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"El canto del cisne" (novela), de Robert McCammon; "Alien, el octavo pasajero", de Ridley Scott; "Sobre espiritualidad" (Vida de escritor); "La asertividad (IV)" (Vida de escritor); "Sin noticias de Gurb" (novela corta), de Eduardo Mendoza; "El exorcista", de William Friedkin; "El exorcista" (novela), de William Peter Blatty; "Mis libros más baratos en Estados Unidos y México"; "La semilla del diablo" (novela), de Ira Levin; "La asertividad (III)" (Vida de escritor); "La lista de Schindler", de Steven Spielberg; "Taller de escritura creativa en el Espacio Joven de Santander"; "La luz fantástica" (novela), de Terry Pratchett; "¿Qué fue de Baby Jane?", de Robert Aldrich; "Cómo motivarse, y la asertividad (II)" (Vida de escritor).

domingo, 5 de febrero de 2017

VIDA DE ESCRITOR: LA ASERTIVIDAD (I)

Libro en paisajeYa tengo fecha de publicación para “Érase una vez…”: septiembre de 2017. Es una fecha realista, para que me dé tiempo a revisarlo y reescribirlo, y siendo el tipo de libro que es, para quienes quieren escribir ficción, es un mes muy bueno; en septiembre publiqué “Atrévete a ser escritor” y le fue muy bien.
Otros tan buenos como ese son enero y octubre; pero terribles son los meses estivales (pensándolo fríamente, deberían ser buenos, porque la gente tiene más tiempo libre, más tiempo para leer y escribir, pero claro, la gente no funciona así), así que aunque lo acabe antes, esperaré hasta septiembre. Y si me retraso, esperaré a octubre o enero.
            Voy un tercio y casi he acabado el bloque sobre el talento (que cuenta bastante poco para escribir ficción, si es que cuenta algo). Ahora estoy documentándome para el de la motivación, y me he percatado de que además de hablar sobre cómo motivarse para ponerse todos los días a teclear, tengo que explicar cómo perseverar ante los reveses y las desilusiones que tarde o temprano llegarán, cómo seguir adelante cuando tu esfuerzo no da los frutos que esperabas, cómo no tirar la toalla cuando ves que pasan los años y no consigues nada.
            Y hasta aquí os puedo contar. 

LA ASERTIVIDAD
Al principio de mis cursos, suelo tener alumnos a los que les cuesta dar su opinión. Yo siempre intento que se sientan a gusto en clase, y les digo que no tienen que tener miedo de decir lo que piensan, siempre que respeten las opiniones del resto, y al resto.
            No quiero que mis clases se vuelvan una batalla campal, para ver quién tiene la razón, o quién es más verdulero o tergiversador, para eso existen sus hábitats naturales: el patio del colegio, los platós de televisión, y el Congreso de los Diputados. Pero sí quiero escuchar la opinión de todos.
Ser asertivo no es que tengas la razón, es que tienes una opinión y no tienes miedo a darla. Tu opinión puede cambiar, pero tienes que expresarla. No debes temer decir “Sí” ni decir “No”, y no tienes por qué justificar por qué haces las cosas o tus gustos. Si quieres ser escritor es fundamental serlo. Primero, porque necesitas crearte tiempo para escribir diariamente, y tienes que saber hacer respetar tus límites y tu tiempo; y segundo, porque con tu ficción constantemente vas a estar mostrando tu visión del mundo, y para eso primero tienes que identificarla, y luego tienes que expresarla sin miedo.
Portada de La asertividad, de Olga Castanyer            Durante gran parte de mi vida tuve problemas con mi asertividad, porque no sabía que tenía derecho a tener mis propias opiniones y gustos, aunque no fueran los de la mayoría, ni los que se esperaban de mí, o los de mis padres. Tenía pánico a las discusiones y enfrentamientos (o bien era muy borde, para no dejar espacio a más, o bien no me atrevía a decir nada), no sabía defender mis derechos, no me atrevía a preguntar ni a poner límites a mi tiempo, y siempre intentaba caer simpático (eso está bien, pero no sabía reaccionar cuando alguien me trataba mal). Me aterrorizaba el qué dirán y tenía pánico al rechazo.
            Lo bueno de la asertividad es que se puede educar. Primero tienes que saber qué es ser asertivo, y luego tienes que practicar y practicar hasta que te salga solo. A mí me ayudaron mucho los libros “Cuando digo no, me siento culpable” (“When I Say No, I Feel Guilty”), de Manuel J. Smith, “Con todo tu derecho” (“Your Perfect Right”), de Robert Alberti y Michael Emmons, “The Assertiveness Workbook”, de Randy J. Paterson, y “La asertividad: expresión de una sana autoestima”, de Olga Castanyer.
            Soy un gran fan de la hipnosis terapéutica (me gusta tanto que me he sacado un título; algún día escribiré algún artículo sobre ella), y para ser asertivo me ayudó también el pack de sesiones de Hypnosis Downloads. Gracias a ellas, logré poner en práctica lo aprendido, ya que me redujeron mucho la angustia que me provocaban esas situaciones en la vida real.
            Ahora soy educado e intento caer bien, pero desde luego no intento ser amigo de todo el mundo, ni me mortifico cuando no caigo bien a alguien. Sé dar mi opinión y decir no, y tengo claros mis gustos.
            En cuanto a lo de cumplir las expectativas de otros, o el miedo al qué dirán, pobre de aquel que vive pensando en cumplir las expectativas que otros se han formado de él. Cada vez que cuento que he hecho tal cosa y alguien me dice que no me pega, automáticamente pienso, ¿tú qué sabes lo que me pega o deja de pegar? Algo parecido me pasa cuando me dicen que tal cosa me va a encantar, ¿tú qué sabes si me va a gustar o no? 

