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miércoles, 27 de marzo de 2013

Una vacante imprevista [4]

Portada original de Una vacante imprevista, de J.K. RowlingNOVELA
The Casual Vacancy
(Reino Unido, 2012, 512 páginas)
J.K. Rowling

¡Dios mío, lo que me ha costado acabarme esta novela!
   Reconozco que no soy fan de J.K. Rowling (de Harry Potter sólo me he leído el primero, que estaba bien, y no he visto ninguna película), pero tenía curiosidad por saber qué iba a hacer la autora con una novela de ficción general. Y sinceramente, no me gusta el resultado.
   “Una vacante imprevista” se desarrolla en el ficticio pueblo de Pagford, donde la muerte inesperada de Barry Fairbrother, un miembro del concejo parroquial, va a sacar a la luz lo peor de sus habitantes. Pagford tiene una zona llamada los Prados, donde vive gente pobre y hay una clínica de desintoxicación. Barry Fairbrother siempre sostuvo, desde su puesto en el concejo, que Pagford debería seguir manteniendo abierta esa clínica y correr con la administración de los Prados, para beneficiar a los menos favorecidos; pero sus oponentes (Howard Mollison a la cabeza) quieren cerrar la clínica y pasarle la administración de los Prados a Yarvil, una ciudad con la que limitan. Con la muerte de Barry, Howard Mollison hará todo lo posible para que un hijo suyo, Miles, gane el puesto vacante en el concejo y así poder llevar a cabo sus planes de cerrar la clínica y deshacerse de los Prados.
   Mientras leía la novela, no hacía más que pensar en los culebrones británicos, que son todos iguales (“EastEnders”, “Coronation Street”, “Emmerdale”, el radiofónico “The Archers”): es la vida de una pequeña comunidad de personas, que viven en un mismo pueblo o en un mismo barrio, y donde corren rumores y hay secretos. Pero con la pequeña diferencia de que en “Una vacante imprevista” todo es terriblemente deprimente y negativo.
   El principal problema de la novela es que quitando a Barry, y el pobre se va al otro barrio nada más comenzar, todos los personajes te caen ni fu ni fa (que es lo que pasa con Gaia o Andrew), mal (Parminder o Krystal) o fatal (Howard, Shirley, Simon o Terri). Y es que cada vez que Rowling crea un poco de empatía por alguno, unas páginas más adelante ese personaje hace algo que te provoca rechazo; y en ningún momento tomas partido por ninguno de los ellos.
   Esto provoca que el conflicto principal (lo del cierre de la clínica y lo de traspasar los Prados a Yarvil) no tenga sentido. Yo constantemente me preguntaba por qué alguien en su sano juicio iba a querer correr con los gastos de los Prados, si se los podían endilgar a otra ciudad, y más viendo lo desagradables que eran Terri y Krystal, que además estaba claro que no sacaban ningún beneficio de Pagford. Para que funcionara la novela, para mí era fundamental que Krystal te cayera bien, que vieras que la chica era como era por circunstancias que no podía controlar, pero que gracias a gente como Barry, iba ganando en auto-estima y superando su forma de vida. Pero eso no está en la novela (como mucho, está apuntado, pero no desarrollado). Lo único que hacía que yo me pusiera de parte de Barry era que los Mollison me caía como una patada en los mismísimos, pero no porque viera que los Prados y la clínica ayudaran a los pobres.
   Para mí las primeras cien páginas fueron especialmente duras (en español serán las primeras 125, que esa edición tiene más páginas). Hay tantísimos personajes, y no sabía realmente cuál era el conflicto principal, que no hacía más que perderme y preguntarme adónde iba eso. A partir de allí, al menos ya sabía cómo funcionaba la novela y tenía identificados a los personajes (aunque en alguna ocasión —como el funeral de Barry o la fiesta de cumpleaños de Howard—, cuando Rowling juntaba a varios personajes y pasaba de una cabeza a otra, me volvía a perder).
   A la mitad, me parece que la autora abusa del recurso de “El fantasma de Barry Fairbrother” (varias personas hackean la página del concejo y con ese pseudónimo sueltan trapos sucios de gente del pueblo); y al final Rowling carga tanto las tintas en lo negativo que me la dejo de creer.
   Lo que sí que me gusta, porque está muy logrado, es cómo Rowling retrata a los adolescentes, que son los personajes más creíbles de toda la novela. Y de los adultos, el mejor me parece, porque me hace gracia lo patética que es, es Samantha, quien se enamora de un cantante joven del que su hija adolescente es fan. El resto está lleno de estereotipos.

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