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sábado, 9 de julio de 2016

Silencio [9]

Silencio, de Shusaku EndoNOVELA
沈黙 Chinmoku
(Japón, 1966, 252 páginas)
Shūsaku Endō  

Shūsaku Endō (1923-1996) fue un escritor japonés cristiano que exploró en sus obras el sentido de su espiritualidad. Endō vivió a menudo el rechazo, primero por ser cristiano en un país donde esa religión es muy minoritaria, y luego, después de la Segunda Guerra Mundial, en Francia, donde pensaba que iba a encontrar su refugio espiritual, por ser japonés. Tras una crisis de fe, viajó a Palestina para investigar la vida de Jesús y llegó a la conclusión de que Cristo también había sido rechazado, lo que cambió su percepción del cristianismo (fuente: edición británica de “Silencio”, “Silence”, Picador Classic, 2015). “Silencio”, publicada en 1966, es su novela más famosa y prestigiosa, y en ella se ve muy bien la idea que tenía Endō del cristianismo. Martin Scorsese, que es un entusiasta de la obra, la está adaptando este año a la gran pantalla con Andrew Garfield y Liam Neeson de protagonistas.
             En 1640, el padre Sebastião Rodrigues se embarca hacia Japón con una doble misión: ayudar a los cristianos japoneses, que son masacrados por sus ideas religiosas, y encontrar a su antiguo mentor, el padre Ferreira, de quien dicen que ha apostatado y que ahora reniega del cristianismo. Rodrigues no concibe que alguien de la entereza de Ferreira haya rechazado su religión, pero al llegar a Japón, una serie de acontecimientos le harán plantearse su propia fe.
            Algo que me atraía de esta novela, aparte de la película de Scorsese y del prestigio que tiene, era que es la historia de una crisis de fe escrita por un cristiano convencido, y quería saber cómo Endō justificaba las acciones, porque si el autor hubiera sido ateo, la conclusión habría sido muy sencilla: Dios no existe.
El núcleo de la novela, y lo que le da el título, es el incomprensible silencio que recibe el protagonista cuando le pide alguna señal a Dios para que le explique por qué él y los cristianos sufren tanto en Japón, cuando precisamente están predicando su palabra y viviendo su enseñanzas; al escuchar solo silencio, hace que se plantee si Dios no existe, algo que lo aterra porque eso significaría que su vida entregada al cristianismo no tendría ningún sentido, y que todos los martirios de cristianos habrían sido en vano.
Es fascinante cómo Endō va creando y profundizando en la crisis de fe del protagonista, e igual de fascinante es cómo Rodrigues, más adelante, intenta encontrar similitudes entre su sufrimiento y la Pasión de Cristo para soportar su calvario.
La novela comienza con un prólogo fundamental para entender el contexto histórico (hasta hacía poco el cristianismo florecía en Japón, pero ahora es perseguido) y la figura de Ferreiras, quien de ser un misionero modélico ha pasado a renegar de esa religión, y cómo el joven Rodrigues quiere conocer la verdad sobre su antiguo mentor y ayudar a cristianos japoneses. Eso crea muchísima curiosidad en el lector, lo que hace que lea para saber qué pasa a continuación.
  La primera parte, narrada en primera persona a través de cartas escritas por Rodrigues, muestra el cambio del protagonista: comienza siendo ser un jesuita muy seguro de su fe y de sí, pero acaba planteándose sus creencias y si él mismo sería capaz se apostatar para evitar el sufrimiento de inocentes. Un punto de inflexión (y una de las escenas más duras de la novela) es cuando martirizan a dos cristianos en una playa, mientras que un apóstata se ha librado sin sufrir ningún rasguño. Los martirios cristianos que él tenía glamourizados resultan ser horrorosos tormentos, y él pasa de ser considerado un héroe a ser repudiado, por miedo a las represalias.
Aquí Endō, por cuestiones narrativas y para lograr más emoción, se salta una limitación que impone la primera persona, y resulta que Rodrigues sabe sin que nadie se lo cuente, y sin que él estuviera presente, qué pasó con los tres cristianos detenidos antes de volver a su pueblo.
El personaje del apóstata Kichijiro es lo que menos me gusta de la novela. Entiendo para qué lo utiliza Endō, pero me resulta repetitivo y poco creíble que siempre sea el mismo personaje quien represente a un cristiano débil, a un judas, y que haya seguido durante tanto tiempo a Rodrigues.
Los dos últimos tercios están narrados en tercera persona. Rodrigues es detenido (está muy bien presentado su archienemigo, el magistrado Inoue, señor de Chikugo) y durante un tiempo está tranquilo porque le tratan bien, pero comienza a sospechar que lo están acostumbrando para que más tarde, cuando lo torturen, apostate rápidamente.
Rodrigues reflexiona mucho sobre la figura de Jesús y de Judas, y ve similitudes entre él y Cristo. Las cosas cambian, y aparecen las situaciones más angustiosas de la novela. Y Dios sigue en silencio. Continuando con sus dudas espirituales, Rodrigues reconoce que ser cristiano es muy fácil cuando las cosas van bien o se ven de lejos, pero que la verdadera prueba de fe se realiza en los peores momentos (este, por cierto, es el tema principal de la novela).
En esta parte hay otro momento en el que Endō se salta la lógica para lograr más emoción: cuando Rodrigues descubre qué son realmente los ronquidos que oía desde su celda (no tiene sentido que sus captores no se lo hayan dicho antes, para que él comience a romperse, y Endō prefiere jugar con un golpe de efecto).
Si la vas a leer, deja de lees esta crítica aquí, que desvelo demasiado del final.
Al final hay un giro que encaja todo y muestra la visión que tenía Endō del cristianismo, y que da tres informaciones. La primera, te sorprende porque te cambia la percepción de la historia y ves quién era realmente el modelo de Rodrigues; la segunda hace que te plantees lo importante que es ser fiel a uno mismo y mantener tus principios, lo cual está muy bien; y la tercera, y con la que no estoy de acuerdo (vaya por delante que yo no soy cristiano), es que cuando sufras tanto que dudes de tus creencia, resígnate a sufrir porque Dios va a estar a tu lado sufriendo contigo.

2 comentarios:

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