue el que era mi mejor “amigo”, que era un niño terriblemente manipulador. Esta situación te produce unas heridas que si no las haces frente, te duran toda la vida y te frenan y crean frustraciones de adulto. Hay que saber perdonar y dejar que el pasado quede atrás. No es que quieras reencontrarte con personas y darles abrazos, no; es para quitarte un peso de encima. Yo lo he hecho, y el cambio es espectacular: hasta hace muy poco era incapaz de hablar sobre lo que sufrí en el colegio, como si fuera culpa mía que me hubieran machacado, y no sentía más que rabia y dolor cada vez que me acordaba de mi infancia. Eso se acabó.
   Como nadie había hecho nada por cambiar la situación, porque o no se daban cuenta o no querían ver lo qué estaba pasando, al entrar en la adolescencia llegué a la conclusión de que lo mejor era hacer poco ruido y no mostrar mis sentimientos. Y sinceramente, eso era mucho mejor.
   El problema es que no me atrevía a dar mi opinión, a ser yo mismo, a decir “Esto no me gusta” o “No quiero esto” o “Quiero hacer esto con mi vida”. Había gente que se pensaba que yo era inteligente porque hablaba poco, cuando la verdad era que no me atrevía a hablar. Tenía la autoestima por los suelos, no tenía ninguna seguridad en mí mismo, y era completamente manipulable. Y cada vez que daba pistas de lo que quería, los adultos, que en teoría sabían de la vida más que yo (pero que no tenía ni idea de cómo era realmente Carlos), no hacían más que enderezarme y meterme en hormas en las que yo no encajaba.
   Creo que de ahí vienen los adolescentes de mis novelas.
   Con el tiempo me he dado cuenta de que la persona que mejor te conoce, la que mejor sabe qué quieres hacer con tu vida, eres tú mismo (si aún no te conoces, busca en tu interior y explora frustraciones, deseos y fantasías, y te estarás acercando a tu esencia; sigue hasta que la encuentres. La gente espiritual llama a esa esencia "alma").
   También he descubierto que tienes que ser muy obvio con tus deseos y decir sin rodeos cómo eres, que la gente no pilla indirectas. De hecho, tienes que dejar las cosas claras una y otra vez, y demostrarlas con hechos, también una y otra vez, hasta que la gente entienda que lo que deseas va en serio y que eres de una determinada manera. Mucha gente que te aconseja, aunque lo haga con la mejor de las intenciones, te está dañando porque no conocen tu interior y no se atreverían a hacer cosas que tienes que hacer para lograr tus sueños, y por eso te guían a un camino en el que ellos se sentirían cómodos, pero tú no.
   Me encanta este tema de la búsqueda de la autenticidad de uno mismo. Creo que aparecerá varias veces en mi ficción.
   Y sí amigos, sed vosotros mismos y vivid vuestra propia vida, aunque para ello tengáis que poneros el mundo por montera.

LA REESCRITURA
Ahora vamos a empezar a escribir.

La Torre del Oro
La Torre del Oro
   6- Haz una nueva copia digital del texto, llámala versión 2, y cortando y pegando crea la estructura que tienes en las tarjetas. Cuando llegues a escenas que no tienes en las tarjetas, juzga si ya te hacen falta o no, y cuando llegues a una nueva escena que te has creado en las tarjetas, escríbela sin miedo. Ya sabes qué función tiene que cumplir en la historia y te conoces al dedillo el mundo y los personajes de tu novela. Créeme, es fácil escribir nuevas escenas en la reescritura.

   7- Vuelve a leer la novela, y comprueba que la evolución de los personajes y la evolución de los acontecimientos tienen coherencia y cada vez son más interesantes. Recuerda la curva de intensidad del artículo 26. A estas alturas posiblemente ya no existan, pero también tienes que corregir inconsistencias en la personalidad de los personajes: que no sean en una escena muy tímidos y en la siguiente el alma de la fiesta (eso solo funciona si ha habido drogas o alcohol de por medio).

