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sábado, 14 de enero de 2017

¡Qué bello es vivir! [8]

Poster de ¡Qué bello es vivir!
It's a Wonderful Life
(EE.UU., 1946, 130 min)
Dirección:
Frank Capra
Guión:
Frances Goodrich
Albert Hackett
Frank Capra
Intérpretes:
James Stewart
Donna Reed
Lionel Barrymore
Thomas Mitchell
Henry Travers
Gloria Grahame
Ward Bond
IMDb

Aunque ahora es un clasicazo, “¡Qué bello es vivir!” comenzó siendo un fracaso. El film era el más ambicioso y el favorito de su director, Frank Capra, pero cuando se estrenó a finales de 1946, recibió críticas tibias y tuvo pérdidas económicas, a pesar de estar nominado a 5 Oscars, incluidos Mejor Película, Director y Actor. (Ese año arrasó otro clásico, aunque posiblemente ahora sea menos conocido que “¡Qué bello es vivir!”, “Los mejores años de nuestra vida”, de William Wyler). Sin embargo, a finales de los años 70, posiblemente porque un error administrativo dejó a la película sin copyright y la emitían sin pagar derechos, muchas televisiones comenzaron a ponerla por Navidad, haciendo que se volviera el clásico navideño que es hoy en día.
George Bailey (James Stewart) ya no puede más. A pesar de llevar toda su vida siendo honrado en el pueblo de Bedford Falls, está a punto de suicidarse porque todos los sacrificios que ha hecho no han merecido la pena. Dios escucha las plegarias de su familia, y decide mandar a la Tierra a Clarence (Henry Travers), un ángel de segunda categoría para que lo ayude. Si Clarence logra que George no se suicide, se ganará las alas que lleva 200 años esperando.
Aunque “¡Qué bello es vivir!” me gusta mucho, no me parece una obra maestra, ni lo mejor de Capra, porque hay elementos que no han envejecido bien del todo, y porque a veces resulta demasiado obvia.
La película comienza con las oraciones a Dios para que salve a George Bailey, y luego salta atrás en el tiempo, con la justificación de mostrarle a Clarence la vida del protagonista. A través de los flashbacks, vemos lo íntegro que ha sido Bailey, ayudando a la gente sin pedir nada a cambio, y cómo, por diversos motivos, nunca ha podido abandonar su pueblo, por muchas ganas de aventuras que tuviera.
Donna Reed y James Stewart en ¡Qué bello es vivir!
Donna Reed y James Stewart
Varios de los flashbacks no tienen mucha tensión, porque lo que Capra está haciendo es presentar elementos que tendrán sentido en la parte final, pero aguantan por el gran trabajo de los actores (Stewart está especialmente bien), la elegante puesta en escena, y los detalles tiernos y de humor que mete Capra.
En la parte de la infancia, lo que más me gusta es la presentación de las dos niñas enamoradas de George, porque la primera escena, cuando salva a su hermano en el lago helado, durante bastante tiempo no sé qué pinta en la historia, y el momento del rescate es muy poco tenso (los decorados cantan una barbaridad, y sabes que esos niños están muy seguros en un estudio); siempre me ha parecido que si no lo hubiera rescatado George, lo hubiera hecho sin problemas cualquiera de los otros niños.
Con la escena del veneno, que también tardo mucho en encontrarle un sentido en la historia, me pregunto por qué no le dice abiertamente a su jefe que se ha equivocado y ha puesto veneno en las pastillas. Entiendo que Capra lo hace para que la solución no fuera tan fácil y para presentar al padre y al villano, Potter (Lionel Barrymore), el cual me parece dibujado con brocha demasiado gorda: avaricioso y malo sin ningún disimulo. Ese personaje es de lo que peor ha envejecido.
 En la parte de la juventud, tengo que hacer un esfuerzo para creerme que los actores son mucho más jóvenes de lo que eran, pero me encantan la escena de la cena con el padre (y la criada con ganas de escuchar la conversación), la del gimnasio, con el momento tan divertido de la piscina, y la de la casa abandonada, que es encantadora.
Luego viene una de las escenas que más me gusta, cuando George convence a los inversores de que rechacen a Potter, por lo miserable y avaricioso que es. Y poco después, otra: la peculiar declaración de amor entre Stewart y Reed, con un Stewart cabreadísimo por estar encerrado en Bedford Falls, una llamada de un pretendiente, y una madre metomentodo. Grandes actores, gran emoción.
El momento del rescate de la entidad financiera es muy Capra: optimista, bonito y emotivo; pero lo que más me gusta de esa parte es la tierna y original luna de miel que pasan en la casa abandonada.
Para llegar al final, a la llegada de Clarence, me parece un poco forzado que uno de sus empleados (Thomas Mitchell) pierda 8.000 dólares, de forma muy tonta además, justo el día que viene un inspector a hacer una inspección. Pero está bien que Capra muestre a un George muy oscuro: enfadado y deprimido, del que salen todo el resentimiento y la frustración acumulados durante años.
Fotograma de ¡Qué bello es vivir!En el momento más bajo de George, Capra mete humor con Clarence, y funciona muy bien. Y luego viene una idea genial, que aparecía en el cuento en el que se basa la película (“The Greatest Gift”, de Philip Van Doren Stern), y que recuerda al “Cuento de Navidad” de Dickens: George ve cómo sería el pueblo de Bedford Falls si él no hubiera nacido.
La idea es magnífica, y el mensaje que transmite también (la vida merece la pena vivirla no solo por tus experiencias, sino por cómo tocas y cambias las vidas de la gente con la que te relacionas sin que te des cuenta), pero la puesta en escena se ha quedado anticuada.
Están bien los personajes que han muerto o están en peor situación si George no hubiera existido, pero la gran diferencia que muestra Capra en Bedford Falls (que entonces se llamaría Potterville) no es que fuera un pueblo miserable, con gente endeudada con Potter, sino un pueblo lleno de carteles de neón, que parece bastante más divertido que el original. Y lo peor es el cambio de su mujer, que ha pasado de ser una feliz ama de casa a… ¡horror! ¡Ser una bibliotecaria solterona con gafas!
La película acaba con una escena emocionantísima muy Capra (aunque el detalle del inspector dando dinero es demasiado, y que la niña diga qué significa el sonido de una campana es muy obvio), con un mensaje que me encanta: nadie con amigos es un fracasado.

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