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domingo, 2 de octubre de 2016

VIDA DE ESCRITOR: EL PRECIO PARA TENER UNA CARRERA LITERARIA (III)

Hoy acabamos con los cinco puntos para tener una carrera literaria. Aquí tenéis los dos últimos.

Hombre escribiendo4—Hay que acabar lo que se empieza. Muchísima gente comienza con ilusión una novela, pero en cuanto se percata de que eso supone un esfuerzo continuado durante mucho tiempo, o pierde la ilusión, abandona. Y comienza otra. Y luego otra. Al final mueren de viejos sin haber acabado ni una sola novela.
A la hora de escribir novelas, en cuanto a estructura, un escritor tiene que practicar cuatro cosas: crear un principio, desarrollar un nudo, y cerrar un desenlace; y luego, revisarla.
Muy resumidamente, eso significa lo siguiente. Tiene que crear un personaje interesante en un principio igual de interesante, luego tiene que complicarle las cosas a la mitad, durante muchas páginas, y al final debe cerrar de forma satisfactoria todo lo que ha escrito hasta entonces. Y luego tiene que revisarla y reescribirla para que no haya incoherencias, y para asegurarse de contarla de la mejor y más emocionante forma posible. Pues bien, si solo practica escribir el principio, esa gente será un portento escribiendo principios de novelas, pero muy mala con las otras tres fases, porque nunca las habrán practicado.
Una variación de esto son los que se tiran años y años retocando una novela. Realmente no avanzan y solo marean la perdiz (una coma aquí, otro sinónimo allá, y otro libro de historia que se compran para documentarse), pero se sienten bien porque están trabajando en una novela que ya dura más que las obras de El Escorial. Se deben de pensar que son inmortales, pero al igual que los anteriores, mueren de viejos sin haber acabado ninguna novela.
Las causas pueden ser varias: vagancia, falta de seguridad, miedo al fracaso (si nunca la acaban, siempre pueden soñar que será un éxito y no tienen que afrontar la realidad), miedo al éxito, perfeccionismo exacerbado, procrastinación, ser un maestro de las excusas, querer ser considerado autor sin realizar el esfuerzo de un escritor…
Hace tiempo me hacía mucha ilusión cuando lectores de mi blog me escribían diciendo que habían comenzado una novela. Visto que la inmensa mayoría no acaba nada, ahora soy más cauto y la ilusión me la reservo para cuando me dicen que han terminado una novela. También me pasa con mis alumnos: muchos sueñan con escribir novelas, pero muy pocos están dispuestos a trabajar y trabajar constantemente, y superar sus limitaciones, hasta acabarla. Y luego otra. Y otra, para tener una carrera literaria.
La cuestión es que quede bien o quede mal, independientemente del tiempo y del esfuerzo que te lleve, una vez que te embarcas en la escritura de una novela, la tienes que acabar antes de que te llegue la hora. Con una novela a medias no vas a ninguna parte, y no has practicado las cuatro fases que te permiten crecer como escritor.
Autorretrato de Branwell Brontë
Autorretrato de Branwell
Érase una vez un hombre llamado Branwell que vivía en el siglo XIX, y al que su padre y sus hermanas consideraban un genio, el que más talento tenía de toda la familia, y que estaba destinado a alcanzar grandes cotas literarias. Siendo niño, escribió junto con sus hermanas una serie de cuentos y novelitas desarrollados en un mundo imaginario, y de adulto se puso a escribir lo que sería una obra maestra, una novela titulada “And the Weary are at Rest”. Desgraciadamente el joven Branwell, aparte de un supuesto genio, era alcohólico y adicto al láudano, y murió de tuberculosis con 31 años, sin acabar esa obra.
Las hermanas de Branwell se llamaban Charlotte, Emily y Anne, y se apellidaban Brontë. ¿Habría sido “And the Weary are At Rest” mejor que “Jane Eyre”, “Cumbres borrascosas” o “La inquilina de Wildfell Hall”? ¿Habría sido Branwell Brontë mejor novelista que sus hermanas? Pues nunca lo sabremos, porque sus hermanas acabaron novelas, pero él no.
Si queréis ser novelistas, que no os pase lo que a Branwell.