   8- Ahora léela buscando qué escenas se pueden convertir en narración y qué narración se puede convertir en escena (recordatorio: artículo 32). ¿Puedes meter flashbacks como escenas o los dejas en dos frases? ¿Recuperas alguna escena eliminada en el paso 6 y la metes como narración?

   9- Junta y separa escenas y crea capítulos. Mira si puedes juntar varias escenas con alguna unión del tipo: “Dos días después…”; “En la otra parte de la ciudad…”; “Al mismo tiempo…”; o yuxtaponiéndolas; o las separas con tres asteriscos (***). Y luego crea los capítulos. Recuerda que tu objetivo es que el lector lea y lea, y una técnica muy buena es acabar un capítulo sin haber resuelto un conflicto. En este páso también das los últimos retoques a la historia, moviendo elementos de sitio, plantando pistas en la trama, o retocando el punto de vista.
   Enhorabuena, acabas de terminar la estructura de la novela.

   10- Comprueba los datos. Por una parte, si aún no lo has hecho, tienes que comprobar que los datos que das son verídicos y que lo que sucede es verosímil: los taxis en Moscú son de tal color; un paseo a pie entre la Giralda y la Torre del Oro te lleva cinco o veinticinco minutos; puedes resucitar a una persona antes de que pasen tantos minutos con el corazón parado (para refrescar la mente sobre detalles lee los artículos 30 y 31).
   Incluso si no das datos específicos en la novela, tienes que asegurarte de que lo que sucede es factible. Pondré un ejemplo personal: el protagonista de mi novela es un taxista, y para ver si era creíble que tuviera los horarios que él quisiera y que se  moviera por las paradas de táxi que a él le apeteciera, que es algo que hace en la novela, le pregunté a un taxista cómo funcionaba eso de los taxis. Y sí, al menos en Santander los taxistas tiene libertad horaria si el taxi es suyo y se pueden mover por las paradas que les dé la gana.
   Y esto es muy importante: posiblemente cometas algún error sin darte cuenta, y no pasa nada, porque todos somos humanos (recuerdo una partida de ajedrez en “La voz dormida” en la que estaba clarísimo que Dulce Chacón no tenía ni idea del juego; pero daba igual porque no era algo fundamental para la novela), pero no dejes de comprobar un dato por pereza o por timidez. Si no aparece en internet, manda e-mails, haz llamadas de teléfono, vete a una biblioteca, o sal a la calle y pregúntalo. Eres un escritor profesional y documentarte es parte de tu trabajo; no seas un vago.
   Y por otra, con esto de los detalles, tienes que hacer de script. El script es esa persona que en un rodaje se encarga de que los detalles entre toma y toma y plano y plano estén bien: que el peinado de un actor esté de una determinada manera, que la corbata de otra, que la luna del coche ya esté rota para esa toma… (Esto da lugar a los famosos gazapos, que lógicamente el montador y el director han visto, y que sólo ven la gente a la que no le gusta el cine y que tiene mucho tiempo libre.) 
   En la novela tienes que buscar la consistencia en las descripciones: tienes que comprobar que las descripciones de tus personajes y los lugares no cambian. Que no suceda que de repente les cambia el color del pelo o de los ojos, o una ventana mira a un parque y en otra escena a una autovía.
            Ya queda poco, pero seguimos en el siguiente artículo.

