¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

domingo, 2 de marzo de 2014

VIDA DE ESCRITOR: SOBRE ESPIRITUALIDAD

Dramático cielo de Alex Grichenko
En enero, cuando comencé esta sección, dije que hablaría de lo divino y de lo humano. Pues bien, hoy toca lo divino, porque voy a hablar de espiritualidad.
   Llevo dos años poniéndome al día sobre espiritualidad leyendo libros, revistas y haciendo cursillos. Lo decidí porque en varios libros de psicología veía que nombraban la espiritualidad como uno de los factores para ser feliz, y porque había gente que me dejaba comentarios en el blog diciendo que yo era espiritual. Y yo no tenía ni pajolera idea de qué era eso.
   Pensando que ponerme las pilas con inteligencia emocional me cambió la vida, y también era una cosa que ignoraba, decidí darle una oportunidad a la espiritualidad. Y la verdad es que me alegro mucho de haberlo hecho, porque sí que era algo que faltaba en mi vida.
   Lo primero que me llamó la atención es que la espiritualidad y la religiosidad no tienen por qué estar unidas: si eres religioso, eres espiritual, pero puedes ser espiritual sin ser religioso. Si eres religioso, sigues las pautas que te marca tu religión para llevar una vida espiritual; si no lo eres, tú sigues las prácticas espirituales con las que conectas.
   Más tarde me sorprendió que tu sentido de la espiritualidad no tiene por qué estar unido a un sentido de lo divino; es decir, puedes ser ateo y ser espiritual.
   Yo la espiritualidad la veo como una forma de vivir la vida, que curiosamente tiene mucho en común con la inteligencia emocional, con ser optimista, y con tener un buen nivel de autoestima. La gran diferencia en creer en algo divino o no es ver un patrón en tu vida que tiene un diseño divino, o reconocer que no hay patrón que valga.
   Algo que me parece fundamental es que por muy espiritual que seas, siempre tienes que utilizar el sentido común, y que por mucho que haya una hipotética fuerza divina que te guíe y te eche una mano de vez en cuando, tú tienes que saber moverte por el mundo.
   Yo no soy religioso, y no tengo ni idea de si existe algo divino (hasta ahora, ni los ateos ni los creyentes me convencen), pero sí creo en ciertos elementos espirituales, y son éstos: 

   1— Tienes que encontrar el sentido de tu vida. No es la vida en general, es la tuya en concreto. Ya que estás aquí, tienes que averiguar para qué has venido, y sacarle el máximo partido. A veces, como es mi caso, no tiene nada que ver con lo que la sociedad o tus padres esperan de ti. Lo encuentras buscando en tu interior, donde tienes un núcleo que te dice cómo eres. La gente con creencias divinas llama a ese núcleo alma, y cree que el sentido de su vida viene dictado por Dios (cuando digo Dios, me refiero a cualquier figura que represente lo divino). A lo largo de tu vida, vas cambiando, pero no ese núcleo. Y cuando actúas en su contra, sufres, porque estás actuando en tu contra. 
   Te conectas a ese núcleo a través de tus emociones y sentimientos. Si no eres feliz, es que algo pasa; si estás estresado, es que algo pasa; si estás deprimido, es que algo pasa; si duermes mal, es que algo pasa. Tienes que buscar el origen de ese malestar, y cambiar, y buscar qué es lo que realmente te hace feliz. Hacer meditación es una manera muy efectiva de conectarse con ese núcleo. Poco a poco alcanzas una vida donde estás relajado, y aunque trabajes mucho, el trabajo no es una carga, porque estás trabajando en lograr tu vida soñada. 
   Algo fundamental es que al buscar el sentido de tu vida, tienes que respetar los derechos de los otros. No vale decir que Dios, o mi núcleo, me ha dicho que tengo que invadir un país y exterminar a toda una raza. O que tengo que robar. O que tengo que ser homófobo.
   Vives tu vida respetando la de los demás: vives de forma ética.    
   Eso no evita que ofendas a gente por el simple hecho de ser como eres; pero en este caso, ni te preocupas, porque si alguien tiene un problema, son ellos. 

La meditación en el lago de Nat Sakunworarat   2— El poder de la gratitud. Esto es simplemente reconocer todo lo bueno que tienes en tu vida ahora mismo. Estamos tan obsesionado con lo negativo, con las pérdidas, con lo que puede pasar mal, y somos tan envidiosos con los que tienen más, que se nos olvida todo lo que tenemos. 
   Empezando por estar vivo, que implica que aún tienes tiempo para disfrutar de la vida. Más todos los familiares y amigos que te apoyan. Más las cosas materiales que tengas. Más el tiempo que tienes para hacer lo que realmente te gusta... 
   No te compares con nadie, la envidia nunca es sana, y reconoce que tienes varias cosas en la vida por las que estar agradecido. 

