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jueves, 3 de octubre de 2013

El lector de cadáveres [1]

Portada original de El lector de cadáveres, de Antonio Garrido
NOVELA
El lector de cadáveres
(España, 2011, 539 páginas)
Antonio Garrido 

Antonio Garrido compagina su trabajo de profesor en dos universidades valencianas con la escritura de novelas históricas. Garrido debutó en 2007 con "La escriba", una novela que se ha traducido a trece idiomas, y hace dos años publicó su segunda novela: "El lector de cadáveres". La obra ganó en 2012 el Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza (premia a la mejor novela histórica publicada en España en un determinado año, sin importar la nacionalidad del autor), y este mismo año la ha publicado Amazon en inglés a través de su editorial AmazonCrossing, logrando una ventas, a tenor de las críticas y de su puesto en los Kindles, muy buenas en Estados Unidos y el Reino Unido. También está traducida al alemán, al italiano y al portugués.
   A pesar de lo simpático que resulta Garrido en las muy interesantes notas del final, y a pesar de la buena recepción general, lamento disentir, porque a mí "El lector de cadáveres" me parece una novela terrible: tiene una estructura mala, una trama que constantemente desafía el sentido común, está sobrescrita de principio a fin, y tiene un estilo demasiado moderno para una historia que se desarrolla en el siglo XIII.
   A principios del siglo XIII en China vive Cí, un joven que sueña con ganarse la vida en la capital del imperio, Lin'an, resolviendo crímenes. Cuando está logrando su sueño, ayudando al juez Feng investigar asesinatos mientras continúa sus estudios, la muerte de su abuelo, por las tradiciones, le obliga a él y a toda su familia a volver al campo. En su pueblo suceden una serie de trágicos acontecimientos que le obligarán a salir huyendo para volver a la capital.
   Esta novela está mal escrita. Garrido constantemente te pone dos veces lo que ya sabes (se ve muy bien en los pensamientos entrecomillados, que dicen específicamente lo que ya habías entendido), y los diálogos son incómodos de leer por las atribuciones que tienen ("dijo" debe de ser la palabra menos utilizada; incluso te repite información que has intuido, como el tono con el que dicen las cosas los personajes).
   Después tiene un estilo excesivamente moderno. Si escribes una novela histórica no es que tengas que escribir como entonces, porque sería incomprensible para el lector actual, pero tienes que tener un poco de cuidado: el lenguaje no puede sonar moderno, porque de lo contrario el estilo te saca de la historia. Aquí aparecen bordes guillotinados de un libro, cuando todavía no existía la guillotina; habla de una sonrisa cínica de hiena, cuando en China no hay hienas, y es difícil que los personajes las conocieran; habla de secretismo y o de labores de desescombro, que son expresiones muy modernas (y muy periodísticas). Y después tiene algún error de léxico, como girarse al unísono, que es girarse al mismo tiempo, o confundir singladura, que es lo que recorre una embarcación durante 24 horas, con travesía.
   Si hay algún desliz de estilo muy de cuando en cuando, no pasa nada, pero en esta novela es constante, y así te aleja de esa China medieval.
   Pero lo peor de "El lector de cadáveres" es su trama; es tan demencial que aquí sólo pongo algunos ejemplos. La primera parte, a pesar de los fallos de estilo, aguanta bien: Garrido planta elementos, va subiendo la tensión, y hace que Cí no pueda huir. Parece que el chico va a tener que reunir el suficiente dinero para salvar a su hermano y para cuidar de su hermana, recuperar el amor de Cereza, y averiguar quién mató a su familia, porque está claro que sus muertes no han sido un accidente, y quién tendió una trampa a su hermano, porque está claro que es inocente.
