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lunes, 22 de septiembre de 2014

El cadáver con lentes [8]

Portada anglosajona de El cadáver con lentes, de Dorothy L. SayersNOVELA
Whose Body?
(Reino Unido, 1923, 210 páginas)
Dorothy L. Sayers  

Dorothy L. Sayers (1893-1957) fue poetisa, dramaturga, ensayista, traductora y humanista católica, pero si ha pasado a la posteridad es por ser un de los escritores de misterio más importantes del siglo XX, a la altura de Agatha Christie. Sayers escribió su primera novela, "El cadáver con lentes" ("Whose Body?") en 1923, y en ella presentó a lord Peter Wimsey, un aristócrata que además era un detective aficionado. Sayers dejó de escribir misterios con Wimsey en 1937, pero como siguen siendo populares, desde 1998 la escritora Jill Patton Walsh ha continuado sus aventuras.
   A lord Peter Wimsey le encanta resolver misterios, y su madre, la duquesa Dowager, le propone investigar uno: en la bañera de un conocido, el Sr. Thipps, ha aparecido un cadáver con unos quevedos y una cadena de oro, y nadie sabe quién es ni cómo ha llegado allí. Tras observar la escena, Wimsey queda con su amigo Charles Parker, un investigador del Scotland Yard, quien le habla de otro misterio: sir Reuben Levy, un respetado hombre de negocios, desapareció la noche anterior de su casa sin dejar rastro. ¿Tendrán algo que ver los dos casos?
   Dorothy L. Sayers tiene una forma personalísima de contar las historias, mezclando humor con misterio, y yéndose mucho por las ramas (sobre todo en los diálogos, porque los personajes hablan por los codos), y si entras en el juego, te encanta, pero si no, te saca de quicio (no sé cómo se las habrá apañado Jill Patton Walsh para imitarla en los nuevos casos sin que todo quede ridículo). Yo entré en el juego, y me ha parecido una gozada. Aparte de la ayuda de Parker, que es un personaje bastante racional, Wimsey cuenta con su mayordomo Bunter, quien hace fotos y también investiga, y con su madre, quien tiene mucha gracia.
   Confieso que tuve que leérmela dos veces para conocer la motivación del asesino, y ver dónde Sayers plantaba las pistas, porque con tanto rodeo, y con diálogos tan largos y sinuosos (pero divertidos), me perdía, aunque me lo pasaba muy bien. En la primera lectura, me encantaba lo bien que estaban presentados los dos misterios, que eran rarísimos, y cómo Wimsey iba siguiendo pistas, y con la ayuda de Parker y Bunter, iba descartando sospechosos y uniendo ambos casos. Y me partía de risa con varios diálogos, y con el personaje de Wimsey, porque a veces parecía un niño pequeño. 
   Pero en el tramo final, cuando Wimsey ya tenía a un sospechoso y tenía que investigar para confirmar sus sospechas, yo estaba completamente perdido. Sin embargo, en la segunda lectura descubrí lo bien urdido que estaba el plan del asesino (o lo ingeniosa que era Sayers tramando), y comprendí por qué fui incapaz de atar ningún cabo por mi cuenta.
   Es el primer libro de Sayers que me leo, pero no será el último.

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