   3— El poder del perdón para dejar atrás el pasado. Esto es reconocer que en el pasado alguien te hizo daño. Perdonas a esa persona, y sigues con tu vida. El perdón no es querer volver a ser amigos, es quitarte un peso de encima: el que tenías cada vez que pensabas en el daño hecho. Si quieres, el perdón es algo egoísta, porque te beneficia a ti, no a la persona perdonada. Que sintieras resentimiento por alguien sólo te dañaba a ti, porque esa persona seguía con su vida como si tal cosa. 
   Esto no quiere decir que seas un cándido. Cuando te han hecho algo malo que no hay manera de reparar, aprendes para que no te vuelva a pasar, pero perdonas. 
   Algo muy importante es que también tienes que perdonarte a ti mismo por errores del pasado. 
   Para perdonar hay que dar tres pasos: 
   1— Reconocer que te han hecho daño. A veces sientes tanto dolor con solo pensarlo, que no quieres recordar, pero esos recuerdos los tienes que sacar a la superficie. 
   2— Ponerte en el lugar del otro. No es justificar lo que hizo, es simplemente intentar comprender por qué lo hizo. Tal vez no se daba cuenta de que te hacía daño, o era tan inseguro que machacarte era su manera de sentirse él bien, o estaba muy presionado por su entorno, o pasaba por un mal momento, o hubo un problema de comunicación y tú no supiste expresar que te dolía, o simplemente era un psicópata. 
   3— Perdonar y seguir con tu vida. Perdonar no implica necesariamente ponerte en contacto con esa persona. Puedes escribir una carta perdonándola, y después la rompes. La cuestión es reconocer que has perdonado. 
   ¿Y qué pasa cuando perdonas? Que todo el resentimiento y toda la ira que habías ido acumulando a lo largo de los años, desaparece. 

Tríada de Katrina Joyner   4— El desapego. Esto es reconocer que nada es permanente, ni nuestras posesiones materiales ni la gente que nos rodea ni nosotros mismos. Es no identificarnos con esas cosas que nos gustan, porque si las perdemos nos hundimos. Es saber que si las perdemos, hay que seguir adelante.
   También hay que utilizar el desapego para tus objetivos vitales: hay que luchar por ellos, pero sabiendo que tal vez no los logres. Si los logras, es genial, pero si no, todo lo que has aprendido hasta llegar a donde hayas llegado nadie te lo quita. 
   Un ejemplo personal es que mi sueño de poder ganarme la vida escribiendo novelas. Todavía no lo he logrado, pero incluso si no lo lograra (si no lo logro es porque se me ha acabado el tiempo en esta vida, porque no tengo ninguna intención de tirar la toalla), todo lo que he cambiado como persona no me lo quita nadie. 

   5— Vivir el presente. El presente es lo único que tenemos. El pasado, pasado está, y de él puedes aprender de los errores cometidos o recrearte en recuerdos bonitos. El futuro es hacia dónde miras, pero sólo puedes vivir en el ahora. Disfruta el ahora, y con acciones continuadas vete forjando el futuro que deseas. No esperes a que la felicidad llegue en el futuro. Hoy plantas semillas, y si no abandonas, esas semillas darán fruto en el futuro. Pero tu vida se desarrolla siempre en el ahora. 

   Siguiendo estos principios llega un momento que la vida te va guiando. De repente te surgen oportunidades que no esperabas, y sabes identificar sitios por donde no tienes que meterte. Te sientes tan tranquilo y tan bien contigo mismo, que sabes que por mal que se pongan las cosas vas a salir adelante, así que te arriesgas más. Saltas y la red aparece. Y cuanto más te arriesgas, más ganas. No sé si todo esto tiene un origen divino o es pura psicología, pero funcionar, funciona.


   Fotografía del cielo: Alex Grichenko (dominio público)
   Fotografía de la meditación: Nat Sakunworarat (dominio público)
   Fotografía de las velas: Katrina Joyner (dominio público)

Siguiente artículo: Aprendiendo de Coppola
Anterior artículo: El libro para escritores

4 comentarios:

  1. Una entrada muy bonita y, para mí, muy acertada. Si nos mirásemos un poquito por dentro cambiaríamos tanto por fuera... Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias, Vega. Lo que dices está muy bien. O dándole la vuelta, si quieres cambiar tu entorno, lo primero que tienes que hacer es cambiar tu interior.

    ResponderEliminar
  3. Fructifero articulo para dar sentido a nuestra vida.Me ha hecho reflexionar sobre "el poder del perdon´.... y como la envidia te complica la vida... Muchas gracias

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias Sina. Lo del perdón y la envidia son dos cosas importantísimas, y normalmente nadie nos enseña cómo hacerlo.

    ResponderEliminar

Mi rincón tiene un filtro. Opina libremente, pero si no sabes cumplir unas normas mínimas de educación, no superarás el filtro. Si no te gusta lo que escribo, la solución es muy sencilla: deja de leerme, porque no tengo intención de dejar de escribir.

© 2006 - 2017. Textos de Carlos del Río. Todos los derechos reservados.
Los derechos de autor de los pósters y fotogramas de películas corresponden a sus correspodientes productoras o distribuidoras.
Los derechos de autor de las portadas y citas textuales de libros corresponden a sus correspodientes editoriales o autores.