   De buenas a primeras, todo cambia. Garrido se olvida de esos elementos (al hermano se lo cepilla, y así ya no hay problemas), y Cí huye con su hermana a Lin'an. De la segunda a la quinta parte, esta novela es lo más parecido a pasear en una bicicleta sin manillar: se mueve pero no tiene dirección.
   La travesía hasta Lin'an  no hay quien se la crea por cómo cambian los personajes. En la capital yo no hacía más que preguntarme por qué no iba directamente a casa de Feng, aunque éste estuviera de viaje (que es algo que hace más adelante), y no sabía qué quería exactamente Cí. El chico no parece darse cuenta de que alguien ha tendido una trampa a toda su familia, y no hace más que vagar y vagar por la ciudad.
   Para mantener un poquito la tensión, Garrido utiliza a la hermana y al alguacil que le persigue. Yo siempre me preguntaba, "¿Por qué no ahorra un poco de dinero y huye con la hermana? ¿O por qué no intenta esclarecer los asesinatos de su familia, si tan listo es?". De repente ve que el alguacil está tras él, y él decide intentar estudiar en la Academia Ming porque es su sueño. Esto es como que un psicópata te está pisando los talones y tú decides detenerte en una churrería porque te han entrado unas ganas irrefrenables de tomar chocolate con churros.
   Es terrible cómo se gana la confianza del adivino (primero lo atosiga y luego lo defiende del gigante) y cómo éste cambia de opinión sin previo aviso. Es terrible lo del hotel, por los mismos cambios de opinión del dueño. Y es terrible todo lo de Astucia Gris (si iban en parejas, ¿no le beneficiaría a Astucia Gris que Cí trabajara con él? Y cuando Astucia Gris se hace amigo, ¿qué pasa, que Cí es tonto y no intuye nada? ¿Y por qué Astucia Gris no se deshace del informe de Cí?).
   En un determinado momento Cí quiere acudir a la Academia, pero no puede porque tendría que trabajar para pagarse su manutención y su maestro Ming le pide dedicación exclusiva. Más tarde resulta que cuando se pone a estudiar en la Academia, trabaja en la biblioteca para ganar dinero. A mí aquí algo no me encaja.
   A partir de la quinta parte al menos la novela tiene una dirección: averiguar quién está cometiendo los asesinatos. La trama entonces se llena de casualidades: Feng resulta ser el marido de Iris Azul; Cí, con muchísima potra descubre un libro valiosísimo en el cuarto secreto de Ming y otro en la habitación de Feng (a saber por qué Feng le deja estar en su habitación).
   Cí manda hacer una copia del arma porque no encuentra dónde esconderla en un cuarto secreto repleto de libros. Lógicamente, lo hace porque Garrido quiere guardarse un golpe de efecto en el juicio.
   Cuando llega la resolución del caso, muchos elementos no tienen sentido. ¿Por qué el padre de Cí no le contó nada, si él estaba limpio? ¿Por qué el asesino simulaba que mataba a todos igual, si así hacía que todas las muertes apuntaran a un único culpable? (En las muertes es muy torpe que todos estén decapitados, con la cabeza desaparecida, excepto el que tiene las marcas en la cara, que están para que Cí ate cabos.)
   Sabiendo que el asesino le puede matar en cualquier momento, porque ha llegado a simular un suicidio, ¿cómo es posible que Cí deje las cartas al descubierto un día antes del juicio? ¿Por qué no utiliza Cí la carta incriminatoria para defenderse? La resolución es folletinesca, y no hay quien se la crea.
   Un poco antes está la escena que yo llamo "¡Ja ja ja, soy más malo que la quina!", en la que el asesino confiesa a Cí todos sus crímenes porque cree que el protagonista va a morir. Nunca me creo este tipo de escenas, que alguien que no está presionado confiese voluntariamente sus crímenes. Me parece que es un recurso muy torpe para dar información al lector. Y me parece que los autores que las utilizan confunden dos conceptos: sí es necesario que el lector sepa qué ocurrió en realidad, pero no los personajes; a éstos les bastan serias sospechas y actos para saber que son malos. Al lector le puedes dar la información de otras maneras, o haces que el asesino esté presionado.

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