¡BIENVENIDO AL RINCÓN DE CARLOS DEL RÍO!
Soy escritor y enseño a la gente a escribir novelas y cuentos. Aquí encontrarás un curso gratuito para aprender a escribir en la sección
Cómo escribir ficción, críticas de novelas y películas (desde 2015 sólo critico las obras que me han gustado mucho), y todo lo que aprendo a medida que escribo y vivo más y más. Disfruta tu visita, y espero verte a menudo por aquí.

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domingo, 6 de diciembre de 2015

VIDA DE ESCRITOR: POR QUÉ HE VUELTO A LOS LIBROS EN PAPEL

Logotipo de la Online Film Critics Society
Siguiendo con la reestructuración de mi vida, este noviembre me di de baja de la Online Film Critics Society. Había llegado el momento de votar lo mejor del año para sus premios, que son una de las antesalas de los Oscars, y me di cuenta de que no había visto las suficientes películas como para emitir votos que tuvieran algo de validez, así que abandoné voluntariamente. Han sido dos años muy interesantes en la OFCS, y es una organización que le recomiendo a todo aquel que escriba críticas con cierta frecuencia y rigor: te permite acceder a festivales de cine, te da algo de visibilidad, y las productoras te regalan DVDs; pero yo ya no soy crítico. Ahora por fin puedo escribir más ficción. 

MI RELACIÓN CON EL LIBRO DIGITAL 
Hace ya unos meses que decidí que el libro digital no era para mí, y que volvía definitivamente al papel. A mediados de 2011, cuando todavía no existía un Amazon español, me compré un Kindle en Estados Unidos. Me atraía los baratos que eran los libros y las ofertas que hacía Amazon, y que los libros digitales no ocupaban espacio.
   En ningún momento me planteé comprarme un e-reader para recurrir a la piratería y tener libros gratis, por mucho que por aquel entonces (y aún hoy) en España mucha gente hiciera eso. Creo que nunca lo he contado, pero yo dejé de descargarme cosas gratis en primavera de 2009. Estaba aprendiendo a escribir ficción, y descubrí en un foro de Amazon que recomendaban los libros de Nancy Kress para empezar (una recomendación, por cierto, muy acertada). Corrí a bajarme uno de ellos, porque así me ahorraba dinero. Cuando lo tenía descargado, me planteé que de esa manera Kress no ganaría nada, mientras que yo disfrutaba de su trabajo. Lo borré y me lo compré. Jamás volví a piratear nada. No hacen falta leyes, ni que la gente te diga si está bien o mal, ni que lo haga todo el mundo o que no lo haga nadie, tan solo hace falta darte cuenta de las consecuencias de tus actos.
Fotografía de un Kindle con teclado de Amazon
No, gracias
   Al principio estaba encantado con mi Kindle: se leía muy bien, Amazon a veces ponía e-books baratísimos, los clásicos los tenías gratis, y no ocupaban espacio. Llegué a pensar que el libro digital desplazaría al papel. Luego descubrí que había caído en la trampa del "juguete nuevo" y que durante el primer año se me fue la mano con las compras. Primero me percaté de que por baratos que fueran y que no ocuparan, leerme libros digitales me llevaba el mismo tiempo que los libros en papel, así que era ridículo que me comprara 200 al año. Además, fui descubriendo que la experiencia no era exactamente la misma.
   Lo noté enseguida con las novelas. De alguna manera, te metías menos en la historia. Para mí era como ver una película en el cine y verla en casa: te cuentan la misma historia, pero la disfrutas menos porque las condiciones de visionado son mucho menos envolventes. No sé qué tiene el papel, pero a mí me provoca eso. Y con el digital no podía hacer algo que me encanta: poner el señalador y cerrar el libro cuando dejo de leer, y echar un vistazo por encima, a las páginas cerradas, para ver cuánto me queda para acabar. Así que dejé de comprar novelas en digital. Pero me decía que con la no ficción me daba igual.
   Cambié de opinión a principios de este año. Comencé mi curso de escritura sin apenas temario. Me guiaba por mi libro, pero semana a semana necesitaba ir ampliando la teoría y los ejercicios, y sobre todo, tenía que crear la teoría y los ejercicios de coaching y PNL, que de eso no tenía nada. Me sorprendió que normalmente me acordaba con facilidad, simplemente ojeando mis estanterías, de libros de los que podía sacar información, pero que me costaba muchísimo recordar información que había leído en algún libro digital (y no digamos ya localizar esa información).
   Y es que me parece que si lees en papel es mucho más probable que recuerdes lo que lees. En los libros digitales tienes la posibilidad de cambiar el tamaño de letra, la letra, y el interlineado, pero todos tienen el mismo tamaño, el mismo peso, el mismo olor y el mismo tacto; mientras que los libros en papel tienen tamaños y maquetaciones distintos, cada uno tiene un peso y un olor diferente, y las hojas y las tapas tienen un tacto específico dependiendo de cada ejemplar. Tal vez no seamos conscientes de estas cosas, pero nuestro subconsciente sí, y esas variaciones le ayudan a almacenar la información, y supongo que también a que disfrutemos más con la ficción.
   Así que ya no me compro ni libros digitales de no ficción. Ahora mismo me estoy comprando en papel los libros digitales que más me interesan. Nunca me ha costado gastarme dinero en libros, así que no es un gasto inútil, y más felices que hago a sus autores. 

LA SOLUCIÓN A LOS LIBROS EN PAPEL
Libros
Sí, por favor
El gran problema que tenía con los libros en papel, que es un problema muy común entre los amantes de los libros, es que si seguía comprando, eran ellos o yo, porque ya no tenía sitio. Los libros me gusta tenerlos, me encanta coger uno entre las manos (si es nuevo, mejor) y ver mis baldas llenas, no ir a una biblioteca. Y me encanta comprarlos. Hace ya mucho tiempo que principalmente compro por internet, y me emociono cuando me llega el paquete, lo abro, y los libros son mucho mejores que las portadas tamaño sello que podía ver en internet. No tenía más espacio y quería seguir comprando. Este junio di con la solución: regalé 175 libros.
   Sí, aprendí lo del desapego hace un tiempo, y no sé si me estoy pasando. El mes pasado le regalé a un amigo todos mis CDs, que también ocupaban espacio y hacía siglos que no escuchaba, y ya estoy mirando con ojos golositos las estanterías donde guardo mis DVDs y blu-rays.
   El caso es que me puse a pensar que tenía libros repetidos, en español y en inglés, y que solo me interesaban las versiones en inglés; que tenía libros en español que no me iba a leer porque los quería en inglés; que tenía un montón que me había leído y que no me gustaban, y que por tanto no iba a releer; y que mis gustos habían cambiado, y había libros que aunque no me hubiera leído, ya no me interesaban (restos de mi etapa intelectualoide, de cuando pensaba que la inteligencia tenía que ver con leerse novelas mal contadas y aburridas). Era una pena que tuviera un montón de libros cogiendo polvo en mi casa, si podía haber gente que los quisiera. Así que primero les di a elegir a mi familia, luego a mis amigos, a mis alumnos, a gente que encontraba en bares... Y cuando ya no tenía a más gente, metí los que me quedaban en una bolsa y se los regalé a la biblioteca de mi pueblo, que además hace bookcrossing, eso de dejar libros por la calle para que los lea quien quiera. ¿Quién sabe, tal vez alguno de mis libros esté ahora en la Patagonia?
   Es algo tan útil, que creo que haré limpieza de mis estanterías de vez en cuando. Libro que no me gusta, libro que regalo. Así que seguiré comprando libros, que de eso no me quiero desapegar.



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