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sábado, 12 de septiembre de 2015

El silencio [8]

Portada catalana de El silencio, de Gaspar HernándezNOVELA
El silenci
(España, 2009, 224 páginas)
Gaspar Hernández

Gaspar Hernández es un periodista muy conocido en Cataluña por "L’ofici de viure" ("El oficio de vivir"), uno de los programas más escuchados de la radio catalana, en el que habla de inteligencia emocional, psicología positiva y nueva espiritualidad. En 2009 Hernández escribió su primera novela, "El silencio" ("El silenci"), que trata de la autoayuda, la medicina alternativa, y de la relación entre el cuerpo y la mente, y con ella ganó el Premio Josep Pla, uno de los galardones más prestigiosos de las letras catalanas.
   Un locutor de radio recibe un misterioso encargo de una amiga japonesa, Umiko, que vive en Formentera: la joven tiene un cáncer terminal, y le pide que durante una noche le esté hablando mientras ella duerme desnuda, porque está convencida de que con las vibraciones de su voz podrá curarse. A pesar de ser bastante escéptico, el periodista acepta el cometido, y a lo largo de la noche le contará lo que sabe de la medicina alternativa y cómo ella desarrolló el cáncer.
   La novela es un monólogo en primera persona, en el que Hernández mezcla realidad y ficción, sin que se sepa muy bien dónde acaba la una y comienza la otra. A lo largo de la noche, el narrador divaga muchísimo, aunque a medida que vas avanzando en la lectura te das cuenta de que tiene una estructura muy clara, y siempre resulta entretenida, porque constantemente Hernández te da pistas de que está a punto de desvelar algo muy interesante.
   A lo largo de sus páginas, el protagonista anónimo va relatando su relación de amistad con la joven Umiko (la conoció en una conferencia que dio él, y luego se apuntó a un curso para aprender a meditar que impartía ella); muestra todo lo que sabe, gracias a la documentación, sobre autoayuda y medicinas alternativas; y cuenta la evolución del cáncer de la chica. Y entre medias mete anécdotas divertidas relacionadas con su trabajo como presentador de radio, y fragmentos del diario de Umiko, donde sucede algo traumático que en teoría le provocó el cáncer.
   A medida que avanza la noche, tienes ganas de saber si esa terapia tan peculiar surtirá efecto, qué pasó exactamente en el monasterio zen para que traumatizase a Umiko, y qué es exactamente el ejercicio final que tiene que hacer el protagonista para sanar a Umiko, y al cual es muy reacio. Así que lees y lees y lees.
   Por cómo está contada, con el monólogo en primera persona, lo que más me chirría en cuanto a verosimilitud, es que el hombre le cuente a Umiko cosas que ya sabe, por mucho que ella esté dormida, como cómo se conocieron o la evolución de su enfermedad (ésta última no es ni siquiera el punto de vista de él, lo que sería una novedad para Umiko), pero es la única manera que tiene Hernández de transmitirle esa información, que es fundamental para entender la historia, al lector. Piensas que es una convención narrativa, y no le das muchas vueltas a si tiene lógica o no.
   La novela tiene una pequeña trampa, que también se produce por la elección del narrador, y por querer darle una sorpresa al lector al final. Tiene que ver con la enfermedad de Umiko, y sobre lo que sabe el narrador desde el principio. Sin desvelar mucho, no es creíble que comience su monólogo diciendo lo que dice, sabiendo lo que sabe.
   Y en la parte del diario, que aparece hacia el final, me parece que los sentimientos de Umiko por su maestro deberían aparecer antes y ser más obvios, para que el final traumático fue incluso más traumático. Pero ya como está en la novela, es espeluznante, ¿quién no se traumatizaría con eso?
   Quitando esos tres escollos, la novela está llena de momentos interesantísimos. El silencio del título hace referencia a cómo el protagonista, que estaba tenso por las entrevistas que hacía a los políticos (inconscientemente notaba que de alguna manera lo que decían y lo que pensaban no coincidía), descubrió gracias a John Malkovich y Pascal Comelade, quienes tardaron en contestar a una de sus preguntas mientras estaban en antena, la paz que le daba el silencio.
   Hacia el final, cuando Hernández te da pistas sobre el ejercicio final, hay un momento divertidísimo con el psicomago (debe de ser el único psicomago del mundo) Alejandro Jodorowsky. Tras mostrarte lo excéntricos que son Jodorowsky y sus métodos de cura en una entrevista que le hizo, el narrador cuenta que Pema, la amiga de Umiko que la está ayudando a sanar, ha diseñado un ejercicio final inspirado en Jodorowsky. Y no quieres ni imaginar qué podrá ser.
   El grueso de la novela trata de la medicina alternativa y la autoayuda. El narrador se va documentando, y aunque algunas historias le parecen increíbles (yo soy un gran defensor de la autoayuda, pero como con todo, hay que separar el grano de la paja), va descubriendo que el cuerpo y la mente están unidos, y que ésta tiene la capacidad, en algunas circunstancias, de sanar al primero.

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