5- No hay que abandonar nunca. Es así de sencillo: si abandonas, jamás lo lograrás, si perseveras y vas probando cosas nuevas, siempre tienes la puerta abierta a lograrlo. El truco para no frustrarse y tirar la toalla es no pensar en el dinero, en el momento en el que podrás vivir de la escritura exclusivamente, porque puede que no llegue nunca o llegue dentro de muchos años, sino en lo mucho que disfrutas escribiendo, en lo que te cambia el proceso, y los logros que alcanzas gracias a escribir.
En mi caso, escribir novelas me forzó a coger el toro por los cuernos para reconocer mis limitaciones y mis fobias, situaciones que me veía incapaz de afrontar porque me provocaban angustia tan solo de pensarlas.
Como quería lograrlo como escritor, me daba cuenta de que si no cambiaba, mi carrera se estancaría, que tocaría un techo por bien que escribiera. Identifiqué cosas como fobia social, miedo a la intimidad, baja autoestima, inseguridad, miedo a la incertidumbre, miedo a preguntar, muy poca asertividad, y perfeccionismo. Y una infancia nada feliz. Había situaciones en las que a pesar de estar en la treintena, me hacían comportarme de forma automática como un niño o un adolescente porque tenía unas heridas emocionales tremendas. Era incapaz de ir a tomarme un café solo o sentía ansiedad cada vez que tenía que hablar por teléfono con desconocidos, por ejemplo.
Fotografía de Winston Churchill
Winston Churchill
Las superé gracias a libros de autoayuda y psicología, sesiones de auto-hipnosis y ejercicios de programación neurolingüística, y a forzarme a ponerme en las situaciones que me hacían temblar. Este otoño hará ocho años que comencé a escribir ficción; soy otra persona completamente distinta e infinitamente más feliz, y he hecho cosas que pensé que nunca sería capaz de hacer.
No te cambia el tiempo; cambias solo si tú quieres.
Nunca nada me ha cambiado tanto en la vida como ponerme a escribir. Aunque no ganase ni un céntimo con mis libros, solo por eso habría merecido la pena. Si hubiera abandonado, nada de esto habría ocurrido.
Y aprender tanto de narrativa y escribir novelas —sin darme cuenta me volví un experto en narrativa— me ha permitido dar clases y talleres en varios sitios, entre ellos la UIMP (Universidad Internacional Menéndez Pelayo) y la Fundación Santander Creativa, y me está abriendo las puertas a más talleres y charlas, haciendo que poco a poco mis ingresos vayan aumentando y sea muy factible lo de vivir de la escritura, y eso que todavía no tengo ninguna novela publicada.
También, si hubiera abandonado, esto no hubiera pasado.
Voy a acabar con tres citas de Winston Churchill, premio Nobel de Literatura en 1953. Sí, ya sé, ahora no nos acordamos de él como literato, sino como un gran político que dio esperanza al Reino Unido e hizo frente a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, pero no siempre lo tuvo fácil.
Como cuenta Tom Butler-Bowdon en “Nunca es demasiado tarde”, Churchill tuvo mucho éxito de joven, como militar, y con veintitantos se metió en política, donde fue ascendiendo hasta que cumplió 40 años, en 1915, donde una mala gestión suya provocó el desastre de Galípoli. Aunque tuvo cargos ministeriales en 1917 y 1921, Churchill cayó en desgracia y pasó más de veinte años en un páramo. Sí, fueron veinte años que tuvo que vivir día a día sin saber si volvería a lograr algo en el futuro. Luego, con sesenta y cinco, consiguió ser primer ministro y pasar a la historia.
Esto es lo que dijo Churchill:
“Nunca, nunca, nunca abandones”.
“Cuando estés pasando por un infierno, continúa caminando”.
“El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.
Así que aplicaos el cuento.

Todas las imágenes están libres de derechos y no hace falta atribuir su autoría. Hombre escribiendo  (autor: Unsplash). 

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4 comentarios:

  1. Creo que tienes mucha razón en lo que planteas. Imprescindible no tirar la toalla nunca, porque solo eso diferencia la consecución o no de las cosas, estoy convencida de ello. Yo nunca abandono un proyecto si creo en él. Puedo tardar muchos años, dar rodeos porque la vida me obliga, pero siempre tengo presente el objetivo y tiendo a él. Saludos y ánimo.

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    1. ¡Muchas gracias Vega! Sí, mucha gente se piensa que lo de escribir es cuestión de talento, pero realmente es cuestión de perseverancia.

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