Recomendaciones:
   -“Self-Editing for Fiction Writers”, de Renni Browne y Dave King. Ésta es una recomendación con reservas, porque si no tienes experiencia, te puede parecer que lo que dicen los autores es la verdad absoluta, y te puede llevar a error (yo constantemente me decía “No estoy de acuerdo”, o “Eso no es un fallo”), pero sí que dan consejos prácticos para que brillen tus escenas y tu estilo. Los autores repasan varios aspectos técnicos (punto de vista, diálogos, equilibrio entre mostrar y narrar, la voz…), aunque dicen muy poco de la estructura general, y explican cómo corregir errores comunes. Está bien, pero léetelo sabiendo que lo que dicen no son dogmas de fe.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com

Portada de Around the Writer's Block, de Rosanne Bane   -“Around the Writer’s Block”, de Rosanne Bane. Éste es el mejor libro sobre creatividad que he leído en mi vida, superando a “Nuevo aprende a dibujar con el lado derecho del cerebro”, de Betty Edwards, o “Si quieres escribir”, de Brenda Ueland. Bane comienza explicando la estructura del cerebro y qué sucede cuando nos bloqueamos (qué parte está activa cuando estamos tensos y qué parte está activa cuando estamos relajados, que es cuando se es creativo) y nos explica algo maravilloso: la plasticidad del cerebro, gracias a la cual durante toda nuestra vida podemos crear nuevas conexiones neuronales para aprender cosas nuevas constantemente; y esas nuevas conexiones se forman a través del hábito (la plasticidad del cerebro permite algo tan sorprendente como que pacientes que han sufrido un derrame cerebral recuperen la movilidad de miembros que tenían paralizados). Para crear hábitos, Bane divide la escritura en tres fases y te da guías a seguir: el proceso, que sería como un calentamiento; el tiempo de producción, que es cuando avanzas en tus proyectos de escritura (Bane lo explica muy bien: a veces el tiempo de producción no significa que le estés dando a las teclas como loco); y  el cuidado propio, para saber desconectar y mantenerte creativo toda tu vida. Curiosamente, yo he adoptado la mayoría de los hábitos sin darme cuenta, y funcionan. Además, Rosanne Bane tiene un blog muy bueno para ayudar a escritores (http://baneofyourresistance.com/). Si sabes leer inglés, hazte con un ejemplar.
   Consíguelo en Amazon.es o en Iberlibro.com

   Fotografía de la Torre del Oro: Glauka (Creative Commons. Attribution-ShareAlike 3.0 Spain)

Siguiente artículo: 45- La revisión (III)
Anterior artículo: 43- La revisión (I)

4 comentarios:

  1. Buenas noches!

    Muy buena entrada, com vienen siendo habituales. La revisión aún me queda lejos, pero cuando me ponga a escribir (parece la típica frase del procastinador) reseguiré todas las entregas otra vez.

    Que vaya bien!

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  2. Muchas gracias, Ivan.

    Hace cuatro años, cuando llevaba muy poco escribiendo (sólo había logrado acabar algunos ejercicios de escritura creativa, intentado algunos cuentos, y acabado los dos primeros cuentos de "Vivir soñando") me compré "Revision and Self-Editing", de James Scott Bell. Recuerdo que cuando me llegó y ví que era para revisar novelas me quedé bloqueado, y no sabía si leérmelo o no, porque por entonces yo me veía incapaz de escribir novelas. Pero me lo leí de todas maneras, pensando que la información allí contenida no me haría daño.

    No corregí mi primera novela hasta tres años después, pero el momento llegó. Ivan, sigue soñando, sigue creyendo en ti, en que lo lograrás, y vete dando pasos poco a poco. Y al final los sueños se convierten en realidad.

    Por cierto, aprender técnicas literarias y leer y analizar mucha literatura ya cuentan como pasos en tu carrera de escritor.

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  3. Gracias por tus consejos y ánimos! Son muy valiosos.

    Estoy seguro de que a ti también te irá muy bien. Aún queda mucho viaje que recorrer, pero mientras nos lo pasemos bien recorriéndolo ya valdrá la pena. Porqué si no nos lo pasamos bien escribiendo, sí sólo esperamos el resultado final, tampoco tendrá sentido.

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  4. Sí, así hay que tomarse la carrera literaria: no es el que antes llega a la meta, sino el que más tiempo permanece corriendo; avanzando poco a poco, pero sin detenerse.

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