CAUSAS
Los problemas de asertividad suelen venir por modelos tóxicos. Un gran culpable son los medios de comunicación, con tertulias, y no solo las del corazón, en las que supuestos adultos se comportan como parvularios, y con columnistas que tratan como idiotas a los que no piensan como ellos. Abundan los “deberías” y el sarcasmo. Es pensar en blanco y negro: solo yo puedo tener razón, y si yo tengo razón, tú estás equivocado. Un modelo de nuevo cuño serían las redes sociales, que funcionan igual que los medios de comunicación. Intenta mantener una conversación adulta allí y verás.
Otro es el mundo de la política, también con adultos infantilizados que no hacen más que retorcer lo que dicen para aparentar tener la razón y dejar mal al rival: lo que digo yo está bien (aunque igual hace una semana decía lo contrario), y lo que dices tú está mal. 
Lo más triste del mundo de la política (me refiero a democracias) es que por honrado que quiera ser un político, no lo puede ser por completo: no puede reconocer dudas o errores, o hablar de medidas impopulares que piensa que a la larga van a traer beneficios, o de acuerdos en los que ha tenido que ceder algo para conseguir algo. No puede porque la prensa de signo político contrario y sus rivales le macharían, y la gente no le votaría, así que no le queda más remedio que maquillar lo que hace y dice. 
Tengo la impresión de que todo esto se reduce a que muchos esperan que los políticos solucionen sus problemas y asumen que son infalibles y muy rápidos, una especie de semidioses, y si muestran debilidades, ya solo son humanos y no valen para el cargo.
Niña en aulaUn tercer culpable son profesores poco flexibles, que en vez de dejar que los alumnos se formen su propio criterio, fuerzan a que piensen como ellos, como si estuvieran en posesión de la verdad, aunque lleguen a contradecirse: estás equivocado si no piensas como yo, y como yo soy quien puntúa, más te vale que hagas lo que te digo.
Eso a mí no me parece educar, eso me parece crear gente sumisa.
No digo que a la hora de educar todo valga, porque así solo creas adultos caprichosos que se creen con derecho a todo sin cumplir ningún deber para que funcione una sociedad, pero sí ser flexible para que los alumnos cometan errores y sean capaces de enmendarlos por sí mismos, mientras se va desarrollando su propia personalidad y aprenden a respetar al resto; es decir, se están preparando para ser únicos viviendo en sociedad.
Mi opinión es que en los centros educativos hace falta mucha más inteligencia emocional y muchos menos datos a memorizar.
Y el cuarto culpable son padres demasiado controladores, que se creen que sus hijos deben pensar exactamente igual que ellos, y tener sus mismos gustos, y critican opiniones y comportamientos que no concuerdan con su idea de la vida; o padres que tienen la necesidad de mostrarse superiores intelectualmente a sus hijos, y hacen lo mismo que los políticos, pero con sus niños: retuercen y retuercen las conversaciones hasta que se salen con la suya. En ambos casos lo único que consiguen es machacar la autoestima de su hijo.
Seguimos en el siguiente artículo.

La fotografía y la ilustración son de dominio público, y no hace falta atribuirlas. El libro (Mysticartdesing); la niña en la escuela (KokomoCole).

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