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sábado, 27 de febrero de 2016

El reino de Kensuke [7]

Portada británica de El reino de Kensuke, de Michael Morpurgo
NOVELA
Kensuke's Kingdom
(Reino Unido, 1999, 168 páginas)
Michael Morpurgo
con ilustraciones de Michael Foreman  

Michael Morpurgo, el popular autor británico de literatura infantil y juvenil, publicó en 1999 "El reino de Kensuke", la historia de un chico que se quedaba perdido en una isla desierta; en el Reino Unido la novela fue un éxito y recibió buenas críticas, y se tradujo al español al año siguiente.
            Cuando los padres de Michael, un chico de once años, se quedan en el paro, deciden dejarlo todo y recorrer el mundo en un yate. Michael sigue estudiando en el barco, y descubriendo maravillas, pero una noche que está al timón mientras sus padres duermen, un golpe de ola lo arroja al mar junto con su perra Stella Artois. Afortunadamente, el chico y la perra acaban en una isla desierta... que resulta estar habitada.
            "El reino de Kensuke" tiene una cosa que a mí me gusta mucho de Morpurgo, y es cómo va encadenando los acontecimientos para mover la trama. Me parece algo fundamental para escribir ficción, independientemente del género en el que escribas y de la franja de edad a la que te dirigas, como también me parece fundamental no aburrir al lector: si lo aburres, no es problema del lector, sino del autor. (Por eso me resulta incomprensible que en el colegio y el instituto eduquen a los chicos torturándonos con novelas aburridas. Claro que hay muchas cosas de la educación que no entiendo, la primera de ellas: que haya profesores a los que no les guste enseñar).
            Aquí Morpurgo te presenta a la familia protagonista, a la que le encanta salir a navegar, y cómo reaccionan los padres cuando se quedan en el paro: comprándose un yate y recorriendo el mundo. El autor se va guardando la información y te la va desgajando poco a poco, hasta que llega la revelación del viaje. Eso es lo que tiene que hacer un buen escritor.
            Una vez comienza el viaje, Morpurgo mantiene el interés con el diario de Michael, quien va relatando todo lo que va descubriendo. El chico tiene la oportunidad de jugar al fútbol en Brasil, de descubrir varias especies de aves y peces, ver en qué isla murió desterrado Napoleón, atisbar África y conocer a parientes lejanos en Australia. Y entonces sucede el incidente: en una noche de tormenta, Michael y su perra se caen por la borda sin que sus padres se den cuenta.
            Aquí viene lo que para mí es la parte más endeble de la novela. El protagonista se encuentra en una isla desierta, y aunque las primeras páginas, por la novedad y porque Michael va descubriendo alguna cosa, están bien, llega un momento que resulta aburrida, porque apenas suceden nuevos acontecimientos. Sabes que Michael está acompañado por un japonés mayor y muy raro que lo ayuda, pero que al mismo tiempo no quiere saber nada de él.
            Si hay que buscarle otro fallo, es que Morpurgo cierra la novela de una forma demasiado fácil y demasiado bonita. Sin desvelar nada, diré que hay una casualidad enorme, medianamente justificada, para crear mucha emoción.
            Pasado ese bache, la novela entra en la mejor parte: Kensuke, que así se llama el japonés, y Michael se hacen amigos, y Kensuke le cuenta su historia. Todo resulta muy emocionante y entretenido, y Morpurgo juega con las disyuntivas de cómo le va a decir Michael a Kensuke que quiere volver con su familia si ahora son como un padre y un hijo, y si Kensuke abandonará la isla para regresar a Japón después de tantos años. Esta parte se hace corta, y es tan buena que lamentas que no fuera un poco más larga.

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